EN EL RCDE STADIUM CORNELLÀ

Arde Barcelona bajo el fuego de Rammstein

El grupo alemán de metal industrial ofreció este sábado su único concierto en España dentro de la gira europea de presentación de su disco homónimo

Foto: Un momento del concierto de Rammstein en Barcelona.
Un momento del concierto de Rammstein en Barcelona.

Y Rammstein incendió la noche barcelonesa. El rodillo industrial alemán desembarcó este sábado en el RCDE Stadium de Cornellà de Llobregat en su, de momento, única fecha española. Dio igual que el concierto coincidiese con una de las citas musicales más esperadas del año en Barcelona, el Primavera Sound, o que en el Parc del Fòrum las estrellas de la noche fueran los ubicuos Rosalía y J Balvin, con entradas agotadas, Rammstein llenó un aforo muy por encima del Palau Sant Jordi o el Palacio de deportes de Madrid, que acogieron sus anteriores giras. Rammstein es ya, incluso en España, un grupo llenaestadios.

25 años después de estrenarse con 'Herzleid', Rammstein publicó a mediados de mayo su séptimo álbum de estudio, y ahora lo presentan en una gira europea que terminará a finales de agosto en Viena. 25 años en los que la formación ha mantenido su formación original a pesar de los rumores de ruptura y las desavenencias internas que ellos mismos destaparon en el documental 'In Amerika' de 2015. Una década después de la publicación de su último álbum de estudio —en 2011 lanzaron un grandes éxitos—, el grupo de Till Lindemann ha vuelto con un disco sin título —o con el título extraoficial de Rammstein, a secas— en el que, aunque sigue predominando su sonido guitarrero compacto tan característico, han dado más espacio a su artillería electrónica.

No se puede hablar de Rammstein sin fuego —por algo la portada del disco es, simplemente, una cerilla—, y fueron varias llamaradas sobre el público las que anunciaron los primeros acordes de 'Was ich liebe', la carta de presentación en directo del nuevo disco. En los grupos más veteranos, un nuevo álbum supone muchas veces la excusa más simple para salir de gira y salpimentar aquí y ahí con algún tema nuevo los clásicos, los himnos más coreables. Pero Rammstein ha querido dar peso a su último trabajo y siguió la noche alternando 'hits' como 'Links 2, 3, 4', 'Sehnsucht' y 'Mein Herz brennt' con temas jamás escuchados en directo en un escenario español, como 'Sex', 'Tattoo', 'Zeig dich' o su polémica 'Deutschland'. El videoclip de esta última provocó la indignación de parte de la opinión pública por recurrir a un tema que en Alemania sigue siendo —necesariamente— espinoso: el Holocausto. Los seis miembros de la banda se caracterizaron de presos de un campo de concentración nazi a punto de ser ejecutados en la horca.

En un escenario distópico en el que aparecieron lanzallamas, cañones, penes metálicos lanzando espuma al público, Rammstein recuperó al carnicero de 'Mein Teil' o al sátiro de 'Pussy', pero también innovó con un intermedio electrónico con Z Kruspe a los platos para dar paso a 'Deutschland'. Cambios de vestuario, como las folclóricas, trajes de luces bailongos ,y versiones a piano y mucha parafernalia en un concierto que sobrepasó las dos horas de sonido atronador y luces cegadoras. Rammstein sigue sabiendo cómo bordear el 'kitsch' sin caer en la parodia absoluta.

Rammstein presentó su último disco, sin título, el séptimo de su carrera

Tampoco se puede hablar de Rammstein sin señalar directamente a Lindemann, el gran líder supremo, y Z. Kruspe, su sumo sacerdote con guitarra en vez de báculo. La voz de Lindemann, su presencia enorme y desafiante es una de las señas de identidad del grupo y, como ya viene siendo habitual, el centro del espectáculo pirotécnico en el que el cantante se coloca un entramado de lanzallamas sobre la espalda para desplegar las lenguas de fuego como un pavo real.

Aunque la iconografía marcial ha sido una constante en la banda desde prácticamente su fundación, en esta ocasión han decidido remarcar en el escenario los símbolos de corte totalitario. Los que no acusan a Rammstein de nazis —por aquello de que todo lo alemán es nostalgia del Reich— los acusan de apolíticos, pero precisamente este último disco juega con la ambigüedad para cuestionar temas tan controvertidos en Alemania como su historia o su política migratoria. Si en 'Ausländer' la voz de Lindemann se describe como un ciudadano del mundo, un viajero que no conoce patria y cuya lengua materna es la internacional, en 'Deustchland' repasan los grandes hitos de la tradición alemana, desde la batalla de Teutoburgo hasta la explosión del Hindenburg.

La estética y el sonido puramente industrial de Rammstein ha ido dejando paso a un concepto más irónico tanto en la música, como en las letras y la puesta en escena. En esta última gira el grupo combina la iconografía marcial —el traje de Z Kruspe evoca un alto cargo de las SS pasado por un filtro sadomaso— y el 'kitsch', desde el bajista Oliver Flake ataviado como un ninja siniestro hasta los arranques de purpurina y dorados de, como no, Flake y sus teclados, que siguen siendo el centro de los gags del directo. Durante 'Puppe', en el escenario apareció un carrito de bebé gigante al que rodearon de llamas, y el grupo recuperó su famosa balsa hinchable para navegar entre el público asistente con 'Ausländer'. Rammstein demuestran que siguen en forma, capaces de dar todo el espectáculo posible sobre el escenario. Ardió Barcelona, y no fue por Rosalía.

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