NUEVO LIBRO DE MOLINA FOIX

Stanley Kubrick tras la cortina, un genio tan maniático como sorprendentemente amable

El escritor ilicitano publica sus recuerdos del director neoyorquino, para quien tradujo al castellano los guiones de sus últimas películas

Foto: Stanley Kubrick durante el rodaje de '2001: una odisea en el espacio' en 1968. (Archivo)
Stanley Kubrick durante el rodaje de '2001: una odisea en el espacio' en 1968. (Archivo)

De Stanley Kubrick siempre se cuenta cómo desquició a Shelley Duvall en 'El resplandor' obligándola a repetir la escena del bate de béisbol 127 veces. O cómo sus rodajes se alargaban para drama de los productores, que veían cómo el presupuesto —sobre todo entonces, cuando se rodaba en celuloide—se desorbitaba: para el rodaje de 'Eyes Wide Shut', Nicole Kidman y Tom Cruise firmaron un contrato por seis meses de rodaje. Acabaron pasando 15 en el set londinense de la última película del neoyorquino, que entró en el libro Guiness de los récords como el rodaje continuo más largo de la historia del cine. La leyenda cuenta que, en su obsesión por la excelencia, Kubrick mandó medir la anchura exacta de las calles de Greenwich Village y la distancia entre las máquinas expendedoras de periódicos para recostruirlas en los Pinewood Studios de Londres.

Portada de 'Kubrick en casa'
Portada de 'Kubrick en casa'

"Mi recuerdo no tiene nada que ver con la leyenda que había de él. Decían que era un hombre antipático, autoritario y altivo. Yo eso no lo vi, para nada", cuenta Vicente Molina Foix al otro lado del teléfono. Escritor, crítico de cine y director, Molina Foix acaba de publicar en la colección de los nuevos cuadernos de Anagrama 'Kubrick en casa', un repaso a su trabajo como, atención, encargado de traducir los guiones y subtítulos de la películas de Kubrick al castellano.

Un trabajo a priori no excesivamente complejo, si no fuese porque de quien habla es del director más maniático y perfeccionista de la historia del cine: "Kubrick llegaba a elegir los actores voz por voz de cada película en cada lengua" y supervisaba personalmente los insertos y las adaptaciones a todos los idiomas. La elección de que Jack Torrance escribiese una y otra vez "No por mucho madrugar amanece más temprano" fue decisión del director y su hija. "Me imaginé al celebrado Kubrick detrás de una cámara que el mismo manejaría, filmando en su casa inglesa páginas y páginas metidas en el carro de la máquina de escribir de Jack que Wendy descubre; los montones de hojas apiladas sobre la mesa larga del salón del Overlook escritos en francés, en italiano, en portugués, en español, seguramente en ruso y japonés, quizás en turco...", escribe el ilicitano en su libro.

Molina Foix fue el encargado de traducir al español las últimas películas del neoyorquino desde 'La naranja mecánica' hasta 'Eyes Wide Shut', salvo 'Barry Lyndon'. La adaptación al cine de la novela de Burgess se estrenó en España en la Seminci de 1975, tres años más tarde que en el resto del mundo. Unos meses más tarde urió Franco y la película llegó a los cines comerciales, pero exclusivamente en versión original con subtítulos como medida disuasoria que no evitó que fuese el "segundo gran éxito de aquel año, después de Tiburón", atrayendo a "cuatro millones largos de espectadores" y manteniéndose "en cartel en el cine Cid Campeador de Madrid [actualmente sede de la agencia de viajes Pangea] doce meses ininterrumpidos".

Un fotograma de 'La naranja mecánica'.
Un fotograma de 'La naranja mecánica'.

Fue en 1978 cuando, tras el final del franquismo, 'La naranja mecánica' volvió a estrenarse, esta vez doblada al castellano. A Carlos Saura, el encargado de dirigir el doblaje del film —Kubrick escogía personalmente cineastas como directores de doblaje y escritores como traductores del guión—, le llegó una traducción con la que ni él ni Geraldine Chaplin, su entonces mujer, estaban de acuerdo, por lo que la pareja se puso en contacto con Molina Foix, que apenas tenía treinta y pocos años y ya había ganado varios premios de traducción, para hacerle el encargo. El escritor vivía por entonces en Inglaterra y trabajaba como profesor en la Universidad de Oxford.

Kubrick era como los antiguos pintores del Renacimiento que tenían sus ayudantes y que trabajaban en el taller

Aunque en su primera cita en el caserón de Abbots Meade en el que por entonces vivían Kubrick y su familia el cineasta le dio plantón, cuando más adelante se encontraron en la nueva casa del cineasta, en Childwick Bury, por fin pudieron tomarse la medida. "Kubrick era educado y culto y se interesaba por ti. Me preguntaba por España, por el cine español, por mi trabajo. No era un divo, una estrella", concede. "Vestía muy modestamente y estaba siempre rodeado de su familia, trabajando en la cocina de la casa, que era grande, pero no lujosísima. Kubrick era como los antiguos pintores del Renacimiento que tenían sus ayudantes y que trabajaban en el taller. La casa la veía como un taller: él rodaba todo en los estudios de al lado de su casa, montaba en su casa, ensayaba con los actores en su casa… Trabajaba en la pequeña escala en la que uno puede controlarlo todo, pero con el dinero de la gran escala. Podía ser el director con más presupuesto de la historia. pero a su vez era el que trabajaba más modesta y artesanalmente".

Stanley Kubrick durante el rodaje de 'Barry Lyndon' (Gtres)
Stanley Kubrick durante el rodaje de 'Barry Lyndon' (Gtres)

Al contrario de lo que pudiera parecer, Kubrick no era impermeable a las críticas. "Creo que todos los artistas, por muy geniales que sean, por muy reconocidos, famosos o triunfantes, salvo algunos petulantes que no quieren saber nada del público, siempre guardan cierta inseguridad y, sobre todo, la curiosidad de saber qué te parece una obra. Y a Kubrick le preocupaba la opinión de los demás". A Burgess no le había gustado la adaptación de Kubrick de 'Lolita' de Nabokov y tampoco fue benévolo con la de 'La naranja mecánica', de la que estaba en contra porque "disfrutar con la representación de la violencia es probablemente inmoral y no tiene nada que ver ciertamente con el arte". "He tenido que pasar una buena parte en los últimos diez años defendiéndome de las acusaciones de incitación a la violencia", se lamentaba entonces el escritor británico.

Burgess dijo que "disfrutar con la representación de la violencia es probablemente inmoral y no tiene nada que ver ciertamente con el arte"

Cuando llegó a sus oídos que el doblaje de Verónica Forqué en 'El resplandor' había causado extrañeza —incluso risas involuntarias— Kubrick salió en defensa de la actriz. "Ya le avisó Saura de que era una actriz conocida con una voz peculiar. Él le contestó que era perfecto, porque Shelley Duvall también era una actriz muy conocida con una voz muy peculiar. Él quería que la voz fuese peculiar", desvela Molina Foix. "Y yo, personalmente, me opongo absolutamente a las críticas a ese doblaje".

Autorretrato de Stanley Kubrick para 'Look Magazine' en 1949
Autorretrato de Stanley Kubrick para 'Look Magazine' en 1949

Veinte años después de su muerte —fue el 7 de marzo de 1999, de un infarto fulminante—, Kubrick sigue siendo un director de culto. "Normalmente en ese tiempo los prestigios caen y la gente se olvida de los muertos, porque con la muerte pasas la limbo de la memoria y escritores, artistas y cineastas importantísimos de repente quedan como apagados. Pero no ha sido el caso de Kubrick, que sigue teniendo una enorme tirada", defiende Molina Foix. "El gancho que tiene Kubrick es que ofrece un tipo de cine de autor —’2001’ o ‘Eyes Wide Shut’ son películas difíciles en el sentido de que cuentan historias que no son del todo claras, con muchas metáforas, con mucha simbología— que a lo mejor no es para todos los públicos, pero el nivel de perfección técnica, la potencia de la imagen del cine de Kubrick, arrasa. No desde principios de su carrera, pero sí a partir de ‘2001’, que fue un gran éxito, pudo imponer sus condiciones de superproducción máxima porque sus películas eran un éxito de público. Y eso en una época en la que el celuloide encarecía mucho el proceso. Kubrick era exigente hasta el capricho, pero sus películas funcionaban en taquilla, porque siempre he querido que esa perfección técnica, ese cuidado en la imagen y los actores, esas manías, el público las nota. Y nunca a nadie en Hollywood se le ha permitido volver a hacer lo que se le permitía a él".

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