UN FILM BASADO EN HECHOS REALES

"La Iglesia considera la pederastia como un pecado, no como un crimen"

La última película de François Ozon, 'Gracias a Dios', se estrena en España el próximo Jueves Santo

Foto: François Ozon dirige 'Gracias a Dios', un film basado en hechos reales sobre los abusos sexuales a menores en la Iglesia católica francesa. (Golem)
François Ozon dirige 'Gracias a Dios', un film basado en hechos reales sobre los abusos sexuales a menores en la Iglesia católica francesa. (Golem)

A principios de marzo, un tribunal francés dictaminó la culpabilidad del cardenal Philippe Barbarin, arzobispo de Lyon y primado por las Galias, por haber tapado los abusos sexuales que el padre Bernard Preynat a niños desde mediados de los 80 hasta 1991. Lo condenaron a seis meses de cárcel. Eso sí, exentos de cumplimiento. Años de impunidad con la que acabó la asociación La palabra liberada, que recogió los testimonios de alrededor de 70 víctimas del religioso, y que levantó la alfombra de la Iglesia católica francesa para destapar uno de los escándalos más sonados dentro de la institución. Una historia que llega el próximo 17 de abril a la cartelera española a través de la película 'Gracias a Dios', con la que François Ozon volvió a competir por los osos de oro y de plata de la pasada Berlinale y que ganó el Gran Premio del Jurado. Un film que se ha enfrentado a un intento de postergación del estreno en Francia por parte de los abogados de Preynat que un juez acabó desestimando.

Con la frecuencia de una fiesta de guardar, alrededor de una vez al año, Ozon presenta en Madrid su nueva película. Siempre impecable en el vestir y el andar, el cineasta francés recibe a la prensa en un hotel del centro. Hace poco más de mes y medio que 'Gracias a Dios' se estrenó en los cines franceses y ha conseguido atraer a 900.000 espectadores. "Para una película de 2'20h sobre los abusos sexuales en la Iglesia no está nada mal", bromea. "Si mis productores lo hubiesen sabido antes hubieran disfrutado más haciendo la película".

François Ozon este lunes en Madrid. (Efe)
François Ozon este lunes en Madrid. (Efe)

"Tengo 40 años, cinco hijos, soy creyente y he criado a mis hijos en la fe", se presenta Alexandre Guérin —interpretado por Melvil Poupaud—, uno de los fundadores de La palabra liberada, al comienzo de la película. Es el primero de los tres testimonios sobre los que se sustenta la trama de 'Gracias a Dios'. Podrían haber sido hasta setenta, pero fueron los de Guérin, François Debord —en realidad es Devaux—, a quien da vida Denis Ménochet, en un cambio de registro brutal frente a su papel en 'Custodia compartida', y Pierre-Emmanuel Germain-Thil, encarnado por Swann Arlaud. Tres adultos que se rompen al recordar las convivencias de scouts que compartieron de pequeños con el padre Preynat. Cabezas visibles de la asociación que busca justicia dentro de una institución que se la niega. "Alexandre y François fueron quienes pusieron en marcha la asociación de La palabra liberada. Alexandre, él solo, se puso en contacto con Barbarin, pero cuando no consiguió una respuesta clara por parte de la Iglesia decidió denunciarlo a la justicia y fue un comisario de Policía quien dio con François durante la investigación", explica Ozon. En el caso de Pierre-Emmanuel, les pregunté a Alexandre y François por un perfil de alguien que, a diferencia de ellos, no tuviese una buena situación económica y laboral, que no fuese ni de la burguesía ni profesional liberal y los dos enseguida pensaron en él".

Desde que 'Gracias a Dios' llegó al cine en Francia los donativos a la asociación se han multiplicado

Ozon se puso en contacto con la asociación al poco del estreno de 'Spotlight', el drama dirigido por Tom McCarthy ganador del Oscar a mejor película en 2016, y enseguida sus miembros pusieron sus testimonios a disposición del cineasta, Ahora, la organización no sólo ha conseguido una mayor visibilidad —desde que 'Gracias a Dios' llegó al cine en Francia los donativos se han multiplicado—, sino que los espectadores se conciencien de los efectos a largo plazo de los abusos sexuales a nivel tanto físico como psicológico y emocional. Pero lo más importantes es que "la iniciativa de La palabra liberada ha funcionado". "Han sido ellos los que han llevado a Barbarin frente a la justicia ylos que han ganado el pleito. Creo que si estás solo, unirte a otros es lo que te permite hacer frente a este tipo de injusticias de las grandes instituciones".

Un momento de 'Gracias a Dios'. (Golem)
Un momento de 'Gracias a Dios'. (Golem)

"En realidad ese combate lo tendrían que librar los políticos y no los ciudadanos de a pie, pero en Francia la división Estado-religión es absoluta, por lo tanto la política nunca se ha ocupado de los asuntos de la Iglesia", lamenta. "Por eso han tenido que ser los de La palabra liberada quienes lleven la cuestión al Congreso, pero muchos de ellos son hombres de derechas y católicos con votantes de derechas y católicos y no están muy por la labor".

Comparan la pederastia con la homosexualidad, el aborto y el adulterio, porque no tienen conciencia de que es un crimen

Porque el problema es que hay muchos a los que les cuesta distinguir entre la fe y la moral. O mejor dicho, entre la fe y la institución. "En la Iglesia no hay una justicia interna; es decir, existe una supuesta justicia canónica y si al menos impartiesen su propia justicia… pero no es el caso, porque entonces hubiesen destituido inmediatamente a Preynat, lo que no ocurrió", critica Ozon. "En su lugar, decidieron taparlo todo. El problema es que la Iglesia considera la pederastia como un pecado, no como un crimen. Lo comparan con la homosexualidad, con el aborto, con el adulterio, porque no tienen conciencia de que es un crimen. Pero eso ya parece que ha cambiado en Francia. Incluso el Papa parece que lo empieza a entender".

François Ozon y Denis Menochet a su paso por Madrid. (Efe)
François Ozon y Denis Menochet a su paso por Madrid. (Efe)

Sin embargo, Ozon tampoco defiende la figura del pontífice. "El Papa ha hecho una gran campaña de condena de la pederastia, pero sus actos no han seguido ese camino. El cardenal Barbarin presentó su dimisión al Papa, pero éste no la aceptó. Hay una contradicción entre el discurso del Papa y sus actos. Hay gente que interpreta que el Papa no tiene suficiente poder dentro de la Iglesia, pero lo tiene: echó al obispo chileno cuando sólo se sospechaba —no estaba probado— que hubiese cometido algún acto de pederastia". Lo que es indiscutible es que "ahora la Iglesia está viviendo una de sus crisis más importantes".

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