Ricky dudda, elvira sastre, alba carballal y javier padilla

Nacidos en 1992, la generación de la Gran Resaca: "No estamos para celebraciones"

Cuatro escritores españoles nacidos el año de los Juegos Olímpicos de Barcelona y de la Expo de Sevilla cuentan cómo las promesas de abundancia naufragaron entre la precariedad y la desesperanza

Foto: Currol mascota de la Exposición Universal de Sevilla de 1992. (EFE)
Currol mascota de la Exposición Universal de Sevilla de 1992. (EFE)

Cuando las mascotas Cobi y Curro se convertían en la imagen de un país que se desperezaba de la grisura, algunos autores que hoy ya ganan premios literarios aún balbuceaban. Aquella España de los Juegos Olímpicos de Barcelona y la Expo de Sevilla, convertida en nuevo centro mundial del arte contemporáneo con la apertura de museos como el Reina Sofía o el Thyssen –por cuya colección el Estado pagó 350 millones de dólares: era la época de los fondos europeos y la abundancia- apenas queda en la memoria de los escritores nacidos en el considerado año mágico de 1992. “Yo recuerdo que me regalaron un peluche de Cobi y poco más”, sostiene Ricardo Dudda (Madrid, 1992), periodista y autor de 'La verdad de la tribu', que se publicará el próximo marzo en Debate. Para ellos, su primera memoria se retrotrae a noticias con mucho menos jolgorio, como el hundimiento del Prestige. Y su primera inmersión política fue el 15M, la crisis y la precariedad. En los noventa bastaba con bailar a los Planetas, escuchar a Nirvana o, como mucho, saltar con el 'Dookie' de Green Day.

Elvira Sastre. (EFE)
Elvira Sastre. (EFE)

“Siendo niño la perspectiva cambia radicalmente. Te enteras de la mitad, pero recuerdo una infancia muy tranquila y quizá con más conformismo. Me doy cuenta por los cambios que hay ahora, hasta series que se hacían en los noventa y ahora chirrían, que quizá se luchaba menos por la igualdad”, comenta Elvira Sastre (Segovia, 1992), reciente ganadora del premio Biblioteca Breve de Seix Barral con su primera novela, 'Días sin ti'. Esta sensación prevalece. “Parece que era una época muy optimista, con esa idea de gestionar la abundancia. Y nosotros somos una de las primeras generaciones que vemos que esas promesas de abundancia no eran reales”, añade Dudda.

En este sentido habla Alba Carballal (Lugo, 1992), que acaba de publicar 'Tres maneras de inducir a un coma', también en Seix Barral, y a quien le quedan muy lejos aquellos que entraron en la veintena en el 92. “No sé lo que se les dijo a ellos, pero a nosotros sí se nos contó que íbamos a poder hacer con nuestras vidas lo que nos diera la gana, y no se veía como una locura ser un astronauta o incluso ganar el premio Nobel. Se alimentaron mucho nuestras expectativas y luego todo chocó con una realidad truncada”, afirma.

Alba Carballal
Alba Carballal

De ahí que para estos jóvenes que no vivieron los años de la juerga sino más bien los de la resaca su mito político fundacional no tuviera nada que ver con espectáculos apoteósicos –incluso en la tragedia del 11M eran aún muy niños- sino con el 15M. Sin entrar en politizaciones de partido todos ellos reconocen que aquellas manifestaciones de mayo de 2011 –cuando rozaban los 19 años y acababan de entrar en la universidad- fueron fundamentales. “Yo no llevaba ni un año en Madrid y fue mi bautismo político”, señala Carballal. “Estaba la idea de convencer a la generación anterior de que la carrera no nos iba a garantizar un trabajo fijo ni una hipoteca ni nada de eso. Si 1992 es casi un momento fundacional de la España moderna, nosotros tuvimos el 15M. Recuerdo perfectamente en 2010 los recortes de Zapatero como algo muy gordo. Entre tantas malas noticias yo creo que el 15M fue el intento de hacer algo positivo”, mantiene Dudda.

Javier Padilla
Javier Padilla

Estos jóvenes escritores constatan que todos estos factores –el impulso del 15M, la precarización de los empleos, las frustraciones para poder independizarse- han incidido para que sea una generación más politizada. Así lo entiende Javier Padilla (Málaga, 1992), que ha ganado el Premio Comillas de Biografía que otorga Tusquets con el ensayo 'A finales de enero', sobre la lucha estudiantil en los años setenta –es la historia de Enrique Ruano, asesinado en 1969 en un interrogatorio policial, y Francisco Javier Sahuquillo y Dolores González, asesinado el primero y herida gravemente la segunda en los atentados contra los abogados laboralistas de Atocha en 1977. “Ahora estamos más politizados porque quizá hay más jóvenes que se enteran de política. Y el rasgo común es la precariedad”, afirma.

Dudda participa de esta opinión: “Hay más causas para el descontento, falta de rendición de cuentas con banqueros, o regulaciones que no van a solucionar este problema. Hay causas objetivas que cualquier político no puede negar. Somos una generación perdida. Y creo que todo esto nos ha hecho más de izquierdas”. Sastre resume las diferencias entre jóvenes noventeros y los de ahora cuando se le pregunta por la posibilidad de unos Juegos Olímpicos o una Expo ahora: “Creo que no está el país para celebraciones y esas cosas ocultan las cosas realmente importantes”.

Hay causas objetivas que cualquier político no puede negar. Somos una generación perdida

Son sensaciones que habitan después en sus libros. En 'Tres maneras de inducir a un coma' Carballal expone a un hombre ya en los cuarenta, con estudios universitarios pero sin perpectiva de futuro que “ya está del todo desencantado porque nosotros todavía no nos hemos hecho del todo a la idea, todavía hay gente que está luchando”. Reconoce que su personaje “no tuvo mucha suerte”–lo que puede ser un guiño a todos aquellos que bailaban sin preocupaciones en los noventa y luego también se encontraron con el batacazo de la crisis y el paro-, “pero sí es verdad que la generación que ahora tiene 40-45 pudo acceder a trabajos y tiene empleos mejor remunerados de los que nosotros podemos soñar”.

Una nueva mirada

No obstante, además de la persistencia del problema de la precariedad, como trató el libro del colectivo Politikon 'El muro invisible', si algo se advierte en esta generación es que también hay una nueva mirada hacia cuestiones como el feminismo, el ecologismo, o incluso como apunta Carballal, “una forma de entender el humor” que no habían tenido generaciones anteriores o al menos no de una forma tan mayoritaria. De hecho, según reconoce Sastre, “creo que es algo de hace unos cinco años, porque cuando yo estaba en la universidad tampoco se hablaba. Quizá tiene que ver con la información a la que tenemos acceso y las redes sociales. Seguimos a ídolos que tienen una proyección pública y que se han hecho eco de esto”. En su novela, 'Días sin ti', de hecho retrata la relación entre una abuela y un nieto. “No he buscado algo forzado, sino que es como yo lo veo, y es importante escuchar a las personas mayores. Parece que las abuelas lo han sido toda la vida y no vemos todo lo que han luchado”, afirma Sastre. Las abuelas que eran jóvenes en los sesenta.

Ricardo Dudda
Ricardo Dudda

Esto es precisamente lo que ha tratado de estudiar Dudda en su ensayo 'La verdad de la tribu': cómo las llamadas guerras culturales también han acabado llegando a España y se ha abierto un enorme debate en torno a temáticas que antes estaban de forma más somera o ni siquiera estaban. “Viene de los campus universitarios de EEUU y como EEUU es la hegemonía cultural copiamos cosas. Y tiene más que ver con las redes sociales. Ha empezado en España con los linchamientos y una moralización del discurso público. Las redes sociales moralizan el debate”.

Pese a todo, la esencia de ser joven tiene poco que ver con el pesimismo y los jóvenes advierten también ciertas ventajas en su generación. Como reconoce Padilla, que estudió a la generación de los años setenta, “nosotros hemos tenido la posibilidad de haber podido estudiar en el extranjero”, y por otra parte, “no es lo mismo estar contra una dictadura, que luchar en democracia, que no requiere tanto esfuerzo. Y, por otro lado, la brecha generacional que existía en el franquismo o a finales era mucho mayor que ahora”. Para Carballal, “la libertad de no tener nada también influye a la hora de poder operar desde una mirada propia. Da igual lo que hagas: todo va a salir mal y nos parece estupendo”. Para esta escritora gallega también es positivo que haya un cambio de intereses: “Nos enfrentamos a las cosas de una manera distinta. Muchos de nosotros no buscamos un trabajo estable, ni formar una familia, ni tener una pareja que se case con nosotros a los 26 años. Hay gente que sí lo quiere y no puede por la crisis, pero creo que hay otra manera de vivir”. En esta línea, Padilla añade que “en ciertas cuestiones vivimos mejor que nuestros padres. Hemos vivido en una sociedad más avanzada sobre las relaciones entre sexos o en aspectos tecnológicos, por ejemplo”.

La libertad de no tener nada influye a la hora de poder operar desde una mirada propia: da igual lo que hagas: todo va a salir mal

Y, además, se han encontrado con que las editoriales de grupos grandes han vuelto a abrir la puerta a los más jóvenes -esto quizá sí es común a la generación noventera-, aunque haya habido ciertas críticas por perfiles como el de Sastre, del que se ha hablado de sus numerosos seguidores en las redes sociales como único marchamo para su premio. “El otro día, el fundador de Seix [Pere Gimferrer] dijo que la literatura tenía que abrir el paso a la gente joven, pero en todo, no solo en la literatura, sino en la vida en general”, afirma Sastre sin entrar en las polémicas. Carballal, compañera de editorial, indica: “Es su jubilación. Si se quedan sólo con los hiperventas poco recorrido van a tener”. Padilla sintetiza: “Que podamos publicar cuando todos tenemos contratos que dan casi miedo es muy importante. Hace dos años no pensábamos que iba a pasar esto. Yo pensaba que mi libro lo iba a publicar una editorial pequeña en Málaga y basta”.

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