Música: Adrian Vogel: El problema de Nirvana se llamaba Kurt Cobain
Publica 'Rock'n'roll. El ritmo que cambió el mundo'

Adrian Vogel: "El problema de Nirvana se llamaba Kurt Cobain"

El ensayista asegura que "el rock, durante la Guerra Fría, fue el enemigo común de Rusia y Estados Unidos"

Foto: Kurt Cobain. (Reuters)
Kurt Cobain. (Reuters)

Adrian Vogel (Bucarest, 1956) ya es un nombre reconocido del ensayo sobre música popular en España. Consiguió el estatus con un solo libro, 'Bikinis, fútbol y rock & roll' (2017), que explica la digestión en España de la cultura pop anglosajona, bajo la sombra del franquismo sociológico (una mentalidad de la que seguramente no nos hemos librado del todo). Ahora publica 'Rock and roll. El ritmo que cambió el mundo' (Foca), una crónica vibrante de los inicios del género, donde se mezclan consideraciones artísticas, económicas y sociales. Aunque cueste creerlo, estamos ante el primer libro en castellano que documenta a fondo aquella turbulencia que cambió por completo la cultura popular del siglo XX. Cuenta con textos introductorios de iconos como Miguel Ríos e Igor Paskual, guitarra y compositor de Loquillo y los Trogloditas.

Para entrar en calor, planteo una pregunta existencial: ¿el rock’n’roll ha muerto? “Más bien ha ido perdiendo la rebeldía. Un poco al mismo tiempo que le quitaban las apóstrofes y el 'roll' final. Podríamos decir que ha muerto el rock. Diría que su último estertor fue el 'grunge', Para mí Chris Cornell, vocalista de Soundgarden, tenía talento. Pearl Jam han sobrevivido porque son una banda muy sólida. Además queda el mito de Nirvana: 'Smells Like Teen Spirit' es una joya, una canción insuperable. Lo que pienso ahora es que el problema de Nirvana se llama Kurt Cobain. Los vi en directo y me parecieron muy flojos. Esa noche me crucé en con Miguel Ríos y me comentó que a él también le habían decepcionado. Luego vas a ver a los Foo Fighters y son un grupazo. ¿Qué es lo que ha cambiado entre uno y otro? Que no está Kurt Cobain”​

¿Qué tuvo de especial?

El rock’n’roll fue un género insolente, inesperado y desarmante. Pilló a la sociedad por sorpresa, con la guardia baja, confirmando la ruptura de enfoques vitales entre la generación de los padres y la de los hijos de los años cincuenta. “La rebeldía del rock era juvenil. Se incorporaba al mundo una generación que quería divertirse, abandonar el puritanismo y que no hubiera más guerras”, señala Vogel. Una serie de mocosos reclamaban el pago de las promesas que les había hecho el capitalismo.

“Hablamos, claro, de una revolución del consumo, pero es la primera vez en la Historia en que los jóvenes empiezan a mandar. Nace una nueva industria y los veinteañeros cubren todo el espectro: artistas, público, directivos… Es la primera vez en que se hace música específicamente para adolescentes, de entre doce y diecisiete años. Los padres y abuelos estaban tan asustados que decidieron hacer boicots y quemar discos. Tenían miedo de que esos artistas que fomentaban la integración racial. El rock'n'roll logró vencer a todos sus enemigos, aunque al final terminó asimilado por el sistema”, señala.

Liberación cultural

En el libro se recuerda el racismo rampante de Estados Unidos en los años cincuenta. Las estrellas negras sufrieron discriminaciones como no poder alojarse en ciertos hoteles, aseos públicos segregados y otras vejaciones. En muchos teatros, el patio de butacas estaba reservado a los blancos. A pesar de todo, el rock'n'roll fue un paso de gigante en favor de la integración racial. “De repente, aparecen millones de jóvenes blancos que no tenían ningún problema en disfrutar la música de los afroamericanos. En algunos casos, les unía la clase social: los padres de algunos rockeros blancos habían recogido algodón en los mismos campos que los esclavos”. El simple hecho de que artistas de piel clara compartieran escenarios con afroamericanos y hablasen de ellos como sus ídolos suponía un cambio espectacular.

En la primera época del rock no hay mujeres. Es algo incomprensible, dada la preponderancia que tuvieron en el folk, el blues y el jazz

Las cosas no funcionaron tan bien en el frente de género. “En la primera época del rock and roll no hay mujeres. Es algo incomprensible, dada la preponderancia que tuvieron en el folk, el blues y el jazz. Además el publico femenino se volcó con artistas como Elvis Presley. El rock tuvo compositoras, ejecutivas y representantes, pero no artistas. En la portada del libro hemos puesto a Sister Rosetta Tharpe, que es pionera y precursora, porque no encontrábamos iconos más reconocibles de aquella época inicial. En otros géneros, en cambio, iban a tope: Bessie Smith, Billie Holiday, Sara Vaughan, Nina Simone…Sencillamente en el rock’n’roll no aparecieron” .

El problema de Fidel Castro

Sesenta años después de su explosión, cuesta creer que una moda juvenil provocase tanto malestar. “En un primer momento, el rock’n’ roll fue un desafío. Se opuso la internacional conservadora formada por el Vaticano, el Partido Republicano de Estados Unidos y el Kremlin. Es curioso que los dos grandes enemigos de la Guerra Fría compartan ese temor, que es el poder de la gente joven. El rock’n’roll venció a todos sus enemigos, aunque finalmente terminó domesticado”, apunta. Los más revolucionarios tampoco se libraron de su ración de ridículo. “Si Fidel Castro hubiera sido más inteligente, podría haber convertido La Habana en capital mundial del rock en los años sesenta, cuando tantos grupos estadounidenses se posicionaron contra de la invasión de Vietnam. El problema es que Cuba dependía demasiado de la URSS como para defender el pacifismo”. En el siguiente vídeo, puede escucharse a Fidel Castro en el cenit de su rechazo al rock y los homosexuales, sin duda uno de los momentos más tristes de la revolución.

Posdata: el gran bajón creativo

Aunque Vogel vive atento a las novedades culturales, siente cierta decepción con el estado actual del género. “Piensa en bandas como Ten Years After, que eran buenas y tenían guitarra muy potente, pero que siempre fueron considerados de segunda división. Si ahora saliese ahora algo parecido, se convertirían en estrellas al momento. La calidad de la música ha bajado. Por ejemplo, a mí me gusta el último disco de War On Drugs, que aparece en muchas listas de lo mejor del año pasado, pero está muy por debajo de 'Forever Changes' de Love. Ahora mismo no veo que se sigan haciendo discos tan buenos como se hicieron en los sesenta. Love competían con gigantes como Van Morrison, The Kinks, Buffalo Springfield... Sé que es un discurso viejuno, pero es lo que pienso, así que no me lo voy a callar”, afirma.

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