"El rock español es la nada absoluta"
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ENTREVISTA A IGOR PASkUAL

"El rock español es la nada absoluta"

El guitarrista de Loquillo saca libro. Una de las lenguas más afiladas de la escena rockera nacional

Foto: Igor Paskual en directo
Igor Paskual en directo

Nació en Gijón en 1975. Es conocido por tocar la guitarra de la banda de Loquillo, donde aporta un estilo rotundo y desafiante. Hablando en plata: les hace sonar como si tuvieran treinta años menos. Cuando describo a Igor Paskual como "desafiante" no lo hago a la ligera: a mediados de los noventa, cuando militaba en el grupo glam Babylon Chàt, presentó un show en Madrid con la siguiente frase: "Hemos venido aquí a follarnos a vuestras novias y a vuestras hijas, especialmente a las de Aznar". Puede sonar brutal, puede sonar gañán, pero es que en eso consiste el rock and roll.

En realidad, estamos ante un chico sensible, licenciado en Historia del Arte, amante de la pintura clásica y columnista en diversos medios. Demostró un alto voltaje de escritura en 'El arte de mentir' (Difácil, 2013), una de las mejores autobiografías del rock español. Ahora lo confirma 'Rugidos de gato' (Efe Eme, 2015), recopilatorio de columnas para el diario gijonés 'El Comercio'. A finales de noviembre publica 'Tierra firme', su segundo álbum en solitario. Las respuestas a esta entrevista son como un mapa preciso -y divertido- del estado del rock en nuestro país.

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PREGUNTA. Durante la presentación del libro, lanzÓ una frase lapidaria: "Me encanta el rock & roll, pero el noventa por ciento de las letras solo dicen 'mi polla es más larga que la tuya'". ¿Tan mal está la cosa?

RESPUESTA. El rock español pasa por horas tan bajas que ni siquiera macho o machito. Es la nada más absoluta. A mí, que el indie sea una ponzoña no me afecta. No es mi gremio. Que hagan lo que quieran. Me duele en el caso del rock, que sí es mi familia o círculo. No sé, me molesta lo poco que se exige a sí mismo. Hay un montón de mensajes de ese tipo. En el hip-hop ya es aberrante. Lo que más abundan son los textos de echar la culpa a los demás, o más bien, a las demás: "eres una chunga y me hiciste daño". Eso está en el tango, en el pop, el rock, ahí no existe diferencia. Así que más bien se trata de decir: "no tienes polla, soy mejor que tú".

P. El libro es muy honesto, por ejemplo cuando dice "sé que pertenezco al ala más conservadora del rock". ¿Se puede ser rockero, de izquierda y empático con el feminismo sin volverse tarumba? ¿Como se las apaña para combatir el narcisismo endémico del rock?

No soy puritano, tengo alma de arribista y quiero los placeres que se me ofrecen, asaltar el palacio y coger la fruta vedada. Pero lo de 'sexo, drogas y rock and roll' ya no tiene nada de revolucionario“

R. Uff…Supongo que se trata de poner en armonía nuestros deseos con nuestros miedos. Lo que yo intento hacer es conciliar mis apetitos con lo poco que queda de mis principios. La verdad es que me gusta disfrutar de ese gran banquete que el rock te sirve en bandeja. Por ejemplo, me costaría mucho tocar en una banda como Fugazi aunque me encanten su música y su código ético. Pero yo no soy un puritano, tengo alma de arribista y quiero los placeres que se me ofrecen, asaltar el palacio y coger la fruta que me había estado vedada. A la vez, está claro que el lema 'sexo, drogas y rock and roll', hoy en día, no tiene nada, pero nada de revolucionario, ni siquiera de rebelde. El rock, que es un elemento capitalista de primer orden, está en una línea muy fina entre la vía de escape que permite cambiar la vida y el corporativismo más bestia. Depende de cómo lo utilices.

Es como conseguir sexo gracias al "efecto escenario", que puedes ser un asqueroso con las chicas o chicos que se te acerquen o conseguir que sea una experiencia muy enriquecedora. El rock es un vehículo fabuloso, pero le faltan buenos conductores. Yo me siento como un quintacolumnista y es lo que debería ser el rock.

P. En uno de los últimos artículos del libro compara a Bob Dylan con Jordi Pujol, subrayando parecidos, pero también la diferencia sustancial de que el primero es consciente de ser un producto comercial mientras que el segundo se imagina como un mesías. Me interesa la relación entre rock y políticos en España. ¿Existe? ¿Es anecdótica? ¿A qué alto cargo ha visto emocionado en las primeras filas o en el camerino?

R. ¡Al que más entusiasmado vi una vez fue a Joan Laporta! Parece que le gusta pasarlo bien...También a Jordi Hereu...Pero, en general, los políticos, como el resto de la gente, suelen escuchar esa tríada que forman Stones, Fito y Sabina, ese tipo de cosas. Tengo la impresión de que tampoco les gusta la música clásica o leer; la verdad es que su dieta cultural, en el mejor de los casos, parece un conglomerado de series y columnas de opinión del 'ABC' o de 'El País'. A su lado, Letizia parece John Peel (legendario locutor de la radio británica).

P. Su libro, sobre todo, me parece un acto de agradecimiento a los discos, libros y ciudades que te han aportado algo. Pero además es una defensa de la alegría, desde las fiestas de prao en Asturias hasta los discos navideños de Sinatra, pasando por los placeres del fútbol o las comedias. Hay una frase que me chifla: "si de mi dependiera, prohibiría las películas sin final feliz. Hay que ser muy cruel para cobrar una entrada a alguien, mantenerlo atento durante dos horas y luego devolverlo a casa más triste y angustiado de lo que salió". ¿Cómo se puede acabar con el prestigio cultural de los contenidos depresivos, tortuosos y derrotistas?

R. Cantaba Morrissey en 'I Know It's Over': "si eres tan listo, ¿por qué estás tan solo esta noche?". La apología de la tristeza procede de todos estos intelectuales que saben mucho, pero son unos incapaces en la vida o poseen escasas habilidades sociales. Esos tipos se dieron cuenta de que tenían cultura, pero no eran felices. Así que en vez de mirar a sí mismos y ver dónde estaba el error, decidieron que ser infeliz era una cosa de listos y que ser feliz era propio de bobos. Una excusa fácil y muy peligrosa.

Sin embargo, ser feliz u optimista requiere una gran inteligencia, a la que hay que dedicar esfuerzo. Lo sencillo es ser infeliz y pesimista, eso no requiere energía y sale casi de forma natural. El prestigio cultural de las obras tristes o densas se debe a que los parámetros bajo los que juzgamos el arte están heredados del Romanticismo. Mucha posmodernidad y lo que tú quieras, pero nuestro juicio sobre el arte aún se basa en preceptos de mediados del siglo XIX. El artista que sufre, la inspiración, mi vida es mi obra y todo este tipo de cosas. Hasta que no cambiemos esos códigos, la gente seguirá pensando que el 'White Album' de los Beatles es superior a 'A Hard Day's Night' y que 'Pet Sounds', con todo ese relato del artista torturado, es mejor que los singles tipo 'I Get Around' y 'Surfer Girl'. De momento, creo que tendremos que soportar por un tiempo las loas a la tragedia y el desprecio de la comedia, cuando todo el mundo sabe que es más difícil hacer reír que llorar. Supongo que necesitamos una nueva generación de críticos y comisarios culturales.

P. Afirma que a Ignacio Wert, ex ministro de cultura, le gusta Russian Red porque su música es un reflejo de los colegios exclusivos donde estudiaron Esperanza Aguirre y Alberto Ruiz Gallardón. ¿Diría que ella es la artista que mejor encarna los valores de las élites españolas?

R. La puse como ejemplo por aquellas declaraciones que hizo y era muy ilustrativo para lo que quería explicar, aunque reconozco que ella, en el fondo, se posicionó, y hay que agradecérselo. No está sola, hay muchos y muchas más haciendo un tipo de música limpia y aséptica, con un rango de emociones muy limitadas y donde parece que se cuenta mucho, pero en el fondo, no se dice nada. Y más que reflejar los valores de las élites, sí que les resultan muy cómodas porque son una banda sonora ideal para un aperitivo informal. Aunque estas cosas son muy difíciles de controlar: Sabina, por ejemplo, gusta una barbaridad a la derecha. ¿Y eso es mérito o demérito suyo? El caso de esta corriente tan limpia es como la selección española de fútbol, que a todo el mundo les cae muy bien hasta que alguien emite una opinión propia. Todo va de maravilla mientras se escondan las aristas.

P. Hay una teoría que escucho con frecuencia, no sé si porque está generalizada o porque suelo hablar con oyentes quejicas mayores de treintaycinco. Dice que artistas como Leiva, Quique González, Ivan Ferreiro y Dani Martín suponen un paso atrás respecto a clásicos como Loquillo, Calamaro y Gabiente Caligari. El motivo que aducen es que los jóvenes no tienen un conocimiento tan profundo de la tradición y artesanía del rock and roll. Seguramente es la persona menos indicada para responder, ya que tiene relaciones personales con casi todos, pero me interesa mucho su opinión sobre esto.

R. Pienso lo mismo porque yo también soy un oyente quejica de más de treintaycinco. Pero no es que Dani, Leiva, Iván o Quique desconozcan la tradición del rock and roll, que no lo creo, sino que directamente no hacen rock. Para mí son artistas de pop que tienen algún momento más o menos rock. No lo digo como crítica sino como observación. En el caso de Gabinete, Loquillo o Andrés, en mi opinión, es que son artistas de rock con cierta sensibilidad pop. Por tanto proceden de tradiciones muy distintas y una forma de observar y estar en el mundo casi opuesta.

Además, Loquillo, Andrés o Gabinete contemplan el rock and roll con un sentido histórico muy grande, otorgan al rock una gran jerarquía en el devenir del país y se comportan de acuerdo a ese pensamiento. Y sí, los conozco a la mayoría y a alguno incluso le tengo especial cariño, pero aunque su música me resultara espantosa, eso no me haría odiar a la persona. Procuro diferenciar ese tipo de cosas. Tengo la desgracia de que algunos mis artistas favoritos son lunáticos, insoportables o violentos. Me refiero a Axl Rose, Morrissey o Jorge Ilegal, por ejemplo.

P. De los artículos que ha publicado hasta ahora, ¿cuál es el que le ha causado más problemas?

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R, Hay varios. Desde 'El Comercio' nunca me han dicho nada, pero la gente se enfurece en las redes con una facilidad tremenda. Una energía que a la hora de verdad no utilizan para solucionar problemas reales. El texto que dediqué a Antonio Vega y Enrique Urquijo levantó muchas ampollas, porque son dos iconos muy queridos y, como pude comprobar, muy consentidos. La música que nos gusta, suele serlo también porque compartimos un código de valores implícito, así que cuando te metes con el grupo favorito de alguien sienten que le atacas personalmente o a su forma de ver la vida. Y aunque no hablaba de su música en ningún momento, se mezcló todo y hubo muchas críticas.

Otro por el que recibí muchos mails desde Euskadi fue el de 'Martxa eta Borroka'. La mayoría eran extensos, no se trataba de meros exabruptos. No tuve problema en responderlos a todos.

En Asturias causó mucho daño 'Santa Bárbara maldita' porque acusaba a parte de los sindicatos mineros de apropiarse de una mística, unos símbolos y una canción en beneficio propio para hacer reivindicaciones, a veces, fuera de lugar. Fue duro porque a todos nos produce una erección tremenda ver a los mineros poner en jaque a los antidisturbios, pero Asturias vive lastrada por estos sindicatos en clara connivencia con los gobiernos asturianos de todo tipo de color. Se han desperdiciado millones de euros de una forma que me da arcadas. El caso Villa me acabó dando parte de razón.

En Asturias es casi un tema tabú, y hubo un momento en que tuve que dar explicaciones casi en cada bar al que iba, que en aquel momento eran muchos, así que se trataba de responder cara a cara y personalmente sobre algo que había escrito. También había muchísima gente que estaba de acuerdo conmigo. El artículo donde comparo a Félix Rodríguez de la Fuente con 'Frank de la jungla' fue muy polémico. Pero, sin duda, por el que recibí un aluvión de insultos llenos de ira fue uno que escribí para la web de Marca, 'Diez razones para pitar el himno'. Cuidado, no todo es bilis, otros artículos reciben elogios generalizados. Lo que procuro es ser respetuoso, no entrar en el insulto personal y explicar con detalle y cuidado lo que critico. También me he dado cuenta de que, en muchas ocasiones, da igual lo que escribas, hay gente que lee lo que quiere leer y los matices suelen interpretarse como que no tomas una postura clara por nada. Cualquier cosa que no sea blanco y negro es mirada con sospecha.

P. Además de homenajes a muchos músicos, tanto clásicos como desconocidos, describes duramente a tu gremio: "la función del músico en España es la misma que tenían los bufones en la corte de Felipe IV o la de Marianico "El corto" en aquellos inolvidables programas del sábado noche". ¿En qué medida es culpa de los propios artistas y en qué parte del sistema social impuesto?

R. Bueno, lo de ser un bufón no lo decía en un sentido peyorativo. Más bien venía a cuento porque gran parte de nuestro trabajo consiste en entretener, que es un oficio más difícil de lo que parece. Pero ser un entretenedor no tiene por qué convertirte en un imbécil. Lo que sucede es que algunos entretenedores, y con ello incluyo también al gremio del cine o del teatro, llegan a conectar con la gente de tal forma que, aunque no les guste a muchos, tienen una influencia poderosa. Y te toca decidir si ese poder deseas usarlo o no. En algunas coyunturas históricas, esa figura es necesaria. Eso sí, tampoco te voy a negar que el rock o el pop rock que suena en las radios en España está desactivado de toda carga peligrosa, pero eso es debido a que los músicos actuales sólo se preocupan de lo que sucede entre el estudio de grabación y su cuenta corriente: una estrechez de miras alarmante.

P. Me encanta su defensa del orgullo provinciano. Por ejemplo en esta frase: "sigo viendo en el Madrid actual enormes desventajas para el rock: su ritmo de vida, las distancias, los altos precios de los locales de ensayo, los horarios de los bares y la desesperación de todo el mundo por estar a la moda". Todo perfectamente aplicable a Barcelona. ¿Cuáles son las mejores provincias para ser rockero? ¿Por qué?

R. Bueno, esto es una observación que ya hizo Unamuno en su tiempo. Generalizando un poco, diría que las ciudades de tamaño medio son las mejores. Si el lugar es muy pequeño, te quedas escaso de alimento y si es muy grande, la información es excesiva y te atragantas. Además la periferia te permite observar y crecer con más pausa. Creo que merecen la pena lugares como Coruña, Vigo, Bilbao, Donosti, Zaragoza, Granada o Gijón, por supuesto...Ese tipo de ciudades. Es algo empíricamente comprobable. Si te fijas en el número de habitantes que tiene Madrid y los grupos que merecen la pena y lo comparas con alguna de las ciudades que he citado, no hay más que ver que a la música, desde hace unos cuantos años, le sienta muy bien la periferia.

P. En otro de los textos, "Jambalaya" afirmas que "en España se come más que se folla". ¿Seguimos siendo un país de reprimidos sexuales?

R. Gracias a Dios, la cosas han cambiado y en España se folla mucho. No sé si bien, pero sí mucho. Reconozco que todavía se come y se bebe más de lo que se hace el amor porque no somos un país con tendencia a la lujuria sino a la gula. Yo mismo puedo estar más tiempo bebiendo que follando, aunque no me siento especialmente orgulloso de ello.

P. Hay un dato que me parece inquietante en el perfil que haces de José Antonio Labordeta: dice que "todos los músicos que han tocado en sus bandas siempre están asegurados y ninguno tenía una mala palabra hacia el honorable cantautor". ¿No son habituales los seguros? ¿Imponen las estrellas de rock condiciones precarias a sus grupos de acompañamiento? ¿Cuáles son los conflictos laborales más frecuentes?

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R. En mi caso, como guitarrista de Loquillo, todo eso se lleva de una forma muy estricta. Alucino com lo rigurosos que se ponen con nosotros (y me parece bien), pero creo que deberían controlar más en la construcción o en fábricas, claro. Hay un montón de accidentes, en Asturias por lo menos. O lo estrictos que se ponen con nuestras facturas y declaraciones (genial también), pero Rato que lo tenían muy cerca, parece que no se ponían tan severos. El mayor problema de los músicos es que es una profesión flotante. Quiero decir que es un trabajo tan inestable y, por ende, tan temporal, que nadie sabe a ciencia cierta quién es músico y quién no. ¿Habría que considerar músico al que supera ciertos ingresos al año? ¿Al que tiene vocación aunque no viva de ello? ¿Al que subsiste de ello una parte del año y otra no?

El rock, máximo exponente del capitalismo, vive en el precariado más absoluto y, debido a eso, como en todas las profesiones, cuanto peor es el sueldo y menos estable es el trabajo, más difícil es asociarse o defender tus derechos. Las relaciones laborales en la mayoría de nuevos empleos se resienten porque cada persona está sola y presta servicios temporales. Ya no hay nada permanente. Así que ¿cómo cobrar el paro cuando no se sabe muy bien cuándo estás en paro? ¿Cuánto dinero pierdes si te rompes una mano? Lo que más me llama la atención es que quien más se ha preocupado de atender casos de indigencia de autores y músicos ha sido la denostada SGAE o la AIE que es lo más parecido a un sindicato que tenemos. Eso sí, pese a todos los adelantos de la SGAE que han ayudado a la supervivencia del autor, jamás verás en sus reuniones a nadie más joven de cuarenta o cuarentaycinco años, aunque sean millonarios gracias a ella. Hay mucha gente que sobrevive gracias a esos adelantos, pero nadie quiere defenderla, o mejor aún cambiarla. Como ves, el liberalismo y los medios de comunicación han hecho muy bien su trabajo ente los músicos más jóvenes, que pese a su apariencia, son fácilmente manipulables.

P. Durante la presentación del libro, tocó con la guitarra acústica unas cuantas canciones. Sonaba emocionado con la publicación de su próximo álbum, 'Tierra firme'. ¿Qué diría que tienen las nuevas canciones que las hace superiores a las que has compuesto hasta ahora? (por cierto, grandes frases "Tu psicoanalista dice que eres lista" y "La magia de Europa/se esfuma sin la coca").

R. Desde el punto de vista musical procuro demostrar que se puede estirar el vocabulario rock sin renunciar a su ADN. Hay muchos caminos que abrir dentro de ese tipo de sintaxis y en este disco he procurado caminar por algunos de ellos. Y en el apartado de las letras, por fin, reflejo de verdad nuestras contradicciones ya que no somos siempre alegres o siempre tristes. Hay gloria y estiércol a partes iguales, pero sobre todo es un canto a la vida. Los que tenemos una "Tierra firme" debemos emplearla para viajar más, no para quedarnos quietos en ella. El disco sale el 20 de noviembre, ¡gran día para España y espero que para el rock!

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