los nuestros I

Buñuel, Saura, Almodóvar, grandes entre los grandes

Los Furtivos inician aquí una serie de cinco artículos dedicados cada uno de ellos a tres directores españoles fundamentales

Foto: Luis Buñuel representado como santo en un mural de Montevideo, Uruguay. (EFE)
Luis Buñuel representado como santo en un mural de Montevideo, Uruguay. (EFE)

El cine español se inició hace aproximadamente 120 años. A pesar de sus vicisitudes políticas, industriales y económicas -por no hablar de los 40 años de dictadura-, que condicionaron tan gravemente la obra de la mayoría de los creadores más personales de nuestro país, ese cine no ha dejado de estar presente durante largos años en muchos de los escenarios del panorama mundial, desde Hollywood hasta los más importantes festivales internacionales. Sólo en los últimos diez años nuestro cine ha dejado de interesar en el extranjero. No así nuestros cineastas, nuestros actores, nuestro talento en suma.

Para profundizar en las razones de nuestro fracaso, vamos a recordar a todos aquellos cineastas que hicieron posible nuestros éxitos pasados. Empezaremos por revisar la obra de nuestros tres más grandes directores y en entregas futuras iremos analizando la obra de todos aquellos que con más de 10 películas en su haber han hecho posible un cine español extraordinario.

Por orden de aparición, Luis Buñuel, Carlos Saura y Pedro Almodóvar son nuestro trío de gigantes; aquellos que han conseguido para nuestro cine patrio un prestigio y una notoriedad internacional fuera de toda discusión. Y ya que estamos en el ámbito de nuestro cine, levantemos primero la copa para brindar por aquellos otros grandes que han acompañado a nuestros cineastas. Brindemos por los directores de arte Eduardo Alarcón, Rafael Palmero y Gil Parrondo; por los directores de fotografía Jose F. Aguayo, Luis Cuadrado y José Luis Alcaine, y por el mejor guionista de nuestra historia, ese inolvidable gigante que fue Rafael Azcona.

Luis Buñuel, un titán para la historia

Más allá de ser el más universal de los directores españoles, también es uno de los cineastas más originales de la historia del cine. Porque a Buñuel, su muy republicana juventud al lado de Lorca, de Dalí, de Alberti, de Pepín Bello, de Juan Ramón -sus compañeros en la Residencia de Estudiantes- le hizo un hombre libre. Porque en sus memorias (fantástico ese relato vital 'Mi último suspiro') nos explica cómo vivió esa libertad; cómo se hizo surrealista con los camaradas de París (Breton, Tanguy, Aragon, Tzara, Éluard…); cómo fue construyéndose un universo creativo que habría de desarrollar en México. Irresistible contar cómo, al final de sus memorias, avisa a sus lectores que va a dedicar el próximo capítulo, única y exclusivamente, al gran compañero de su vida: el 'Dry Martini'.

Buñuel fue un aragonés rebelde, ateo, antifascista, con un sentido profundo de la justicia social y un desdén absoluto por las convenciones

Buñuel, sí. Porque fue un aragonés rebelde, ateo, antifascista, con un sentido profundo de la justicia social y un desdén absoluto por las convenciones. Porque, de puro grande, estuvo a la altura de Welles, de Hitchcock, de Ford, de Kurosawa, de Fellini o de Bergman.

Porque nos enseñó de todo: el surrealismo en 'El perro andaluz' y 'El fantasma de la libertad'; la crítica brutal de 'El ángel exterminador' y 'El discreto encanto de la burguesía'; el erotismo ‘masoca’ de 'Belle de Jour'; la denuncia descarnada de 'Las Hurdes, tierra sin pan'; el amor loco de 'Él'; la miseria de 'Tristana'; el realismo de 'Viridiana'…

Porque Buñuel fue un cineasta inmenso, muy español pero pasado por México y con un cierto toque francés.

El más universalmente reputado de los cineastas españoles fue también una de las mayores víctimas de la situación política. Después de largos años de exilio regresó a España para realizar con 'Viridiana' una pequeña venganza personal: con ella ganó la Palma de Oro del Festival de Cannes y su éxito acabó con el entonces Director General de Cine.

Carlos Saura, la pasión por España

Uno de los admiradores incondicionales de don Luis fue Carlos Saura. Mantuvo con Buñuel una relación de afecto mutuo.

Hay un momento especialmente atronador en la vida de Saura. Fue cuando se plantó en Calanda, la cuna de Buñuel, para homenajear a su paisano. El 23 de marzo de 2008, fue él quien se encargó de cumplir con el rito de “romper la hora” que, como cada Viernes Santo, interrumpe el silencio del Bajo Aragón con un estruendo de bombos y tambores mágico, telúrico, sobrecogedor.

La vida de Saura está marcada por tres grandes pulsiones: su oficio; España como pasión, y dolor, y la tierra aragonesa que le atraviesa el alma

En nuestra breve reseña no autorizada, los Furtivos nos atrevemos a decir que la vida de Saura está marcada por, al menos, tres grandes pulsiones: su oficio (la fotografía, el documental, el corto, el mediometraje, el largometraje… toca todos los palos); España como pasión -y como dolor-, y esa tierra aragonesa que siempre le atraviesa el alma.

Discreto en su vida íntima -sus mujeres, sus muchos hijos, que son, cómo no, cosa suya-, Saura no deja de retratar a la familia, represiones incluidas, en 'El jardín de las delicias', 'Ana y los lobos', 'Peppermint Frappé', 'La prima Angélica', 'Elisa vida mía'.

Al hombre, y al director, le entusiasma la fuerza vital de la música, incluso si se trata de lo que García Márquez llamaría “los amores contrariados”. Ahí tenemos 'Bodas de Sangre', 'Carmen', 'El amor brujo'. Baile, pasión, muerte. Un cierto sentido de España, maestro.

La misma España cuyas grandezas y miserias sigue buscando en la Conquista de América ('El Dorado', una auténtica machada esta historia de Lope de Aguirre). O en el crimen aterrador de Puerto Hurraco ('El séptimo día'). O en 'La caza'. Tanta sangre. Tanta aridez. Tanta calor (sic). Tanto Caín. Una metáfora de nuestra guerra incivil. Pero quizá no tanto como asesinar a la República de un tiro en la cabeza ('Ay, Carmela'). Y es que nada como recordar la historia, en toda su crudeza, para que no se repita.

Saura encuentra a España en 'Flamenco' y en 'Iberia'. Llora al exiliado de Fuendetodos, el genio sordo, su paisano ('Goya en Burdeos'). Llena de hermosura el baile de su tierra ('La jota'). Retrata el franquismo en 'Ana y los Lobos' y le da carpetazo en 'Mamá cumple cien años'… También a Carlos Saura, grande él, le queremos centenario. Cuando menos.

Pedro Almodóvar, una vida libre, intensa

Si el cine español empezó a hacerse internacional con Luis Buñuel, el último en recoger el testigo fue, es, Pedro Almodóvar'.

Su vida de niño nos la contó el peluquero que le cortaba los rizos morenos en su pueblo de Calzada de Calatrava, tierra del Quijote. A ese jovencillo le esperaba un mundo muy lejos del corazón de La Mancha. Un mundo de premios Óscar, Goya, Globos de Oro, BAFTA, César, David di Donatello… Le esperaba una vida intensa, muy intensa. Porque Almodóvar, fiel y leal a sí mismo, da la impresión de haber hecho siempre lo que le ha dado la gana. Pero ya sabemos que esto no es posible sin un gran esfuerzo por cultivarse como persona, sin un trabajo agotador, sin un talento fuera de serie.

Aún consciente de la España que vivieron, generaciones atrás, tanto Buñuel como Saura, el primer Pedro que recordamos se ponía el mundo por montera. No sabemos si dormía de día, pero sí sabemos que vivía de noche; que se pintaba la cara, los labios y las pestañas, lo que hiciera falta; que disfrutaba su sexualidad, que se convirtió de un voleo en el rey de la llamada “movida madrileña”.

Almodóvar es un grande porque siempre ha tenido, y tiene, la extraordinaria virtud de conocer como nadie el alma de la mujer

Pero hay algo en él muy excepcional. Almodóvar es un grande porque siempre ha tenido, y tiene, la extraordinaria virtud –rara, infrecuente, casi insólita en un hombre- de conocer como nadie el alma de la mujer.

Con 'Pepi, Luci, Bom y otras chicas del montón' ya apuntaba maneras. Pero cuando dirigió a Carmen Maura en '¿Qué he hecho yo para merecer esto?' y siguió con el maravilloso elenco femenino de 'Mujeres al borde de un ataque de nervios', ya nos enseñó que estábamos ante un cineasta divertido, original y único que se adentraba como nadie en el pliegue más íntimo de la mujer.

Ahí están “las chicas Almodóvar”, entre ellas Carmen Maura, Victoria Abril, Penélope Cruz, María Barranco, Rossy de Palma, Marisa Paredes, Cecilia Roth, Loles León o la gran Chus Lampreave. Vaya tela. Lo raro es que se le colara (ya tiene su mérito) un hombre como Antonio Banderas.

Mientras las mujeres siguen apareciendo en 'Hable con ella' o 'Todo sobre mi madre', Pedro sigue jugando sin prejuicio alguno con el sexo ('Átame', 'Kika', 'La ley del deseo'), con la enseñanza religiosa ('La mala educación') o con la estética roquera y punk, aunque, eso sí, sin olvidar su devoción por el bolero, desde Chavela Vargas a Caetano Veloso.

Almodóvar, siempre en el candelero, ha sido libre e intenso. Por eso es uno de los cineastas más prolíficos y con más talento de la historia de España.

(Continuará)

Cultura

El redactor recomienda

Escribe un comentario... Respondiendo al comentario #1
9 comentarios
Por FechaMejor Valorados
Mostrar más comentarios