Premios Goya 2018: Solán de Cabras y un castillo millonario: lo que oculta el documental español de moda. Noticias de Premios Goya
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Solán de Cabras y un castillo millonario: lo que oculta el documental español de moda

La ópera prima de Gustavo Salmerón ha recibido numerosos premios, pero deja en el aire varias preguntas que no se llegan a resolver

Foto: Imagen: Enrique Villarino.
Imagen: Enrique Villarino.

Muchos hijos, un mono y un castillo' es el documental español de moda. La cinta, dirigida por el actor Gustavo Salmerón, no solo está en máximos de recaudación en su quinta semana en cartelera, un fenómeno bastante inusual, sino que además ha sido premiada en festivales internacionales con prestigio, como el Karlovy Vary de República Checa o el de los Hamptons estadounidense. También es, con diferencia, el máximo favorito a conseguir el Goya al mejor documental que se entrega a comienzos de febrero.

'Muchos hijos, un mono y un castillo' es básicamente un vídeo familiar. Gustavo, el menor de una familia muy numerosa, ha grabado durante los últimos catorce años los vaivenes del clan García Salmerón, una familia que se enriqueció gracias a una herencia, se mudó a un castillo y terminó perdiéndolo por no poder pagarlo. Sin embargo, lo que hace especial al documental es Julita Salmerón, la matriarca, una señora de 82 fuertemente comprometida con el surrealismo, que igual se guarda una vértebra de su tía fallecida como recuerdo, que se declara masona, se compra un mono o le explica a cámara, con toda su naturalidad, que siempre ha estado enamorada de José Antonio Primo de Rivera.

Julita Salmerón es lo mejor que le ha pasado a la comedia española desde José Luis Cuerda. Sus relatos, en ocasiones incoherentes, capturan magnéticamente la atención del espectador, sabedor de que a la vuelta de la esquina están las carcajadas. Tanto es así que, en el Festival Internacional de Cine de Toronto, los responsables estuvieron a punto de detener la proyección porque las risas de los críticos no permitían escuchar la película. Al final, como ha sucedido en muchos de los pases internacionales, la vida de los García Salmerón fue despedida con una larga ovación.

Los objetivos vitales de Julita Salmerón son el 'leit motiv' de la trama. Quiere muchos hijos, un mono y un castillo. Los hijos los tuvo, el mono también, pero se tuvo que deshacer de él cuando atacó el moño de una vecina. Julita también consiguió el castillo, pero finalmente tuvo que venderlo. La película oculta el dato, pero el castillo al que la familia se muda no es cualquier castillo. España está llena de ellos, y muchos están a la venta, pero el de los García Salmerón es bastante selecto. Se trata del Castell de Perafita, a 100 kilómetros de Barcelona, una fortaleza de estilo centroeuropeo con 1.800 metros cuadrados construidos y una parcela amurallada de 15.500. Tiene todo lo que cabe esperar de un castillo del siglo XIX: torres almenadas, un comedor regio, bodegas, una sala de armas, un patio interior e incluso una capilla con espacio para un coro. El castillo se convirtió en una de las residencias habituales de Alfonso XIII durante sus visitas a Cataluña. Además, el castillo está declarado Bien Cultural de Interés Nacional, aunque no puede visitarse al ser propiedad privada.

"Es un inmueble espléndido, uno de los mejor conservados dentro de su categoría", dice Roberto Menetray, propietario de Lançois Doval, una inmobiliaria de lujo que lo tiene en venta. "Lo único que lo separa de tener un precio desorbitado es su ubicación. Al encontrarse en una localidad interior, la mayoría de los potenciales clientes lo descartan como vivienda habitual, de modo que es más propicio para montar un hotel o un restaurante", continua Menetray. El experto prefiere no hablar del precio por respeto a su propietario, en estos momentos un banco, pero otras fuentes del sector estiman en torno a cinco millones de euros su valor del mercado. "Eso es ahora, la familia García Salmerón debió comprar cuando los precios estaban más altos, así que calcula un precio en torno a un 40% superior", relatan.

El castillo de Perafina, ex residencia de los García Salmerón (Ayuntamiento de Perafita)
El castillo de Perafina, ex residencia de los García Salmerón (Ayuntamiento de Perafita)

La fortuna que vino del agua

¿De dónde sacó una familia de clase media la millonada necesaria para quedarse con este castillo?, se pregunta el espectador al salir del cine. No hay respuesta, porque la película también omite esta información, simplemente refiriendo a "una herencia", quizá para no desviar la atención. Preguntado por este periódico, Gustavo Salmerón prefiere seguir sin responder a esta pregunta. La respuesta está en Solán de Cabras, una de las principales empresas de agua embotellada de Europa y de la que Julita Salmerón fue una de las principales accionistas. Julita es nieta de Baldomero Sanz Sanz, fundador de la marca de aguas y propietario del Balneario Solán de Cabras, en Cuenca. Su abuela, de la que conserva una vértebra perdida en una estancia del enorme castillo, era Julia Mombiedro, la esposa de Baldomero, que fue violada y posteriormente quemada por miembros del bando republicano en los albores de la Guerra Civil. Su cuerpo fue encontrado en la Serranía de Cuenca.

Tras la muerte de Baldomero Sanz en 1976, la empresa se dividió en tres partes, correspondientes a las familias herederas. Un 33% fue para la familia Del Pozo, otro para los Sanz Gallego y la última parte fue para los herederos de Asunción Sanz, la madre de Julita. Así, la protagonista del documental se convirtió en una de las accionistas con peso en el consejo de administración, lo que le permitió colocar a Antonio García Cabanes, padre del clan del documental, como presidente de la compañía durante varios años. García Cabanes, ingeniero industrial de formación, muestra en la película un perfil sobrio que contrasta con las excentricidades de su esposa. "Mi esposa tiene la cabeza muy alborotada", dijo en una entrevista reciente.

Poco después cerró su negocio alternativo y se jubiló, lo que terminó por obligar a la familia a deshacerse del ansiado castillo de Julita

A principios de siglo surgió la discordia entre los herederos, como suele suceder en estos casos. Los Sanz Gallego y los García Salmerón acordaron la venta de sus acciones al grupo Damm por 96 millones de euros en contra del criterio de la familia Del Pozo, que llevaron la venta a los tribunales y lograron revertirla. En 2001, la Audiencia Provincial de Cuenca reconoció el derecho preferente de la familia Del Pozo a recomprar la parte vendida a Damm, aunque por un precio menor al marcado. Así, Julita y su familia tuvieron que devolver parte de los ingresos generados por la venta de su participación en Solán de Cabras y Antonio García Cabanes abandonó la presidencia de la marca. Poco después cerró su negocio alternativo y se jubiló, lo que terminó por obligar a la familia a deshacerse del ansiado castillo de Julita, uno de los objetivos de su vida, que aún hoy no ha encontrado comprador.

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