¿Por qué no levanta cabeza el cine español? Balance de un año y propósito de enmienda

"Las películas tienen, en el ámbito del entretenimiento, una gran influencia para moldear la vida de los jóvenes, promover sus ideales y sus objetivos hacia una madurez plena". (Walt Disney)

Foto: Imagen de Tadeo Jones
Imagen de Tadeo Jones

La reflexión de Walter Elias "Walt" Disney (1901-1966), el poderoso cineasta estadounidense -oficialmente nacido en Chicago, aunque la leyenda urbana sitúa su cuna en Mojácar, provincia de Almería y entregado por su madre en adopción- sigue siendo válida. Y lo es “para todos los públicos”, nunca mejor dicho, aunque es el adulto, aquel en cuyas manos está la industria del cine, quien debe ser consciente del extraordinario impacto que tiene el llamado “séptimo arte” en el mundo infantil y en las jóvenes generaciones.

Empieza un nuevo año, ocasión de hacer balance, y haciéndolo desde dentro debe partir de la autocrítica, para que los logros no empañen lo pendiente y no cercenen la ambición. Hemos recuperado público, cuarto año consecutivo por encima de los cien millones de euros en taquilla, y sin embargo, el divorcio entre la Academia y los espectadores es mayor que nunca. Y no falta reconocimiento solo en España: recordemos aquel reciente pasado, cuando las películas españolas eran nominadas a los Oscar e incluso ganaron en algunas de sus ediciones. Desde entonces, especialmente en los últimos trece años, después de 'Mar adentro', ni hemos ganado ni siquiera hemos entrado en las nominaciones. Hemos dado un salto con dos mortales mal hechos y un doble tirabuzón que ha acabado en plancha.

En el caso que siempre nos ocupa, España, tenemos a mano la observación que hizo, hace más de sesenta años, un director de campanillas como fue Juan Antonio Bardem (1922-2002): "El cine español es políticamente ineficaz, socialmente falso, intelectualmente ínfimo, estéticamente nulo e industrialmente raquítico". Hay muchas cosas que han cambiado desde entonces, desde luego. Y sin duda para bien. Pero es obvio que quienes nos dedicamos a esto deberíamos esmerarnos por conseguir una producción cinematográfica de calidad, que entretenga, informe, eduque, y cumpla la importante labor social que de él se espera.

Eso es lo que nos toca a nosotros, sabiendo, ay, lo poquito que ayudan los Gobiernos y el aparato del Estado que estos controlan. Los Furtivos ya hemos denunciado repetidas veces casos sangrantes en los que el Poder, con mayúsculas, parece comportarse como un enemigo de la cultura.

La dura sentencia de Bardem fue muy discutida por aquellos cineastas que, en el periodo 1975-2005, consiguieron colocar al cine español en las pantallas del mundo entero. En los festivales de mayor prestigio y en la disputa de los principales galardones.

Datos y disonancias

Los datos del recién acabado 2017 son muy ilustrativos, partiendo de una cuota de mercado aceptable (17.1%, solo un punto menos que el anterior). Tres películas españolas han entrado en el Top15 de taquilla: 'Tadeo Jones 2' (3ª), 'Perfectos desconocidos' (9ª, sigue en cartel) y 'Es por tu bien' (14ª).

Empiezan las disonancias: las cinco películas que disputarán el premio gordo de los Goya (a la mejor película) solo han recaudado, entre todas, el 7.8% del total del cine español. De ellas solo una, 'Verónica' (9ª), ha entrado en el TopTen del cine patrio. Coincide que es la única entre las 10 primeras no coproducida por alguno de los dos grupos multimedia, Mediaset (las 4 primeras) y Atresmedia (las restantes y otras 4 fuera del Top); compró sus derechos RTVE. Las 13 películas estrenadas por estos dos grupos privados han conseguido el 75% de la recaudación total del cine español. Este incuestionable gran éxito en taquilla no ha tenido el reconocimiento de los cineastas españoles. (Gracias a 'El Blog de Cine Español' por su rápida recopilación de datos, que hemos utilizado).

Los cinco filmes que disputarán el premio gordo de los Goya (a la mejor película) han recaudado, entre todas, el 7.8% del total del cine español

Una última comparación volviendo la vista atrás: las cinco películas nominadas este año, 'El autor', 'Handía', 'La librería', 'Verano 1993' y 'Verónica' (todas de RTVE) han recaudado tan solo el 12% de lo que hicieron las cuatro nominadas en 2001: 'Los Otros', 'Juana la loca', 'Lucía y el sexo' y 'Sin noticias de Dios'.

¿Qué está pasando? ¿Por qué ocurre esto? ¿Quizá porque la gente va menos al cine? Veamos: en 2001, 140 millones de españoles pasaron por taquilla. En 2017 han sido 99 millones, un 30% menos.

¿El problema es que los académicos elegimos películas menos comerciales o simplemente que para ciertas películas hemos perdido a nuestro público?

Así que apliquémonos el cuento. Consideremos, para empezar a hablar, que los cineastas actuales están (deberían estar) más preparados que los de antes: al menos tienen más recursos, más acceso a la información, a la tecnología, a la investigación.

Verde y con asas

Lo que está pasando, nos preguntábamos, es verde y con asas. El cine español no levanta cabeza porque hay muy pocos productores profesionales. Porque son éstos los primeros que creen en el proyecto, los que se arriesgan, los que ponen la pasta aunque la busquen debajo de las piedras, los que tiran del carro, los que mueven el motor de la industria a tantas más revoluciones cuanto mayor sea su compromiso y su ambición.

El gran Carlos Saura (sesenta años de talento y de éxito le contemplan, oiga), decía hace nada: "En España no hay actualmente productores".

En los últimos años ha sido el Instituto de la Cinematografía y de las Artes Audiovisuales, el ICAA, del ministerio de Cultura, quien ha venido practicando la no-política cinematográfica; esto es, ha permitido florecer unas productoras (siempre con valiosas excepciones) que actúan casi cual monopolio para invadir el mercado con lo que más les conviene. Un “remake” de película extranjera o una versión alargada de un capítulo de teleserie que suele ser protagonizada por los actores de la cadena que financia los supuestos filmes.

Poco ayuda el papel de nuestro ICAA, que debería guiar al gobierno en una política de Estado ambiciosa, y no solo en fiscalizar la escasez, impidiendo la igualdad de condiciones al productor independiente y amparando una normativa obsoleta desde su nacimiento, que da luz a proyectos imposibles y sepulta otros que cualquier cinematografía mimaría.

Entre tanto, las películas llamadas “de autor”, como las nominadas (antes candidatas) de este año a los Goya, apenas se abren paso. No tienen oportunidad de ser vistas. Distribuidas por empresas con poca capacidad para contratar con los exhibidores, se han visto abocadas a las cada vez más oscuras salas del cinematógrafo, por donde pasan unos días mientras aguantan el diluvio del filme extranjero, gringo para variar, que anega nuestra industria una semana sí y otra también.

Sin embargo, sorprende la variada representación cultural que ofrecen las cinco producciones aspirantes al Goya a la mejor película. Están rodadas en francés, inglés, euskera y castellano. Anotemos en el haber de los miembros de la Academia que hayan sabido descubrir estas meritorias producciones que, si bien no hacen industria, sí sirven para demostrar una vez más el talento de nuestros cineastas.

Acabamos el año -otro año- reclamando al Gobierno una política de Estado que promueva, apoye y divulgue nuestro cine

Acabamos el año --otro año-- reclamando al Gobierno una política de Estado que promueva, apoye y divulgue nuestro cine. Porque España cuenta con activos excepcionales, el primero de los cuales es un idioma que se ha convertido, a todas luces, en la segunda lengua más importante del mundo. Porque una política inteligente sabría utilizar la fuerza del cine para aumentar la cohesión social, para hacer patria en el mejor sentido de la palabra; esto es, sumar culturas diversas y con ello enriquecer la cultura nacional. (Qué disparate, por cierto, que comunidades como Navarra, el País Vasco o Canarias disfruten de unas desgravaciones fiscales a la producción de cine que llegan al 40 por ciento mientras otras apenas alcancen el 20%).

Empezamos el 2018 luchando contra los molinos pero no nos vamos a cansar ni de predicar en desierto ni de majar en hierro frío porque como nos enseñó don Miguel de Unamuno “el modo de dar una vez en el clavo es dar cien veces en la herradura.

Continuará.

Cultura

El redactor recomienda

Escribe un comentario... Respondiendo al comentario #1
7 comentarios
Por FechaMejor Valorados
Mostrar más comentarios

Lo más leído