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'Trainspotting 2': envejecemos, pero no dejamos de molar

Más de 20 años después Danny Boyle recupera este referente generacional que no ha perdido pegada y, además, ha ganado en profundidad

Foto: Ewen Bremner, Ewan McGregor, Jonny Lee Miller y Robert Carlyle en 'Trainspotting 2'
Ewen Bremner, Ewan McGregor, Jonny Lee Miller y Robert Carlyle en 'Trainspotting 2'

"En un momento dado lo tienes, luego lo pierdes y se ha ido para siempre. George Best lo tenía, lo perdió. Y David Bowie. Y Lou Reed". Sick Boy apunta, pero no dispara su escopeta de mira telescópica mientras teoriza sobre la inevitable “trayectoria descendente” que es la vida. “Así que envejecemos, dejamos de molar y, ¿se acabó?”, le pregunta Renton.

En 1996, 'Trainspotting' fue una patada en la entrepierna al proyecto de vida conformista y capitalista de la clase media. "Elige pagar a plazos un puto traje de marca, elige ver teleconcursos que aplastan el espíritu, elige un piso piloto, elige pudrirte en un asilo siendo una carga para los niñatos egoístas que has engendrado". “¡Elige tu futuro, elige la vida!” La película se convirtió en un referente para aquella juventud aterrada de ser fagocitada por un sistema alienante y que en la filosofía nihilista de Irvine Welsh encontraba ese resquicio para mantener, aunque sea un poquito, una ilusión de subversión.

'Trainspotting 2': envejecemos, pero no dejamos de molar

'Trainspotting' fue la heroína, el revulsivo de una generación a la que le faltaba la identidad colectiva del movimiento 'punk' y que había crecido dentro del bálsamo de la sociedad del bienestar, de las becas Erasmus y del pop sumiso y prefabricado. Las oportunidades estaban ahí, con la red de seguridad del sistema y estaba en uno mismo la elección de aprovecharlas o no. Había, al menos, la posibilidad de elegir.

20 años después, David Bowie, Lou Reed y George Best están muertos y Danny Boyle vuelve a reunir a su panda de 'yonkis' escoceses, los que lograron sobrevivir a la insolencia autodestructiva, a las huidas hacia adelante, a los picos, las reyertas y a las promesas incumplidas. Y todos saben -todos sabemos-, que en el camino se pierden unas cosas, pero se ganan otras. “El mundo ha cambiado, la música ha cambiado, las drogas han cambiado”. Ellos y nosotros hemos cambiado. ¿A mejor o a peor? A diferente.

Ewan McGregor y Jonny Lee Miller en 'T2'
Ewan McGregor y Jonny Lee Miller en 'T2'

Quien piense que 'T2: Trainspotting 2' -que se estrena el 24 de febrero- ha perdido pegada se equivoca. Y Boyle lo deja claro desde el primer momento, con el 'Lust for Life' de Iggy Pop pasado por la electrónica violenta de The Prodigy. Vale que hace dos décadas, Mark Renton (Ewan McGregor) decidió elegir vida. Vale que ya no hay orgías de drogas, gente ahogada en su propio vómito, y que si quieres robar ya no hace falta apuñalar a nadie para quitarle la cartera: basta con rellenar un formulario, poner un número de cuenta y esperar que alguna institución se crea tu patraña. Vale que Renton ha dejado de correr por las calles de Edimburgo huyendo de la policía para correr dentro de cuatro paredes, en una cinta de gimnasio, donde puedes elegir la velocidad, la elevación y el ritmo. Pero el espíritu subversivo se mantiene, aunque con la inevitable nostalgia de la madurez.

En 'Trainspotting 2' el espíritu subversivo se mantiene, aunque con la inevitable nostalgia de la madurez

La última vez que vimos a Renton, había dejado tirados a Sick Boy (Jonny Lee Miller), Spud (Ewen Bremner) y Begbie (Robert Carlyle) y se había marchado con 12.000 libras para comenzar una vida dentro del sistema. Ahora, dos décadas después, Renton vuelve a Edimburgo a reencontrarse con su pasado y a hacer balance. Muchas cosas siguen igual -su casa, su habitación- pero con esa capa de polvo donde habitan los fantasmas y que remite a la muerte y a la decadencia.

A su vuelta, Renton descubre que hay cosas nuevas -la inmigración ha llegado a Escocia- y cosas que faltan -familiares, amigos-. La vida ha seguido adelante maltratando a algunos más que a otros, pero nadie se ha librado de los golpes. Son -somos- 20 años más viejos y, quien más y quien menos, ha acabado sucumbiendo al sistema de alguna forma. Han tenido hijos, se han casado, se han divorciado. Han montado negocios, más o menos legales. Han dejado las drogas, o al menos lo han intentado, o simplemente se han pasado a la cocaína, que es más moderada que la heroína y que aunque no te da el mismo viaje, algo es algo.

McGregor y Carlyle en una escena de 'T2'
McGregor y Carlyle en una escena de 'T2'

Spud sigue intentando dejar las adicciones y hacer algo con su vida. Begbie mantiene el mismo carácter explosivo que le sigue trayendo problemas con la ley y Sick Boy ha montado un negocio propio, se ha echado una novia rusa y se saca algún dinerillo extra con negocios turbios. La esencia se mantiene, "la historia se repite", dice Renton, pero 'T2: Trainspotting 2' está llena de añoranza del pasado, de una época en la que había más vida por delante que por detrás.

Ya no hay inmersiones entre excrementos a por opio: los momentos oníricos de cuelgue de heroína han sido sustituidos por los recuerdos

Boyle es consciente de que su secuela ha perdido frescura y que la historia y sus personajes son herederos de un pasado, por eso 'Trainspotting 2' está llena de 'flashbacks' y referencias a la primera película. Ya no hay inmersiones entre excrementos en busca de supositorios de opio: los momentos oníricos de cuelgue de heroína han sido sustituidos por los recuerdos. También hay tazas de váter, pero están limpias, sin restos de diarrea.

Lejos de arrepentirse, la cinta lo subraya y lo explica a través del único personaje nuevo de la banda, la sensual Veronika (Anjela Nedyalkova), la novia de Sick Boy, a quien la distancia generacional y de trayectoria vital frente al grupo quizás le dé una perpectiva más amplia de la situación. “Estáis todo el rato mirando al pasado, tenéis que mirar al futuro”, aconseja una y otra vez. Y es verdad que cuando el tren sigue su camino quedan dos opciones: sacar la cabeza por la ventanilla, mirar atrás y contemplar cómo las cosas se alejan o mirar hacia delante y disfrutar del trayecto.

Ewen Bremner es Spud
Ewen Bremner es Spud

También es suya la frase que condensa el balance que hace la película del paso de la juventud a la edad adulta y que se traduce en el sentimiento de decepción y frustración constante de los protagonistas.”Primero existe la oportunidad, luego llega la traición”, resume. Y es el personaje de Renton, el que más ha intentado integrarse en el sistema, el que más decepcionado se encuentra, porque él había elegido vida. Porque de joven te habían prometido que podrías elegir, que si elegías vida todo saldría bien y sin embargo, sólo jugaron contigo. Te dieron esperanzas, te dejaron participar un rato en el juego y, ahora, de repente, te echan a patadas. Y eso es mil veces más hiriente, más violento que si alguien te estalla una pinta de cerveza en la cara. Ahora ya no eliges un piso piloto, ahora eliges "un trabajo basura a dos horas de camino y lo mismo para tus hijos, pero peor". Hay pesimismo, pero también hay lugar para la esperanza, para la enmienda, incluso en un caso aparentemente perdido, siempre que haya intención.

Ahora eliges "un trabajo basura a dos horas de camino, y lo mismo para tus hijos, pero peor"'Trainspotting 2' es una progresión coherente y sincera de su antecesora. Más limpia -también a nivel visual- pero con la misma capacidad destructiva -o mayor- que la anterior. Es más profunda, más reflexiva, pero no ha perdido las ganas subvertir ni el sentido del humor. Sigue la trayectoria lógica -que no descendente- del camino que inició la primera. Y aunque Renton, Sick Boy, Begbie y Spud han envejecido, no han dejado de molar.

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