entrevista a wenceslao bruciaga

La orgía permanente de Wenceslao Bruciaga, el escritor más punk

El controvertido cronista mexicano analiza las claves de su carrera y de su vida, marcada por sus ácidas criticas a la normalización de la cultura gay

Foto: Cartel de 'Glee', una de las series criticadas por el autor
Cartel de 'Glee', una de las series criticadas por el autor
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Leer a Wenceslao Bruciaga (Torreón, México, 1977) es descubrir a un Pasolini pasado de poppers (droga popular en la comunidad gay para potenciar el orgasmo) y adicto al punk hardcore (aunque abierto también a las emociones huracanadas de Juan Gabriel). Es famoso por sus polémicos textos de prensa, que causan furia y rechazo entre los lectores más ortodoxos, tanto gays como heterosexuales.

Ahora publica un recopilatorio de columnas titulado 'Un amigo para la orgía del fin del mundo' (Discos Cuchillo, 2016), donde articula un discurso contra las fantasías consumistas del statu quo homosexual. Bruciaga ha tenido una vida llena de conflictos, desde un padre machista-leninista, hasta un hermano con síndrome de Down, pasando por el asesinato de su mejor amigo por el cártel de Los Zetas. La vida es más compleja que mirar extasiado un arco iris.

Wnceslao Bruciaga. Cortesía de Alejandra Carvajal
Wnceslao Bruciaga. Cortesía de Alejandra Carvajal

PREGUNTA: Se muestra contrario al matrimonio gay, que consideras una forma de sometimiento a las costumbres hetersosexuales. ¿Cómo llegó a esa conclusión?

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RESPUESTA: Fue día que quedé en 'coger' con un tipo mediante una página de contactos, pero me propuso unas horas francamente absurdas y que básicamente era cuando el esposo se encontraba en el trabajo. Me recordó las maromas (trucos) que hacían mi padre y mi madre para que no les sorprendieran sus infidelidades. Creo que uno de los grandes logros de la homosexualidad es ejercer nuestra sexualidad sin prejuicios, con sus consecuencias, con sus descalabros emocionales y su VIH, pero es un precio que siempre he estado dispuesto a pagar. Por ejemplo, la presentación oficial de 'Un amigo para la orgía del fin del mundo' fue en el interior de un sauna gay, con laberintos oscuros, glory holes y todo eso. Es un sitio donde las chicas tienen prohibida la entrada, pero en la presentación pudieron conocerlo y se lo pasaron muy bien. Algunas se encueraron (desnudaron) y se metieron al jacuzzi.

No estoy en contra del matrimonio gay, sino de su interpretación: una emulación heterosexual, con bodas y pasteles y esmóquines blancos y modelos clasemedieros ¿Que es una anhelo válido? ¿Que quien quiera debería poder tener una boda, con todas las de la ley, y que ese derecho no debe frustrase por un sesgo homofóbico de la Constitución? Sin duda. Pero, me parece, sería más honesto aceptarlo y decir "quiero hacer eso que hacen los hetero" que andar con autoengaños progresistas. ¿Cómo será progresista una institución que fomenta el sometimiento, la dependencia y los roles que supuestamente hemos combatido los gays?

Uno de los grandes logros de la homosexualidad es el ejercer nuestra sexualidad sin prejuicios, con sus consecuencias y sus descalabros emocionales

Especialmente en México, un país de alto machismo y violencia hacia la mujer, de manera muy intensa en el interior de matrimonios consolidados. Son millones los casos de mujeres que aguantaron y aguantan golpes con tal de no perder esos beneficios legales que otorga el contrato matrimonial. Me dicen que no entiendo las ventajas de bienestar, como acceso a servicios de salud, hipotecas, créditos para un auto, adopción... La verdad, esta conclusión empieza a hartarme por su ceguera ante los convencionalismos más frustrantes. Cualquier ciudadano tendría que tener acceso a esos servicios de bienestar, estando casado o no. Un gay soltero debería tener la misma oportunidad de adoptar un niño que una pareja hetero. La idea de que estando casado estarás mejor que soltero es como de una película a blanco y negro del siglo pasado en donde estar solterona era pero que tener polio. ¿Por qué debemos permitir eso?

P: En el libro acusa a la comunidad gay mexicana de haberse reblandecido. ¿Podría describir el proceso?

R: En México, los gays siempre han tenido una debilidad por lo delicado o domesticado o qué se yo. Recuerdo la primera vez que pisé un club gay en la Ciudad de México, me llamó la atención que las botellas de cerveza te las daban envueltas con servilletas a diferencia de los locales hetero, ¡no se nos vayan a arrugar las yemas de los dedos por coger una cerveza helada! Los homosexuales simplemente no escuchaban guitarras distorsionadas, nada de Dinosaur Jr o Sonic Youth o Hüsker Dü, creo que lo más rudo a lo que llegaban era Queen.

Después llegó a México esa sitcom 'Will and Grace' y ese fue el pretexto que estaban esperando, el punto cero de la reblanderización de los gays aquí. 'Will and Grace' era divertido, sí, pero también era un concentrado de situaciones reblandecidas, confeccionado para no escandalizar a los bugas (que es como los gays llamamos a los heterosexuales). Es un show saturado de lugares comunes: departamentos (o pisos como le dicen ustedes) hasta la madre de burgueses, canciones de Liza Minelli, amigas millonarias tan frustradas que se escondían tras un escudo de frivolidad ingenua… Ni siquiera eran capaces de arriesgarse con los estereotipos de consumismo cínico a lo Bret Easton Ellis, Arthur Cravan, David Foster Wallace y el mismo Chuck Palahniuk.

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Después vendría 'Queer as folk', pero la versión gringa, que dista mucho del espíritu original británico. Nos lo vendían como la primera serie que mostraba la realidad gay como nunca antes, aunque los guionistas se regodeaban en castigar a los gays más promiscuos y yonquis, como si no hubieran leído a Mark Renton en 'Trainspotting' de Irvine Welsh, cuando dice que si te no sabes controlar el placer de las drogas, en realidad eres un estúpido para el placer, aún sin drogas. Recuerdo un capítulo de 'Queer as folk', una escena en un gimnasio, en la un gay le dice a otro: "qué haces escuchando a Bruce Sprigsteen, ¡estás rompiendo el código gay!" Ah, chingá, ¿desde cuándo los gays no somos más que algoritmos pop?

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El colmo fue cuando irrumpió ese vómito de autocomplacencia llamado 'Glee', que si bien la primera temporada tenía arreglos musicales interesantes, homogeiniza a los homosexuales y nos reduce a un montón de perdedores afectados, incapaces de empoderarnos si no hay un reflector cerca. Nunca me tragué ese cuento de que la televisión por fin reconocía a los homosexuales. Más bien fue todo lo contrario: la televisión le decía a los homosexuales como había que actuar para ser reconocidos en una sociedad tan heterosexualmente fascista, que te asume como buga hasta que sales del armario y demuestras lo contrario. Lejos de reconocernos, la televisión masticó la homosexualidad y regurgitó imponiéndonos modelos aspiracionales y los gays mexicanos, tan adoradores de las buenas formas (como muchos mexicanos, a decir verdad, incluyendo los bugas), mordieron el anzuelo.

La orgía permanente de Wenceslao Bruciaga, el escritor más punk

P: ¿Ve este reblandecimiento como un problema internacional?

R: Más o menos. Los gringos o los ingleses han beatificado a íconos gay como Lady Gaga o Adele. Con Madonna no me meto porque es "la reina" y Kylie Minogue también me mata. Pero, en la misma proporción, los anglosajones son capaces de armar propuestas contraculturales de evidente presencia gay que sonrojan a los bugas, como Perfume Genius, Mikky Blanco o Limp Wrist, una banda de hardocore puramente gay y explícita y porno. Rody Bottum, el tecladista de Faith No More, es abiertamente homosexual, gracias a él Mike Patton de pronto canta letras de fuerte carga homoerótica y Bottum es un ícono gay alternativo en los Estados Unidos. O el escritor Dennis Cooper.

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Eso no pasa en México y no lo veo mucho en Argentina o España, hasta dónde se. A veces pienso que el imaginario gay iberoamericano es de una fuerte propensión a lo conservador, en donde la rebeldía no es una actitud socorrida. A los gays no les gusta ser percibidos como iconoclastas que alteren el orden buga, por eso tiran cohetes cuando sospechosos personajes como el Papa Francisco nos hacen guiños de simpatía, aunque el gusto dure lo que un popperazo.

A veces pienso que los gays abrazan el conservadurismo como una forma de paliar la autovergüenza y de sentirse aceptados

Quizás tenga ver con los rastros católicos que de algún modo y en algún momento nos hace ruido interno. Los preceptos católicos, que promueven una supuesta tranquilidad espiritual a cambio de sacrificios que implica culpa y represión y flagelo, en conjunto con el rechazo que sabes estarás sujeto por el simple hecho de que sientes placer cuando te dan por el culo (que al final y digan lo que digan, es lo que te define como gay). Me da risa como hay muchos que se asumen como liberales que ven a los gays en matrimonio poco menos que asexuados. Ese es el caldo de cultivo para los juegos de la aceptación. Ya casi no hay bandas de queer punk, un género al que pertenecen grupos como Pansy Division o PWR BTTM, por ejemplo. A veces pienso que los gays abrazan el conservadurismo como una forma de paliar la autovergüenza y de sentirse aceptados. Amén que pareciera que desde el conservadurismo se puede discriminar sin remordimientos.

P: Su mejor amigo fue asesinado por los Zetas, una tragedia que cambió su enfoque vital. ¿Tiene solución el problema de la violencia en México?

La profunda desigualdad aquí fomenta muchas cosas malas, entre ellas, además de la impotencia de no poder satisfacer la necesidades básicas, la ambición de poder

R: Tiene que solucionarse, de lo contrario México terminará convirtiéndose en un país fantasma con una mortal melancolía en los hombros. Pero me cuesta trabajo creer que la solución se encuentra a a vuelta de la esquina. La profunda desigualdad aquí fomenta muchas cosas malas, entre ellas, además de la impotencia de no poder satisfacer la necesidades básicas, la ambición de poder. Quizás sea consecuencia de no querer sentirte un ciudadano vulnerable, ya no sólo por la desprotección, sino por los pisoteos y la humillación, tristemente algo muy común por acá. La gente está ansiosa de poder y si te haces de él, lejos de ayudar, te vuelves parte del engranaje de la desigualdad.

P: Desde fuera, muchos tienen la impresión de que los mexicanos no tienen ninguna esperanza en un cambio político.

R: Lamentablemente, es una impresión correcta. El cambio político se ve complicado cuando no terminamos de consolidar la empatía por el otro. Y entre ellos se ubican muchos homosexuales mexicanos, que discriminan a aquellos que poseen rasgos indígenas o por su condición económica, o los gordos, etcétera. Y con una violencia mucho más enardecida que un homofóbico declarado. Esas cosas me enferman. Me queda claro que no somos Madres Teresa del sexo, pero no creo que sea necesario insultar para simplemente decir lo que no te excita. Y no me hago pendejo. Yo no escapo a eso, sobretodo en el terreno musical. Pero, en mi defensa, lo hago desde un destierro voluntario y un sentido del humor a lo Jello Biafra. En México los homosexuales se quejan mucho de que la homofobia se ha normalizado, pero por lo visto la normalización de la discriminación entre nosotros les pasa de largo.

P: Es usted un columnista muy polémico. ¿Cuáles han sido los artículos que han causado reacciones más extremas?

Ahí tienes a Trump, un hijo de puta homofóbico a punto de gobernar al país más poderoso del planeta y no creo que le importe mucho nuestra postura pacifista

R: Soy un boxeador aficionado y a menudo escribo que los homosexuales, amanerados o no, tenemos la ventaja de romperle la madre a los homofóbicos. Me dicen que no puedes ir por la vida defendiéndote a golpes, pero por lo visto no tienen problema en ir por la vida señalando cualquier cosa sospechosa de homofóbica y en evidenciar cuánto sufrimos. Entiendo el punto, pero la vida no es un capítulo 'Glee' en el que todos los pedos se resuelven con una canción de Katy Perry. Ahí tienes a Trump, un hijo de puta homofóbico a punto de gobernar al país más poderoso del planeta y no creo que le importe mucho nuestra postura pacifista. Cuando escribo al respecto me acusan de machista, homofóbico e hipermasculino, lo que sea que eso signifique.

Suelo molestar a mis colegas 'putos' con eso de que no escuchan buena música. El libro de la orgía en un principio se iba a titular 'Todos los gays escuchan mala música, excepto yo'. Es una broma soberbia, lo sé, pero también es mi forma de protestar contra todas esas series de televisión que nos vendieron la idea que el orgullo gay equivale a encajar en una sociedad que asimila la doble moral como método de sobrevivencia. Y no estoy de acuerdo. En lugar de simplemente mamar una buena verga y enorgullecerse por eso. Pero lejos de descargar una canción de, no sé, Suicidal Tendencies o la Polla Records o Negu Gorriak, que son bandas que escuché hasta el hartazgo en la adolescencia, para luego decirme por qué les caga, no más se quedan en la ofensa, de ahí no pasan. También suelo burlarme de los extremos académicos de las teorías queer. Dicen que promuevo una homofobia internalizada.

P: ¿Qué iconos, movimientos y asociaciones le inspiran a la hora de cuestionar el reblandecimiento de la comunidad gay?

R: Definitivamente, el hip-hop. Considero que lejos de andar de lloriqueando, los gays deberíamos aprender de los negros de Estados Unidos, que queman coches cuando matan a uno de ellos. ¿Por qué no hacemos lo mismo cuando asesinan a un gay, una lesbiana o un trans? Y el punk. Pero sobretodo el hardcore: Black Flag, Dead Kennedys, Bad Brains, Minor Threat, Fugazi, la actitud y filosofía de ese movimiento me moldeó mucho la forma en como pienso hoy.

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También Bryan Ferry, pero en otro sentido. Recuerdo que unas cosas que me impulsaron a salir del clóset (armario) fue el mejor amigo de mi padre (algo que revivo en mi nueva novela próxima a salir) y el video 'Cursed Female' de Porno for Pyros, que rotaba mucho un programa del MTV gringa, 'Alternative Nation'. Porno For Pyros es la banda que armó Perry Farrell después de Jane's Addiction sobre un bato (chaval) recién salido de la adolescencia que sale en busca de sexo en gasolineras más o menos abandonadas y otros rincones de un miserable barrio de Los Ángeles. Me entusiasmaba mucho la forma de asumirme como alguien radicalmente distinto a los modelos bugas que me rodeaban.

La orgía permanente de Wenceslao Bruciaga, el escritor más punk

En ese entonces vivía en Torreón, al norte de México, una ciudad construida casi en medio del desierto y de la nada, no había mucho que hacer más que pistear hasta emborracharte, ver la MTV y masturbarte. Era una provincia tan provincia que resultaba rarísimo encontrar porno gay. Me la jalaba con los videos de Alice in Chains, los Descendents y The Rollins Band, me excitaba el torso de Henry Rollins y el pogo de sus conciertos, cabrones sudados dándose en la madre unos contra otros. Era poco antes que se cumpliera la primera mitad de los noventa. Me agrada el situacionismo, aunque creo el marxismo suprime o niega la homosexualidad. Autores como Camus, Cioran, Dennis Cooper, Guillermo Fadanelli, Irvine Welsh y recientemente la biografía de John Lydon me han influido muy cabrón. Y bueno, Sandor Marai, Dylan y Springsteen y Juan Gabriel me han enseñado a ser muy chillón.

P: ¿Cree que el aumento de líderes mundiales homófobos es un peligro para la comunidad o una oportunidad de reinventarse?

R Lo que ha hecho el avance de la derecha es rompernos la fantasía de cuentos de hadas que nos inventó la tele, el mentado marketing rosa y las fanfarronerías prefabricadas de Ricky Martin.Triunfos como el de Trump también tiró por la borda todas esa tiranías del lenguaje políticamente correcto ligado a las teorías de género que a veces rayan en los esnob. Por lo visto no pudieron concienciar a cientos de homofóbicos rednecks (paletos) que ahora andan sueltos. Los peligros son una oportunidad para reinventarnos, pero sobre todo para reconocernos como entidades distintas. Con Trump no tendremos muchas opciones. Cuando me mudé a la Ciudad de México y fui a mi primera marcha del Orgullo Gay conecté con las consignas de aquel entonces, que pugnaban por un reconocimiento y respeto a la diferencia. Hoy la palabra sagrada es igualdad, ¿Igual a quién? ¿Quién define el rasero de la igualdad?

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