¿Subes imágenes a las redes sociales? Estás ayudando a la ciencia sin saberlo
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¿Subes imágenes a las redes sociales? Estás ayudando a la ciencia sin saberlo

Un estudio revela el potencial de plataformas como Flickr para conocer la distribución de especies de animales y plantas, en cambio por la globalización y el cambio climático

Foto: Foto: Irene de Pablo.
Foto: Irene de Pablo.
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A través de las redes sociales, cualquier persona puede estar contribuyendo a numerosas investigaciones científicas, a veces de forma completamente pasiva e incluso sin saberlo. Numerosas herramientas analizan nuestros datos y la información que compartimos. Los propósitos no suelen estar exentos de intereses económicos y en ocasiones ni siquiera son muy lícitos, pero hay excepciones. Por ejemplo, las fotos que subimos a internet pueden aportar información muy valiosa para los biólogos acerca de la distribución de animales y plantas. En un mundo cambiante, marcado por la globalización y el cambio climático, las especies también se desplazan, y obtener información sobre estos movimientos resulta esencial para los científicos.

Un estudio que acaba de publicar la revista 'PLOS ONE' es muy ilustrativo sobre las posibilidades que se abren. Investigadores británicos han analizado las opciones de Flickr, una de las webs más populares para compartir fotografías y vídeos. A diferencia de otras redes sociales similares y que cuentan con más usuarios, como Instagram, este sitio tiende a acumular menos imágenes personales y más fotos de paisajes y naturaleza, muchas veces de alta calidad (algunos profesionales y grandes aficionados tienen cuentas de pago) y perfectamente geolocalizadas. Por eso, los autores del trabajo, que pertenecen a la Universidad de Cardiff, en Gales, consideran que aporta "un conjunto de datos sin explotar de valor ecológico" y que puede convertirse en una herramienta estupenda para la evaluación de la distribución de especies. No se trata solo de mera curiosidad biológica, sino de detectar especies invasoras, plagas y otras amenazas.

Foto: Imagen: Laura Martín.

Para demostrarlo, evaluaron este potencial en relación con el atlas de la Red Nacional de Biodiversidad (NBN, por sus siglas en inglés), la mayor colección de datos de distribución de especies del Reino Unido. En concreto, se centraron en las 1.500 especies mejor representadas en el Reino Unido y las especies invasoras más comunes en el país. Asimismo, para examinar las instantáneas de Flickr, utilizaron la técnica de verificación de imágenes que emplea Google Cloud Vision, una herramienta en la nube de Google que permite analizar un gran volumen de fotografías y extraer información relevante sobre su contenido. Los datos taxonómicos de las distintas especies les permitieron verificar cuáles son identificables entre las imágenes subidas por los usuarios y las menciones o etiquetas que les colocan.

Al comparar la distribución espacial que muestra el conjunto de datos del atlas de la NBN y el de Flickr, comprueban que hay una gran coincidencia, especialmente en casos muy específicos, como las aves diurnas. "La ciencia ciudadana pasiva podría ofrecer una rica fuente de datos de observación para ciertos grupos taxonómicos o como un repositorio para proyectos específicos", aseguran los científicos en el artículo. "Nuestro nuevo método de validación de registros de Flickr es adecuado para verificar colecciones más extensas, incluidas especies menos conocidas", que "podría ofrecer una plataforma para la identificación precisa de especies y su ubicación".

Rana

No obstante, la aplicación de Google, basada en inteligencia artificial, no es perfecta. Los investigadores realizaron un minucioso trabajo paralelo para identificar manualmente las especies que aparecían en las fotos seleccionadas y compararlas con los resultados. Así, descubrieron que la identificación visual deja mucho que desear en algunos casos. Por ejemplo, hay plantas invasoras como las hiedras, que suelen estar adheridas a las paredes de las casas y, en esas circunstancias, el algoritmo se queda con las grandes estructuras y no con las plantas que están unidas a ellas. Las etiquetas que ponen los usuarios también pueden ser un elemento de confusión, por ejemplo, cuando la palabra que se utiliza para nombrar a un animal es polisémica y alude también a marcas u objetos que no tienen nada que ver. Aun así, la precisión se acerca al 80% y los investigadores tienen previsto ampliar su trabajo a otras plataformas, como Twitter y Facebook.

Si a los datos de distribución espacial se añade el paso del tiempo, los biólogos creen que la información arrojada por estas herramientas se multiplicará y será extraordinariamente valiosa, por ejemplo, para rastrear especies o buscar patrones de migración. A raíz del cambio climático, muchas especies están empezando a modificar su comportamiento y a desplazar su ubicación. Con las nuevas tecnologías, ya no hará falta que un experto las reconozca fuera de su hábitat natural e informe a la comunidad científica por los cauces tradicionales. Ingentes bases de datos harán el trabajo e, incluso, serán capaces de predecir los movimientos más insospechados.

A través de las redes sociales, cualquier persona puede estar contribuyendo a numerosas investigaciones científicas, a veces de forma completamente pasiva e incluso sin saberlo. Numerosas herramientas analizan nuestros datos y la información que compartimos. Los propósitos no suelen estar exentos de intereses económicos y en ocasiones ni siquiera son muy lícitos, pero hay excepciones. Por ejemplo, las fotos que subimos a internet pueden aportar información muy valiosa para los biólogos acerca de la distribución de animales y plantas. En un mundo cambiante, marcado por la globalización y el cambio climático, las especies también se desplazan, y obtener información sobre estos movimientos resulta esencial para los científicos.

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