Cómo quitarse las 'anteojeras bipartidistas' de la política, solo para suscriptores
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ADELANTO EDITORIAL

Cómo quitarse las 'anteojeras bipartidistas' de la política, solo para suscriptores

Este libro analiza cuestiones relacionadas con dos temas muy recurrentes: la democracia y la izquierda, envueltas un debate que, tal vez por fortuna, parece no acabarse nunca

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Foto: EC Diseño.

El número de democracias se ha duplicado en el mundo a lo largo de los últimos 50 años. ¿Por qué, tras tal expansión, está muy extendida la idea de que la democracia consiste en elegir, y no tanto en premiar o castigar a los gobernantes? Esta y muchas más son las reflexiones que lleva a cabo el sociólogo y político español José María Maravall en su último libro, 'La democracia y la izquierda', editado por Galaxia Gutenberg.

Se han defendido a veces sistemas electorales mayoritarios y gobiernos monocolores. Sin embargo, aunque en España solo haya habido un Gobierno de coalición, tras las elecciones de noviembre de 2019, las coaliciones son la regla en muchos países europeos.

Al examinar los gobiernos, José María Maravall atiende a dos tipos muy diferentes de escenarios. Por un lado, analiza las experiencias populistas de América Latina, donde el apoyo a la democracia varía mucho entre los países. ¿Es posible encontrar explicaciones a estas diferencias? ¿Qué asociación existe entre las políticas populistas y el desarrollo económico o la desigualdad?

Por otro lado, analiza la experiencia socialdemócrata en Europa. ¿Tienen los términos 'izquierda' y 'derecha' algún sentido? ¿Puede defenderse la idea de que, si el liberalismo convirtió los principios de libertad e igualdad en 'privilegios', una importante tradición de la socialdemocracia haya apoyado esos principios? Frente a una política de nacionalizaciones económicas, ha pasado a promover políticas de igualdad de oportunidades y de igualdad de condición, de erradicación de la necesidad y de la discriminación. Y, finalmente, ¿son compatibles tales políticas con la competitividad de las economías? En exclusiva para los suscriptores, un capítulo de 'La democracia y la izquierda', de José María Maravall.

Una aproximación política

En este libro analizo cuestiones relacionadas con dos temas sobre los que he escrito abundantemente: la democracia y la izquierda, en particular, la socialdemocracia. Resulta intrigante que, después de tanto tiempo y tantas páginas, entienda que siguen abiertos al análisis y a la discusión. Es cierto que los propios habitantes de las democracias parecen replanteárselos a lo largo de una historia muy prolongada.

Se trata de un debate que, tal vez por fortuna, parece no acabarse nunca. Creo que la posibilidad de analizar críticamente es un signo de vitalidad. La aceptación sin más de las cosas tal como son, con satisfacción o con resignación, acaba dañando tanto a la democracia como a la izquierda.

En este breve libro empiezo examinando cómo se manifiesta la 'voz del pueblo' a través de dos instrumentos: la elección de sus representantes y la reelección o deposición de éstos, mediante el voto de los ciudadanos en elecciones celebradas periódicamente. ¿En qué medida, además de las elecciones, son necesarios los referendos para que la 'voz del pueblo' pueda manifestarse sobre temas específicos? ¿El resultado de un referéndum ha de ser vinculante o meramente consultivo? ¿Qué información necesitan los votantes para premiar o castigar a los políticos? ¿Esta información resulta más importante para elegir 'ex ante' o para premiar / castigar 'ex post'? ¿Depende más el voto de la ideología y de la proximidad de los votantes a los políticos o, por el contrario, de la gestión de éstos?

A la vez, la idea de que un votante prefiere al político más próximo a su posición ideológica constituye la intuición básica de la tesis de que el resultado de unas elecciones depende del 'votante mediano' (aquél situado en la posición mediana en la escala de preferencias del electorado). Ahora bien, pueden existir muchas cuestiones respecto de las cuales los votantes tengan preferencias. Y el resultado dependerá de la información que los políticos tengan acerca de estas preferencias del electorado.

Sucede, además, que la tesis del carácter decisivo del votante 'mediano' conduce a que los partidos converjan hacia su posición. Acabarán, así, haciendo cierto el argumento de que 'todos los políticos son iguales'. Si fuera ése el caso, para los ciudadanos la elección sería igual a tirar una moneda al aire. ¿En qué medida los partidos (o políticos) convergen en sus programas y en sus políticas? ¿Qué interés tienen en resultar prácticamente indistinguibles?

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Por ello, cabe argumentar que tanto a los políticos como a los votantes les interesa la preservación de un 'diferencial partidista'. En ello se basa la tesis de un 'principio de distinción: la defensa de una identidad que singulariza a cada partido ante el electorado.

Sabemos que los políticos no aguardan pasivamente el veredicto de los ciudadanos. Desarrollan estrategias cara a lo que, 'ex ante', estiman que es la dimensión ganadora en las elecciones (la ideología, la capacidad de gestión, el patriotismo, etc.). Y también estrategias 'exonerativas' (i.e. exculpatorias) 'ex post' para justificar su gestión. Se mueven a la vez en las variadas dimensiones que caracterizan la política de un país (preferencias respecto de la igualdad, posiciones ante la corrupción política, la unidad del país, la religión, etc.). Y buscan descalificar a sus antagonistas en la que estiman que es la 'dimensión ganadora' en las elecciones, generando, si viene al caso, estrategias de crispación.

En medio de unos flujos de información que no siempre contribuyen al conocimiento, la presencia de instituciones suprapartidistas puede ser fundamental para que los ciudadanos evalúen la información partidista que reciben. Éstas serían el poder judicial, unos medios de comunicación plurales (aunque no sean imparciales), organismos reguladores, lo que se ha entendido como 'pesos y contrapesos' en el sistema institucional de las democracias.

La confrontación electoral ha sido examinada durante mucho tiempo con lo que Maurice Duverger (1976) denominó 'anteojeras bipartidistas'. Sin embargo, los gobiernos de coalición y los sistemas de representación proporcional se han impuesto de forma muy clara a lo largo del tiempo. Es verdad que en los sistemas de representación proporcional aumenta el número de opciones entre las que los votantes tienen la posibilidad de escoger y también que un mayor número de votantes pueden sentirse representados, pero ¿es acaso cierto que las posibilidades de atribuir responsabilidades a los gobernantes disminuyen? Sucede en efecto que, si atendemos a los partidos del primer ministro, duran más tiempo en el poder, pero también que las coaliciones redistribuyen más la renta que los gobiernos monocolor. El libro pretende desprenderse de esas anteojeras bipartidistas.

Al examinar los gobiernos, el libro atiende a dos tipos muy diferentes de experiencias. Por un lado, analiza las experiencias populistas enfocando casos en América Latina. Sucede que en los países de América Latina el apoyo a la democracia varía mucho: en Costa Rica es dos veces superior al existente en Guatemala u Honduras. Y menos de la mitad al apoyo que se encuentra en países europeos tan distintos como el Reino Unido y Grecia. ¿Es posible encontrar explicaciones a estas diferencias? ¿Qué asociación existe entre las políticas populistas y el desarrollo económico o la desigualdad? La singularidad del populismo no deriva del 'origen', sino del 'uso' del poder, como imponer los votos para eliminar controles democráticos.

Tanto a políticos como a votantes les interesa la preservación de un 'diferencial partidista'. En ello se basa la tesis de un 'principio de distinción'

La otra experiencia es la de la socialdemocracia europea. Analizo la compleja relación entre el socialismo y el liberalismo. Más en particular, las razones por las que la socialdemocracia ha podido interpretarse como heredera genuina del liberalismo –‍por citar a unos políticos, desde Eduard Bernstein o Indalecio Prieto a Anthony Crosland, Willy Brandt, Bruno Kreisky, Michel Rocard u Olof Palme; por citar a académicos, a Isaiah Berlin, Norberto Bobbio o Steven Lukes–‍. Atiendo en especial a la concepción de la igualdad que puede considerarse como característica del socialismo liberal. Analizo también en qué medida las políticas de igualdad son o no compatibles con la competitividad de las economías.

Utilizo múltiples fuentes de datos para contrastar mis argumentos, con las que realizo análisis cuantitativos. Construí una para 21 democracias, con 1.259 observaciones de países / años a lo largo de seis décadas y media de política democrática a partir de 1945. Otra fuente importante ha sido el Manifesto Project, que me permitió examinar el contenido de los programas de aquellos partidos socialdemócratas o conservadores que estuvieron en algún momento en el poder a lo largo de esos sesenta y cinco años. Una tercera fuente de datos ha sido el Human Development Report de las Naciones Unidas, correspondiente al año 2019. Y en cuarto lugar, los Latinobarómetros de 2003 y 2018 para 17 países.

Finalmente, he utilizado datos de diversas fuentes sin realizar análisis propios del Centro de Investigaciones Sociológicas (barómetros de 2003, 2007, 2017 y 2019). También de Freedom House, Freedom in the World, de 2020. Y por último, el Eurobarómetro de 2012.

Sobre estos temas, quiero señalar que, además de reflexionar y escribir, he tenido una prolongada y profunda implicación personal. Es decir, si recordamos la 'observación participante', quiero aclarar que no sólo he sido un observador, sino un participante. Un compromiso que se inició en la política antifranquista, primero como dirigente de una organización clandestina universitaria, la Federación Universitaria Democrática de Estudiantes (FUDE), por lo que fui expulsado de la universidad durante un largo tiempo, y después en el Frente de Liberación Popular (FLP), siendo de nuevo expulsado de la universidad, ya como profesor, tras completar un doctorado en la Universidad Complutense, durante el estado de excepción de 1969. Me fui entonces a Oxford, con becas primero del British Council y después de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), y obtuve allí un segundo doctorado. Enseñé en Inglaterra durante varios años y volví a España en el otoño de 1978, tras el restablecimiento de la democracia. Después de incorporarme al Partido Socialista Obrero Español (PSOE), liderado y renovado por Felipe González, fui miembro de su Comisión Ejecutiva Federal desde 1979 y durante quince años, así como ministro de Educación y Ciencia desde 1982 a 1988.

placeholder El sociólogo y político español José María Maravall.
El sociólogo y político español José María Maravall.

La razón por la que expongo todo esto es para prevenir al lector ante posibles sesgos personales. Creo que tiene razón Max Weber (1959 [1919]:81) cuando señala que 'resulta en general imposible poner en práctica una asepsia personal [...] sólo cabe exigir probidad intelectual'. Algún lector tal vez recuerde la misma advertencia en publicaciones mías anteriores. Deseo que se juzguen mis argumentos por su consistencia lógica y su apoyo empírico, no por simpatías o antipatías ideológicas.

Pasando a expresar mis agradecimientos, quiero señalar una vez más a Adam Przeworski. Así ha sido desde hace muchos años: hemos trabajado juntos en bastantes libros y su talla intelectual es inmensa. Julio Carabaña es un viejo amigo y colega con el que tengo una deuda por conversaciones y discusiones sobre ciencia política y sociología. Sobre política he aprendido mucho de Felipe González, Ángeles Amador, Joaquín Almunia, Claudio Aranzadi, Javier Solana, Juan Manuel Eguiagaray y Miguel Satrústegui. De mis antiguos estudiantes y ahora colegas, aprendo siempre mucho de Francisco Herreros, Rubén Ruiz-Rufino, Javier García Polavieja, Ignacio Jurado, Sandra León y Víctor Lapuente. Alba Toajas me ha ayudado mucho en la confección del libro.

Por encima de todo, mi deuda principal es con Chus. Y, junto a ella, incluyo a nuestros dos hijos, Miguel y Carlos. El libro está dedicado a cuatro personas que nos cambiaron la vida.

El número de democracias se ha duplicado en el mundo a lo largo de los últimos 50 años. ¿Por qué, tras tal expansión, está muy extendida la idea de que la democracia consiste en elegir, y no tanto en premiar o castigar a los gobernantes? Esta y muchas más son las reflexiones que lleva a cabo el sociólogo y político español José María Maravall en su último libro, 'La democracia y la izquierda', editado por Galaxia Gutenberg.

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