El resurgir del empleo: España volverá a ser atractiva para el turismo internacional
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El resurgir del empleo: España volverá a ser atractiva para el turismo internacional

Aunque el próximo año sea el más esperado en décadas, todo seguirá igual el 1 de enero. El empleo seguirá agonizando hasta el verano, pero todo cambiará con la próxima campaña turística

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Imagen: Pablo López Learte.

El año 2021 se presenta en el calendario como el final a todos los males de la pandemia y el inicio de la ‘Gran Recuperación’. Las vacunas son la gran esperanza, pero el nuevo año empezará como acabó el anterior: con una situación sanitaria muy delicada, grandes restricciones a la actividad económica y muchas dudas sobre la ansiada recuperación. El fracaso de Occidente a la hora de contener el virus anticipa meses muy complicados, al menos, hasta el próximo verano. Será una odisea en la que la economía estará en riesgo permanente de recaída y de sufrir daños estructurales.

En el mejor de los casos, las vacunas permitirán lograr la inmunidad de grupo a las puertas del próximo verano, de modo que se podrá salvar la campaña turística. Este es el escenario que hoy firmaría cualquier líder político, y eso significa que la primera mitad del año seguirá siendo muy difícil. En términos económicos, la recuperación quedó congelada con la segunda ola del virus, que en España surgió a finales de septiembre. La tercera ola ha puesto a Europa y EEUU contra las cuerdas y no es descartable que los confinamientos se endurezcan de forma severa tras la navidad. Al fin y al cabo, el riesgo de contagio se multiplica durante las fiestas y los resultados solo son visibles con unas semanas de retraso.

Foto: Manifestación de pensionistas en Bilbao. (EFE)

En este escenario, el Gobierno se verá obligado a prorrogar los ERTE (expedientes de regulación temporal de empleo) para dar certidumbre a miles de trabajadores durante los difíciles meses que vendrán. En noviembre había casi 760.000 trabajadores en ERTE y en diciembre no es descartable que este número vuelva a crecer, especialmente en la hostelería. Un número de trabajadaores demasiado alto para que el Gobierno pueda dejarlos caer. Entre otros motivos, porque, si estos ocupados acaban en el paro, también tendrán derecho a cobrar una prestación, lo que no reduciría el coste para el Estado, pero que generaría un golpe severo sobre la confianza de los consumidores.

El diálogo social no tardará en aprobar una prórroga que podría prolongarse hasta mayo. La letra pequeña será importante: exoneraciones en las cotizaciones, sectores beneficiados, prestación para los trabajadores, pero el Gobierno tiene pocas alternativas a permitir el acceso generalizado de los sectores, dadas las restricciones a la actividad vigentes.

El mercado laboral seguirá dando señales de debilidad hasta que se levanten las restricciones a la actividad, tal y como ha ocurrido desde septiembre. En octubre todavía siguió creciendo el empleo, pero en noviembre empezó a caer (si se corrige el efecto de los ERTE), dejando el primer descenso desestacionalizado de la ocupación desde el mes de mayo. Probablemente los datos de diciembre serán peores a los del mismo mes del año anterior y los de enero mejorarán levemente, pero será sencillamente porque la campaña navideña está a medio gas y no se producirán los despidos habituales del mes de enero. La realidad es que el año empezará con más de un millón de empleos menos que 2020.

Aunque el proceso de vacunación ya haya comenzado, el túnel hasta llegar a la luz todavía es muy largo, en especial para los sectores más afectados por las restricciones. La hostelería y la cultura claman por ayudas directas que salven a miles de pequeños negocios, mientras que los transportes, dominados por empresas medianas y grandes, reclaman inyecciones de capital públicas para garantizar su supervivencia. En estos meses, hasta que se levanten las restricciones, está en juego el futuro de una buena parte del tejido productivo. Como si se tratase de una guerra, ahora es fundamental salvar al mayor número posible de empresas, incluso con un nuevo paquete de ayudas fiscales para los sectores que están en primera línea de fuego: hostelería, turismo y comercio. Esta es la única forma de evitar que los meses que quedan hasta lograr una vacuna dejen secuelas estructurales sobre la economía que frenen la recuperación posterior.

El ‘boom’ turístico

La dependencia del turismo explica por qué la economía española ha sido una de las más afectadas por esta crisis. Casi el 60% del PIB perdido en los tres primeros trimestres del año se concentra en la hostelería, el transporte y el comercio. Eso significa que el país seguirá entre los más afectados hasta que se consiga la ansiada inmunidad de grupo, pero también anticipa una fuerte recuperación cuando se normalice la situación sanitaria.

Foto: Gabriel Escarrer, presidente de Exceltur y vicepresidente de Meliá Hotels. (EFE)

España tiene varios puntos a su favor que hacen prever un fuerte crecimiento del turismo. El primero, y más importante, es la ventaja competitiva que tiene en este sector, ya que sus grandes atractivos no desaparecerán pese a la pandemia: sol, playa, cultura, gastronomía, seguridad, etc. Esto significa que, cuando se superen los problemas sanitarios, España recuperará su atractivo para los turistas internacionales. El segundo es que la oferta de camas tiene una gran capacidad de adaptación a la demanda gracias a la diversificación del sector (hoteles, cámpings, pisos turísticos, etc.), lo que permite aprovechar el atractivo del país. Por último, España recuperará la normalidad sanitaria mucho antes que otros competidores del Mediterráneo. Desde Ceuta hasta Estambul, toda la costa sur y este del Mediterráneo tardará en ser un destino seguro para los turistas, mientras que España podría lograrlo este mismo verano. El país ya cosechó los beneficios de un turismo seguro durante todos los años de la Primavera Árabe y volverá a hacerlo en los próximos años gracias a la sanidad.

El turismo es un sector intensivo en mano de obra, centrándose además sobre trabajadores de baja cualificación, lo que permite anticipar una rápida creación de empleo. Sin duda será uno de los motores de crecimiento a partir del próximo verano y tirará de la recuperación igual que hizo durante los años de la crisis del euro.

Efectos estructurales

La crisis del coronavirus podría generar efectos estructurales sobre la economía española, lo que impediría recuperar el terreno perdido respecto a la tendencia existente antes de la pandemia. El riesgo más evidente es el del deterioro del capital humano. La literatura económica ha demostrado ampliamente que, cuando un trabajador está en el paro, su capital humano se deprecia rápidamente y aumentan sus probabilidades de quedarse en el desempleo. Actualmente, muchos de los trabajadores afectados por la crisis no han perdido su empleo al encontrarse dentro de un ERTE, pero un porcentaje elevado de estos acabará perdiendo el trabajo. A esto hay que sumarle los más de 300.000 empleos destruidos desde el inicio de la crisis.

Algunos de los sectores más afectados se enfrentan a cambios estructurales profundos. El más evidente es el del comercio, ya que existe un desplazamiento desde las compras presenciales hacia las digitales. Esto supondrá un cambio importante en la distribución del empleo, con un fuerte crecimiento de los trabajos relacionados con la logística y el transporte. Por el contrario, el pequeño comercio seguirá con su agonía, cada vez más arrinconado por las grandes cadenas, que tienen horarios más flexibles y compiten con fuerza a través de internet. Es de esperar que se produzca un trasvase de trabajadores que han salido del comercio hacia el sector de la logística.

Este será uno de los grandes retos del mercado laboral, recolocar a los trabajadores de los sectores que no vayan a recuperar el empleo precrisis, como puede ser el comercio. En este sentido, será importante vigilar la curva de Beveridge, que relaciona la tasa de desempleo con el número de vacantes. El último análisis publicado por los economistas José Boscá, Rafael Doménech, Javier Ferri y Camilo Ulloa, en la revista ‘Papeles de Economía Española’ de Funcas, muestra un retroceso del mercado laboral en el inicio de esta crisis del coronavirus. En concreto, se estaría produciendo, al mismo tiempo, un aumento del paro sin que se reduzcan los puestos de trabajo vacantes, revirtiendo el avance logrado en los últimos años.

Aunque todavía es pronto para sacar conclusiones, es importante vigilar este indicador, ya que será el que muestre si existe un desacoplamiento entre los trabajadores que se quedan en paro y los perfiles demandados por las empresas en los nuevos sectores en auge. Un simple ejemplo basta para comprender la situación: el crecimiento del comercio digital elevará la demanda de ingenieros, pero estos puestos de trabajo no se podrán cubrir con dependientes de tiendas de barrio.

El empleo también crecerá con intensidad en los sectores que concentren las ayudas europeas procedentes del fondo Next Generation EU. En concreto, la inversión se centrará en la transición ecológica, la digitalización y las infraestructuras. Estos proyectos requerirán de mano de obra especializada, lo que podría generar competencia por determinados perfiles laborales y escasez de mano de obra, al tiempo que la tasa de paro se mantiene en niveles elevados y muchos trabajadores se mantienen en los ERTE. Otro ejemplo más de la divergencia entre demanda y oferta de trabajo, que es uno de los grandes riesgos que tiene el país por delante.

En la crisis inmobiliaria, España no pudo recolocar a todos los trabajadores sin formación que salieron despedidos de la construcción y esto provocó un fuerte desajuste en el mercado laboral. Hasta el punto de que en el año 2013 la tasa de paro se situaba en el 26% y había más de 90.000 puestos de trabajo vacantes. El desajuste entre oferta y demanda de trabajo está en la base del problema de pobreza que ha sufrido el país durante la última década, ya que es la causa del paro de larga duración, que hasta 2007 era residual y en 2014 llegó a superar los 2,3 millones de personas.

Foto: Banco de Alimentos. (Á. V.)
Ángel Villarino (Takoma) Opinión

Antes del estallido de la pandemia todavía quedaba un millón de parados de larga duración, cuyas posibilidades de reincorporarse al mercado laboral se han visto gravemente afectadas. El riesgo ahora es que este número pueda volver a crecer como consecuencia de la pandemia. El aumento del paro provocará un incremento de la desigualdad y de los niveles de pobreza. Según los datos de CaixaBank Research —que está realizando un gran esfuerzo para medir los niveles de renta de los españoles—, unas 750.000 personas podrían caer en la pobreza. El ingreso mínimo vital ha mostrado grandes carencias a la hora de llegar con agilidad a estos grupos sociales más desfavorecidos, lo que supone un reto adicional para las diferentes administraciones a la hora de evitar el aumento de la pobreza. Las colas del hambre son intolerables en un país en el que el recurso de la deuda es gratuito gracias al dinero del Banco Central Europeo (BCE) y en el que existen amplios márgenes para mejorar la redistribución de la renta.

En clave de ahorro

Uno de los factores fundamentales de la futura recuperación será el patrón de ahorro/consumo de los hogares. Con el estallido de la crisis se disparó el nivel de ahorro de los hogares, llegando a superar el 31% de la renta disponible durante el segundo trimestre del año. En otras palabras, los hogares ahorraron uno de cada tres euros de ingresos. Una situación extraordinaria que es el resultado de las limitaciones al consumo y el ahorro precautorio. Aunque todavía no hay datos disponibles para los meses de verano y el cierre del ejercicio, el Banco de España ha realizado una proyección a partir de la evolución de los depósitos.

Según sus estimaciones, la tasa de ahorro se redujo con la entrada en la nueva normalidad, pero sigue en niveles muy elevados. Eso significa que la demanda interna todavía se mantiene débil, pero también que existe una bolsa de liquidez cada vez más grande que las familias podrán utilizar cuando se supere la pandemia.

La reactivación de este ahorro será clave para la futura recuperación. Sin el consumo de los hogares, la economía española no podrá volver a los niveles precrisis por mucho que crezca el turismo. Si la vacuna consigue reactivar el gasto rápidamente, entonces es posible pensar en un fuerte ritmo de crecimiento a partir del próximo verano. En este indicador hay un motivo para el optimismo: el repunte del consumo durante las semanas en las que se limitaron las restricciones. Por ejemplo, durante el verano, las compras de los hogares se dispararon un 21%, a pesar de que la incertidumbre seguía siendo muy elevada. Este dato evidencia que el ahorro no fue precautorio, sino forzoso por las restricciones, y anticipa un fuerte crecimiento en 2021 una vez que se levante el estado de alarma.

El año 2021 se presenta en el calendario como el final a todos los males de la pandemia y el inicio de la ‘Gran Recuperación’. Las vacunas son la gran esperanza, pero el nuevo año empezará como acabó el anterior: con una situación sanitaria muy delicada, grandes restricciones a la actividad económica y muchas dudas sobre la ansiada recuperación. El fracaso de Occidente a la hora de contener el virus anticipa meses muy complicados, al menos, hasta el próximo verano. Será una odisea en la que la economía estará en riesgo permanente de recaída y de sufrir daños estructurales.

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