Q & A

¿Cuándo y con qué condiciones llegarán los fondos de la UE para resucitar la economía?

El fondo europeo de respuesta al covid-19 pactado en julio de 2020 no empezará a llegar hasta la segunda mitad de 2021. Eso, si no surgen más imprevistos

Foto: Imagen: EC.
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El pasado mes de julio, los líderes europeos dieron un paso histórico al acordar la emisión masiva de 750.000 millones de euros en deuda conjunta para financiar un fondo de recuperación. Este plan ayudaría a reconstruir y rediseñar la economía europea tras el impacto del covid-19 con una mezcla de créditos y transferencias. Pero el trabajo no ha terminado y todavía quedan muchas dudas por resolver.

¿Qué obstáculos quedan por delante?

El dinero no empieza a fluir con el sí de los líderes en el verano. El Consejo, el Parlamento y la Comisión mantienen ahora una dura negociación, llamada 'triálogo' en el argot comunitario, para cerrar los últimos flecos y dejarlo todo listo. Se negocian al mismo tiempo varias cosas. Uno es el propio fondo, otro aspecto es el Marco Financiero Plurianual, es decir, los presupuestos europeos para el periodo 2021-2027. Estos dos puntos podrían ser difíciles de negociar, especialmente el segundo, ya que la Eurocámara pide una mayor ambición en dichos presupuestos.

Pero junto a ellos estaba la verdadera patata caliente: un mecanismo propuesto por la Comisión Europea en 2018 y que busca cortar el acceso a los fondos europeos de los países que violan el Estado de derecho de forma que pueda afectar los intereses financieros de la Unión. La propuesta de la presidencia alemana del Consejo, presentada el pasado lunes, no ha tenido la mejor de las acogidas y demuestra que el asunto será difícil de cerrar: Hungría o Polonia consideran inaceptable una herramienta que podría usarse contra ellas, mientras que el Parlamento y algunos países nórdicos defienden que ese instrumento no cumplirá con su función por ser demasiado laxo.

La situación es grave, porque Polonia o Hungría pueden bloquear todo el proceso si no aprueban el uso de recursos propios necesario para la emisión de los 750.000 millones, que requiere unanimidad. Michael Clauss, embajador de Alemania ante la Unión Europea, ha alertado de que los socios se están encaminando "a un bloqueo total en las negociaciones presupuestarias". "El calendario se demora una y otra vez. Ahora mismo, un retraso con consecuencias para la recuperación económica de Europa será probablemente inevitable", aseguró la semana pasada. Por lo tanto, todas las expectativas de calendarios y posibles fechas están sujetas a que, finalmente, se cumpla con las expectativas de un acuerdo rápido.

¿Sabemos cuándo llegará?

Es difícil saberlo. Los Estados miembros pueden empezar a mandar las líneas generales de sus proyectos junto con el borrador de presupuestos que las capitales deben enviar a la Comisión Europea como muy tarde el 15 de octubre, aunque la fecha real en que los países pueden comenzar a enviarlos al Ejecutivo comunitario es el 1 de enero de 2021. Estos proyectos deben estar reflejados en los llamados 'planes nacionales de reformas', en los que los gobiernos explican qué reformas, proyectos y cambios quieren realizar con la financiación europea.

Esas ideas reflejadas en los planes de reformas deben ser sólidas. Y las capitales deben asegurarse de que cumplen con los objetivos que estableció el acuerdo de julio: invertir en transición verde y tecnológica, en cohesión social y territorial y en otros aspectos clave que están reflejados en las recomendaciones específicas por país (CSR, por sus siglas en inglés) del semestre europeo. Los planes tendrán que ser aceptados por la Comisión Europea durante los dos meses posteriores a su recepción, y después serán enviados al Consejo, donde tendrán que recibir el visto bueno del resto de socios del club durante las siguientes cuatro semanas.

Pero los desembolsos no se harán de manera inmediata. Los Estados miembros tienen que ir cumpliendo con una serie de metas en sus objetivos reflejados en los PNR, y a medida que van cumpliéndolos van recibiendo desembolsos de los fondos. En caso de que un Estado miembro considere que un país no está cumpliendo con los objetivos, puede pedir al presidente del Consejo Europeo que eleve el asunto a la próxima cumbre de líderes.

Pero ¿habrá algo en 2021?

Se esperaba que a inicios de 2021 se pusiera a disposición de los Estados miembros un 10% del total del fondo. La razón es que la economía europea necesita una reacción rápida. Pero lo cierto es que los propios técnicos de la Comisión Europea creen que los retrasos en los procesos harán que ese tramo inicial no pueda estar disponible hasta, como mínimo, abril. El Parlamento Europeo pide que se aumente hasta el 20% el adelanto.

Pero para que el fondo pueda empezar a trabajar, hace falta que la Comisión Europea pueda ir a los mercados y emitir deuda. Y eso no ocurrirá hasta que no se apruebe una decisión de recursos propios que permitirá aumentar el techo y así dar más margen fiscal, un paso que requiere de la aprobación por unanimidad del Consejo y de varios parlamentos nacionales, por lo que podría retrasarse el proceso e incluso, como hemos comentado, bloquearse del todo. Si no hay ningún retraso extraordinario, en principio, los técnicos comunitarios esperan que el 10% de prefinanciación, que para España serían casi 6.000 millones, llegue, según fuentes comunitarias, “al final de la primera mitad de 2021”. Algunas voces más optimistas apuntan al objetivo de marzo o abril, con un segundo desembolso a final de curso.

En teoría, los Estados miembros deben asignar el 70% del montante de su 'sobre nacional' en 2021 y 2022, y el 30% restante en 2023. Eso no significa que el 70% del fondo vaya a llegar entre 2021 y 2022. Una cosa es la asignación de fondos y la aprobación de los proyectos, y otra distinta es el pago por parte de las instituciones europeas. Como hemos comentado, solo irá llegando el dinero cuando se vayan cumpliendo una serie de metas. De hecho, los pagos pueden alargarse hasta el año 2026. En otras palabras: parte de la financiación europea asignada a un proyecto puede llegar en octubre de 2025 aunque se haya asignado en junio de 2021.

No son necesarios unos presupuestos para acceder a los fondos, pero España sigue con las cuentas de 2018 y se espera de ella una actualización

¿Para qué llegará?

Depende de cada país, que debe establecer una serie de objetivos y proyectos que partan de las recomendaciones que la Comisión Europea hace en el semestre europeo, las ya mencionadas CSR. Por ejemplo, las últimas recomendaciones del Ejecutivo comunitario señalan la necesidad de desvincular las pensiones del IPC, luchar contra el abandono escolar, potenciar la formación profesional o mejorar las prestaciones sociales a las familias, además de apostar por la transición verde y digital.

No son necesarios unos Presupuestos Generales del Estado para poder acceder a los fondos europeos, pero sí es cierto que España sigue con las cuentas de 2018 y a los técnicos de la Comisión Europea les gustaría ver un documento ajustado a las actuales necesidades, completamente distintas de las de hace unos años, y que permita un mejor acoplamiento de las prioridades del fondo de recuperación.

Uno de los asuntos que más preocupan es la capacidad de absorción. Es, de hecho, una preocupación del Tribunal de Cuentas de la Unión Europea: "Algunos de los Estados miembros con las tasas de absorción más bajas en el periodo de programación actual recibirán un apoyo sustancial del Mecanismo. Esto podría generar una grave carga administrativa y un riesgo para la implementación de los planes de recuperación”, señaló en un reciente informe. Entre ellos está España.

El país solo ha gastado por el momento el 39% de los fondos de cohesión que le corresponden para el periodo 2014-2020, aunque es cierto que este dinero puede gastarse hasta unos años después de que finalice el actual ejercicio. Es una cifra similar a la de otros países europeos como Italia o Polonia.

¿Qué planes tienen otros países?

La pregunta que muchos se hacen es: ¿está España muy por detrás de otros Estados europeos en la planificación? Francia ha puesto sobre la mesa un plan de 100.000 millones de euros que financiará en parte con lo que obtenga del fondo, y lo ha planteado como una remodelación de su sistema productivo, apostando por una transición verde (cerca de 30.000 millones), aumentando la financiación para que las empresas innoven, o incluso vuelvan a producir en territorio francés y reviertan la deslocalización (55.000 millones), y financiando también proyectos para la cohesión social y territorial. El 40% de este proyecto será financiado con la ayuda del fondo de recuperación. Representa el 9,5% del PIB y el Gobierno de Emmanuel Macron quiere que actúe durante los dos próximos años.

Alemania, por su parte, ha desvelado un plan de 130.000 millones de euros que se suma ya al estímulo fiscal masivo que ha puesto en marcha desde los primeros compases de la crisis. El plan alemán está muy enfocado en el consumo, con una reducción del IVA y más beneficios en la compra de coches eléctricos para impulsar una transición ecológica en el crucial sector automovilístico alemán.

Una mano demasiado dura con los Estados que obligue a frenar procesos y cesiones dolorosas puede retrasar todavía más la llegada de los fondos

Jean Pisani-Ferry, que fue en 2017 uno de los aliados cercanos a Macron, propone que la Comisión Europea tenga un acercamiento abierto al asunto, con una cierta flexibilidad. Una mano demasiado dura con los Estados miembros, que obligue a frenar procesos, a hacer exigencias y cesiones dolorosas, puede retrasar todavía más la llegada de los fondos y “resultar políticamente explosiva”. El autor alerta de que el retraso podría generar un “círculo vicioso” en el que los consumidores ahorren por precaución y Europa entre en la tan temida doble recesión, además de que el proceso pueda terminar “en una disputa burocrática que el público no puede descifrar, pero que proporciona munición a los populistas”.

Pisani-Ferry apuesta por una estrategia concreta: “La UE tendrá que encontrar el equilibrio adecuado entre la intrusión y la indulgencia”. Elegir unos cuantos objetivos completamente prioritarios y luchar por ellos con uñas y dientes, y ser más laxa en otros aspectos. La idea general es que hay que utilizar estos fondos con criterio, sí, pero también con agresividad: deben llegar tan pronto como sea posible y con el mayor de los impactos que se pueda alcanzar.

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