Entrevista con Toni Roldán

Toni Roldán: "España es el país que está controlando peor la pandemia"

Un año después de abandonar la política activa, el exsecretario de programas de Ciudadanos critica la gestión gubernamental de la crisis, reclama el fin de la polarización y reivindica el centrismo

Foto: Toni Roldán. (EFE)
Toni Roldán. (EFE)

Después de ser director de programas de Ciudadanos y portavoz económico del partido en el Congreso de los Diputados, Toni Roldán abandonó la política en el verano de 2019 por discrepancias con la dirección política de su partido, que se negaba a facilitar la investidura de Pedro Sánchez. Después, Roldán fundó en Esade el Centro de Políticas Económicas EsadeEcPol, un 'think tank' cuyo fin es proponer políticas para la reforma de España teniendo en cuenta no solo la vertiente económica sino también la política. Desde entonces, la mayoría de sus trabajos y actividades se han centrado en el impacto de la pandemia en la economía española, aunque en esta entrevista Roldán analiza además su deriva política, que ve con gran preocupación debido a la polarización y a la ausencia de ambiciones reformistas en la coalición de gobierno.

PREGUNTA. Las proyecciones económicas que hicieron en EsadeEcPol al principio de la pandemia eran muy pesimistas. En ese momento, nadie esperaba que la magnitud del desastre fuera la que pronosticaban.

RESPUESTA. Es cierto que entonces fuimos los más pesimistas. Cuando el Gobierno decía que caeríamos un 5% y la AIReF un 8%, nosotros dijimos que la caída del PIB sería del 15%. Veremos. Los próximos tres meses serán más duros de lo que nadie pensaba. En general, todos los que entonces estábamos haciendo modelos y estimaciones creíamos que, una vez pasado el primer brote, nos iríamos recuperando progresivamente. No en forma de V, pero sí de forma progresiva. Se recuperaría la movilidad, tendríamos más recursos y mayor capacidad para poder controlar potenciales rebrotes, y básicamente en septiembre u octubre la actividad sería casi igual que en el pasado febrero. Es evidente que eso no sucederá. Porque todo depende absolutamente de la capacidad de control de la pandemia. Y España es el país que peor lo está haciendo.

P. ¿El peor?

R. De los países europeos, sí. La combinación de fracaso en el control de la pandemia y de fracaso económico solo es comparable a la de Reino Unido. Y España partía de una posición más débil, porque nuestra estructura económica depende más de sectores muy afectados por la pandemia.

P. ¿Por qué cree que lo estamos haciendo tan mal?

R. La clave para entender cómo se relacionan la parte sanitaria y la parte económica de la crisis es el R, el número de reproducción. La información es la materia prima principal para la gestión de una pandemia. Si tienes un sistema de información que te permite identificar los casos cuando se producen, y un sistema de rastreo y aislamiento que te permite, cuando hay un caso, avisar a los contactos para que se queden en casa y no sigan aumentando el R, el espacio para conceder libertad económica es mayor. Si un país no es un Estado fallido, es un país organizado que consigue controlar mínimamente el R, podrá tener mayor libertad económica y más libertad de movimiento. Pero si eres absolutamente incapaz de conseguir la materia prima fundamental para controlar la pandemia, la información, simplemente estás a la deriva, esperando a ver cómo se mueve el número reproductivo.

En ese sentido, España es un desastre. No controlamos nada. Y como políticamente es inasumible tener un R descontrolado y que haya 30, 40 o 50.000 muertos más, estás a la deriva. Y la probabilidad de que para controlar un número de reproducción que se ha disparado tengas que suprimir brutalmente la economía es muy alta. Estamos en el peor de los dos equilibrios: la enfermedad descontrolada y una economía víctima del descontrol.

P. ¿Ve alguna solución?

R. Somos, y creo que es la manera de definirlo, un Estado fallido, en el sentido de que somos incapaces de que exista la lealtad suficiente entre los distintos niveles de gobierno para que la organización en el control de la pandemia sea mínimamente efectiva. Soy extremadamente pesimista sobre el efecto económico que tendrá la pandemia en España.

P. ¿Cuánto puede alargarse esta situación en el tiempo? El coste es inmenso, pese a todas las herramientas económicas que se están desplegando.

R. Cuando todo empezó, los economistas hablábamos de hibernación: simplemente, decíamos, lo que tenemos que hacer es meter mucho dinero en la economía y que no se rompa la cadena de pagos. Es decir, que deudores, acreedores y empleadores puedan seguir pagando sueldos y deudas y que todo siga funcionando, y como durará poco, ya veremos qué pasa, aunque seguramente llegaremos a un nivel en el que todos tendremos un 20% más de deuda pública. Pero ahora sabemos, con una probabilidad altísima, que no habrá una vacuna funcional antes del verano que viene. Por lo tanto, un año más… ¿Sabe el coste mensual que tienen los ERTE? ¿Hasta qué punto se pueden sostener sectores enteros que representan varios puntos del PIB? ¿Hasta dónde deben asumir esto el resto de los contribuyentes?

"¿Hasta qué punto se pueden sostener sectores enteros que representan varios puntos del PIB? ¿Hasta dónde lo deben asumir los contribuyentes?"

P. Hasta ahora, esta era una crisis sin riesgo moral: nadie había hecho nada para provocarla, a diferencia, por ejemplo, de la crisis de 2008. Pero ahora se está empezando a hablar del riesgo moral: ¿deben los contribuyentes sostener con su dinero empresas que eran inviables o que lo serán en el futuro?

R. Ese es un dilema muy difícil para quienes hacen política económica en el Gobierno, que en general lo han hecho mucho mejor que quienes hacen política sanitaria. Hay un momento en el que tienes que dar las señales adecuadas para que se reorienten los recursos hacia los sectores productivos. Es muy probable que, aunque tengamos una vacuna en septiembre del año que viene, durante varios años la gente mayor no viaje y haya un 15 o un 20% menos de turismo. Por lo tanto, no tiene sentido que sigamos manteniendo una parte de ese sector, y una parte de los trabajadores de él tienen que formarse para desarrollar nuevas actividades. Hay que hacerlo con mucho cuidado. Son sectores muy importantes para la economía española. Pero no tiene sentido aguantar una empresa que no es solvente. Aquí, la clave era evitar que las empresas solventes fueran a la bancarrota, pero empieza a ser evidente que hay algunas que no son rentables, y a las empresas zombis no hay que sostenerlas.

P. Tomar esas decisiones en el clima actual es extremadamente difícil.

R. Esta crisis tiene que hacernos pensar. Ha sido un espejo de las deficiencias profundas del país, sobre todo en el ámbito de la organización del Estado. Tenemos un federalismo fracasado. Hay un debate, como siempre ideológico y excesivamente politizado, que no lleva a ninguna parte: el debate sobre si necesitamos más centralismo o menos centralismo. Eso da igual: hay países muy centralizados que han gestionado bien y países muy descentralizados que han gestionado bien. Hay que escoger uno de los dos modelos y hacer que funcione. Lo que no puede ser es que no existan mecanismos de coordinación, que no tengas lealtad institucional, que no haya intercambio de información, que haya un Estado federado absolutamente vacío de poderes, que no existan mecanismos de evaluación compartidos… Es un federalismo fracasado.

"Esta crisis tiene que hacernos pensar. Ha sido un espejo de las deficiencias profundas. Tenemos un federalismo fracasado"

P. Y seguramente, con las tensiones actuales, con una gran crisis económica y una polarización inmensa, es imposible emprender reformas de ese calado.

R. El otro virus que nos ha atacado ha sido el de la polarización. Esta hace que los líderes sientan que no tienen que rendir cuentas ante nadie más que sus electorados. Son discursos en los que básicamente se avivan guerras culturales para evitar asumir responsabilidades y en los que el centro y el debate racional y maduro parecen haber desaparecido. El país se divide en dos, estamos cavando trincheras cada vez más profundas, y se ha perdido el espacio de centralidad en el que se pueden construir cosas. Y la izquierda la ha utilizado de una manera... No sé ni qué adjetivo utilizar. Es ridículo que en mitad de una pandemia, con un Gobierno progresista, este haya sido incapaz de tener un plan coherente para la educación, que tengas los barrios más pobres de las grandes urbes golpeados de una manera brutal, y que la izquierda esté hablando de Franco, de la ley de memoria histórica y criticando al Rey. Para mí, es la decadencia de la izquierda, un abandono completo de su rol.

P. Lo cual impide saber dónde estaremos en el medio plazo.

R. El grado de incertidumbre y de caos es gigante. Todas las variables se están moviendo y nadie puede predecir dónde estaremos en dos años, que es cuando se celebrarán las próximas elecciones. Pero hay algunos elementos a tener en cuenta. Más allá de la profundización de las trincheras ideológicas y nacionales, se empieza a percibir una sensación generalizada de fracaso de país. Esta va a resultar en una brutal desafección que puede explotar por cualquier lado. Todos lo han hecho rematadamente mal: una coalición de gobierno inoperante que tendrá una 'foto finish' desoladora de la gestión de la pandemia y un PP infantilizado que está dinamitando en Madrid su principal baluarte como alternativa de buena gestión. La pregunta pertinente es si los votantes canalizarán su ansiedad y enfado hacia opciones populistas o si surgirá un proyecto serio, solvente y de progreso. Creo que ahora, más que nunca, ese espacio político existe, pero Ciudadanos, o cualquier otra plataforma que emerja, debería multiplicar por cien su nivel de ambición. Es probable que Sánchez y Redondo piensen que la vacuna les dará suficiente margen temporal para dignificar su relato antes de la contienda electoral. Y que Vox les acabe de hacer el trabajo. Pero en una situación tan extrema, yo no descartaría la posibilidad de una nueva ruptura del tablero político en España.

"Se está despreciando cualquier coalición hacia el centro, en la que se podría contar con Ciudadanos, para pensar en un plan de reformas"

P. ¿Pero ve la posibilidad de reconstruir el centro?

R. Es increíble que en esta situación bestial, con uno de los Presupuestos más difíciles, con un periodo económicamente fundamental en el que tienes que tomar decisiones importantísimas y emitir una señal de compromiso con las reformas, el Gobierno de Sánchez no sea capaz de entender que necesita un socio mínimamente confiable. Esquerra y Bildu pueden ser lo que quieran, pero no son gente interesada en el interés compartido y no tienen ninguna idea de cómo hay que gestionar las cuentas a nivel nacional. Hay una alternativa, pero se está despreciando cualquier coalición hacia el centro, en la que se podría contar con Ciudadanos, no ya para el Presupuesto, sino para tener una mesa de trabajo más o menos centrada que piense no solo en este Presupuesto sino en los tres próximos, en un plan de reformas, un plan de consolidación fiscal, para dar una imagen mínimamente seria de país.

Lo de Europa no es una barra libre. Si dentro de un año no tenemos en marcha un compromiso y un plan de reformas serio, puede que nos veten las ayudas. De momento, tenemos al Banco Central Europeo comprimiendo los tipos de interés, y eso seguramente durará mucho tiempo, pero no para siempre. La transición verde está por hacer. Dentro de 20 años, nuestra estructura poblacional será de las más envejecidas del mundo. Hay que pagar todas esas pensiones. Y, además, tenemos que ampliar la protección social, porque muchos trabajadores españoles estarán sin trabajo.

En el Gobierno hay voluntad, hay gente seria pensando en los cambios que hay que hacer. Pero no podemos ir haciendo trampas con política pequeña, pensando en el titular de mañana, porque llegará un momento en el que Europa se dará cuenta y nos dirá que eso no puede ser. Además, el reto fiscal que tendremos es enorme. Y para eso hay que hacer reformas y tiene que existir un interés reformista genuino. No creo que en la coalición de Gobierno actual haya un interés genuino por abordar los problemas estructurales de la modernización del mercado laboral, reducir la dualidad. No creo que haya un interés genuino en abordar los problemas de la carrera del profesional docente y el abandono escolar temprano. No creo que haya un interés genuino en reformar profundamente la Administración Pública. No lo hay porque el diagnóstico de los problemas está completamente politizado. Creo que Teresa Ribera tiene una idea de hacia dónde debe ir la transición verde. Pero son muchos los millones que hay que utilizar bien y tengo la impresión de que el Gobierno, mientras Europa aguante, hará lo mínimo y no utilizará el dinero para hacer reformas.

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