El 'metoo' de las tesis universitarias

Esto es lo que pasa si denuncias un plagio en España: "He perdido tiempo y dinero"

Un autor, arquitecto, ha tardado años en ver reconocido el plagio que denunciaba. Los grandes escándalos políticos pueden ser un motor de cambio para la universidad

Foto: Fernando Valderrama con el libro plagiado. (Foto: Enrique Villarino)
Fernando Valderrama con el libro plagiado. (Foto: Enrique Villarino)

Fernando Valderrama se enteró por casualidad de que alguien había plagiado su libro. Este arquitecto estaba buscando información en internet sobre sistemas de mediciones y presupuestos cuando se topó con unas frases que le resultaban tremendamente familiares. Cuanto más ahondaba en el documento, una tesis doctoral presentada en 2010 en la Universidad Politécnica de Madrid, más evidente resultaba que se trataba de su texto, sus gráficos e incluso sus erratas.

La tesis, versada sobre análisis multidimensional de costes de obra, había pasado todos los procesos necesarios para ser presentada, leída y aprobada. Además como el autor, el profesor Luis Santos, reconoce en la introducción nada menos que Juan Miguel Villar Mir, fundador de la constructora OHL y también de ingeniero, la había revisado personalmente. Pero ni a él ni al director de la investigación, Francisco González-Haba González —Director General de Transportes durante unos meses en 1982— le entraron dudas al respecto.

Ocho años después de la discusión pública de ese trabajo académico, un Tribunal madrileño ha sentenciado que la tesis está basada en un plagio. En algunos capítulos, el copia-pega supera el 70% del contenido. La UPM la ha eliminado de su web y Fernando ha sido 'indemnizado' con 1.000 euros, una cuarta parte de los alrededor de 4.000 que se gastó en llevar el caso a los juzgados. "Sabía que iba a ser una pérdida de tiempo y dinero. Aunque ahora parece que estamos viviendo el 'Metoo' de las tesis universitarias gracias a los escándalos políticos", razona el autor del manuscrito original.

Omertá

Es imposible conocer en detalle cuántos casos de plagio se registran en España cada año en el ámbito universitario. No hay ningún registro oficial y en las facultades es un tema del que a menudo se prefiere no hablar. Las sentencias judiciales por plagio son muy escasas, más que nada porque es ínfimo el número de personas que lleva un plagio ante un tribunal.

La percepción subjetiva de docentes y doctores hace pensar que a altos niveles no hay muchos casos pero, al mismo tiempo, no es un tema con el que el mundo académico se sienta precisamente cómodo. Así lo resume Andrés Seijo, joven investigador de la Universidad de Oporto: "Actualmente el plagio como tal no es algo demasiado común, no se suelen ver 'copiapegas' del texto, cantaría mucho sobre todo entre las personas que saben del tema. Pero sí que hay casos de textos reescritos o reformulados".

Cuando los escándalos estallan, la universidad prefiere mantenerse al margen. La organización de rectores, la CRUE, no ha contestado a las preguntas de este periódico y la sensación de José Antonio García Amado, Catedrático de Filosofía del Derecho en la Universidad de León, es que "cuando se descubren casos así, la sensación general es que los paños sucios es mejor lavarlos en casa". Existe una "omertá" en el sector universitario, por miedo a manchar el nombre de la Facultad "o quizás a pisar los callos de alguien que pueda hacerte daño —académicamente—, o incluso a que te demanden de vuelta", añade. Él mismo denunció a dos estudiantes por plagio ante el Decanato, pero los chicos cambiaron de tutor y siguieron adelante: "No es que el Decanato sea corrupto o nada por el estilo. Pero las universidades, en general, no cuentan con un sistema de sanciones suficientemente preciso y contundente. Si descubren que alguien plagió, ni siquiera pueden quitarle el título".

Fernando, el ingeniero que accedió a explicar su caso a este periódico, ha tenido en sus manos otros trabajos académicos que, en notas al pie, referenciaban la tesis que había plagiado su libro, en lugar de su libro. En el éter académico, las páginas que él escribió ya no le pertenecen. "El propio sistema obliga al investigador que quiere citar mis párrafos a referenciar al que me plagió, y no a mí, porque entraron en el mundo académico de su mano". El hecho de no pertenecer al mundo universitario le ayudó a animarse a presentar su demanda, que llegó a los tribunales en enero de 2015.

Ocho años y 4.000 euros después

En un primer momento, Fernando no estaba seguro de que quería demandar. Un abogado le convenció y le ayudó a prepararlo todo.

El primer paso fue contratar a un perito para que descargara la tesis acusada de plagio de la web de la Universidad Politécnica. Unos 300 euros, necesarios para asegurar ante el juez el origen de ese material. Luego vino el análisis académico de la tesis en sí misma. Se lo encargaron a un conocido arquitecto, doctor y académico, que tras un verano de trabajo le entregó un informe contundente.

Se centró en 67 páginas, las que trataban los argumentos del libro de Fernando. Eliminando las imágenes (gráficos y páginas escaneadas de proyectos en ejecución) dictaminó que "el 70% de las páginas de estos capítulos están afectadas por derechos de autor", trece de ellas "tienen más de un 50% de las mismas tomadas del libro de Valderrama (...) y 10 de ellas están totalmente tomadas" del volumen del autor.

Página del dictamen pericial que certifica el plagio. (EC)
Página del dictamen pericial que certifica el plagio. (EC)

Presentada y admitida la demanda, hizo falta algo más de un año para que el juez del Juzgado de lo Mercantil Número 1 de Madrid convocara a los abogados de las dos partes a una 'vistilla', encuentro entre letrados para intentar evitar el juicio. El autor de la tesis y (todavía) supuesto plagiador aportaba un dictamen firmado por un profesor ya jubilado en el que, entre otros detalles, se indicaba que "las tesis están destinadas a pillar polvo", así que para qué armar tanto ruido.

El juez no mostró interés por el caso ("esos asuntos solo les interesan a ustedes", espetó al abogado del denunciante) y, sin llegar a juicio, propuso una indemnización de 1.000 euros y el reconocimiento de los hechos tal y como se presentaban en la querella. Esto es, el texto está plagiado y habrá que eliminarlo de internet.

En 2017, trece años después de publicar su libro y ocho desde que apareciera la tesis plagiadora; tras invertir unos 4.000 euros entre abogados y peritos, se cerraba el caso judicial. Quedaba la universidad.

"Es un momento para el cambio"

Desde el caso Cifuentes, todas las universidades están mucho más pendientes de que no se produzcan irregularidades en los trabajos finales y en las tesis. Jorge Sainz Avia, director del departamento de Composición de la UPM, asegura que "los casos tan mediáticos están viniendo muy bien a la universidad; dará pie a que se destapen más casos de personas anónimas". En facultades como la suya, muy técnica, el plagio es más complejo que en otra y aún así "en los últimos años hemos empezado a usar programas de detección de coincidencias como Turnitin, aunque no deja de convertirse en una tarea más para los profesores". Aún tras cambios de reglamento para aumentar los controles de calidad en las tesis doctorales, el código ético de la prestigiosa escuela en la que enseña no dedica ni una línea a cómo atajar el plagio.

En el caso de Fernando Valderrama, de hecho, la UPM hizo lo único que podía hacer. Una vez aportadas la sentencia, el libro original y la tesis, acordó eliminar del archivo del centro la investigación académica. Su autor, que no ha contestado a las preguntas de este diario, se mantiene como profesor asociado. Aún tras una decisión judicial, no sería posible invalidar su título como doctor, de la misma forma que no es posible retirar un máster a Cristina Cifuentes o a Carmen Montón a pesar de que se hayan demostrado irregularidades en sus títulos.

"Lo que está claro es que las universidades todo esto le está viniendo muy bien, hay menos irregularidades y podemos aprovechar para mejorar", sigue Jorge Sainz. Y García Amado, el catedrático de León, coincide con él: "Se lo están poniendo en bandeja a la administración para hacer una normativa eficaz. Pero ¿qué dice la CRUE, organismo de máxima representación universitaria? Nada, ni ahora ni cuando el rector de la URJC fue pillado por plagio. Y las universidades tampoco tienen ganas de purgarse a sí mismas", concluye.

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