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El misterio de los moáis de la Isla de Pascua: ¿por qué y cómo se hicieron?
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un lugar recóndito en la polinesia

El misterio de los moáis de la Isla de Pascua: ¿por qué y cómo se hicieron?

Alejados del mundanal ruido y observando el destino de la humanidad callados, siguen siendo un misterio debido a su complejidad, tamaño y el enigma de su funcionalidad

Foto: Fuente: iStock
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Todavía a estas alturas desconfiamos de lo que nos precedió o de lo que no podemos ver, emulando a santo Tomás. No porque todavía haya personas que tengan la duda de que la Tierra es redonda precisamente, sino porque a muchas les sorprende que algunas muestras del pasado que todavía siguen en pie parezcan chocar con la versión oficial de los hechos. Nos sorprende que los egipcios, que contaban con menos medios que nosotros, pudieran levantar las portentosas pirámides. Y no podemos entender cómo los griegos construyeron algo así como el primer ordenador de la historia con el mecanismo de Anticitera.

Es natural sorprenderse, puesto que en algunas ocasiones no nos explicamos aún el misterio. Por poner un ejemplo, aunque es poco probable que los aliens llegaran a este planeta, construyeran las pirámides de Giza y después volvieran a irse en su nave, a día de hoy todavía no sabemos con exactitud cómo se construyeron estas, aunque tengamos teorías. Muchos egiptólogos hablan de un sistema de poleas (lo de las rampas está descartado) pero no hay una única respuesta, lo que lleva a aumentar el misterio. Cuando no entendemos algo, no sabemos qué pensar.

Foto: Fuente: iStock.

Si hay otro lugar que por su distancia geográfica y también por lo que se encontró en él sigue siendo un misterio en este planeta en el que cada vez hay menos, porque entendemos y conocemos todo, ese es la Isla de Pascua. A pesar de ser un destino turístico frecuente, debido a su naturaleza, se encuentra en una zona muy remota de la Polinesia (concretamente en la Región de Valparaíso, y pertenece a Chile). Su nombre tradicional es Rapa Nui, que significa 'Gran Rapa' en el idioma de los navegantes tahitianos que visitaban la isla.

El misterioso pueblo Rapa Nui

La tradición oral cuenta que el pueblo Rapa Nui llegó desde una mítica isla llamada Hiva (probablemente las islas Marquesas) guiados por su primer rey, Hotu Matu'a. La sociedad estaba dividida en tribus y aseguraban ser descendientes directos de los dioses. En el litoral establecían centros religiosos, políticos y ceremoniales y adoraban a sus famosos moáis. Se estima también que sufrieron una crisis de superpoblación en los siglos XV y XVIII (esto se ha discutido), lo que provocó guerras entre las tribus y llevó a que se destruyeran los altares ceremoniales así como se abandonaron las canteras en las que se tallaban los moái.

Los moái siguen siendo un misterio, y su increíble tamaño, así como su belleza maravillan a todos los que visitan la isla. Son más de 900 y se encuentran distribuidos por todo el lugar. La mayoría de ellos fueron labrados en toba, del cono volcánico Rano Rakaru (donde todavía quedan algunos de ellos en distintas fases de construcción). Al abandonarse las canteras abruptamente, quedaron a medio labrar. Los terminados y originalmente situados sobre un altar ceremonial al que llamaban 'ahu', fueron posteriormente derribados por los isleños nativos, aproximadamente durante el siglo XV. Por suerte, desde 1956 algunos de ellos se han restaurado. Gracias a ello se descubrió en 1978 que en las cavidades oculares solían colocarse placas de coral, a modo de ojos.

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Además, también llevaban unos copetes o moños de piedra roja llamados 'pukao', que pesaban más de diez toneladas y se extraían del cráter de Puna Pau. Se tallaban y después se elevaban para poder colocarse sobre las cabezas de las estatuas. Como es lógico, cuando los primeros navegantes europeos llegaron a la isla quedaron perplejos por el tamaño y la complejidad de estos cientos de estatuas que se encontraban por toda la isla. Además de en toba, también fueron labrados en traquita blanca, basalto o escoria roja. La sorpresa de los europeos es natural si pensamos que miden unos cuatro metros de media, aunque algunos llegan a los diez metros. Los Rapa Nui fueron capaces de trabajar y trasladar estas estatuas de alguna manera.​

Foto: Vista frontal de varios moais de la Isla de Pascua. (EFE)

Pero, ¿cómo?

Algunas curiosidades

Se construían en el propio volcán. Uno de tantos misterios de los moái es porque decidían construirse en el volcán Rano Rakaru. De cualquier manera, como se han encontrado en él bastantes en proceso de construcción, está aceptado que se construían ahí: primero el moái era delineado en la roca y después tallado, dejando una quilla en su espalda para mantenerlo unido a la roca madre.

En las cavidades oculares solían colocarse placas de coral, a modo de ojos, y también llevaban unos copetes o moños en la cabeza

En realidad se construyeron durante mucho más tiempo del que se creía. En 2020, un estudio publicado en 'Journal of Archaeological Science' llegó a la conclusión de que la idea de que la civilización estaba en plena decadencia cuando llegaron los europeos se basa en premisas falsas. Al parecer, la construcción de estas estatuas no decayó con el tiempo, sino que continuó mucho más de lo que se creía, incluso después de que los europeos llegaran en 1722.

Tienen cuerpo. Además de ser diferentes, las excavaciones han demostrado que no se trata solo de cabezas, sino que tienen cuerpo e inscripciones en ellos.

¿Cuerdas? Como sucede con las pirámides, una de las hipótesis más extendidas es que los Rapa Nui hicieron uso de cuerdas y movimientos 'coreografiados' para poder mover las estatuas por la isla.

Plataformas. Otra teoría que barajó Charles Love es la posibilidad de que se ayudaran con unas plataformas parecidas a trineos (hechas con troncos de árboles). De hecho, Love logró mover un moái de esta manera en tan solo dos minutos.

Arrastrándolos. Es una teoría parecida a la de Love (de hecho se habla de una combinación de ambas), aunque es idea de Thor Heyerdhal: se colocaba el Moai de espaldas sobre un trineo de madera y se arrastraba.

El moái 'caminaba'. En los años 80, el ingeniero checo Pavel Pavel planteó la hipótesis de que en realidad se trasladasen caminando. Alegaba que la estatua de pie es estable debido a que su centro de gravedad es bajo, por lo que se inclinaba hacia un costado y se balanceaba hacia delante.

Puede que utilizaran maquinaria más compleja de lo que pensamos. Durante el verano del 2000, se descubrieron datos que sugieren que se habrían utilizado máquinas complejas en la isla desde hace siglos. Love y un equipo de diecisiete estudiantes excavaron secciones de las tres principales carreteras que sirvieron para transportar las estatuas gigantes. Parte de estas carreteras fue excavada originalmente en el lecho de roca de la isla, formado principalmente de roca volcánica de un tipo conocido como 'pahoehoe'.

¿Por qué se construyeron?

Al misterio de cómo se construyeron le acompaña el por qué. Los rostros de los moái, esculpidos para siempre y observando el infinito sin sus característicos ojos de coral, resistiendo al tiempo, parecen contar una historia. El problema es que no sabemos cuál exactamente.

Fertilidad. Un estudio llevado a cabo por la directora del Proyecto de las Estatuas de la isla reveló que fueron tallados para ser garantías de la fertilidad (agrícola) en la isla, debido a un mandato de las élites Rapa Nui.

Un estudio sugiere que se trata de estatuas ceremoniales que se colocaban en puntos estratégicos donde se encontraba agua potable

Para encontrar agua. Otra investigación de la Universidad Estatal de California sugiere que se trata de estatuas ceremoniales que se colocaban en puntos estratégicos donde se encontraba agua potable, lo que era difícil de hallar en la isla. Se llegó a tal conclusión debido a que en los lugares donde no hay moái tampoco hay agua dulce, y en los lugares donde los hay se encuentran fuentes cercanas al agua potable.

Deidades o difuntos. La última teoría es más trascendental y profunda: los moái son en realidad representaciones de antepasados difuntos, que de esta forma proyectaban su 'mana' (poder sobrenatural) sobre sus descendientes.

Foto: Moáis de la isla de Pascua. (EFE)

Un día, quizá, los Rapa Nui dejaron de creer en estos magníficos seres y abandonaron su compleja construcción. La civilización, como todas, quizá estaba colapsando, cuando llegaron los europeos o quizá cuando ya habían llegado. Un día quizá se descubran todos los misterios que envuelven estas prodigiosas cabezas que parecen albergar en su mutismo la historia de un pueblo mágico y diferente. Pero por ahora, hoy todavía no es ese día.

Todavía a estas alturas desconfiamos de lo que nos precedió o de lo que no podemos ver, emulando a santo Tomás. No porque todavía haya personas que tengan la duda de que la Tierra es redonda precisamente, sino porque a muchas les sorprende que algunas muestras del pasado que todavía siguen en pie parezcan chocar con la versión oficial de los hechos. Nos sorprende que los egipcios, que contaban con menos medios que nosotros, pudieran levantar las portentosas pirámides. Y no podemos entender cómo los griegos construyeron algo así como el primer ordenador de la historia con el mecanismo de Anticitera.

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