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La cara y la cruz de los suplementos de vitaminas: cuándo conviene tomarlos
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La cara y la cruz de los suplementos de vitaminas: cuándo conviene tomarlos

En determinadas etapas vitales, pueden suponer un complemento a la dieta, pero siempre deberían estar prescritos y supervisados por un especialista

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Para la piel, para el pelo, para las uñas, para tener más energía, para rendir mejor en los estudios, para mantenernos jóvenes... Los mensajes incitándonos a consumir suplementos de vitaminas son constantes, y no es extraño que terminemos preguntándonos si realmente son necesarios, pueden ayudarnos a estar mejor y, sobre todo, si pueden perjudicarnos.

“La oferta de productos (tanto de vitaminas solas como de complejos que combinan varias con minerales, por ejemplo) es amplísima y suelen comprarse por cuenta propia, sin acudir antes a un especialista para comprobar que realmente se necesitan”, advierte Rocío Práxedes, dietista-nutricionista de la Unidad de Obesidad de Quirónsalud Valencia.

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Los suplementos vitamínicos tienen su cara y su cruz: son productos que concentran gran cantidad de nutrientes y sirven para complementar la ingesta alimentaria en situaciones de carencia nutricional o mayor demanda de nutrientes, pero no deben utilizarse sin justificación sanitaria ni sustituir una dieta saludable. De hecho, según la especialista, "en circunstancias normales, una alimentación adecuada y equilibrada proporciona todos los nutrientes necesarios para el normal desarrollo y mantenimiento de un organismo sano. Además, el exceso de algunas vitaminas y minerales puede afectar negativamente a la absorción y función de otros micronutrientes, y cantidades muy altas y sin control médico pueden generar toxicidad".

Así pues, los complementos alimenticios solo están indicados cuando la dieta no pueda satisfacer por completo los requerimientos nutricionales. Como nos aclara la doctora Práxedes, “su uso puede estar justificado en algunos grupos de población o etapas de la vida. Por ejemplo, en el caso de mujeres embarazadas, personas con poco acceso a la luz solar y bajo consumo de productos lácteos enteros, personas vegetarianas, con alteraciones metabólicas, o pacientes que tomen medicación crónica que cause déficit de vitaminas”.

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Por tanto, cuando por cualquier circunstancia, en la adolescencia o en otras etapas de la vida, la dieta sea insuficiente, los complementos alimenticios pueden servir de soporte. “Pero no podemos atribuir síntomas como el cansancio o la apatía —manifestaciones subjetivas que pueden deberse a causas diversas— a la falta de vitaminas; ni deducir, sin una evaluación que lo justifique, que los periodos de exámenes o de mucho trabajo físico necesitan de multivitamínicos”.

Una exploración médica, una evaluación de la ingesta dietética o una bioquímica nutricional son herramientas que utilizan los profesionales sanitarios para realizar un diagnóstico y una recomendación personalizada. “Además, deben acompañarse de un seguimiento, para observar si se resuelve la carencia nutricional y determinar cuándo suspender el tratamiento”.

Lo natural no siempre es inocuo

También hay que tener en cuenta que los complementos alimenticios están regulados por la legislación. En el etiquetado de los suplementos vitamínicos figura obligatoriamente la denominación de las categorías de nutrientes o sustancias que caracterizan el producto o una indicación relativa a su naturaleza.

La Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria establece unos niveles máximos de ingesta admisible teniendo en cuenta la dieta

No obstante, subraya la dietista-nutricionista, "lo natural no está exento de riesgo". Una ingesta de vitaminas y minerales excesiva y continuada puede ser perjudicial para la salud en algunas ocasiones, y así lo advierte la Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria (EFSA), que establece unos niveles máximos de ingesta admisible teniendo en cuenta todas las fuentes de la dieta.

Además, aunque los productos son de venta libre, los sanitarios son los profesionales que tienen los conocimientos y herramientas oportunos para evaluar y orientar al paciente.

Así debes tomarlos

Entonces, ¿qué debemos tener en cuenta a la hora de tomar estos suplementos? Nuestra especialista nos da una serie de pautas básicas:

  1. Los pacientes deben informar siempre a su médico de los complementos alimenticios que estén consumiendo.
  2. Es muy importante no superar la dosis diaria indicada por el fabricante y utilizarlos en periodos de duración limitada.
  3. Es importante tener en cuenta que los medicamentos recetados por un médico no se pueden sustituir por complementos alimenticios.
  4. Si se toman dos complementos alimenticios al mismo tiempo, deberá comprobarse que no contengan las mismas sustancias activas.
  5. No debemos olvidar que no tienen que utilizarse como sustituto de una dieta equilibrada. Deben emplearse solamente en caso de necesidad, para completar la dieta habitual en caso de un déficit concreto.
  6. Cuando sean necesarios, sería aconsejable comprobar que la empresa que comercializa el producto esté registrada, pudiendo consultar su inscripción en el registro sanitario.
  7. Y, por supuesto, debemos tener claro que estos productos no tienen la propiedad de prevenir, tratar o curar una enfermedad: no son medicamentos.

En definitiva, concluye Rocío Práxedes, “simplemente complementan la dieta; es más, el etiquetado, la presentación y la publicidad de los complementos alimenticios no pueden incluir ninguna afirmación que declare o sugiera que una dieta equilibrada y variada no aporta las cantidades adecuadas de nutrientes en general”.

*El Confidencial, en colaboración con Quirónsalud, presenta una serie de artículos con información práctica, consejos y recomendaciones para practicar deporte que mejore nuestra salud y bienestar. Si tienes alguna duda sobre esta temática o quieres más información, puedes contactar con el Hospital Quirónsalud Valencia.

 

Para la piel, para el pelo, para las uñas, para tener más energía, para rendir mejor en los estudios, para mantenernos jóvenes... Los mensajes incitándonos a consumir suplementos de vitaminas son constantes, y no es extraño que terminemos preguntándonos si realmente son necesarios, pueden ayudarnos a estar mejor y, sobre todo, si pueden perjudicarnos.

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