¿Cómo saber si estás sufriendo una crisis epiléptica?
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¿Cómo saber si estás sufriendo una crisis epiléptica?

No son solo convulsiones: muchas crisis se presentan con síntomas que pueden ser confusos o pasar inadvertidos. Identificarlas es el primer paso para llegar a un buen diagnóstico

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Pocas enfermedades están tan estigmatizadas como la epilepsia. Hasta hace no tanto tiempo, sus orígenes se buscaban en causas ajenas a la medicina y, todavía hoy, siguen existiendo prejuicios sin ningún fundamento científico. Es importante tener información correcta sobre las crisis epilépticas, sus causas y su tratamiento.

Estas están motivadas por una descarga excesiva y anormal de las neuronas de la corteza del cerebro, que casi siempre cede por sí sola. Estas alteraciones pueden ser transitorias, sin riesgo de repetirse (por ejemplo, cuando se produce una crisis inmediatamente después de un traumatismo craneal). Sin embargo, en muchas ocasiones este desequilibrio entre inhibición y excitación surge de una anomalía neuronal persistente y, por lo tanto, las crisis pueden repetirse sin un factor que las provoque. En estos casos, nos encontramos ante una epilepsia, y se aconseja tratamiento con fármacos antiepilépticos para evitar crisis y los efectos perjudiciales de las mismas.

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En la práctica clínica, se considera adecuado iniciar tratamiento farmacológico cuando se han producido dos o más crisis, o cuando aunque el paciente ha sufrido solo una presenta alteraciones en el electroencefalograma o la resonancia magnética cerebral; estas alteraciones indican una probabilidad mayor del 60% de sufrir más crisis en el futuro.

Múltiples causas y síntomas

Las crisis epilépticas suelen durar poco tiempo, entre medio minuto y dos minutos; sus causas son muy diversas y pueden estar provocadas por cualquier lesión o agresión al cerebro. "En adultos y ancianos, pueden tener relación con ictus, tumores cerebrales benignos o malignos, enfermedad de Alzheimer, alteraciones del sistema inmunológico (enfermedades autoinmunes) y también alteraciones genéticas que están presentes desde el nacimiento", explica el doctor Antonio Gil-Nagel Rein, director del Programa de Epilepsia del Hospital Ruber Internacional. "En niños, las causas más frecuentes son malformaciones congénitas (displasias corticales), enfermedades genéticas que pueden afectar solamente al cerebro, enfermedades metabólicas y la encefalopatía perinatal hipóxico isquémica".

Ante una crisis con convulsiones, la sospecha de epilepsia está clara. Pero hay que recordar que puede haber otras manifestaciones menos conocidas. En este sentido, el experto explica que "con frecuencia nos preguntan cómo identificar las crisis epilépticas, pues a veces estas son sutiles y pueden pasar desapercibidas o ser confundidas con alteraciones de la conducta". Ciertamente, no siempre está claro, pues estas crisis pueden afectar cualquier función de la corteza cerebral: visión, sensibilidad, gusto, audición, olfato, movimiento, lenguaje, conciencia...

  • Algunas crisis se manifiestan como episodios de amnesia o confusión transitoria, pérdida de conciencia o movimientos involuntarios más o menos violentos, acompañados o no de alteración de la conciencia.
  • También pueden manifestarse como sensaciones o alucinaciones auditivas, visuales o sensitivas, generalmente en un lado del cuerpo o del campo visual.
  • Otras veces predominan los síntomas psíquicos como miedo o ansiedad, que suelen ser breves, sin causa que lo justifique. También como sensación de extrañeza, de familiaridad o de despersonalización.
  • Algunas crisis dan lugar a cambios en la conducta, o agitación, que no reflejan el carácter del paciente.
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Clasificación de las crisis

Para estudiar el tipo de epilepsia, se clasifican las crisis como focales o generalizadas, en función de cómo comienza la actividad cerebral anormal. Esta clasificación puede servir de ayuda también para que el paciente sospeche de una posible epilepsia y se ponga en contacto con su médico.

Crisis generalizadas: se inician en ambos hemisferios simultáneamente y siempre se acompañan de alteración de la conciencia, aunque esta puede ser muy breve y difícil de reconocer. Cuando hay alteración de la conciencia, puede manifestarse como pérdida completa de esta o un estado de confusión, con conducta automática, realizando actividades sin motivo (caminar sin rumbo, movimientos de masticación, sonidos guturales, lenguaje incoherente). A veces, las crisis pasan totalmente desapercibidas al paciente y sus acompañantes; son lo que se conoce como crisis subclínicas. Esto es más frecuente que ocurra con las que se presentan durante el sueño, pero también puede ocurrir con crisis en vigilia.

Un 35% de los pacientes con crisis no responde al tratamiento. Tienen epilepsia refractaria

Existen seis tipos de crisis generalizadas:

• Las crisis de ausencia, previamente conocidas como 'petit mal', a menudo ocurren en niños y se caracterizan por episodios de desconexión del entorno, mirada fija y a veces parpadeo. Con frecuencia pasan desapercibidas y son detectadas por fallos en la consecución de tareas, por ejemplo, dejarse en blanco un dictado del colegio, detenerse en medio de una conversación...

• Las crisis tónicas causan rigidez muscular en las cuatro extremidades, el tronco y la cara. Cursan con pérdida de conciencia y pueden provocar caídas violentas, por lo que pueden ser muy graves.

• Las crisis atónicas causan la pérdida del tono muscular, que afecta a los músculos del cuello, causando flexión de la cabeza o caídas violentas, también graves.

• Las crisis clónicas se asocian con contracciones musculares repetitivas y rítmicas que afectan principalmente al cuello, la cara, los brazos o las piernas.

• Las crisis mioclónicas generalmente aparecen como espasmos no rítmicos, breves y repentinos, de brazos y piernas. Suelen ocurrir poco tiempo después de despertar y a veces culminan en una crisis tónico-clónica.

• Las crisis tónico-clónicas, antiguamente conocidas como crisis de gran mal, son el tipo de crisis epiléptica más intenso. Se inician con pérdida de conocimiento, rigidez y sacudidas del cuerpo y, en ocasiones, pérdida del control de esfínteres y mordedura de la lengua.

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Foto: Freepic.

Crisis focales: son crisis que se limitan a una zona de la corteza cerebral. Según cuál sea esta zona, se llaman crisis focales sensitivas, visuales, olfatorias, gustativas, auditivas, motoras, afásicas, psíquicas o autonómicas.

  • Crisis focales simples: en ellas, el paciente permanece consciente durante toda la crisis.
  • Crisis parciales complejas: se acompañan de amnesia o alteración de la conciencia de otro tipo.

Antes de las crisis, algunos pacientes notan una sensación premonitoria característica (visión peculiar, sensación subjetiva, angustia, palpitaciones, molestia en el estómago); esta sensación ya constituye una crisis en sí misma, y se conoce como aura. Después de las crisis, muchos enfermos tienen cansancio intenso, dolor muscular y somnolencia, sobre todo tras las crisis tónico-clónicas generalizadas. A esto se lo denomina estado poscrítico.

La importancia del diagnóstico

Ante un diagnóstico de epilepsia, los fármacos antiepilépticos constituyen el tratamiento de elección. Inicialmente se utilizan en monoterapia, pero a veces hay que combinar dos o más. El 65% de los afectados responde bien, pero el 35% restante sigue sufriendo crisis a pesar del tratamiento. Son pacientes con epilepsia refractaria o farmacorresistente, candidatos a otras terapias.

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Según explica el especialista del Servicio de Neurología del hospital madrileño, "es muy importante que el manejo de las epilepsias refractarias se lleve a cabo en una unidad especializada y que las consultas cuenten con tiempo suficiente para valorar con detalle todos los aspectos relacionados con la enfermedad: tipos de crisis y sus síntomas, cambios en la frecuencia, la duración o la intensidad de estas, respuesta al tratamiento. Además, es importante revisar cómo afecta la enfermedad y la medicación al estado de ánimo, la capacidad cognitiva, la adaptación social y el entorno familiar".

A partir de estas consultas detalladas, se puede ser más preciso en el diagnóstico y en el tratamiento. En ocasiones, se identifican detalles que permiten localizar el foco epiléptico y posteriormente confirmarlo mediante técnicas de localización avanzada: monitorización vídeo-EEG, análisis de fuentes de dipolos eléctricos, resonancia magnética de alto campo dirigida a la zona sospechosa, estudios genéticos de última generación, electrodos profundos, etc. Con ello, podemos identificar la zona que debe ser intervenida en casos en los que la cirugía es una opción, y esta se puede realizar mediante técnicas mínimamente invasivas con ablación mediante láser o termocoagulación con electrodos profundos.

En las epilepsias determinadas genéticamente, como son muchas encefalopatías epilépticas, la identificación de la mutación genética permite aplicar fármacos más específicos, incluso algunos que no se suelen utilizar en epilepsia, pero están disponibles para otras enfermedades, lo que denominamos reposicionamiento de fármacos. Ejemplos de reposicionamiento de fármacos son la fenfluramina y el cannabidiol en el síndrome de Dravet y de Lennox-Gastaut. "En definitiva, se trata de hacer un diagnóstico preciso para aplicar un tratamiento de precisión". Esto es especialmente importante en el caso de las epilepsias raras y aquellas que no responden a fármacos, en las que esta unidad está especializada.

*El Confidencial, en colaboración con Quirónsalud, presenta una serie de artículos con información práctica, consejos y recomendaciones para practicar deporte que mejore nuestra salud y bienestar. Si tienes alguna duda sobre esta temática o quieres más información, puedes contactar con el Hospital Ruber Internacional

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