ENTREVISTA AL AUTOR DE ‘MONEYLAND’

"Nosotros pagamos impuestos, ellos no; nosotros obedecemos las reglas, ellos no"

El periodista Oliver Bullough 'inventa' en su libro 'Moneyland' un país sin leyes ni fronteras para explicar cómo esconden y gastan su dinero los cleptócratas y oligarcas de todo el mundo

Foto: El periodista Oliver Bullough, en Madrid.
El periodista Oliver Bullough, en Madrid.

Cuenta el periodista británico Oliver Bullough que una de las cosas que más le impactaron cuando visitó la casa de campo del expresidente ucraniano Víktor Yanukóvich tras estallar la revolución en 2014 en el país fueron las televisiones que tenía instaladas en algunos de los baños, colocadas a la altura del retrete. Este detalle, dedicado seguramente a satisfacer un capricho de comodidad en un momento privado, no tendría mayor importancia si no fuera porque la casa, las televisiones, los retretes y los múltiples y excéntricos lujos de los que disfrutaba el político fueron pagados con dinero público de ciudadanos que, mientras tanto, sobrevivían “básicamente sin nada”. Para Bullough, esos televisores se convirtieron en el símbolo de "todo lo que había fallado".

No solo eso fue lo que le indignó: cuando el pueblo ucraniano intentó recuperar los fondos que el exdirigente y sus amigos habían robado a espuertas, los ciudadanos no fueron capaces de dar con ellos porque ese dinero se encontraba ya muy lejos de allí. Podía estar en cualquier otra parte del mundo, pero en Ucrania seguramente no. Lejos de las autoridades y la Justicia nacional, que podrían haberlo reclamado.

Una amenaza para la democracia

Esta anécdota es uno de los ejemplos que utiliza el periodista británico en su último libro, ‘Moneyland’ —editado por Principal de los Libros y que se publicó este 20 de noviembre—, para explicar cómo oligarcas, megarricos y cleptócratas de todo el mundo se aprovechan de la arquitectura financiera global para su beneficio personal. Todos ellos son, en el libro de Bullough, "ciudadanos de Moneyland", un país global inventado por el autor en el que no existen leyes ni fronteras para el dinero, que no se sabe de dónde viene y sobre el que nadie hace preguntas.

Pero los privilegios de los que disfrutan los ciudadanos de ese país imaginario (una fortuna amasada a base de evasión de impuestos, paraísos fiscales o empresas pantalla) suponen una “amenaza para la democracia”, porque con su impunidad minan la confianza de la gente en el sistema, advierte Bullough en una entrevista con El Confidencial.

“La base de la democracia está en reconocer que no podemos tener todo lo que queremos, pero que es [un sistema] justo, que hay reglas que todos aceptamos y seguimos. Puedes ganar o perder, pero es justo, la gente entiende que así es como funciona. Sin embargo, en Moneyland, todo cambia completamente. Existe un grupo de gente que obtiene privilegios a los que nosotros no accedemos: nosotros pagamos impuestos, ellos no; nosotros obedecemos las reglas, ellos no; nosotros tenemos que devolver lo que hemos robado, ellos no”, explica Bullough durante la conversación, en la que también alerta sobre el peligro que supone que la gente deje de creer en la Justicia del sistema y deje de seguir las reglas que todos hemos aceptado.

'Moneyland' —reconocido como ‘libro del año’ por prestigiosos diarios como 'The Economist' o 'The Times'— le sirve a Bullough como metáfora para describir un país imaginario en el que no existen reglas, ni fronteras, ni ejército ni aduana, solo el objetivo de la conservación, perpetuación y ocultación de la fortuna, que es gastada con opulencia en los países occidentales en coches caros, mansiones de lujo en los lugares más privilegiados, en joyas y en arte.

La residencia principal de Yanukóvich, que se convirtió en un museo de la corrupción en 2014. (Reuters)
La residencia principal de Yanukóvich, que se convirtió en un museo de la corrupción en 2014. (Reuters)

El autor traza en la obra un mapa histórico, geográfico y financiero —de Ucrania a Guinea Ecuatorial, de la isla Nieves a Reino Unido o Rusia— de esos fondos que no entienden de fronteras, que permanecen escondidos de sus obligaciones fiscales en paraísos fiscales y cuyos verdaderos propietarios se ocultan tras varias capas de empresas pantalla para no poder ser rastreados.

A su alrededor, florece todo un “negocio de los secretos” encargado de poner a buen recaudo ese dinero —en la mayoría de ocasiones, procedente de fondos públicos de países en vías desarrollo—, que abandona su lugar de origen y se abre paso entre las brechas de las jurisdicciones de todo el mundo. Gracias a las posibilidades que le ofrece la globalización, ese dinero se vuelve cada vez más difícil de encontrar y aún más complicado de recuperar.

Para demostrar los frutos de estos movimientos de capital en la sombra, Bullough propone organizar —él ya lo ha hecho en Londres— un “tour de la cleptocracia”, en el que la población pueda conocer esas casas, mansiones y propiedades poseídas por sociedades pantalla que sirven para ocultar riquezas robadas de países africanos, de Latinoamérica o de las antiguas repúblicas de la URSS. Unas transferencias de dinero que tiene sus repercusiones en el mercado inmobiliario y, en última instancia, en la recaudación fiscal del Estado encargado de suministrar servicios públicos.

“La idea es entender por qué es tan caro comprar una casa, por qué es todo tan caro en Londres. Muchos de estos cleptócratas dejan la casa vacía, por lo que ya no es una casa, es una cuenta bancaria. Ese es el primer problema. El otro es preguntarse: ¿queremos este dinero? Cuando vendemos estas casas a esas personas, ¿qué es lo que realmente estamos vendiendo? Porque ese dinero está manchado de sangre, no es 'dinero agradable' (...). Es dinero que ha sido robado a gente que lo necesita desesperadamente. El dinero ha sido robado de escuelas, hospitales... Y como resultado de esto, la gente no puede acceder a una buena educación o a sanidad pública. Es dinero que tendría que haber sido utilizado para algo bueno, no para comprar casas”, denuncia Bullough.

De hecho, Bullough insiste en que esta fuga de capitales tiene sus consecuencias: en esta radiografía sobre el dinero oculto, Bullough pone el foco en la progresiva pérdida de poder adquisitivo de la clase media —profesores, enfermeras— y advierte: “Siempre los más vulnerables son los que pagan el precio de todo esto. Y va a ir a peor”.

“Si eres rico, entiendes el mundo diferente”

Como corresponsal de la agencia Reuters durante cinco años y durante sus años como 'freelance' cubriendo varios conflictos en la zona, Bullough se inspiró en Ucrania y en las ex repúblicas soviéticas para empezar este libro, pero la investigación exhaustiva del autor arroja datos sobre muchos otros lugares del mundo en los que la corrupción generalizada y la fuga de capitales han sido la norma, mientras otros muchos países viven a expensas de ese negocio de los secretos, como Suiza o la isla de Jersey.

"Si eres superrico, vives globalmente y no en un solo país. Así que, esencialmente, nosotros vivimos en esas naciones organizadas con fronteras, pero si eres rico, entiendes el mundo de una manera diferente y vives en Moneyland, que está por encima y por todas partes", afirma durante la entrevista. “Moneyland está disponible para cualquier persona, no importa quién seas, de dónde vengas, qué lengua hables: si eres rico, eres bienvenido. Pero el resto de personas ni siquiera sabemos que existe", añade.

No todo es como James Bond

¿Qué hay detrás del impulso de robar dinero público o esconder tu capital en paraísos fiscales? Bullough admite que, a pesar de todo, esta infraestructura creada para escapar del control estatal no es como una película de James Bond y “no hay una habitación llena de gente con gatos blancos y sillas de cuero negro” que pretendan hacer el mal. Simplemente, añade, es “gente normal que tiene una oportunidad”. Y lo que hay que hacer para combatirla es “encontrar una manera de conseguir que [esas personas] tengan una oportunidad más pequeña y las consecuencias sean más serias”.

A Bullough le preocupa que la cantidad de dinero oculto —el Fondo Monetario Internacional (FMI) estima que entre dos y cinco céntimos de cada dólar que se gana en el mundo son ilegales, lo que podría llegar a sumar 2,6 billones de dólares anuales— siga creciendo año tras año, lo que hace urgente desmantelar las estructuras de paraísos fiscales que facilitan ocultar dinero y evitar así el escrutinio de los gobiernos democráticos.

Subasta de una colección de coches de lujo del vicepresidente de Guinea Ecuatorial. (EFE)
Subasta de una colección de coches de lujo del vicepresidente de Guinea Ecuatorial. (EFE)

Para eso, defiende que hay que aplicar transparencia, reforzar las leyes que ya tenemos y fomentar la cooperación entre los países, ya que es “increíblemente difícil obtener pruebas de otros lugares” y los fiscales se quejan de las trabas a las que tienen que enfrentarse para obtener información de otras jurisdicciones.

“Es un sistema demente en el que es extremadamente fácil mover dinero entre países y muy difícil controlarlo”, afirma. En su opinión, la creación de una especie de "FBI europeo" cambiaría las reglas del juego y sería un instrumento “verdaderamente poderoso” para combatir este tipo de crímenes.

Moneyland vs. ‘todo-lo-demás-land’

Según Bullough, en Moneyland los “ciudadanos son nómadas” y existe un riesgo real de que en los países occidentales, donde hasta ahora las grandes fortunas venían a gastar su dinero, se comience a generar también esta desigualdad entre gente normal y el pequeño grupo de habitantes de Moneyland, que disfrutarán siempre "de una vida maravillosa". El Brexit, con el que Reino Unido abandonaría los controles de la Unión Europeo, por ejemplo, no va a ayudar nada a controlar los capitales ocultos que llegan a la City, ya que "cualquier cosa que detenga el trabajo conjunto de los países es malo".

“La cantidad de dinero en Moneyland está siempre en aumento. Esta gente comprará más, y cuanto más tengan, más influencia tendrán, y cuanto más tengan, más controlarán nuestros países. El camino que estamos siguiendo sigue una dirección donde Moneyland no será solo una metáfora que yo me inventé, sino un verdadero país. Podríamos terminar teniendo dos países, uno que sería Moneyland, y otro que sería ‘todo-lo-demás-land’: en uno está el dinero y en el otro, la gente normal”, argumenta.

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