UNA PERSPECTIVA DIFERENTE

Por qué todo el mundo era rico en los países comunistas

Año tras año, diversos organismos internacionales advierten sobre la creciente desigualdad en los países desarrollados. ¿Pero es realmente así o un error de cálculo?

Foto: Estatua de Lenin en la plaza de Moscú, en San Petersburgo. (iStock)
Estatua de Lenin en la plaza de Moscú, en San Petersburgo. (iStock)

La desigualdad económica es una de las mayores preocupaciones actuales en cualquier foro internacional o nacional. Después de la aguda crisis financiera e inmobiliaria que comenzó en 2008, la clase media de los países del bloque occidental capitalista está asistiendo a una evidente pérdida de poder adquisitivo; y a menos ingresos, menos consumo, lo que ralentiza la marcha de la economía. Ya lo avisaba la OCDE en su informe emitido en abril de este año y con un claro mensaje apocalíptico: a lo largo de los últimos 30 años, el aumento de los ingresos por parte de estas clases medias fue un 33% menor que del 10% más rico.

Otros organismos como Oxfam Intermón hacen una lectura aún más pesimista de la situación: 62 personas en el mundo tienen tanta riqueza como 3.600 millones, y avisan, “gran parte de este problema es causado por los inmensos recursos que se fugan hacia paraísos fiscales”. Pero no tan alarmante como un estudio de 2010 realizado por Edward N. Wolff, profesor de Economía en la Universidad de Nueva York, el cual fijó que el 30% de la población estadounidense poseía cero activos netos, situándolo en un catastrófico valor de desigualdad de 87 en la escala Gini (teniendo en cuenta que el 0 es el máximo estado de igualdad y que la última medición del Banco Mundial en 2017 situaba como uno de los países con mayor desigualdad a Sudáfrica, con un 63).

¿Cabría la posibilidad de avanzar hacia un mundo en el que por fin regrese la clase media con más fuerza que nunca y poner fin a la desigualdad?

Dentro del mundo de la macroeconomía, todos estos datos se toman como fiel reflejo de una realidad social muy preocupante en la cual el sistema financiero y monetario continúa generando profundas diferencias de clase entre las poblaciones. ¿Pero qué hay detrás de ellos? ¿Realmente ese 1% mundial tiene tanta riqueza como el resto? Esto es lo que se pregunta Branko Milanovic, un economista de prestigio mundial del Banco Mundial y autor de 'Global Inequality', un blog de divulgación económica en el que sigue de cerca estas teorías apocalípticas sobre el fin de la clase media, el aumento de la pobreza en el mundo y la imparable adquisición de riqueza por parte de un grupo muy reducido de individuos. En un artículo titulado '¿Todo el mundo es rico en un sistema socialista?', el autor se pregunta acerca del verdadero significado de los términos de riqueza, consumo y valor.

De esta forma, critica duramente el informe de Wolff, del cual asegura que “ese 30% que no tienen ningún tipo de activo, y aunque sus ingresos sean nulos, no pueden considerarse pobres, ya que muchos de ellos pueden llevar una vida relativamente cómoda, incluso si tienen deudas o viven en casas que son propiedad del banco al cien por cien”.

Esta visión de Milanovic sobre los medidores de riqueza se basa en que la mayoría solo tienen en cuenta los activos comercializables, es decir, los bienes de consumo duraderos, viviendas, acciones, bonos, depósitos de ahorro, derechos de patente… todo lo que se puede vender en ese momento; pero “no incluyen la demanda de una seguridad social fuerte, pensiones, seguros médicos o ayudas para el desempleo”. Por ello, argumenta que “nadie en Estados Unidos tiene cero volumen de activos, ya que no se incluyen las ayudas en el seguro médico o la seguridad y asistencia social” fruto de ese Estado de Bienestar que, en este caso, es mucho más fuerte en el Viejo Continente y, sobre todo, en países como Alemania o Francia.

En definitiva, puede que las clases altas tengan mucho más poder económico a título individual, pero en realidad, el restante dividido entre clase media-alta y clase media-pobre aglutina mucho más valor económico (que en este caso no llega a reflejarse en los grandes informes) en base al sistema de ayuda social que sus estados han desarrollado como promesa cumplida (en mayor o menor medida dependiendo de cada país) del neoliberalismo keynesiano por el cual hay unos servicios mínimos garantizados gracias a la recaudación de impuestos.

¿Poner fin a la desigualdad?

Milanovic va aún más allá y extrapola estos medidores de la riqueza nacional y global a un posible estado cien por cien socialista. En primer lugar, uno de los instrumentos de medida más importantes es sin duda el de la vivienda. En un gobierno comunista este derecho de alguna ¡quedaría garantizado en base a una renta muy baja, pero a cambio no tendrían la titularidad de su propiedad ni tampoco podían hacer negocio con él. Tampoco habría instrumentos financieros de ningún tipo, ya que no existiría un mercado de valores ni acciones, lo que acabaría con la especulación financiera, propia del libre mercado. “En algunos países comunistas había bonos estatales, pero más que una inversión era un préstamo obligatorio por parte del estado”, asegura. “En cualquier caso, estos bonos eran mínimos”.

Elige: o todo el mundo era prácticamente millonario en el sistema socialista o el 30% de los estadounidenses son pobres

En tercer lugar, el único activo existente sería el ahorro en moneda nacional o extranjera (ilegal en muchos países). “En realidad, este fue el único activo financiero”, asevera el experto. “La mayor parte de la riqueza financiera residía en el campo. En países como Polonia o Yugoslavia la tierra era principalmente privada. Además, los residentes urbanos eran dueños de sus propias casas de fin de semana (las famosas 'dachas' rusas), de propiedad privada y comercializables. Además, había propietarios de pequeños restaurantes, bares, talleres de reparación…. Por lo tanto, si se aplicara el mismo enfoque a la hora de medir la riqueza comercializable en los países comunistas, el 80% de la población (o incluso el 90% en las repúblicas soviéticas), la riqueza neta era cero o totalmente insignificante, y el 20% restante (o el 10%) tenía un poder adquisitivo mínimo. Obviamente, esto no significa que el 80 o 90% de las personas estuvieran en el umbral de la pobreza: en realidad, la mayoría de ellos tendrían vidas urbanas 'normales', de clase media. Lo único, es que no tenían riqueza privada”.

Paisaje de Río de Janeiro, una de las ciudades con mayor desigualdad del mundo. (iStock)
Paisaje de Río de Janeiro, una de las ciudades con mayor desigualdad del mundo. (iStock)

Las preguntas que nos hacemos aquí son varias y no tienen fácil respuesta. ¿Qué es y cómo se mide el valor económico 'real' de una nación? ¿Cabría la posibilidad de avanzar hacia un mundo en el que por fin regrese la clase media con más fuerza que nunca (como el elemento de cohesión social que en su día fue) y poner fin a esa lucha de clases propiamente neoliberal (que según muchos expertos se traduce en el auge de las corrientes políticas populistas, entre muchas consecuencias) en la cual vivimos y que, tal y como reconocen año tras año los organismos internacionales, extiende más la brecha entre ricos y pobres? En definitiva, ¿podríamos poner fin al problema de la desigualdad con solo incluir y capitalizar el valor de la riqueza social de un estado en los medidores de riqueza privada?

“Lo primero, habría pensiones garantizadas para todos”, argumenta Milanovic. “Vamos a capitalizar esto. Entonces, habría trabajos igualmente garantizados para todos. Vamos a capitalizar este ingreso también. De este modo, quedarían garantizados otros servicios sociales como prestaciones de maternidad y paternidad, pensiones de invalidez y, por supuesto, una atención médica gratuita. Y aunque los salarios y las pensiones sean muy pequeños en relación al dólar, su capitalización produciría un cómputo total bastante grande”.

“Por ello, aquellos que argumentan que los datos de riqueza de Estados Unidos deberían incluir el valor capitalizado de los activos no comercializables, pero garantizados, llegan al acuerdo de que todos en el socialismo eran casi millonarios, y que quizás dos tercios de la población de Yugoslavia, Hungría o Polonia tuvieran muchos mejores activos privados que en los Estados Unidos”, aclara Milanovic. “¿Esto tiene sentido? Si no lo tiene, vuelve a los cálculos habituales en los que solo cuenta la riqueza comercializable, en los que se afirma que el 30% de la población estadounidense tiene cero volumen de riqueza. Es fácil. Elige: o todo el mundo era prácticamente millonario en el sistema socialista o el 30% de los estadounidenses son pobres".

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