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Mucha proteína y de calidad: el método con el que adelgazó 83 kilos

Pasó toda su infancia y primera juventud profundamente acomplejado por su peso y su condición sexual, pero en cuanto se graduó, Patrick Slick decidió cambiar

Foto: Patrick antes y después.
Patrick antes y después.

"¿Que si recuerdo la primera vez qe alguien hizo un comentario sobre mi peso? Por supuesto", indica Patrick Slick. "Son cosas que nunca se olvidan, fue en segundo de primaria y la cosa no hizo más que empeorar con el paso de los años... ya sabes, ser gordo y gay no está muy bien visto. Mi tamaño y mi sexualidad me acomplejaron en la escuela secundaria, no practicaba deporte con los demás chicos, simplemente me quedaba en casa viendo la tele".

Las cosas no hicieron más que empeorar en la universidad, donde la comida y especialmente la bebida empeoraron su físico. Terminó la carrera con 154 kilos. "Pensaba que jamás lograría bajar de peso, pero lo cierto es que en cuanto me gradué decidí cambiar mi mentalidad y, por tanto, también mi forma de vida. Ya no era un niño, trabajaba, era un adulto y no me estaba cuidando. Me sentía siempre ansioso y deprimido y eso me llevaba a seguir comiendo".

Mi tamaño siempre me acomplejó, por lo que decidí cortar todos los problemas de raíz

Slick decidió coger el timón y comenzar a controlar su cuerpo. Antes de nada, decidió compartir su sexualidad con amigos y familiares y salió del armario. Tras quitarse ese peso de encima comenzó a cambiar su dieta. "No puedo decir que fuera fácil, pero mereció la pena. Tuve que eliminar la comida rápida y también salir de restaurantes, que era algo que me apasionaba. Aprendí a cocinar y nació mi amor por preparar platos. Así cambió mi vida. Me suscribí a revistas de cocina, sacaba libros de la biblioteca... y comencé a cocinar comidas con muchas proteínas y de calidad" cuenta en la revista masculina 'Men's Health'. "Es la razón principal por la que bajé de peso y no lo recuperé".

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En un principio siguió las dietas clásicas: pollo, arroz o brócoli, pero como su amor por la cocina seguía creciendo decidió probar otras recetas. "Aprendí a hacer muchas combinaciones saludables, espárragos, coles de bruselas, judías verdes, salmón... y lo mejor fue que tampoco tuve que restringirme por completo cosas que me apasionaban como la cerveza, solo que se convirtió en la excepción y no en la norma".

Por otro lado, como sucede en esta clase de ocasiones, sabía que tenía que combinar la dieta con el ejercicio. "Sabía que quería correr", cuenta. Admiraba a los corredores, la forma en la que se encuentran y su resistencia, además le parecía una actividad que se puede hacer en cualquier lugar. Primero se dedicaba a andar en la cinta del gimnasio y a hacer caminatas, pero conforme fue bajando de peso se sintió más ligero y comenzó a correr. "Ahora, si no lo hago, siento que me falta algo muy importante. Hace que me sienta libre y sano". Aunque después de una lesión en la rodilla también decidió contratar a un entrenador personal y comenzó con los ejercicios de fuerza. Ahora combina ambos.

Se confiesa: "Incluso cuando había perdido 22 kilos me seguía mirando al espejo y viéndome gordo. Tuve que aprender a quererme y es algo muy complicado, un proceso, porque yo siempre me había enfrentado a mi cuerpo y lo veía como un enemigo, no como un aliado. Jamás me había visto ni remotamente atractivo, pero comencé a sentirme menos tímido cuando comencé a comprar ropa que me servía y no tenía que esconder". Asegura que una de las partes más difíciles del proceso ha sido renunciar a muchas citas sociales porque tiene que controlar su alimentación. "Pero a cambio estoy cómodo con mi cuerpo, confío en mí mismo, tengo energía de sobra y me respeto, y eso es lo más importante", concluye.

Alma, Corazón, Vida

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