ENCUENTRO CON JEAN-GABRIEL CAUSSE

El hombre que decide el color de las cosas: "Todo es blanco y negro y eso nos deprime"

Tras convertirse en uo de los primeros diseñadores de colores del mundo, el francés acaba de publicar su primera novela, 'El día que amaneció sin colores'

Foto: Foto: Alan Combellack.
Foto: Alan Combellack.

Es muy probable que si Jean-Gabriel Causse (Rodez, 1969) no hubiese llevado puesta una camiseta blanca el día que una copa de vino de Burdeos se le derramó encima, aún sería otro publicista francés más. Fue en ese momento cuando, en busca de un concepto rompedor, se dio cuenta de que el color podía tener un impacto mayor en los consumidores que un eslogan o una tipografía. “Me di cuenta de que para alguien a quien le gusta el vino, una camiseta de color burdeos puede ser interesante, pero si encima añado que se trata del color del Château Petrus del 98, lo encontrarán fantástico”, explica.

Causse lanzó entonces la primera agencia de asesoramiento en materia de color, y desde entonces, se ha convertido en uno de sus grandes expertos a nivel global, donde ha asesorado a toda clase de empresas durante las últimas décadas. El ruteno se encuentra en Barcelona para presentar su primera novela, 'El día que amaneció sin colores' (Grijalbo), en la que se pregunta qué ocurriría si el mundo perdiese toda tonalidad exceptuando el blanco y negro. Por fortuna, Causse ve hoy la capital catalana de color azul, pero tiene un poco de trampa. No se debe al cielo despejado de este jueves, sino a que suele llegar a la costa por el mar en su barco velero.

Nunca ha habido tanta tanta gente deprimida. Las paredes de las casa son blancas y los coches son blancos, grises o negros

“Los colores nos afectan más de lo que podemos imaginar”, desvela. “Lo sabemos desde hace tiempo, cuando los estudios de la neurociencia nos han mostrado que cada color influye de forma muy diferente en nuestro cerebro”. Sin que lo sepamos, pueden cambiar nuestro estado de ánimo, deprimirnos, ponernos nerviosos o furiosos, tranquilizarnos, aumentar nuestro deseo sexual o empujarnos a apostar más o a comprar lo que no necesitamos. De lo que podemos estar seguro es de que la ausencia de color nos deprime, y es algo cada vez más común en nuestro entorno.

“En Occidente nunca ha habido tanta tanta gente deprimida, que tiene que tomar antidepresivos”, desarrolla. “Las paredes de las casas son blancas y los coches son blancos, grises o negros”. En los años 50, recuerda, tres de cada cuatro coches eran rojos, verdes o azules. Hoy, son de tonalidades grises, blancas o negras. Ha ocurrido lo mismo con la ropa. Mientras que era muy colorida en los años 70, hoy en día, a pesar de que nunca hemos tenido tantas alternativas –ni tanta evidencia de que los colores nos favorecen–, nos solemos decantar por esas tonalidades. ¿Por qué?

En opinión del francés, es parte de la estrategia de las marcas, que por una parte llaman la atención con el color pero terminan vendiendo otra cosa: “Hay dos fenómenos que se oponen; por una parte, tenemos marcas en el sector textil o del automóvil que nos proponen muchos colores en sus escaparates, pero también vemos a los grandes popes de la moda ir vestidos de negros, y nosotros compramos eso”, explica. “Nos atraen con los colores, pero nos venden el blanco y el negro; quiero luchar contra esa tendencia, porque creo que no es bueno para nosotros”. La ausencia de color no es natural: la naturaleza exhibe toda la paleta continuamente.

El gris no solo es el color predominante en los retratos de la Alemania nazi o la Rusia soviética, sino también el empleado en las distopías futuristas para representar el totalitarismo. Pero Causse no cree que sea un signo de que vivimos en una sociedad menos libre. “No creo que sea por eso, se trata más bien de una cuestión de facilidad, cuantos menos colores tenemos, más fácil es elegir la ropa”, argumenta. “Si miras en todo el planeta, tres cuartas partes viven en el color: todo el continente africano, Sudamérica y gran parte de Asia, como India, Tailandia, Vietnam o la China profunda, regiones donde desgraciadamente no hay menos dictaduras”.

Desde nuestros ojos hasta el bolsillo

En la novela, la desaparición de los colores provoca un descenso brutal del consumo. Si hay un campo en el que estos sean clave, ese es en el del mercado. Causse explica: “Hay códigos marcados que se crean para orientarnos y elegir más fácilmente, por ejemplo, los envases de la leche tienen un color diferente si tienen nata o no” El color concreto de la lata de Coca-Cola es lo que permite identificar dicho producto en menos de un segundo, como ocurrió en un estudio realizado en supermercados. El color, ante todo, “refuerza el mensaje que nos quieren mandar”. Por ejemplo, se utiliza azul o verde para los caramelos de menta, pero nunca naranja.

Se ha enfrentado a encargos llamativos, como la decoración de las celdas acolchadas de un psiquiátrico. Se decantó por el color rosa

¿Qué consejos suele darle a las empresas a las que asesora en su elección de colores? Hay dos principios básicos: cuanta mayor sea su popularidad, más vivos deben resultar los colores. Con una salvedad, que cuanto más elevada sea la gama, menor debe ser la saturación. Por supuesto, hay que tener en cuenta las particularidades culturales de cada región, pues hay zonas con colores proscritos. Otra buena idea es rastrear el mercado para conocer qué colores se utilizan. Es lo que ocurrió con Facebook, cuyo color azul se debe al daltonismo de Zuckerberg: de ahí que también lo sean otras redes sociales como Twitter o LinkedIn. “Los que quieran diferenciarse tienen que cambiar ese color, que es lo que hizo Pinterest con el rojo o Snapchat con el verde, pero es complicado porque en nuestra mente el azul es el color de las redes sociales”.

Su trabajo le ha proporcionado encargos extraños. Por ejemplo, el diseño de las celdas acolchadas de un psiquiátrico, para lo que se decantó por el color rosa, inspirado en el experimento con las celdas de es color en Suiza. “Es un color que apacigua, calma y tranquiliza a los reclusos”, señala el francés. “Los médicos me dijeron que era increíble cómo se calmaban, así que lo imitamos en el psiquiátrico”. Algo sorprendente, dado que el rosa es percibido por los conos de nuestros ojos como el rojo, el color de la intensidad y la fuerza, y sin embargo activa en nuestro cerebro las mismas zonas que las imágenes de felicidad. “Lo de ver la vida en rosa es una realidad demostrada por la ciencia”, añade.

El rojo, el color de Coca-Cola, McDonald's, Nestlé y Lego, es el que más llama nuestra atención. De ahí que Causse nos sugiere que, si queremos llamar la atención al lector para que lea esta entrevista, recurramos a él: “Es el más fuerte de todos”. Sin embargo, si lo queremos es resultar creíbles, deberemos decantarnos por el verde de Starbucks, Android, Movistar o Heineken. “El verde proporciona confianza”, explica. “Es el color del equilibrio”. Y vuelve a recurrir a otra investigación, esta vez en un casino, para explicarlo. Cuando se utilizaba un tapete rojo, los jugadores apostaban más fuerte, pero abandonaban enseguida porque se ponían nerviosos; cuando era azul, jugaban más lentamente, pero se aburrían; y cuando era verde, seguían jugando porque tenían una mayor confianza en sí mismos.

Es algo que también ocurre con la comida: si quieres adelgazar, quizá debas decantarte por los platos de tonos mortecinos. “Todos los cocineros de la alta cocina trabajan el aspecto estético de sus platos, porque algo bonito atraerá nuestra atención y así prestaremos más atención al sabor”, explica. Los ojos son casi más importantes que las papilas gustativas para apreciar un alimento, añade. “Se hizo un experimento en el que se invirtió a través de colorantes el color de los yogures de piña y fresa; cuando los consumidores probaron los rosa, ninguno lo identificó como piña sino como fresa, y viceversa. Eso significa que para apreciar un alimento, el sentido de la vista es muy importante”. A él mismo le ocurrió en un restaurante totalmente a oscuras: el publicista pidió un menú sorpresa y confundió el pescado con el pollo, confiesa entre risas.

El futuro es naranja

Causse es también miembro del Comité francés del color, que cada año se reúne con sus colegas internacionales de Intercolor para intentar adivinar qué colores serán tendencia durante los próximos años. “Le damos la información al cliente, y así se crean las modas, si apostamos por un color hay muchas probabilidades que en uno o dos años se vea por todas partes. ¿Cuál ha sido el último ganador? El naranja, que parece estar por todas partes. ¿El color de Ciudadanos o el Movimiento Demócrata de François Bayrou? El francés recuerda que el comité no se mete en política, así que se sale por la tangente para explicar por qué Lenin se equivocó de cabo a rabo al elegir el rojo como el color del Partido Comunista.

En las redes sociales mostramos los aspectos positivos de nuestra vida, y por eso mostrar color es mostrar felicidad

“La nobleza tenía escudos o blasones con sus propios colores, igual que ocurre ahora con los partidos políticos”, relata. “Lenin se equivocó, porque en Francia, el rojo era el color del rey. Cuando el pueblo se rebelaba, se izaba la bandera roja para llamar a los soldados en defensa del monarca. El 14 de julio de 1789 se izó la bandera roja en la Bastilla, así que cuando los revolucionarios la tomaron, robaron la bandera del rey y se pasearon por todo París con ella para mostrar lo que podían hacer. Se pintaron cuadros con esta escena, Lenin los vio y pensó que era la bandera revolucionaria, cuando en realidad era la antirrevolucionaria. Y así es como el rojo se convirtió en el color de los comunistas”.

Es posible que haya buenas noticias en el futuro inmediato para Causse y su lucha por recuperar un mundo de colores: Instagram y otras redes sociales donde prima la imagen han recuperado el colorismo perdido durante las últimas décadas. “Sí, me encanta, me parece fantástico”, reconoce. “Si observas lo que solemos compartir en las redes sociales, suele ser lo que nos hace feliz. Mostramos los aspectos positivos de nuestra vida, y mostrar color es mostrar felicidad”. Como los protagonistas de su novela, el francés se encuentra en plena batalla para acabar con el deprimente mundo de blanco y negro en el que vivimos inmersos.

Alma, Corazón, Vida

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