TABÚ Y CASTIGO

Sexo en la Alemania nazi: cuando el placer se convirtió en un arma ideológica

¿Qué ocurrió realmente en los dormitorios germanos entre 1933, cuando Hitler ascendió al poder, y 1945? Intentamos desentrañar la ambivalencia de la sexualidad del Tercer Reich

Foto: La Liga de Muchachas y las Juventudes Hitlerianas, unidas por la misma causa. (Archivo Bild)
La Liga de Muchachas y las Juventudes Hitlerianas, unidas por la misma causa. (Archivo Bild)

Durante los años setenta, casi tres décadas después del final de la Segunda Guerra Mundial, en las carteleras de los cines occidentales comenzaron a brotar como setas películas de 'nazi exploitation' como la canónica 'Ilsa, la loba de las SS'. Tanto aquella película como ciertas novelitas de quiosco o la polémica ficción Stalag, comenzaron a conformar cierta estética 'nazi chic', esa visión pop y sensacionalista de uno de los episodios más oscuros del siglo XX. Una tendencia que sustituía la tragedia por un fetichismo paródico en el cual la vida sexual bajo el nazismo parecía caracterizada por la promiscuidad sadomasoquista de mujeres vestidas de cuero.

La realidad, obviamente, era muy diferente, y bastante compleja. El sexo durante el nazismo puede entenderse en parte como una de las manifestaciones más claras del poder tentacular de dicho régimen, cuya obsesión por disparar la natalidad de sus ciudadanos “puros” tras la caída de los años de la República de Weimar le condujo a una planificación familiar en la cual se favorecían los matrimonios e incluso las relaciones extramatrimoniales siempre y cuando trajesen niños al mundo. Por otra parte, se perseguían las manifestaciones “degeneradas” de la sexualidad, como el sexo entre hombres o el interracial. En el centro de ese movimiento se encontraba la Sociedad Lebensborn, la organización creada por Heinrich Himmler para expandir la raza aria y que terminó convertida en “criadero de arios”.

Es posible que bajo el discurso explícito de rectitud, las autoridades favoreciesen la búsqueda de placer, “relacionado con el apoyo popular”

Como explica Nicole Loroff de la Universidad de Alberta en un artículo sobre el tema, “para asegurar la perseverancia de la raza alemana/aria, los nazis abrazaron valores sexuales conservadores, que enfatizaban la heterosexualidad y la castidad”. Durante los años de la República de Weimar, la tasa de nacimientos había descendido desde los 36 por cada 1.000 habitantes hasta los 14,7. Propagandísticamente, las autoridades nazis apuntaron al “extravagante modo de vida de los alemanes” como el principal causante de esta caída, que llevó a una actuación mucho más sensible en las “degeneradas” ciudades. Durante el nazismo, “las actividades privadas obtuvieron relevancia pública”.

Entre las sábanas

Es difícil desentrañar con detalle las costumbres alemanas después de 1933 y diferenciar entre discurso y práctica, como recuerda en un interesante trabajo publicado en el 'Journal of the History of Sexuality' Elizabeth D. Heineman, de la Universidad de Iowa. Según la autora, “podemos decir que la mayor parte de la actividad sexual en el Tercer Reich se producía entre parejas que eran aceptables para el régimen y cuya motivación era el deseo de obtener placer, no tener hijos”. Como sugiere la autora, es posible que bajo la apariencia de rectitud sexual promovida explícitamente, las autoridades favoreciesen implícitamente la búsqueda del disfrute, “al sentir una conexión entre el placer sexual y el apoyo popular”.

Foto: Creative Commons.
Foto: Creative Commons.

Es una de las preguntas (con difícil respuesta) que se hace a lo largo de su trabajo. Como recuerda citando a la historiadora Atina Grossmann, durante la República de Weimar los reformistas solían relacionar “el placer sexual con la salud reproductiva”: “Los amantes de la clase trabajadora se encontraban furtivamente en pisos prestados, mientras que los amantes burgueses conducían sus encuentros con comodidad y privacidad”. La diferencia entre unos y otros, no obstante, es que las mujeres trabajadoras no podían acceder a anticonceptivos ni tenían la posibilidad de abortar. La autora se pregunta si los eugenistas nazis “no terminaron encontrando un 'derecho al placer para los arios'”.

Es posible, por lo tanto, que bajo esa apariencia de conservadurismo sexual hubiese una llamativa conexión entre el placer en las relaciones sexuales y el servicio al régimen nazi. En otras palabras, si uno se lo pasaba bien en la cama –y gracias a eso, de paso, tenían algún hijo que otro– estaban cumpliendo los objetivos del plan de natalidad de Hitler. “En lo referente al acto sexual, los nazis creían que debían abordarlo con el propósito de acercarse a los objetivos nacionales antes que perseguir su propio placer”, explica Loroff, que no obstante, más adelante matiza lo siguiente: “Reforzando la idea de que el sexo era un servicio público, los individuos reconocían así que la satisfacción sexual era parte de su deber patriótico de apoyo a los nazis. Por lo tanto, el sexo se consideraba una recompensa que el régimen repartía entre sus partidarios”.

Aunque esta directiva fue calificada 'top secret', la población estaba al tanto de lo que pasaba entre la BDM y las Juventudes Hitlerianas

No era la única aparente contradicción. Como recuerda Loroff, de forma indirecta el régimen fomentaba el sexo premarital y extramarital, eso sí, de forma 'secreta'. La Liga de Muchachas Alemanas (BDM), la rama femenina de las Juventudes Hitlerianas que contaba entre sus filas con adolescentes de entre 10 y 18 años, recibió la orden de llevar a cabo relaciones antes del matrimonio. “Aunque esta directiva fue originalmente calificada como 'top secret', para 1935 la población estaba al tanto de lo que pasaba en los encuentros entre la BDM y las Juventudes Hitlerianas”, matiza la autora. De ahí que en la última parte de los años 30, de mano con el aumento del número de adolescentes embarazadas, se comenzase a elogiar el rol de las madres solteras como pilares de la nueva sociedad nacionalsocialista.

Pero ¿qué clase de sexo estaba permitido? Desde luego, uno que no se desviase de los estándares del régimen, y que heredaba de la moral burguesa decimonónica un doble estándar para hombres y para mujeres: para ellas, el sexo fuera del matrimonio era una marca de su asociabilidad y de su “estupidez”, y como ya había ocurrido en Weimar, promiscuas y prostitutas eran perseguidas. A menudo, estas terminaban en instituciones mentales o incluso “eutanasiadas”, como mostró el historiador británico Michael Burleigh. Había una “horrible” lógica, como recuerda Heineman, en “ese camino desde el control social hasta la esterilización, la eutanasia, y el genocidio”. Un peligro especial eran las “esposas adúlteras de militares” y, por supuesto, los practicantes de sexo interracial, fuesen hombres o mujeres.

La persecución de los homosexuales

A finales de los años 40, el filósofo Eugen Relgis publicó 'Las aberraciones sexuales en la Alemania nazi', que mostraba la peculiar relación de la Alemania nazi con la homosexualidad. En él recordaba que a principios de los años 30 se pensaba que en Alemania había dos millones de homosexuales. Es un texto que resume bien la persecución sistemática a los homosexuales, marcados con un triángulo rosa en los campos de concentración y que se reflejaba en el artículo 175 del código penal alemán… que siguió vigente hasta 1994 (aunque desde 1973 solo eran sancionables los actos homosexuales con menores).

Ernst Röhm nunca ocultó su homosexualidad. (Archivos Federales de Alemania)
Ernst Röhm nunca ocultó su homosexualidad. (Archivos Federales de Alemania)

Como recuerda Heineman, las redadas contra las organizaciones gais eran habituales durante los años del nazismo, especialmente en las grandes ciudades. Paradójicamente, no obstante, los enemigos del nazismo –socialistas y comunistas– llamaron la atención sobre el hecho de que el partido contaba con homosexuales entre sus filas. Era el caso de Ernst Röhm, fundador de la sección de asalto (Sturmabteilung) nazi, que nunca ocultó su homosexualidad, lo que le llevaría a enfrentarse con Himmler, Göring, Heydrich y otros popes del partido: fue acusado de traición, detenido por orden de Hitler durante la noche de los cuchillos largos y asesinado en su celda.

No obstante, la historiadora estadounidense recuerda que el ataque a los homosexuales no puede compararse con la persecución a los judíos: al contrario que con estos, que debían ser aniquilados por completo, los gais debían ser eliminados en Alemania para preservar la pureza de la raza. Además, el régimen nazi mostró una mayor permisividad hacia la homosexualidad femenina, puesto que no representaba una amenaza hacia el ideal masculino. Porque uno de los grandes peligros de las costumbres homosexuales masculinas es que no encajaban con el ideal macho que había aceptado la burguesía europea a lo largo del siglo XIX, uno que unía “fuerza intelectual, virtud moral y belleza física”, mezclada con el culto al cuerpo nazi. Un canon en el que no encajaban los trabajadores, los judíos y los homosexuales.

“Los profesores que lean con cuidado pueden descubrir en la literatura existente que la persecución de las minorías sexuales y los esfuerzos para controlar la reproducción no eran marginales, sino centrales a la teoría y la práctica racial del nacionalsocialismo”, concluye Heineman. Si las costumbres sexuales de una sociedad están relacionadas de manera íntima con su cosmovisión, en pocos casos esto resultó tan claro como en la Alemania nazi, quizá por su carácter excepcional en la historia del siglo XX. El sexo se convirtió tanto en un motivo de persecución como en un sutil arma propagandística para el 'reich', que sutilmente, aceptaba que los jóvenes arios disfrutasen del sexo si a cambio producían pequeños niños de raza superior.

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