LAS TEORÍAS SOBRE LA LECHE SON CONTRADICTORIAS

Estuve 3 semanas sin consumir lácteos, y esto es lo que me pasó

Han hecho un experimento para comprobar qué ocurre en el cuerpo de una persona que decide de pronto eliminar los lácteos de su vida

Foto: Estos productos están relacionados con multitud de enfermedades. (iStock)
Estos productos están relacionados con multitud de enfermedades. (iStock)

La idoneidad de los lácteos en la dieta diaría está siendo cuestionado en los últimos años. A la cantidad importante de intolerantes a la lactosa que hay últimamente, se han sumado las teorías que aseguran que este azúcar natural o disacárido presente en los productos lácteos impide adelgazar. La discusión ha impulsado numerosos artículos científicos y periodísticos. Hoy os hablaremos del segundo tipo.

En 'Men's Health' han hecho un experimento para comprobar qué ocurre en el cuerpo de una persona que decide de pronto eliminar los lácteos de su vida. El conejillo de indias ha sido Rebecca Straus, quien narra en primera persona cómo fue el proceso. "El helado es una de mis pasiones, seguido del queso y de la leche con té de cada mañana. He vivido en una burbuja durante años consumiendo grandes cantidades de lácteos, hasta que empecé a leer informes que aseguraban que este hábito alimenticio podría estar matándome. Si has buceado por Internet seguro que has leído numerosos artículos que relacionan el consumo de estos productos procedentes de las vacas con acné crónico, hinchazón constante, obesidad, artritis, desequilibrios hormonales, párkinson e incluso cáncer", cuenta Rebecca.

Rebecca decició experimentar en su propio cuerpo qué pasaba al dejar de consumir lácteos, ya que las teorías al respecto son infinitas y contradictorias

Ella, como gran parte de la población, siempre pensó que lo hacía bien, pues la habían educado así desde bien pequeña. "No te olvides del vaso de leche, para crecer y los huesos". Entonces, ya adulta y tras las informaciones confusas que circulaban a su alrededor, decidió contactar a un grupo de médicos, nutricionistas y naturópatas para que le dieran su opinión experta. Pero se fue como vino, confusa: "Todo el mundo parece tener opiniones sobre la cantidad de productos lácteos apropiada para comer, si debe ser desnatada, semi o entera, y sobre cómo afecta al cuerpo".

Al no encontrar respuestas claras, Rebecca lo tuvo claro: lo probaría en sus propias carnes: "Después de toda la vida consumiendo lácteos a diario, decidí dejarlos. Me compré mi primer cartón de leche de almendras y me hice la promesa firme de no ir a ninguna heladería hasta acabar mi experimento". Bueno, pues esto es lo que le pasó a la joven:

1) Al principio me sentí muy bien

"En mi primer día libre de lácteos pedí un plato de arroz con verduras y tofu. Me sentí genial. Fue sorprendentemente saciante y sabroso, y me encontré pensando que debía hacer esa comida en casa. Los próximos días almorcé ensaladas. No me costó, y estaba profundamente orgullosa de mí misma". Rebecca empezó con buen pie, desde luego. Pero esta buena vibra pronto tocaría su fin.

2) De pronto me puse muy triste

"Mis sentimientos primeros duraron bastante poco. Cada vez que comía una ensalada o un sándwich, me sorprendía a mí misma pensando 'Jo, esto estaría mucho más bueno con queso'. Pronto me cansé de comer ensalada a diario, y cuencos de arroz. Tampoco innovaba mucho", asegura.

3) Descubrí que tengo cero autocontrol

Ya se sabe, lo prohibido atrae. Y a Rebecca le ocurrió justo eso. Como no podía consumir lácteos, su deseo por ellos se incrementó considerablemente. Tanto que en más de una ocasión no pudo resistirse y cayó en la tentación. "Tengo que admitir que he roto el plan un montón de veces. Pero es difícil. No podía ir a la feria y no comerme una hamburguesa con queso, y un batido. Es un ritual anual, así que no podía dejarlo pasar".

4) Me sentía igual que antes

A pesar de sus repetidas faltas de autodisciplina, comer menos productos lácteos durante tres semanas no le produjo ningún efecto positivo. "En total, estuve 11 días sin consumir ni un lácteo, 5 donde solo comí un producto y otros 5 en los que comí bastantes. Fue una reducción considerable. No percibí ningún cambio: mis niveles de energía seguían intactos, mi peso se mantuvo y no me sentí menos hinchada, incluso los días en los que no comía estos alimentos".

Estuve tres semanas sin probar (casi) ningún producto lácteo, y no noté ningún cambio

5) Me hizo más escéptica con los estudios

Rebecca no sabe a ciencia cierta qué esperaba con el experimento. Quizá sentirse "más delgada o con más energía". Pero nada de eso sucedió: "Cuanto más tiempo estuve con mi semiayuno de productos lácteos, más convencida estaba de que no había ninguna ventaja en ello. No le veía el sentido a privarme de algo que me hacía feliz y sentir bien. No tengo una alergia a la leche, mi peso es saludable y rara vez enfermo".

Entonces, ¿lácteos sí o lácteos no?

Durante años la leche era la bebida con mejor fama del mundo. No se concebía un desayuno sin este producto de origen animal, que aporta a los seres humanos calcio, vitamina D y proteínas. Pero, como hemos dicho, numerosos estudios publicados en la última década han extendido la idea de que la leche no está hecha para los adultos. Estas teorías se basan en la premisa de que el resto de animales no beben leche cuando son adultos. Lógicas o no, estas creencias han reducido de forma notable el consumo de esta bebida. En España, ha sido en concreto de un 15%.

Se ha extendido la idea de que la leche no está hecha para los adultos. Lógica o no, esta creencia ha reducido en un 15% el consumo de leche

Entonces, ¿dejamos los lácteos o no? Se deja al gusto del consumidor. Como en todas las teorías, hay tantos defensores como detractores (como la Escuela de Salud Pública de la Universidad de Harvard, que relaciona lactosa con cáncer).

Si tienes dudas y no quieres privarte de los lácteos, lo más recomendable es que consumas leche baja en grasa, leche cultivada (no más de dos vasos al día) y yogurt. Como señaló un estudio publicado en 'Journal of Nutrition', solo la leche entera estaba relacionada con el cáncer de próstata. Uf, todo un bosque de datos no concluyentes en los que sólo queda una idea clara: por si acaso, no superes los dos vasos de leche al día.

Y, si te lo preguntas, así fue: Rebecca vuelve a comer lácteos como antes. Y justo después de las tres semanas, se tomó un helado de tres bolas que le supo a gloria.

Alma, Corazón, Vida

El redactor recomienda

Escribe un comentario... Respondiendo al comentario #1
10 comentarios
Por FechaMejor Valorados
Mostrar más comentarios