Le culpas de todo, y puede que lleves razón

Ocho increíbles maneras en las que el cambio de tiempo influye en tu salud

¿Realmente afectan las alteraciones climatológicas a nuestro cerebro y comportamiento? ¿Es el tiempo el que está 'muy loco' o somos nosotros? La ciencia responde

Foto: No, no puedes hacer que haga frío o calor mediante telequinesis, amiga. (iStock)
No, no puedes hacer que haga frío o calor mediante telequinesis, amiga. (iStock)

No cabe duda de que en los últimos días lo has escuchado en más de una ocasión. El argumento perfecto para dar explicación a tus repentinos dolores de cabeza; a cualquier tipo de molestia ósea o muscular; la razón por la que de pronto estornudas o te sientes apático; y, por qué no, el motivo de que tengas un sueño atroz cada mañana.

Hay quienes incluso bromean con el tema y culpan al cambio de estación de sus desajustes económicos o de las roturas en sus pantalones. Pero, ¿realmente influyen las alteraciones climatológicas en nuestra salud y comportamiento? ¿Es el tiempo el que está 'muy loco' o somos nosotros? La ciencia responde, y quizás ahora te resulte más interesante prestar atención al parte meteorológico antes de salir de casa.

Un fanático del frío que desconoce los efectos que tiene en su salud... (iStock)
Un fanático del frío que desconoce los efectos que tiene en su salud... (iStock)

Para bien o para mal, siempre afecta al sueño

Si eres de los que sin explicación aparente se siente aletargado, luce unas ojeras insólitas y se va durmiendo por las esquinas, aquí la tienes: el invierno acabó. Según los expertos, las bajas temperaturas pueden ayudarnos a dormir mejor y disfrutar de sueños más agradables.

Mientras que en verano no dejas de sudar y te sofocas con cada vuelta que das en el colchón, en invierno la habitación suele estar en la temperatura ideal para dormir: entre 15 y 20 grados centígrados. De esta manera, nuestro cuerpo se enfría lo suficiente como para que el cerebro pueda descansar adecuadamente y nos despertemos llenos de energía. Eso sí, nada de tormentas. Tal y como explica la investigadora Natalie Dautovich en 'The Huffington Post', los climas húmedos y con lluvias alteran la calidad del sueño como consecuencia de las perturbaciones de ruido e iluminación.

Depresiones estacionales

Quizás lo hayas escuchado alguna vez pero no le prestaste importancia: en los países con climas extremos los porcentajes de personas con problemas psicológicos, depresiones y traumas mentales son mayores. Incluso la tendencia al suicidio aumenta en lugares como Finlandia, donde apenas ven la luz del sol durante seis meses al año. Ejemplo parecido aunque algo más lejano es el de estados como Florida u Oklahoma. En ellos los ciudadanos viven expuestos a fenómenos meteorológicos intensos como huracanes o tornados, y los expertos llevan tiempo advirtiendo que las secuelas de estos eventos atmosféricos puede tener un impacto psicológico duradero.

Los climas húmedos y con lluvias alteran la calidad del sueño como consecuencia de las perturbaciones de ruido e iluminación

No hace falta cambiarnos de país, ni tan siquiera de ciudad, para que las alteraciones meteorológicas nos trastornen la cabeza. Según un informe elaborado por la National Wildlife Federation el cambio climático causará problemas de salud mental directos en la población mundial, vivan donde vivan. Los investigadores alertaron que aproximadamente 200 millones de personas pueden estar expuestas a un aumento de problemas psicológicos como ansiedad o abuso de sustancias químicas debido a las alteraciones del clima.

Alergia primaveral: ¿lluvia sí o no?

La lluvia, definitivamente, es la responsable de que tu alergia se convierta en un sin vivir. Los molestos síntomas de la alergia estacional aumentan en los climas húmedos en los que hay tormentas regularmente ya que éstas hacen que las partículas del polen y los alérgenos explosionen por el ambiente. Ojo, que algo de lluvia es de agradecer. Si no llueve absolutamente nada tampoco estamos a salvo porque los culpables de tu alergia se acumulan y en cuanto sople algo de viento, en medio del calor primaveral, invadirán la ciudad.

Inesperados brotes de felicidad

Ni aun siendo de esas personas que en cuanto sienten algo de calor huyen a refugiarse, puedes negar que cuando el cielo está despejado te sientes mejor. Los días de sol están vinculados con una mejoría del estado de ánimo. La exposición a rayos solares aumenta los niveles de endorfinas –unas de las principales hormonas de la felicidad– y se regulan los niveles de vitamina D en nuestro cuerpo, elemento que, según demostró un reciente estudio elaborado por un equipo médico de la Universidad Queen Margaret de Edimburgo, es fundamental para acabar con esa sensación de cansancio permanente.

Apróximadamente 200 millones de personas pueden estar expuestas a un aumento de problemas psicológicos debido a las alteraciones del clima

No sólo eso. Aunque la comunidad científica insiste en que la exposición al sol sea siempre moderada y tomando las precauciones necesarias, cada vez hay más evidencias que ayudan a relacionar el buen tiempo con la felicidad. Otra investigación llevada a cabo en la Universidad de Michigan encontró que las personas que pasan al menos media hora al aire libre en climas agradables muestran estados de ánimo más felices que quienes se ocultan en las sombras.

Bajo el sol abrasador

Claro que tampoco podemos abusar del sol. En nuestro país estamos acostumbrados a las olas de calor veraniegas que azotan especialmente las zonas del sur de la península alcanzando niveles naranjas e incluso rojos en los peores momentos. Como bien sabemos y nos informan cada año, el calor intenso puede traducirse en desagradables riesgos para la salud como deshidrataciones, golpes de calor e incluso, en situaciones extremas, daños cerebrales. El verano influye en nuestro comportamiento, y no solo porque sudemos por cada poro de nuestra piel, puede tener consecuencias a nivel mental serias.

Te asas vivo, pero es mejor que te dé un poquito el sol. (Corbis)
Te asas vivo, pero es mejor que te dé un poquito el sol. (Corbis)

La primavera, la sangre altera

Una vez más el refranero no enlaza las palabras sin ton ni son. Claro que en este caso no podría relacionarse, como hacen muchas personas, con que nos suba el ánimo y nos ponga frenéticos. Al contrario. Por lo general, en primavera y verano nos baja la presión arterial.

Ese cansancio que incluso te hace sentir mareos se debe a que nos baja la tensión y, según demostró un estudio, es por la influencia de la presión atmosférica: “Esto se debe a que las altas temperaturas hacen que los vasos sanguíneos se dilaten, lo que podría conducir a una bajada de la presión arterial”, explicaban los investigadores.

Afecta a tu creatividad

El concepto lluvia de ideas debería renovarse. La realidad es que nuestra capacidad inventiva mejora cuando hace calor. Tal y como explicó otra investigación realizada en la Universidad de Michigan, estar al aire libre en un día agradable de primavera podría estar relacionado con una mejora del pensamiento creativo.

En verano no estamos a salvo: cerca del 20% del total de resfriados que padecemos al año derivan del uso inadecuado del aire acondicionado

“Estar al aire libre a una temperatura media nos ayuda a restablecer nuestra forma de pensar”, asegura Matthew Keller, autor principal de la investigación, quien explica que hay dos variables importantes que influyen en nuestra capacidad creativa: la cantidad de tiempo que pasamos en el exterior y la estación en la que nos encontramos. “Si pones a prueba tu mente saliendo en invierno o en primavera y pasas bastante tiempo al aire libre, notarás que hay un cambio notable en la cantidad de ideas nuevas que brotan en tu mente”.

Resfriados, ¿solo en invierno?

Aunque la mayor parte de las gripes y catarros se dan en los meses de más frío –como consecuencia, entre otros factores, de que nuestro sistema inmunológico está de capa caída y pasamos más horas en lugares cerrados por lo que la exposición a gérmenes, virus y bacterias es permanente–, no te olvides de que en verano aumenta el uso de una extendida herramienta culpable de cerca del 20% del total de resfriados que padecemos al año: el aire acondicionado. No se trata únicamente de la temperatura, sino también de la calidad del aire que genera. Cuando éste circula menos, el ambiente de las estancias puede secarse y causar problemas en las mucosas de la nariz y las vías aéreas, lo que deriva en infecciones de garganta, irritación en los ojos, dermatitis, dolores de cabeza o, en casos más severos, neumonías.

Alma, Corazón, Vida

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