SE ESPERAN MÍNIMOS HISTÓRICOS EN TU TRABAJO

La estúpida razón por la que ponen tan fuerte el aire en tu oficina todos los veranos

Cuando hace 40 grados en la calle, a todos nos gusta sentir un poco de fresquito. Sin embargo, una cosa es aliviar el calor y otra cosa lo que muchos sufren estos días en sus puestos de trabajo

Foto: 'Ha refrescado'. (iStock)
'Ha refrescado'. (iStock)

Abrigos, estornudos, moqueos, calditos calientes, bajas por gripe, dolor de garganta, escalofríos… No, no describimos el panorama de una oficina el 10 de enero de cualquier año, sino el de un 10 de agosto. Cualquiera que haya trabajado durante el estío sabrá que cada vez es más frecuente que la temperatura del aire acondicionado sea tan baja que en lugar de aliviar frente al calor hiele el ambiente hasta límites inhumanos. ¿Que hay 40 grados a la sombra en la calle? Pues a darle a la ruedecita hasta que en el interior se está a 10 grados. Nada de mantener un equilibrio razonable: cuanto más calor haga fuera, más frío tiene que hacer dentro. De forma que el que entra en el edificio experimenta un cambio de temperatura propicio para coger un resfriado.

Lo curioso del caso es que, como si se tratase de una conspiración, todo el mundo se queja pero nadie hace nada. ¿Cuál es la razón por la que tantos se pelan de frío, y a quién beneficia? Diversos artículos y expertos han intentado responder a la pregunta con una serie de argumentos razonables. Uno de los más interesantes sale de la boca de Richard de Dear, director del Laboratorio de la Cualidad del Medio Ambiente en los Interiores (esto existe, sí) de la Universidad de Sidney, en un artículo publicado en The New York Times: se trata de una cuestión de estatus: “Ser capaz de hacer que la gente sienta frío en verano es un signo de poder”, explica el investigador.

Los trabajadores cometen más errores cuando la temperatura se encuentra entre los 20 y los 22 grados que entre los 23 y los 24

Parece absurdo, pero pregúntese cuál es la temperatura que hace en una tienda de lujo, un concesionario automovilístico o un banco, y cuál la de una tienda de alimentación, pequeño comercio o locutorio. De cara al cliente, el frío parece identificarse con la sofisticación, mientras que el calor lo hace con lo vulgar. Entonces, ¿por qué tienen los trabajadores que sufrir temperaturas glaciales, aunque no trabajen de cara el público? Seguramente, porque muchos siguen pensando (equivocadamente) que las bajas temperaturas favorecen la productividad, mientras que las altas tan sólo producen desidia. Mala idea: como demostró una investigación realizada por la Universidad de Cornell, los trabajadores cometen más errores cuando la temperatura se encuentra entre los 20 y los 22 grados que entre los 23 y los 24.

El microclima de tu escritorio

Hay otro puñado de razones por las que tú, que llevas manga corta o un vestido ligero, pasas tanto frío, y es que no llevas traje de chaqueta con corbata. Como recuerda dicho artículo, son los jefes quienes deciden la temperatura que va a hacer en la oficina, y suelen ser ellos los que llevan ropa más abrigada: el protocolo manda y con él se fija el frío o calor que hará en el lugar de trabajo. Es posible que en el caso de que te quejes tu superior te dé un argumento de peso: es más fácil ponerse ropa si tienes frío que quitarte la piel si hace calor. Las mujeres tienen motivos para molestarse por este punto, puesto que en general, suelen llevar ropa más fresca que los hombres, y sin embargo, son estos quienes deciden la temperatura global.

Además, y como explicaba otro artículo de The New York Times publicado en 2008, –no queremos ni imaginarnos el frío que debe hacer en dicha redacción para estar tan obsesionados con ello–, muchos edificios no están preparados con los termostatos suficientes como para regular la temperatura de toda la oficina, por lo que unas regiones pueden vivir en el calor tropical mientras otras lo hacen en el frío glacial.

Arde la calle al sol de poniente. Menos mal que aquí corre el viento. (iStock)
Arde la calle al sol de poniente. Menos mal que aquí corre el viento. (iStock)

Al contrario de lo que ocurre con nuestros hogares, no podemos decidir de forma individual sobre la temperatura del lugar en el que estamos, y las posibilidades de hacer frente al calor son reducidas. Si hace calor en el salón de casa, nos podemos ir al cuarto de al lado. Si hace calor en nuestro escritorio, nos fastidiamos. Si pasamos calor en camiseta, quizá nos la podamos quitar si estamos en casa, pero no si nos encontramos en la oficina. Si queremos refrescarnos, basta con ponernos un ventilador apuntando a la cara si estamos en el hogar. En la oficina, quizá molestemos a los compañeros.

Sea como sea, el mal uso del aire acondicionado puede dar lugar a alrededor del 20% de los resfriados que se padecen a lo largo del año. No se trata únicamente de la temperatura, sino también de la calidad del aire: si este circula menos, el ambiente de las distintas estancias puede secarse y causar problemas en las mucosas de la nariz y las vías aéreas, lo que deriva en infecciones de garganta, irritación en los ojos, dermatitis, dolores de cabeza o, en casos más severos, neumonías.

Alma, Corazón, Vida

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