la legislación dificulta su cultivo en europa

La patente española del trigo para celíacos tendrá que buscarse la vida en el extranjero

Francisco Barro, investigador del CSIC, desarrolló hace unos meses un trigo transgénico sin gluten. Meses después, su patente se encamina a ser útil en otro país, debido a las trabas legales

Foto: Dan Lamont/Corbis
Dan Lamont/Corbis

Los cereales son una de las materias primas alimentarias más extendidas y consumidas en el mundo, y de todas las especies de cereales que se comen en el mundo, el maíz, y el arroz y el trigo suponen el 90%. El trigo es, de esos tres, el tercero según la FAO en producción mundial (713 toneladas métricas en 2013 frente a las 745 del maíz y las 1.017 del arroz), pero es a cambio el que tiene su cultivo más extendido: de Escandinavia en el norte a Argentina en el sur y tanto en países occidentales y desarrollados como en economías en desarrollo.

Aunque el trigo es por tanto fundamental en la dieta de gran parte de población mundial, es también protagonista de la intolerancia alimenticia más habitual: la celiaquía, un conjunto de dolencias asociadas con la ingesta de las gliadinas, uno de los tipos de proteínas presentes en el gluten del trigo. Se trata de una enfermedad autoinmune que provoca que las vellosidades del interior del intestino se aplanen, y por tanto se produzca una mala absorción de los nutrientes durante la digestión.

El premio gordo de este negocio sigue sin cobrarse: un trigo sin gluten que permita a los celíacos comer sin que eso afecte a sus bolsillos ni a sus paladares

La industria de los productos sin gluten crece cada año, a pesar de los inconvenientes que tienen: por un lado, son mucho más caros; por otro, están hechos con trigo tratado para eliminar el gluten o con otras harinas (por ejemplo, de arroz). En ambos casos, su sabor y textura es muy distinta a la de los productos con gluten. Si alguna vez han probado pan apto para celíacos, sabrán de lo que hablamos.

Por tanto, el premio gordo de este negocio sigue sin cobrarse: una variedad de trigo sin gluten que permita a los celíacos comer pan y pasta sin que eso afecte (excesivamente) a sus bolsillos ni a sus paladares, y que a su vez sea comercialmente interesante para que las empresas agroalimentarias apuesten por su cultivo. Para conseguirlo, equipos de biotecnólogos y mejoradores de todo el mundo trabajan con distintas técnicas, que van desde los cruzamientos tradicionales hasta la manipulación genética directa.

Trigo sin gluten 'made in' Córdoba

Uno de los grandes avances en este campo se anunció hace unos meses en Andalucía: el Instituto de Agricultura Sostenible, perteneciente al CSIC, presentaba una variedad de trigo que, manipulada genéticamente, no produce las gliadinas que afectan a los celíacos.

“Las gliadinas son un grupo grande de proteínas, se encuentran unas 60 variantes en el trigo que se utiliza para la harina y unas 40 en el trigo de la pasta, codificadas por tres familias de genes distintas”, explica Francisco Barro, investigador del IAS. “Lo que nosotros conseguimos hacer fue eliminar los ARN que actúan de mensajero entre el ADN y las proteínas, antes de que estas se formen”, cuenta. Como resultado, las gliadinas no llegan a sintetizarse en el trigo y, por tanto, no causan daños a los celíacos cuando estos lo ingieren.

El resultado fue un trigo transgénico en el que no se habían añadido genes de otro organismo, sino que se habían silenciado aquellos responsables de la expresión de las gliadinas, un desafío debido al gran número de proteínas a eliminar. “Son entre 60 y 40, dependiendo del tipo de trigo, y los genes que las expresan están repartidos en seis cromosomas. Es muy difícil eliminarlas todas a base de cruzamientos”, asegura Barro.

El éxito de su investigación no estuvo solo en eliminar las proteínas dañinas, sino en las propiedades organolépticas de los alimentos elaborados con su trigo. “Hicimos una cata en la que dimos a probar pan fabricado con trigo normal, con nuestro trigo sin gluten y con harina de arroz. El nuestro y el del trigo normal eran prácticamente indistinguibles, y mucho más apreciados que el fabricado con harina de arroz”.

Trigo convencional y trigo transgénico sin gluten
Trigo convencional y trigo transgénico sin gluten

"Ninguna empresa española se ha interesado"

Concluidas las primeras fases de la investigación, el trabajo sigue dos vías distintas: por un lado, después de haber probado su trigo transgénico en ratas para analizar su inocuidad, el equipo de Barro prepara un ensayo clínico en colaboración con el Hospital Reina Sofía de Córdoba para analizar sus efectos en seres humanos.

Por otra parte, la patente busca quien la quiera aprovechar. Esto ya no está en manos de Barro ("yo soy investigador, ese no es mi trabajo"), sino que es el CSIC quien se encarga de gestionarlo. Y no parece que vaya a quedarse en España. "Sinceramente, ninguna empresa española se ha interesado por ella", se lamenta. Son empresas estadounidenses las que están negociando con el CSIC (de hecho, Materia informaba en 2013 que la licencia para explotar este desarrollo se había vendido a una empresa británica, Plan Bioscience Limited, con la intención de sembrarlo fuera de la UE), algo que Barro achaca a dos razones: "Es innegable que allí están las grandes empresas alimentarias, así que tiene sentido que se interesen por nuestro desarrollo, pero también es verdad que allí la legislación pone menos trabas".

Es, según sus palabras, "una pena" que una investigación realizada en España con fondos públicos vaya a dar sus resultados económicos en otro lugar, pero se trata de una cuestión delicada de legislar al haber posturas radicalmente encontradas. Por un lado, la presión ciudadana contra los transgénicos está muy extendida y, por tanto, los políticos prefieren posicionarse en ese lado, sabiendo que es el más popular. Esto ha causado, por ejemplo, que más de una decena de países de la Unión Europea prohíban el cultivo de variedades transgénicas dentro de sus fronteras.

En EEUU están las grandes empresas, así que tiene sentido que se interesen, pero también es verdad que allí la legislación pone menos trabas

Por otro, tanto la comunidad científica como muchos agricultores piden una legislación que permita a unos y a otros trabajar en condiciones más competitivas con sus respectivos colegas del otro lado del charco, que tienen menos trabas. Los agricultores denuncian que la legislación les resta competitividad y poder de decisión, ya que si bien solo se pueden cultivar tres variedades transgénicas, se pueden importar muchas más, que pueden ser interesantes desde un punto de vista agrícola pero que les están vedadas por ley. Los científicos critican que muchas líneas de investigación no reciben financiación ni apoyo porque sus aplicaciones prácticas se ven limitadas.

En el caso del trigo sin guten de Barro, sin embargo, las posturas están más cercanas, reconoce el propio científico. "Se trata de una cuestión de comunicación. Es fácil explicar por qué este trabajo es beneficioso para la mayoría. Quizá al mencionar la palabra transgénico hay quien se asusta, pero cuando explicamos que el resultado es anular lo que afecta a los celíacos, la gente es mucho más receptiva, porque todo el mundo conoce a alquien que lo es". Y a pesar de todo, su transgénico solo podrá aprovecharse en el extranjero.

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