ES UNA RELACIÓN IMPOSIBLE DESDE HACE AÑOS

¿Por qué las 'startups' españolas prefieren vender a cotizar en bolsa?

Las 'startups' españolas viven de espaldas a la bolsa. Poca inversión en tecnología, algunos casos polémicos y otras opciones de financiación más seguras son algunas razones
Foto: ¿Por qué las 'startups' españolas prefieren vender a cotizar en bolsa?

Es una relación que nunca pasó por un buen momento. Ninguno de los dos se miraban. No había interés mutuo. Las startups españolas y la bolsa han vivido casi de espaldas en este tiempo. Al contrario que en otros ecosistemas más maduros, como los anglosajones, la campana de los mercados bursátiles no se ha visto, en la gran mayoría de los casos, como parte del camino. ¿Por qué?

Hay que remontarse al mes de noviembre de 1999. Terra se estrenaba en bolsa en mitad de la euforia de la burbuja puntocom. Una primera jornada en el parqué le sirvió para pulverizar todos los récords, al incrementarse un 184%. Parecía que este fuera sólo el comienzo. Sin embargo, desde aquel fiasco, apenas un puñado de startups han seguido sus pasos hacia los focos bursátiles. Edreams, Gowex y algunas pequeñas firmas en el Mercado Alternativo Bursátil (MAB) son las excepciones que confirman la regla.

“Es un problema de oferta y demanda… No tengo claro que haya una demanda alta de tecnológicas en un mercado como el español”. Es la principal justificación que da Javier Megías, CEO de Startupxplore, una compañía que trata de unir a inversores y emprendedores. Él coloca el mal desempeño de Edreams y la supuesta estafa de Gowex como dos factores que no han contribuido a una mayor confianza del potencial inversor.

En este tiempo, compañías que hoy son grandes tecnológicas consolidadas se estrenaron cuando aún eran startups con un gran crecimiento, buscando financiarse para consolidar sus proyectos. Google, Facebook o Twitter sí se subieron a ese tren como parte del camino. En Europa, tan sólo en el último año se han sucedido salidas como la de Zalando, dedicada la venta de moda online, la aceleradora de startups Internet Rocket o la desarrolladora de juegos móviles sueca King (creadores de Candy Crush). En los tres primeros meses de 2015 se contabilizaron dos operaciones.

¿Y España? Salvando mucho las distancias con plazas mucho más potentes, no tiene en su haber grandes casos de estrenos en el parqué, más allá de Edreams. Y no es así pese a contar con proyectos consolidados como Atrápalo, Privalia, Grupo Zed, Idealista o Scytl. Empresas que nacieron como startups y que hoy cuentan con valoraciones que superan, en su mayor parte, los 100 millones de euros. Siguen en manos, principalmente, de inversores que inyectaron capital en el pasado y hoy siguen manteniendo posiciones. “Empezamos a tener empresas con volumen muy interesante y números negros en sus balances, pero que se están haciendo demasiado grandes”, recuerda Megías.

El peculiar mercado español

Para que ninguna de estas compañías, fundadas hace más de una década, haya protagonizado el reto de salir a bolsa se han dado una serie de circunstancias que hacen especial al mercado español. La primera es esa falta de demanda marcada por una escasa cultura de inversión en tecnología.

Hay otro condicionante que contribuye a no despertar el interés. José Martí Pelló, fundador de Webcapitalriesgo y profesor de la Universidad Complutense, explica que hoy por hoy no hay estímulos para que así suceda. “Los fondos de pensiones no invertirían, los bancos no lo hacen y las grandes empresas puede que sí… Pero luego están los particulares que son los que lo hacen fundamentalmente en el Nasdaq norteamericano [bolsa de EEUU centrada en empresas de este sector]”, precisa. Y para ese último grupo, según apunta, no hay incentivos fiscales suficientes.

'Entre ser comprados y salir a bolsa, los emprendedores españoles eligen ser comprados'

¿Y en el lado del emprendedor? Influyen dos factores importantes, según el CEO de Startupxplore. Uno es la escasa predisposición de los fundadores de compañías a dar el salto. “Entre ser comprados y salir a bolsa, eligen lo primero, porque lo segundo implica una gestión muy diferente, unos condicionantes y unos riesgos que echan atrás a la mayoría”, recuerda.

Pero todo ello sucede porque siguen existiendo alternativas de financiación solventes más allá del parqué para todas estas startups. Es la otra circunstancia decisiva. Hoy los emprendedores tienen más posibilidades de encontrar capital entre los fondos de inversión que hace tan sólo cinco años. Ante este escenario, muchos deciden llevar a cabo rondas con las que financiarse esquivando la exposición pública que conlleva una operación así.

Este no es un fenómeno exclusivo de España, sino que ocurre también en Estados Unidos. Allí, la cifra de ofertas públicas de empresas se ha frenado ante esa abundancia de capital dispuesto a ser inyectado. Un fenómeno que, por cierto, ha hecho saltar las alarmas por lo que se entiende como un incremento del riesgo para los inversores.

Experiencia del MAB y el futuro

En este escenario, el Mercado Alternativo Bursátil (MAB) se configuraba en un principio como una alternativa. Sin embargo, la falta de confianza en el lado de la demanda, ya de por sí debilitada, no ha contribuido a ello. El caso de la supuesta estafa de Gowex y otros relacionados con pequeñas empresas cotizadas en problemas han hecho mucho daño a su credibilidad.

A esa escasez de confianza hacia su funcionamiento hay que unir algo más. Martí Pelló se muestra muy crítico con la creación de este mercado. Insiste en que ha sido “inventado” porque realmente no se ha logrado potenciar demanda para que tenga sentido. “Es como crear un mercado de frutas en mitad de un desierto”, relata de manera gráfica.

'El Mercado Alternativo Bursátil es como crear un mercado de frutas en mitad de un desierto'

En esta bolsa alternativa, la última tecnológica que ha anunciado su aterrizaje es la operadora catalana Lleida.net. Antes lo hicieron Gowex, que sigue suspendida y en concurso de acreedores tras haber falseado las cuentas durante años; Bodaclick, hoy en fase de liquidación, o MasMóvil, una de las pocas con una trayectoria muy al alza habiendo superado los 1.000 millones de euros de capitalización y multiplicando casi por siete su valor de cotización en dos años.

Con todo, resulta evidente que la relación entre startups y la bolsa no ha pasado nunca por un buen momento en España. ¿Cambiará? Si no hay demanda, será difícil. Y en este sentido, pese a todo, está habiendo cambios. Megías confirma que ya están detectando el despertar de un interés creciente por apoyar a estos proyectos por parte de directivos empresariales. Aún así, sigue bien enraizada una cultura de inversión de alto riesgo “más enfocada a productos derivados que a economía real, lo que hace que la mayoría vea más arriesgado invertir en startups que en el sector financiero”.

Cambie o no, hoy la startup española sigue mirando la campana de la bolsa desde la distancia.
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