DETENIDO UN ESTADOUNIDENSE EN PYONGYANG

Trump convoca al Senado para informar de Corea del Norte y China pide contención

Mientras los ejércitos de Japón y Corea del Sur se unen al portaaviones Carl Vinson, que Pyongyang amenaza con hundir, Pekín maniobra entre bambalinas para desactivar la tensión

Foto: Una mujer en un vestido tradicional en la puerta de un restaurante norcoreano a orillas del río Yalu, en la frontera entre China y Corea del Norte, el 30 de marzo de 2017. (Reuters)
Una mujer en un vestido tradicional en la puerta de un restaurante norcoreano a orillas del río Yalu, en la frontera entre China y Corea del Norte, el 30 de marzo de 2017. (Reuters)

En las últimas horas, el portaaviones estadounidense Carl Vinson y su grupo de ataque han llegado a aguas del Mar de Japón, muy cerca de la península coreana. El viernes, dos destructores japoneses, el “Ashigara” y el “Samidare”, zarparon del puerto meridional de Sasebo para unirse a la flota. El ejército surcoreano -probablemente su fuerza aérea- también tiene previsto participar en unas maniobras conjuntas. De momento, no pasan de meros ejercicios militares. Pero el mensaje no ha pasado desapercibido en Corea del Norte: Pyongyang, de hecho, amenaza con lanzar un ataque contra esos buques.

“Nuestras fuerzas revolucionarias están en alerta de combate para hundir un portaaviones nuclear estadounidense con un solo ataque”, afirma el diario Rodong Sinmun, el órgano oficial del Partido de los Trabajadores norcoreano. El navío, afirma el editorial, es como “un animal gordo”, y un ataque sería “un ejemplo real para mostrar la fuerza del ejército” de Corea del Norte. La misma publicación amenazó este fin de semana con un ataque preventivo y una guerra nuclear en la que “la República Democrática de Corea del Norte no tiene nada que perder”, en la misma línea que un comunicado del Ministerio de Exteriores norcoreano ese mismo día: “Ahora que tenemos un gran poder nuclear, responderemos sin la menor vacilación a la guerra total con la guerra total, y a la guerra nuclear con un ataque nuclear a nuestro estilo, y emergeremos victoriosos en la batalla final contra Estados Unidos”, decía el documento.

Probablemente no suceda nada: el artículo debe ser leído ante todo en clave interna, como una bravuconada del régimen norcoreano destinada a demostrar que saca pecho ante “el agresor imperialista”. Un conflicto armado no interesa a nadie, ni a EEUU ni a Corea del Norte. Las consecuencias serían devastadoras, la escala de muertos y la destrucción en Japón y las dos mitades de la península coreana sería indescriptible, y, en el improbable caso de que sobreviviese, el régimen de Kim Jong-un se convertiría en un apestado tal que ni siquiera su aliado, China, le mantendría su apoyo.

El presidente Xi Jinping durante su encuentro con Donald Trump en Mar-a-Lago, Florida, el 7 de abril de 2017. (Reuters)
El presidente Xi Jinping durante su encuentro con Donald Trump en Mar-a-Lago, Florida, el 7 de abril de 2017. (Reuters)

Pero se cree que hoy, durante el 85º aniversario de la fundación del ejército norcoreano, Kim podría ordenar un nuevo test de misiles, o aún peor: la sexta prueba nuclear de la historia del país. La gran incógnita, entonces, sería: ¿qué hará Donald Trump, el presidente que ha prometido “resolver el problema de Corea del Norte”? Mañana miércoles, todo el Senado estadounidense está convocado a un encuentro extraordinario con Trump para ser informado acerca de la cuestión norcoreana, un signo de que para la Casa Blanca es prioritaria estos días y de que la Administración estadounidense se dispone a adoptar algún tipo de medida especial y busca el apoyo de los legisladores.

Por si acaso, el presidente chino Xi Jinping llamó ayer a Trump para pedirle “contención”. Según la televisión oficial china CCTV, Xi le aseguró a Trump que China se opone firmemente al programa nuclear norcoreano, y espera “que todas las partes ejerzan contención y eviten agravar la situación”. Pekín, además, ha admitido haber realizado movimientos de tropas en la región fronteriza con Corea del Norte, aunque asegura que se trata de simples maniobras sin relación con la situación.

Vecinos cautelosos

Pero todos los países de la zona la observan con atención, y están tomando precauciones. Este fin de semana Japón ha publicado una serie de consejos para que sus ciudadanos sepan cómo reaccionar en caso de que un misil norcoreano caiga en el país, tratando la cuestión de forma similar a los preparativos para un terremoto o un tsunami, frecuentes en el país. Corea del Sur ha anunciado que está desarrollando un nuevo sistema de radar que permita la detección de misiles norcoreanos de largo alcance, que estará operativo a partir de 2018. Mientras tanto, algunas imágenes de satélite muestran que el personal de la instalación de pruebas nucleares norcoreana en Punggye-Ri se ha puesto a jugar partidos de voleibol; por extraño que pueda parecer, es una señal al mundo de que los norcoreanos están a la espera de acontecimientos. "Eso sugiere que la instalación podría haber entrado en modo de espera. También sugiere que esos partidos de voleibol se están llevando a cabo con los norcoreanos sabiendo que vamos a estar mirando a informando sobre ello", opina Joseph Bermudez, analista del portal especializado en Corea del Norte 38 North.

El portaaviones Carl Vinson atraviesa el estrecho de Sunda, en Indonesia, el 15 de abril de 2017. (Reuters)
El portaaviones Carl Vinson atraviesa el estrecho de Sunda, en Indonesia, el 15 de abril de 2017. (Reuters)

Además, este fin de semana un ciudadano estadounidense ha sido detenido en el aeropuerto de Pyongyang mientras intentaba abandonar el país, lo que amenaza con tensar aún más la situación. El hombre, identificado como Kim Sang-duk, es un profesor de origen surcoreano que trabajaba en la universidad de la localidad china fronteriza de Yanji, y que había estado dando un seminario de finanzas internacionales y gestión en la Universidad de Ciencia y Tecnología de Pyongyang durante el último mes. Todo apunta a que Pyongyang podría querer utilizarle como moneda de cambio para una eventual negociación con Washington, tal y como ha hecho anteriormente en el pasado. (Otros dos norteamericanos, el empresario Kim Dong-chul y el estudiante Otto Warmbier, permanecen también en cárceles norcoreanas: el primero fue condenado por espionaje, y el segundo, sorprendido robando un poster de propaganda de su hotel, fue sentenciado a trabajos forzados por “actos subversivos destinados a minar la moral del pueblo norcoreano”).

La perspectiva de una negociación con Corea del Norte, no obstante, no entusiasma a los funcionarios estadounidenses: en el pasado, el régimen se ha especializado en violar total o parcialmente los acuerdos alcanzados para obtener nuevas prerrogativas o concesiones a cambio de rebajar la tensión, lo que algunos expertos consideran una “recompensa al mal comportamiento”. Otras voces, sin embargo, abogan por soluciones punitivas sin tener que recurrir a medidas bélicas.

En un artículo publicado en el diario de Singapur The Straits Times, David S. Cohen, antiguo subdirector de la CIA y ex vicesecretario del Tesoro para cuestiones de terrorismo e inteligencia financiera con Barack Obama, aboga por la imposición de nuevas sanciones, asegurando que todavía existe un amplio margen al respecto. “A pesar de un amplio set de sanciones estadounidenses e internacionales, Corea del Norte se ha librado de casi todo, especialmente comparado con Irán. Esto se debe principalmente a que EEUU ha sido históricamente reticente a imponer sanciones secundarias para aislar a Corea del Norte, particularmente contra China, el principal socio comercial legítimo del régimen”, escribe. Hoy mismo, el Gobierno británico ha congelado los activos de una empresa norcoreana con base en el sur de Londres, la Korea National Insurance Corporation, tras concluir que servía para financiar el programa de armamento nuclear del país.

Soldados norcoreanos observan desde la isla Hwanggumpyong, en el río Yalu, cerca de la frontera china, el 5 de abril de 2017. (Reuters)
Soldados norcoreanos observan desde la isla Hwanggumpyong, en el río Yalu, cerca de la frontera china, el 5 de abril de 2017. (Reuters)

"China puede hacer más"

Pero Cohen aboga por ir un paso más allá, aplicando restricciones contra aquellas entidades bancarias que ayuden a las instituciones en las listas del Tesoro, las llamadas sanciones secundarias. “Son a la vez simples y enormemente poderosas. Funcionan presentándole a un banco extranjero una decisión cruda: puede llevar a cabo transacciones para otro banco bajo sanciones (por ejemplo, uno de los muchos bancos norcoreanos en las listas de EEUU) o puede mantener su acceso al sistema financiero estadounidense, pero no ambas cosas”, señala, asegurando que en casos precedentes, como el del banco chino Kunlun -que operaba con entidades iraníes sancionadas-, China se ha plegado a la presión estadounidense tras la aplicación de esta medida. “Igual que con Irán, a China le preocupa la alternativa: una acción militar para destruir los programas nuclear y de misiles norcoreanos”, asegura Cohen.

Para la Administración estadounidense, de hecho, la pelota está en el tejado de China. “Los pasos que estamos viendo tomar a China, en muchos sentidos sin precedentes, aplicando presión económica para manejar a Corea del Norte, son más que bienvenidos”, ha declarado el vicepresidente estadounidense Mike Pence. Sin embargo, ha añadido: “Creemos que China puede hacer más”.

El Gobierno chino, en cualquier caso, parece estar cooperando. El pasado 12 de abril, un editorial aparecido en el diario semioficial chino Global Times advirtió a Corea del Norte de que debía "restringir sus ambiciones nucleares" o podría ver el suministro de petróleo por parte de China "severamente limitado". Una semana antes había advertido en otro artículo que la "seguridad y estabilidad" del norte de China deben ser preservadas, evitando que un error nuclear norcoreano "contamine" la región. "No se debe permitir que Corea del Norte descienda al tipo de turbulencias que genera un gran flujo de refugiados", añadía el texto, que subrayara que Pekín no toleraría un "gobierno hostil" en Pyongyang ni toleraría un avance estadounidense hacia el río Yalu, que marca la frontera enter China y Corea del Norte. Los editoriales han sido interpretados como una amenaza velada al régimen norcoreano, para que evite hacer nada que pueda llevarle a ser considerado ese "gobierno hostil".

“China no irá tan lejos como para cambiar a Corea del Norte por Estados Unidos a cambio de una política positiva de Trump hacia Pekín. De hecho, es difícil imaginar qué puede ofrecer EEUU en ese trato. Sin embargo, despresurizar algunas de las demandas potenciales de EEUU puede ser perfectamente el cálculo de China”, opina Yun Sun, analista del Programa de Asia Oriental en el Centro Stimson de Washington. La incógnita es si Pekín logrará que Pyongyang se modere lo suficiente, y si eso le bastará a la Administración Trump.

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