APLAUSO A LA ACCIÓN MILITAR ENTRE LOS 'HALCONES'

Trump corteja al 'establishment' con su ataque a Siria: las bases le dan la espalda

El bombardeo a una base aérea en territorio sirio no ha gustado a los partidarios del presidente entre la 'alt-right', mientras congresistas de ambos partidos evalúan su pertinencia

Foto: El presidente Trump abandona la tribuna tras hacer una declaración sobre el ataque con misiles contra una base militar en Siria, el 6 de abril de 2017. (Reuters)
El presidente Trump abandona la tribuna tras hacer una declaración sobre el ataque con misiles contra una base militar en Siria, el 6 de abril de 2017. (Reuters)

El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, acaba de romper el cascarón en política exterior. Su ataque exprés a una base militar siria como respuesta al presunto uso de gas sarín contra población civil, incluidos niños, es una ruptura en varios sentidos: una ruptura con su tono pragmático de campaña, en contra de meterse en conflictos lejanos. Un dardo a Rusia, con la que muchas veces ha dicho querer “llevarse bien”. Y una ruptura con la inercia “obamiana” que hasta ahora marcaba su joven política exterior.

Al menos momentánea. “No tengo ni idea de cuáles son las motivaciones del presidente Trump porque es errático e impredecible”, dice por email Paul D. Miller, director asociado del Centro de Seguridad Nacional William P. Clements de la Universidad de Texas en Austin. “Estoy seguro de que Trump es sincero en su repulsión hacia el uso de armas químicas contra civiles por parte de[l presidente sirio Bashar Al Assad, pero no creo que eso signifique necesariamente que reaccionará siempre de forma similar ante similares circunstancias”.

El profesor Miller, que fue director para Afganistán del Consejo de Seguridad Nacional en las administraciones de George W. Bush y Barack Obama, recomienda tomar esta aparente ruptura con cautela. “Aunque parece que su reacción emocional al ataque con armas químicas, por el momento, ha eclipsado su anterior política hacia Siria, es totalmente posible que su posición previa se imponga”. O lo contrario: que Trump lance “una escalada militar [en Siria] para asegurarse de que se le toma en serio”.

Mientras, muchos de sus críticos en Washington aplauden la acción militar de un presidente necesitado de éxitos. Sus decretos migratorios fueron bloqueados por la justicia, el intento de revocar la ley sanitaria de Obama fracasó, y el resto de reformas, como el recorte fiscal o la inversión en infraestructuras, tardan más de lo esperado. Así que la vía militar en Siria le abre un escenario nuevo donde mostrar eficacia.

El senador John McCain, la voz republicana del intervencionismo, dijo que el ataque llega con años de retraso y que “es un comienzo” de otras “cosas difíciles” por llegar. El presidente de la Cámara de Representantes, el republicano Rand Paul, calificó la acción de “apropiada y justa”, y contó con el apoyo de los líderes demócratas de ambas cámaras. Incluso Hillary Clinton abogó por atacar más bases aéreas de Siria.

Imagen del lugar del bombardeo tras el impacto de los misiles Tomahawk, tomada por la empresa privada DigitalGlobe y difundida por el Pentágono. (Reuters)
Imagen del lugar del bombardeo tras el impacto de los misiles Tomahawk, tomada por la empresa privada DigitalGlobe y difundida por el Pentágono. (Reuters)

La 'alt-right' se siente traicionada

El descontento se nota en los extremos, tanto a la derecha como a la izquierda. “Aunque condenamos las atrocidades en Siria, EEUU no ha sido atacado”, declaró el senador de Kentucky, el republicano libertario Paul Ryan, y criticó que no se pidiese permiso al Congreso, igual que la senadora de la izquierda demócrata, Elizabeth Warren.

La mayor decepción se nota en la base más conservadora del trumpismo. La llamada “alt-right”, o nueva extrema derecha, considera el ataque una traición del presidente a sus votantes. Donald Trump se opuso a una acción contra Bashar Al Assad en 2013, cuando Barack Obama lo sopesaba, y durante su campaña insistió en la inutilidad de empantanarse en conflictos lejanos como los Irak y Libia.

“Imagino que Trump no era el ‘títere de Putin’, después de todo”, tuiteó Paul Joseph Watson, editor del portal conspirativo de extrema derecha Infowars. Watson lo acusó de “títere neocon” y anunció oficialmente que se apeaba del “tren de Trump” para centrar sus esfuerzos en Marine Le Pen, “que intentó advertir a Trump contra este desastre”.

La locutora de radio Laura Ingraham, antigua periodista de Fox News; la autora Ann Coulter, que trazó en sus libros la ideología trumpiana, o el gurú proTrump Mike Cernovich también criticaron la acción. El grupo de Facebook 'Rusos por Donald Trump' añadieron un “RIP” (Descanse en Paz) al título de la página.

El ideólogo de la ultraderecha y supremacista blanco Richard Spencer incluso colocó la bandera de Siria en su perfil de Twitter, y barajó la idea de apoyar a otro candidato presidencial en 2020. Spencer pasó todo el día promoviendo el punto de vista de Rusia, según la cual no fue un ataque con armas químicas sino un accidente provocado por el bombardeo de una instalación militar que tenía sustancias nocivas.

Richard Spencer, uno de los líderes de la 'alt right', habla con la prensa en Maryland en febrero de 2017. (Reuters)
Richard Spencer, uno de los líderes de la 'alt right', habla con la prensa en Maryland en febrero de 2017. (Reuters)

Misiles en horario de máxima audiencia

Está por ver el efecto de la acción en la maltrecha popularidad del presidente, que ya ronda apenas el 34%: la menor jamás registrada a estas alturas de un primer mandato. Las intervenciones militares figuran a la cabeza del manual sobre cómo mejorar la popularidad, como dijo el propio Trump en 2012: “Ahora que la aprobación de Obama cae en picado, mirad cómo lanza un ataque en Libia o Irán. Está desesperado”, tuiteó.

El bombardeo a la base aérea de Homs, la primera vez que Estados Unidos ataca directamente a las fuerzas de Bashar Al Assad, fue la más comedida de las tres respuestas barajadas por su equipo de Seguridad Nacional. Una decisión tomada en apenas dos días de reuniones y que fue notificada a Rusia, que apoya sobre el terreno al régimen sirio, para evitar un posible choque.

El Pentágono facilitó las imágenes de los misiles Tomahawks despegando en horario de máxima audiencia. La cincuentena de misiles (cuya fabricante, Raytheon, subió en Bolsa) volaron en la noche para destruir aviones, refugios e instalaciones logísticas y petroleras y capar la capacidad siria de lanzar más ataques químicos. Mataron a seis personas, según el Ejército local, y tensaron las relaciones con Rusia.

Moscú ha pedido en la ONU que Estados Unidos, Reino Unido y Francia demuestren la autoría de Assad en el ataque con gas sarín que dejó al menos un centenar de muertos, entre ellos niños que fueron grabados agonizando. Según el Gobierno ruso, la lluvia de Tomahawks estuvo a punto de impactar en las posiciones rusas y podría haber causado daños “extremadamente serios”.

La acción de Trump sigue flotando en su universo televisivo de golpes de mano. “No tengo ni idea de lo que puede hacer Trump día a día, u hora a hora, y no creo que él lo sepa tampoco”, dice el profesor Paul D. Miller. El secretario de Estado, Rex Tillerson, que esta misma semana había expresado poco interés en emprender ninguna acción contra Assad, podrá discutir la situación con Rusia cuando visite Moscú el miércoles. Por el momento, ya ha tildado de "muy decepcionante" la respuesta del Kremlin al ataque estadounidense y anuncia sanciones económicas contra Siria.

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