¿INCAPACIDAD O MORALIDAD?

El físico que tuvo el futuro de la humanidad en sus manos (y convenció a los nazis)

¿De verdad se enfrentó alguna vez Heisenberg, uno de los físicos más importantes del siglo XX, a una importante encrucijada moral? Esto es lo que probablemente ocurrió

Foto: Heisenberg (a la derecha), junto a Rudolf Ernst Peierls en Hamburgo, al ser galardonado con la medalla Max Planck. (Cordon Press)
Heisenberg (a la derecha), junto a Rudolf Ernst Peierls en Hamburgo, al ser galardonado con la medalla Max Planck. (Cordon Press)

Es una de las preguntas más recurrentes entre científicos e historiadores desde el final de la Segunda Guerra Mundial: ¿fue incapaz el físico alemán Werner Heisenberg de diseñar la bomba nuclear, o consiguió sutilmente que los altos mandos nazis se olvidasen del proyecto? El rol que jugó durante la gran contienda el hombre que formuló el principio de incertidumbre aún está sometido a debate, aunque cada vez más documentos nos ayudan a entender un poco mejor la situación.

Lo que pasó, a grandes rasgos, está más o menos claro. En diciembre de 1938, Alemania puso en marcha su proyecto nuclear, para el que contó con el propio Heisenberg o el químico Otto Hahn, entre otros. Cuando, siete años más tarde, el Enola Gay lanzó la primera bomba nuclear sobre Nagasaki, el grupo de 10 investigadores tuvo que reconocer que sus compañeros del Proyecto Manhattan –muchos de los cuales habían sido pupilos del propio Heisenberg– les habían ganado la partida… O, que, simplemente, habían cumplido su verdadero objetivo: retrasar todo lo posible la investigación para que el arma más devastadora conocida por el hombre no cayese en manos de los nazis, intentando, en un complicado equilibrio, no poner en riesgo sus propias vidas.

Debido a que diseñar una bomba nuclear en la Alemania nazi era casi imposible, nunca había tenido que enfrentarse a la duda moral, explicaba Heisenberg

¿Fracaso o generosidad? Algunos de sus compañeros y adversarios en el Proyecto Manhattan defendieron que, por mucho que Heisenberg adujese que no había alcanzado el objetivo por razones morales, en realidad había calculado mal la cantidad necesaria de Uranio-235 y la masa crítica. Sin embargo, hay un dato que refuerza la tesis contraria: Heisenberg estaba retenido y espiado en Farm Hall, una casa en la campiña inglesa, junto a compañeros como Hahn o Max Von Laue, cuando el 6 de agosto de 1945, el grupo recibió la noticia del bombardeo nuclear en Japón

Soldados estadounidenses desmantelando el proyecto preliminar de Haigerloch.
Soldados estadounidenses desmantelando el proyecto preliminar de Haigerloch.

Al día siguiente, el grupo de físicos discutió la viabilidad del proceso, y aunque quedó claro en las grabaciones que nunca llegaron a tener un prototipo de bomba, el propio Heisenberg proporcionó la información exacta de la cantidad de Uranio-235 y masa crítica necesarios para diseñarla. ¿Había conseguido resolver el problema en tan solo dos días o, como sus defensores arguyen, había preferido evitar la cuestión? Durante mucho tiempo, lo que el físico argumentó es que, debido a que la posibilidad de diseñar una bomba nuclear en la Alemania nazi era una empresa casi imposible, nunca había tenido que enfrentarse a la duda moral de cómo comportarse cuando llegase el momento.

En la mente del físico

Un nuevo libro, 'My Dear Li: Correspondence: 1937-1946' (Yale University Press) arroja algo de luz sobre este episodio clave de la historia a partir de la correspondencia privada entre Heisenberg y su esposa Elisabeth en la que, por miedo a que fuesen interceptadas por los alemanes, abundan los sobreentendidos. Es el caso, por ejemplo, de la visita de Heisenberg en 1941 a su colega Niels Bohr, uno de los líderes del Proyecto Manhattan. Según señala la historia, fue en esta reunión en la que Heisenberg solicitó a su colega que los científicos de ambos bandos retrasasen la investigación hasta que terminase la guerra.

“No ha entendido nada de lo que dije, la cosa ha ido mal”, explicó Heisenberg de la reunión con Niels Bohr

En una carta destinada a su mujer, Heisenberg explica que la conversación del 16 de septiembre “pronto giró hacia las preocupaciones humanas y los hechos infelices de estos días”. Como explica la reseña del libro, lo más probable es que el físico nacido en Warzburgo sacase el tema a colación y Bohr prefiriese dejarlo puesto que no quería saber que Alemania había puesto en marcha un programa nuclear. Como confesó Heisenberg a su colega Von Weizsäcker, “no ha entendido nada de lo que dije, la cosa ha ido mal”.

Algo semejante ocurre con su reunión con Albert Speer a mediados 1942, y en la que el Ministro de Armamento y Guerra del Tercer Reich preguntó a Heisenberg si la bomba podía ser construida en nueve meses. La respuesta, como el propio Speer explicó a 'Der Spiegel' en 1967, fue que el físico desconocía con exactitud la cantidad de material fisionable que se necesitaría y que el proyecto era demasiado grande para una economía de guerra: “Pedimos a Heisenberg que hiciese una lista con sus peticiones materiales y financieras, pero eran tan pequeñas (unos pocos millones de marcos) que entendimos que el proceso se encontraba en sus primeras fases y que los propios físicos no confiaban mucho en él”.

Una vez más, ¿un movimiento consciente de Heisenberg para retrasar el parto de la bomba de uranio? Las cartas destinadas a su mujer muestran que el físico respiró aliviado tras su reunión con Speer, especialmente porque, aunque el proyecto fue reducido a su mínima expresión, no fue cerrado. Esto le permitía cierta independencia, por la que temía debido a las frecuentes acusaciones de vinculación con la física “judía” (léase Albert Einstein). 

¿Qué pasó con el Proyecto Uranio?

Cuando las dos bombas cayeron sobre Nagasaki e Hiroshima, Heisenberg fue despiadado con sus antiguos compañeros, quizá soliviantando por el hecho de haber sido uno de los primeros en ser juzgado por la construcción de la bomba atómica durante la Operación ALSOS… a pesar de no haber llegado a construir ninguna bomba. “Conozco a muchos colegas ingleses y americanos que han trabajado en ello, algunos de los cuales eran mis alumnos. Tienen mi comprensión, porque sus nombres estarán para siempre ligados a esta atrocidad”, escribió a su mujer.

Los medios técnicos y organizativos disponibles en Alemania no nos habrían permitido llevar a cabo el esfuerzo

¿Qué había pasado exactamente con el proyecto de la bomba nuclear? En otra misiva fechada a principios del año 1946 citó a su amigo Von Weizsäcker, que consideraba que describía la situación perfectamente: “Nos libramos de tener que enfrentarnos a la difícil decisión moral de si deberíamos construir una bomba atómica”, explicaba. “Los medios técnicos y organizativos disponibles en Alemania no nos habrían permitido llevar a cabo el esfuerzo que América sí hizo. Nos ceñimos al trabajo preliminar de construir una máquina capaz de producir calor, siguiendo los pasos que América había dado. Al final de la guerra, estábamos cerca de conseguirlo”.

La reseña del libro proporciona un par de pistas más que refuerzan la tesis de que “había intentado deliberadamente convencer al gobierno de Hitler de abandonar toda esperanza de conseguir una bomba atómica que llevaría mucho tiempo fabricar y que sería demasiado grande, cara e incierta para Alemania en tiempos de guerra”. Por una parte, el mensaje secreto de un colega del científico no identificado que quería comunicar a los americanos que “el propio Heisenberg está intentando retrasar su trabajo todo lo que puede, ya que teme los catastróficos resultados de su éxito”.

Carl Friedrich von Weizsäcker, junto a Friedrich Hund en 1993. (CC)
Carl Friedrich von Weizsäcker, junto a Friedrich Hund en 1993. (CC)

Por otra, se encuentra una conversación entre Von Weizsäcker y y el inventor Max Himmelheber a principios de 1944. Este contó que el físico le dijo “que el grupo se había puesto de acuerdo en que un arma tan mortífera no debía, bajo ninguna circunstancia, estar disponible en este mundo, y que era su deber negarse a colaborar en un proyecto de tales consideraciones éticas”. Simplemente, no debían decir una palabra de ello puesto que, de filtrarse la información, serían considerados saboteadores o, peor aún, traidores. Como recuerda la reseña de 'NY Books', una hipótesis que concuerda con la imagen de “un hombre que no quería hacerlo, y se las apañó para decir que no”.  

Alma, Corazón, Vida

El redactor recomienda

Escribe un comentario... Respondiendo al comentario #1
3 comentarios
Por FechaMejor Valorados
Mostrar más comentarios