El informe que revela cómo será la III Guerra Mundial (y cuál será su zona gris)
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ACELERACIÓN Y VIOLENCIA

El informe que revela cómo será la III Guerra Mundial (y cuál será su zona gris)

Los cambios tecnológicos, políticos y sociales se suceden a ritmo vertiginoso, y cambiarán la manera en que los conflictos se desarrollan. Estas son las tendencias que nos esperan

Foto: Olvídate de lo que sabías: ni el lugar ni la duración ni las armas volverán a ser iguales. (iStock)
Olvídate de lo que sabías: ni el lugar ni la duración ni las armas volverán a ser iguales. (iStock)

En su célebre frase, Albert Einstein reconocía su desconocimiento sobre cómo iba a ser la Tercera Guerra Mundial, pero estaba seguro de que en la cuarta se utilizarían palos y piedras. En un panorama global inestable e imprevisible, agitado por las innovaciones tecnológicas, cada vez son más los que se atreven a imaginar cómo puede ser una confrontación a escala global. En las últimas semanas, lo han hecho tanto miembros del ejército estadounidense como expertos del Foro Económico Mundial.

Hace apenas un mes que se celebró la conferencia anual de la Asociación del Ejército Americano en Washington, donde, como explica 'Defence One', el general William Hix explicó que “un conflicto convencional en el futuro inmediato será extremadamente letal y rápido, y el botón de stop del cronómetro no estará en nuestras manos”. El oficial apuntaba una realidad en la que coinciden todas las predicciones: a medida que la tecnología militar se perfecciona, la guerra será mucho más virulenta y veloz, capaz de producir una gran destrucción en muy poco tiempo.

Los que operan los sistemas letales están cada vez más lejos del campo de batalla y aislados del peligro físico

Para ello, los ejércitos están planteando estrategias para estar listos (pero también para reabastecerse) en muy poco tiempo, puesto que los pasos que anuncien un enfrentamiento inminente no serán evidentes. No solo eso, sino que la velocidad de decisión de la máquina puede llegar a superar la del hombre. El próximo campo de batalla será el aire, añadía el teniente general Joseph Anderson, pero para ello necesita un importante apoyo terrestre, también para garantizar que la marina no quede incapacitada.

No ha sido la única previsión que se ha podido escuchar durante el último mes. Un artículo publicado en la página del Foro Económico Mundial por tres de sus responsables de geopolítica detalla cuáles pueden ser las características de una confrontación a nivel global, marcada, en un alto grado, por las nuevas herramientas de inteligencia artificial que nos han presentado las películas bélicas de ciencia-ficción, “que han pasado del cine a las revistas académicas y los informes del gobierno”.

De igual manera que la guerra durante la primera revolución industrial estaba condicionada por la utilización de fuentes de energía como el hierro y el carbón, actualmente es la “asimetría tecnológica” la que se convertirá en “desigualdad política”. “Hoy, los nuevos modos y artefactos de producción industrial cambiarán los patrones de demanda, dando poder a los países que controlen el abastecimiento y el tránsito, y quitándole poder a otros”, explica el artículo. A continuación recogemos algunas de las tendencias que marcarán las guerras en el futuro, en un panorama en el que, como explicó el secretario de Defensa Robert Work, “la superioridad tecnológica militar de EEUU está empezando a derrumbarse”.

La guerra, ¿algo lejano?

A lo largo del siglo XX, la percepción sobre la guerra cambió sensiblemente, sobre todo a medida que las grandes batallas de la primera guerra mundial (Somne) o las carnicerías de la segunda crearon una conciencia entre la población mundial de su capacidad devastadora, también para la población civil. La situación puede cambiar en los próximos años, ya que “los que operan los sistemas letales están cada vez más lejos del campo de batalla y aislados del peligro físico”. Por lo tanto, puede existir la tentación de pensar que la guerra es un enfrentamiento entre máquinas en algún lugar lejano. Falso, porque el ataque a los ciudadanos inocentes seguirá siendo una estrategia recurrente para aquellos que tienen menos poder.

La guerra por error puede ocurrir “tanto por la confianza desmedida en tu capacidad para ganar o a causa de una percepción exagerada”

Además, las nuevas capacidades “pueden aumentar los incentivos para las agresiones”. El informe recuerda que, en los casos de crisis nuclear, siempre se valora la capacidad de reacción del adversario (por ejemplo, a través de sus submarinos), que puede contraatacar antes de que la bomba haya sido lanzada. Hoy en día, “los drones de largo rango pueden navegar libremente a lo largo de los océanos, y ocultarse de los radares del enemigo”.

Deprisa, deprisa

La Wehrmacht alemana perfeccionó el 'blitzkrieg', la guerra relámpago, en maniobras como la invasión de Polonia. La tecnología acelerará aún más las confrontaciones bélicas, como aseguraba el general William Hix, gracias a la facilidad para tomar decisiones de las nuevas máquinas. Pero también en lo que se refiere a la inteligencia, que reaccionará con mucha más celeridad para subsanar las debilidades de un ejército. “Una vez que una vulnerabilidad particular ha sido explotada, la víctima está alerta y dará los pasos necessarios para arreglarla”, señala el informe.

La “guerra por error”

Este es el término utilizado en el informe para referirse a una circunstancia cada vez más probable, “tanto por la confianza desmedida en tu capacidad para ganar o a causa de una percepción exagerada”. En un pasado no tan lejano, la suerte estaba (más o menos) echada al comienzo de la contienda, determinada por el potencial militar de cada uno de los ejércitos. Ahora, “las asimetrías pueden cambiar rápidamente (como es el caso de los nuevos desarrollos estratégicos en áreas como la inteligencia artificial, el espacio, el mar profundo o lo cibernético), lo que puede incentivar la toma de riesgos y el comportamiento agresivo”. Debido a que pronto la balanza de equilibrios puede cambiar, muchos ejércitos pueden caer en la tentación de utilizar su tecnología militar de vanguardia de forma prematura.

La nueva carrera armamentística

A lo largo de la historia se han firmado –con menor o mayor suerte– distintos acuerdos que tenían como objetivo la no proliferación de armas, desde la Conferencia de Washington de 1921 hasta los acuerdos SALT. Hoy en día, resulta mucho más difícil llegar a un acuerdo internacional, a causa de “la incertidumbre sobre cómo se distribuirán los beneficios estratégicos”. En muchos casos, como está ocurriendo con los sistemas de armas letales autónomas, los expertos no se ponen de acuerdo en si se trata de un mecanismo de agresión o de defensa, es decir, si daría ventaja al defensor o el país atacante, y por lo tanto, si de verdad sirven para proteger a los países agredidos o para acelerar los conflictos.

La proliferación de estas tecnologías es más amplia y rápida, lo que crea más competidores tanto a nivel estatal como de otros actores

La carrera armamentística no solo se multiplica temporalmente, sino que también se está extendiendo a muchos más países, debido al abaratamiento de la tecnología de vanguardia. Mientras que la dificultad para desarrollar la bomba atómica tan solo confería potencial destructivo a un puñado de países, el informe recuerda que, hoy en día, hasta 70 disponen de satélites que orbitan alrededor de la tierra, y que también son lanzados por empresas privadas. Muchas de estas tecnologías, como la vigilancia, los drones, la inteligencia artificial y la genómica tienen un doble propósito, tanto civil como militar. “Con su disponibilidad comercial, la proliferación de estas tecnologías es más amplia y más rápida, lo que crea más competidores igualados tanto a nivel estatal como de actores no estatales, lo que hace más difícil llegar a acuerdos que eviten que caigan en las manos equivocadas”.

La zona gris

El Daesh nos da una pista de cómo serán las guerras del futuro, sobre todo en lo que concierne a la desaparición de los estados como actores en el panorama global: “La democratización de la tecnología que puede convertirse en armas da la posibilidad a los actores no estatales y a los individuos de crear caos a una gran escala”. En la guerra del futuro (incluso en la del presente), será muy difícil atribuir determinados ataques a un agente o a otro, lo que puede provocar que “los conflictos sean mucho más proclives a escalar y a dar lugar a consecuencias inesperadas”.

En esa zona gris se encuentran también las fronteras morales. En el pasado, la mayor parte del desarrollo tecnológico bélico se encontraba en manos de estados vigilados por instituciones supranacionales. Hoy en día, esta se encuentra en manos privadas. “Lo cual no sería un problema si los actores estatales fuesen capaces de ejercitar la supervisión a través de medios tradicionales como el desarrollo de normas, la regulación y desarrollo de leyes”. Aún no ha habido ningún movimiento ambicioso en lo que concierne a “áreas tan diversas como la nanotecnología, la biología sintética, los 'big data' y el aprendizaje de las máquinas”.

Ampliación del campo de batalla

En el último siglo, Europa fue, junto al Pacífico en la segunda guerra mundial, el territorio en el que se dirimió el control mundial. Aunque suene a ciencia-ficción, los próximos escenarios pueden ser “el espacio exterior, el océano profundo y el Ártico (todos ellos percibidos como una puerta al liderazgo económico y estratégico)”. En particular, porque su ausencia de fronteras provoca que queden al margen de los marcos legales convencionales.

“Lo moralmente impensable no solo es posible, sino probable“, escribió Carl Schmitt, y el informe está de acuerdo

Al igual que ocurrió en la carrera espacial, el primero en llegar se lo queda todo, “y puede intentar defenderlo contra el 'establishment' de la regulación y el gobierno del interés común”. Tanto más, cuando puede desencadenar graves efecto dominó, como pasaría con la destrucción de un satélite espacial que accidentalmente dañase los sistemas utilizados por otros países.

Todo puede ocurrir

“La historia sugiere que cualquier tecnología, incluso aquella en contra de la moral, terminará siendo desarrollada para ser utilizada como un arma”, explica el artículo en su último punto. Por mucho que pensemos que nada malo va a ocurrir, el conflicto político es un “reino de las excepciones”, según el término del teórico de la política Carl Schmitt, lo cual quiere decir que “lo moralmente impensable no solo es posible, sino probable”. En los próximos años, las amenazas a la seguridad provocarán una escalada de “segurización” por la cual muchos estados se armarán frente a estos cambios en el equilibrio de fuerzas, amparados por la lógica de la amenaza invisible. “La tendencia a la lógica del conflicto que conduce al desarrollo de la tecnología más allá de lo que se considera aceptable por la sociedad en circunstancias normales es una razón más para prestar atención a las tendencias en este campo”, concluye el informe.

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