UN JUEZ DEFIENDE SU PRIVACIDAD

El misterioso 7º espía de Cambridge: está vivo pero los ingleses ocultan su identidad

Durante décadas se pensó que tan solo había cuatro, pero a medida que pasa el tiempo, más nombres salen a la luz. Un juez ha determinado que el último de ellos sea secreto

Foto: Kim Philby durante la rueda de prensa en la que expuso (falsamente) su inocencia. (Cordon Press)
Kim Philby durante la rueda de prensa en la que expuso (falsamente) su inocencia. (Cordon Press)

El Círculo de Espías de Cambridge, como ha pasado popularmente a la historia, es una de las organizaciones secretas más fascinantes de la Guerra Fría. El nombre hace referencia al grupo de espías que fueron reclutados en las aulas de la popular universidad inglesa por Arnold Deutsch para pasar información a la Unión Soviética entre los años treinta y principios de los 50. Un escándalo en el que se vieron envueltos miembros del más alto nivel de la inteligencia inglesa como Kim Philby o del mundo académico inglés como Anthony Blunt, autor de algunos de los libros de teoría del arte más importantes del siglo XX.

Esta semana, décadas después de que la revelación de las identidades conmoviese a Inglaterra, un juez ha dictaminado que había un séptimo espía de Cambridge, que aún sigue vivo pero cuya identidad no puede salir a la luz puesto que “sus relaciones personales podrían ser puestas en riesgo”. Una decisión polémica en cuanto que sus compañeros del grupo de Cambridge fueron considerados traidores a la patria.

El nombre del séptimo espía figura en una carta almacenada en los Archivos Nacionales en Kew, pero los historiadores no pueden acceder a ella

Lo que también ha desvelado el juez, Peter Lane, es que este misterioso séptimo hombre no es George Blake, que aún vive a sus 93 años en Moscú, y que ha figurado en todas las listas de los posibles miembros desconocidos del grupo de Cambridge. Blake decidió trabajar para la KGB mientras estaba preso durante la Guerra de Corea, fue descubierto en 1961 y sentenciado a 42 años de prisión, pero escapó de la prisión de Wormwood Scrub a Rusia en 1966, donde ha pasado el último medio siglo. A pesar de su asociación con algunos miembros del grupo como Donald Maclean o Kim Philby, Blake no formó parte del Círculo de Cambridge.

Ello no quiere decir que las autoridades inglesas desconozcan la identidad del hombre. Simplemente, no piensan hacerla pública, al menos hasta su muerte. El nombre del séptimo espía figura en una carta almacenada en los Archivos Nacionales en Kew, al suroeste de Londres. Fue el historiador Andrew Lownie quien descubrió su existencia, pero cuando solicitó ver la carta aparándose en la libertad de información, las autoridades inglesas decidieron proteger la privacidad del espía.

Donde caben cuatro, caben siete

Una de las particularidades de esta historia es que el grupo se ha ido ampliando de manera que el término que se utilizó para referirse a ellos en primer lugar, los Cambridge Four (“los cuatro de Cambridge”), ha terminado quedando obsoleto. En un primer momento, por la revelación de que John Cairncross también formaba parte del grupo, lo que hizo cambiar el nombre por el de Cambridge Five. Más tarde fue el físico Wilfrid Mann, del MI6, quien pasó a ser el sexto miembro. Ahora, la historia nos presenta a un séptimo hombre.

Los historiadores sospechan de alguien que, de conocerse su identidad, dejaría en mal lugar a los servicios británicos

Quizá el gran enigma en este caso sea la revelación de que el espía aún está vivo, ya que la mayor parte de candidatos para formar parte del círculo de Cambridge están muertos. Al fin y al cabo, su actividad se desarrolló entre los años 30 y los 40, es decir, ya han pasado más de 60 años desde el momento en el que el Círculo detuvo su actividad. Uno de los candidatos era Leonard Henry Long, que fue reclutado por Anthony Blunt antes de la guerra. Sin embargo, Long murió en 2001. Otro nombre es el de Andrew Gow, catedrático experto en Literatura Inglesa que murió en 1978. No hablemos de las sospechas sobre Ludwig Wittgenstein, que lleva más de 60 años en su tumba. Así pues, ¿quién diablos es el séptimo espía?

Lownie sospecha de alguien que, de conocerse su identidad, dejaría en mal lugar a los servicios británicos. Algo en lo que coincide el profesor Anthony Gless, académico especializado en los servicios de inteligencia británicos de la Universidad de Buckingham, que explica en 'The Daily Mail' que “aquí hay gato encerrado”. “Podría ser que esa persona fuese un traidor, y si es así tendrían que dar explicaciones”, añade. “No deberías utilizar los secretos oficiales para evitar que alguien sienta vergüenza, y no se debería proteger a los traidores”.

George Blake, en el documental de la 'BBC' 'Masterspy of Moscow'. (BBC)
George Blake, en el documental de la 'BBC' 'Masterspy of Moscow'. (BBC)

Reino Unido oyó hablar por primera vez del Círculo de los Espías a comienzos de los años cincuenta, después de que Guy Burguess y Donald Duart MacLean desapareciesen sin dejar rastro de las islas. El primero era oficial de inteligencia y productor de radio; el segundo, un diplomático que había formado parte de las embajadas americanas y francesa. En 1956, ambos reaparecerían en una rueda de prensa en Moscú confirmando las sospechas de las autoridades inglesas.

El quinteto de la muerte

El grupo había estado activo durante la Segunda Guerra Mundial, organizado por Kim Philby, el verdadero cerebro que actuó como agente doble para el MI6 y la inteligencia soviética desde los años 30. El “tercer hombre”, como se le conoció, fue investigado durante los años 50, lo que le obligó a convocar una rueda de prensa con la que intentó limpiar su nombre: en 1945 había recibido la Orden del Imperio Británico. Por eso, cuando en 1963 se escapó definitivamente a la Unión Soviética, sus compañeros del MI6 probablemente quedaron boquiabiertos. Ya no digamos después de ver su efigie reproducida en un sello soviético.

Lownie descubrió al físico Wilfrid Mann, que filtró secretos nucleares a la Unión Soviética que le permitieron desarrollar la bomba atómica

El cuarto agente en liza, Anthony Blunt, es quizá una de las personalidades más fascinantes del grupo. No todos los días uno se encuentra un espía especialista en arte renacentista y homosexual, al menos no en la vida real. Cuando la inteligencia británica descubrió que era un espía, decidió ocultar la información, dado que era también Caballero del Imperio Británico. Fue Margaret Thatcher quien en 1979 decidió revelar su identidad y destituirle de su puesto como conservador de la colección de pinturas reales y asesor de la reina. Al fin y al cabo, era primo tercero de la Reina Madre.

El sello soviético de Kim Philby.
El sello soviético de Kim Philby.

A lo largo de los años llegó a conocerse la identidad de dos miembros más del Círculo. Uno de ellos era John Cairncross, un experto en descifrado de códigos cuya identidad como espía de Cambridge fue desvelada en 1990, a pesar de que Blunt, quien le reclutó, ya le había delatado en 1964. Más dudan existen acerca del sexto espía. Lownie apunta a que se trataba del físico Wilfrid Mann, que según el historiador, filtró secretos nucleares a la Unión Soviética que le permitieron desarrollar la bomba atómica

¿Es posible, por lo tanto, que la identidad del séptimo miembro sea tan sensible que la justicia haya decidido correr un tupido velo? Los peor pensados pueden sospechar que así es, dados los precedentes. Lo más probable es que tan solo el paso del tiempo (probablemente no demasiado) termine por desvelar la identidad del último nombre en una de las sagas de espionaje y agentes dobles más fascinantes del siglo XX.

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