Siempre picas

Ocho disimuladas maneras con las que los supermercados consiguen que gastes más

Inocente de ti si crees que puedes evitar caer en alguna de las tentaciones ocultas que las grandes superficies tienen preparadas para que tu carrito de la compra rebose

Foto: 'Vaya, eso de ahí no viene en mi lista, pero con tantos colores mágicos, ¡me lo llevaré!' (iStock)
'Vaya, eso de ahí no viene en mi lista, pero con tantos colores mágicos, ¡me lo llevaré!' (iStock)

Para algunos un tediosa tarea y para otros tantos un plan de lo más entretenido. Salvo que cuentes con servicio en tu vivienda, lo más normal es que en algún momento tengas que ir a hacer la compra, y acudir a un supermercado grande es la mejor opción porque tienen de todo: tanto lo que necesitas como lo que no. 'Bueno, pero yo voy siempre con una lista y no cojo nada más'. Inocente de ti si crees que puedes evitar caer en alguna de las tentaciones ocultas que las grandes superficies tienen preparadas para que tu carrito de la compra rebose, y acabes pagando mucho más de lo que esperabas.

Tiendas diseñadas para 'perderte'

Siempre igual: justo el producto que vas a comprar –normalmente algún básico como leche, arroz o patatas– está escondido en el rincón más inhóspito de la tienda. Y por el camino, tienes que pasar por decenas de pasillos, mostradores, estands, zonas con ofertas… Sí, lo del laberíntico recorrido a lo largo de Ikea para ver todos y cada uno de los artículos que venden no lo inventaron ellos. Hace tiempo que hacer la compra tu supermercado de cabecera te lleva unos cuantos minutos más de los estimados. Y cuanto más tiempo estés allí, ten por seguro que más productos que no pensabas llevarte acabarán en tu casa.

La música a veces puede ser atronadora: para que compres lo que sea (como unas cerillas) y te marches cuanto antes. (iStock)
La música a veces puede ser atronadora: para que compres lo que sea (como unas cerillas) y te marches cuanto antes. (iStock)

Los 'regalos' de promoción

'Nadie regala nada', 'algún truco tendrá' y otras tantas frases rondan tu cabeza cuando ves que con el paquete de pasta regalan una espátula de Bob Esponja o que las latas de fabada, si te llevas tres en lugar de una, incluyen una 'minicacerola super mona' para cocinar al baño maría. Pero no te equivocabas en tu primera intuición y los comercios sacan mucho más partido de esos 'obsequios' de lo que crees. Expuestos especialmente los fines de semana, cuando más gente acude a hacer la compra, esos reclamos 'gratis' ayudan a convencer a los consumidores de tomar la opción de comprar determinada marca o artículo. Lo peor: no sólo acabas comprando un producto nuevo, la innovación puede derivar en que te sientas obligado a comprar esa misma marca más adelante porque quieras completar la colección de 'dedales de nuestra Era'.

Los 'puedo ayudarle en algo'

Aunque hace décadas Inditex innovó con un nuevo modelo de negocio en el que no había ninguna 'señorita Mari José' por la que tuvieses que preguntar una vez escogieses tus artículos y los consumidores rondaban a su libre albedrío por las tiendas tocando y descolocando las prendas sin vergüenza alguna, los servicios de atención al cliente siguen presentes en la inmensa mayoría de las grandes superficies y cadenas especializadas.

Expuestos especialmente los fines de semana, los reclamos 'gratis' ayudan a convencer a los consumidores de tomar la opción de compra

“Basta pensar en la tienda de Apple”, nos sitúa la experta en consumo Elizabeth Harper en 'Deal News', “donde los empleados se reúnen en la puerta para preguntar a los clientes qué necesitan y guiarles hasta el lugar correcto donde encontrarán a más empleados haciendo demostraciones de productos, respondiendo a preguntas e incluso proporcionando soporte técnico”. Al margen de ofrecer una imagen de marca seria y responsable, lo cierto es que con estas estrategias de amabilidad y servilismo con los clientes, las empresas consiguen que muchos compradores se sientan obligados a quedarse con un determinado producto, lo quieran realmente o no.

Un camino lleno de obstáculos a la venta

Si el laberinto desde la entrada a las cajas ya te parecía la mar de complicado, verás cuando empieces a toparte con los pasillos que se empequeñecen, enormes pantallas con anuncios llamativos, zonas de giro llenas de productos en oferta que complican el paso o sonrientes promotores que te ofrecen probar un poco del nuevo 'chopped pork' sin cerdo. Una vez más, el objetivo es que tardes en llegar a la caja con tu carrito lleno y no sólo con el 'brick' de leche, y si hace falta te harán un placaje en mitad de la sección de cosméticos.

¿No llegas bien? Es porque es el producto barato. (Corbis)
¿No llegas bien? Es porque es el producto barato. (Corbis)

Invisibles sonidos y olores

Las compras van mucho más allá de lo que se puede ver y tocar: “La música de fondo e incluso el olor de la tienda puede cambiar nuestro estado de ánimo”, explica Harper. Si los ritmos son más lentos estarán invitándonos a relajarnos y hacer un consumo pausado de manera inconsciente, mientras que si la banda sonora seleccionada es ruidosa querrán que consumamos masivamente y con rapidez. Y lo mismo con los aromas, más cálidos y hogareños o más frescos y juveniles según el público objetivo del establecimiento. Pequeños matices que sitilmente te están invitando a comprar más.

Inservibles productos siempre a la vista

Las multitudes pueden formar cuellos de botella en los pasillos, y mientras tratas de avanzar el supermercado pone a tu alcance decenas de productos apetecibles que puedes coger sin tener que moverte de la cola para llegar a la panadería. Saben dónde colocarlos para que 'piques': siempre a la altura de la vista del público objetivo, de ahí que los dulces y gominolas están un poco más abajo, para que los vean los niños. Y, ojo, porque por mucho cartel rojo que veas a su alrededor con grandes signos de porcentajes, nunca suelen ser productos de primera necesidad, son de marcas de alta gama y sus precios no son los más económicos.

Con las estrategias de servilismo las empresas consiguen que muchos compradores se sientan obligados a quedarse con un determinado producto

Carros de la compra gigantes

Al más puro estilo de las grandes sacas de la compra de tiendas como Ikea o Primark, los supermercados ponen a tu disposición carros de la compra cada vez más grandes y cestos aerodinámicos para que puedas recorrer su establecimiento cómodamente y con la suficiente capacidad para llevarte más cosas. Piensa cuántos productos compras cuando los coges con las manos y todos los que han ido cayendo misteriosamente en el capazo metálico que arrastras. Unos cuantos te sobran.

Accesorios relacionados e innecesarios

“Rellenar una venta con los artículos relacionados es la manera más fácil para que las tiendas mejoren su cuenta de resultados, especialmente con la electrónica”, advierte Harper. Ya que compras una tele qué mejor que añadirle un sistema de altavoces 'exclusivo', un protector de pantalla, un temporizador externo para que la apague si hubiese una explosión nuclear y, por qué no, un mueble de salón a medida para colocarla y un sillón relax para disfrutar delante de tu nuevo pantallón, y teniendo en cuenta el pastizal que te vas a gastar, probablemente sea el único plan que puedas costearte de aquí a unos meses. Esos extras innecesarios que consumes cada vez que compras un artículo de bastante valor, son los que hacen que no te salga tan rentable acudir a las grandes superficies.

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