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La razón por la que ir a IKEA puede acabar con tu relación de pareja

Ya sea por la vuelta al cole, el fin de las vacaciones o el retorno al trabajo, con la llegada del otoño para muchos surge la gran pregunta: "¿nos vamos a vivir juntos?" Mejor que el piso esté amueblado

Foto: Bienvenidos a la república independiente del conflicto asegurado. (iStock)
Bienvenidos a la república independiente del conflicto asegurado. (iStock)

Llega otoño, las lluvias, el fresco y los días más cortos. En este momento nos empieza a dar más pereza salir de casa porque tenemos que abrigarnos más, quizá ir con paraguas por la calle y optamos por quedarnos en el sofá, que se está muy a gusto. Es en esta época cuando echamos un vistazo al cuarto de estar, vemos que algo no nos gusta, nos entra el ramalazo de interiorista y queremos dar un toque más hogareño a nuestra casa, pensando en el largo invierno que queda por delante.

Tras un verano de bote en bote, no es raro que la gente decida cambiar de techo. Especialmente en el caso de las parejas, que tras un periodo de reflexión estival deciden dar un paso hacia adelante e irse a vivir juntos o buscar una nueva vivienda. Sea como sea, muchas son las parejas que en estas últimas semanas han pasado por Ikea para comprar algún mueble e imitar alguno de los bonitos ‘micropisos’ amueblados que utilizan como escaparate dentro del propio centro comercial.

Lo cierto es que es gratificante comprar muebles en pareja para un piso y un proyecto en común. Es asombrosa esa sensación de pensar lo bonito que quedará en casa… Hasta que llegamos al coche, lo cargamos en el maletero, no sin ciertas dificultades, y al abrir la puerta comienzan las discusiones sobre si lo estamos montando bien o mal. Si te es familiar esta sensación no tienes por qué preocuparte, tú caso no es el único.

Estrés y cuestión de liderazgo

La psicóloga Maisie Chou Chaffin señala en 'The Atlantic' que las parejas suelen extrapolar los problemas que surgen al comprar y montar muebles a que quizá no sean tan parecidos, no estén hechos el uno para el otro. Por tanto, quizá el problema no solo sea algo del montaje, sino que nazca antes, en esa conversación en la que uno quería colocar en la cocina una mesa negra más moderna y otro prefería una más clásica lacada.

A pesar de que el conflicto haya podido empezar antes, lo más habitual es que todo explote durante el proceso de montaje: ¿quién sabe más?, ¿quién es más hábil?, ¿por qué siempre la culpa es del otro? Es sorprendente cómo hay parejas que son capaces de coordinar a la perfección diferentes tareas de casa, pero nunca pueden evitar las luchas de poder a la hora de decidir algo tan nimio como el modo en el que se van a poner los tornillos en los muebles de Ikea. El profesor de psicología en la Universidad de Denver, Scott Stanley tiene una posible respuesta a esta cuestión: “El conflicto sobre quién está al mando existirá a no ser que uno acepte que el otro sea el líder”. Si no, uno de los dos tomará al mando a la fuerza, el otro pondrá en duda su capacidad y le dirá que lo está haciendo mal, aunque todos sepamos que se funcionaría mejor si hubiera un ambiente positivo de trabajo.

Hay parejas que no pueden evitar las luchas de poder a la hora de decidir algo tan nimio como el modo en el que se van a poner los tornillos en los muebles de Ikea

También es curiosa la capacidad que tiene el estrés y el roce para estropear cualquier situación y convertir algo positivo, como estrenar un nuevo mueble, en un problema más serio. Un estudio realizado por investigadores de la Monmouth University y el Ursinus College trató de explicar cómo afectan determinados conflictos a las parejas. Para ello dividió a los participantes en dos grupos. Uno debía realizar una tarea matemática sencilla, como escribir los números en orden, y otro tenía que llevar a cabo operaciones matemáticas más complejas. Tras esta parte, todas las parejas debían decir los aspectos positivos que tenía su acompañante.

Los resultados fueron claros: el grupo que se topó con problemas difíciles, y que chocaron a la hora de buscar una solución, elogió una media de un 15% menos a su pareja. Esto muestra que el estrés a la hora de llevar a cabo tareas de este estilo, como montar muebles, afecta negativamente y debilita determinados comportamientos de pareja. Esta opinión la defiende una de las cabezas pensantes del experimento, el investigador Gary Lewandowski.

¿Tragarte Bricomanía durante años no te sirvió de nada, eh? (iStock)
¿Tragarte Bricomanía durante años no te sirvió de nada, eh? (iStock)

El efecto Ikea

Lo lógico, entonces, sería pensar que al comprar un mueble de Ikea lo que estamos deseando es llegar a casa y verlo ya montado sin realizar ningún esfuerzo, pero en realidad ocurre todo lo contrario, lo más placentero es, en efecto, ver que el mueble está acabado, pero sabiendo que somos nosotros los que lo hemos montado y, por tanto, conseguido que ahora esté en pie cumpliendo su función. Este fenómeno fue denominado como efecto Ikea por Michael Norton y Dan Ariely, investigadores de la Universidad de Harvard. Lo que pasa es que el efecto Ikea es un arma de doble filo. “También ocurre que durante el proceso de montaje, las cosas suceden de manera inesperada, creemos que nos faltan piezas, las hemos colocado en otro sitio y todo se retrasa”, indica Ariely.

El estrés derivado de tareas como montar muebles afecta negativamente y debilita a las parejas

El gran problema reside en que cuando esto ocurre, probablemente ya se haya creado la bola de nieve tras el pequeño roce en el centro comercial, los problemas para cargar el coche, la lucha por el poder en el montaje y estemos más pendientes de echar la culpa a nuestra pareja que de hacer las cosas bien y montar el mueble lo antes posible para poder disfrutarlo. Es en este momento en el que se apaga la bombillita de nuestro cerebro y se enciende nuestro ser más primitivo, que empieza discutiendo sobre los estantes y acaba chocando sobre los hijos, padres de cada uno o cualquier otra cuestión más trascendental, tal y como defiende el psicólogo Don Ferguson.

Quizá la culpa no acabé siendo de Ikea, quizá la culpa resida en que no seamos capaces de ceder o trabajar en equipo cuando nos encontramos ante situaciones inesperadas, puesto que trataremos de demostrar que somos mejores que el otro, en vez de ayudarnos mutuamente. La clave de que una pareja funcione a largo plazo es que ambos tengan mano izquierda y no estén discutiendo constantemente por cosas secundarias, como montar un mueble de Ikea.

Alma, Corazón, Vida

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