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De Hondarribia a Bayona: ruta veraniega por la frontera oeste con Francia
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De Hondarribia a Bayona: ruta veraniega por la frontera oeste con Francia

Si estás pensando estas vacaciones en hacer una escapada con encanto por el norte, toma nota de este recorrido repleto de rincones espectaculares y buena gastronomía

Foto: Hondarribia. (iStock)
Hondarribia. (iStock)

La desembocadura del río Bidasoa conforma una de las fronteras más especiales de nuestro país. Un lugar de visita imprescindible en el que, nada más llegar a la zona, puedes imaginar y comprender la importancia estratégica que el lugar ha tenido a lo largo de los siglos, y de la que todavía quedan vestigios.

Es muy probable que, desde el siglo X, ya existiese una fortaleza en la parte más alta de Hondarribia (o Fuenterrabía en castellano), aunque su fecha fundacional se encuentra entre finales del siglo XII y el año 1203, cuando fue confirmada como fuero. Explicar toda su historia daría para varios artículos hablando de guerras, asedios, tratados de paz firmados o visitas ilustres a la localidad, que van desde Felipe el Hermoso y Juana la Loca al rey francés Francisco I.

Pero nuestro objetivo aquí hoy es el de dar parte de buenas claves para visitar la zona, en un recorrido que podremos hacer sin problema en un fin de semana, un puente o unos próximos días de vacaciones. Vamos a ello:

Hondarribia

placeholder Plaza de Armas en Hondarribia. (iStock)
Plaza de Armas en Hondarribia. (iStock)

Podemos afirmar, sin miedo a equivocarnos, que estamos ante uno de los pueblos más bonitos del País Vasco. Hondarribia mezcla el encanto de un casco antiguo repleto de casas típicas de la zona, que está protegido por la única muralla medieval de la provincia de Guipúzcoa, con el placer veraniego de poder disfrutar de la playa.

Es una localidad que podemos ver si problemas paseando. Al llegar, lo primero que debemos hacer es acudir al casco antiguo. Una de las mejores formas de acceder a él, y evitar llegar fatigados por las cuestas, es subir por el ascensor gratuito que se encuentra en la calle Sabino Arana Goiri, que hace las veces de mirador mientras asciendes. Una vez ahí llegaremos casi sin querer a la plaza de Armas, con el antiguo Castillo de Carlos V y, desde ahí, podemos visitar la iglesia parroquial, dar una vuelta por la calle Mayor y asomarnos a la plaza de Gipuzkoa (con las típicas edificaciones locales).

placeholder Hondarribia. (iStock)
Hondarribia. (iStock)

Para salir del casco antiguo, podemos tomar dos direcciones opuestas (igual de placenteras, al ir caminando cuesta abajo). Por uno de los lados llegaremos a los restos de una antigua entrada a la ciudad, la puerta de Santa María. Por el otro llegaremos al barrio de la Marina, el lugar ideal para disfrutar de la maravillosa gastronomía local.

Hondarribia es, además, el lugar ideal para alojarnos, ya que puede ser el centro de operaciones de nuestro viaje desde el que visitar otras zonas del País Vasco o, como en caso de este artículo, 'hincarle el diente' al sur de Francia. Hay varias opciones para ello: las más clásicas pasan por alojarse en el parador de la ciudad, o buscar un Airbnb por la zona. Pero, si quieres hacer de tu estancia algo más especial, también existen otras opciones más sorprendentes, como Villa Magaleán, un coqueto hotel a los pies del casco antiguo situado dentro de una villa de los años 50 de estilo neovasco, que ha sido perfectamente rehabilitada tanto para descansar como para disfrutar de la gastronomía en su restaurante.

Si, además de las opciones que ofrece la localidad, te apetece disfrutar de las vistas de la zona, puedes acudir a la Torre V de Jaizkibel (Erramuz), desde donde podrás contemplar los pueblos cercanos y el aterrizaje de los aviones en el aeropuerto.

Hendaya

placeholder Arquitectura tradicional en Hendaya. (iStock)
Arquitectura tradicional en Hendaya. (iStock)

La historia de esta frontera no se limita al territorio español. Al otro lado del Bidasoa se encuentra el primer punto de interés en nuestra incursión al sur del país vecino. Aunque el principal hito histórico por el que recordamos esta ciudad es el encuentro allí entre Hitler y Franco en 1940, este pueblo sostiene sobre sus hombros otros muchos acontecimientos de renombre, muchos de ellos bélicos, que, por fortuna, pertenecen al pasado.

Si tuviéramos que recomendar una sola cosa que hacer en Hendaya, más aún en verano, sería disfrutar de su estupenda playa y el paseo marítimo que la acompaña. A través de este último podremos hacer una visita al casino, dar una vuelta por el puerto deportivo y pasear por el barrio de la avenida de las Mimosas para contemplar casas típicas de la zona que, muy probablemente, no te podrás comprar.

Además, es muy recomendable tanto pasear por el barrio de la Caneta como sacar un rato para acudir al Castillo Observatorio de Abbadie, de estilo neogótico, uno de los edificios más emblemáticos de Hendaya.

San Juan de Luz

placeholder San Juan de Luz. (iStock)
San Juan de Luz. (iStock)

Después de visitar Hondarribia y Bayona, algo que podemos hacer acompañados de nuestras ganas y piernas como único medio de transporte, toca arrancar el coche (o buscar autobuses o trenes que hagan la ruta equivalente) para seguir bordeando el litoral y encaminarnos a otras tres localidades francesas con mucho encanto a una distancia máxima de 40 kilómetros entre ellas.

La primera es San Juan de Luz, uno de los puertos pesqueros con más historia de Francia que, con el paso de los siglos, se ha ido reconvirtiendo en rincón de veraneo por excelencia. Además de su playa y su paseo marítimo, no debemos irnos sin haber hecho una visita a la impresionante Iglesia de San Juan Bautista y sin recorrer la rue Gambetta, donde nos terminaremos encontrando con la plaza de Luis XIV, la mansión del mismo Luis y el ayuntamiento.

Biarritz

placeholder Vista del famoso puente de piedra Rocher du Basta, en Biarritz. (iStock)
Vista del famoso puente de piedra Rocher du Basta, en Biarritz. (iStock)

A unos 20 kilómetros al norte de San Juan de Luz nos encontramos con Biarritz. Desde hace dos siglos, los visitantes a esta ciudad balneario bañada por el cantábrico siempre han podido soltar una frase similar a "ojo, aquí hay nivel". Y es que, desde el siglo XIX en adelante, esta ciudad ha sido receptora de visitantes de alto poder adquisitivo europeo que buscaban (y buscan) allí un entorno de cierto lujo en el que relajarse bañándose en sus aguas cristalinas.

Esa sensación, que se mantiene en parte al pasear por sus calles y observar a los turistas que ocupan sus terrazas, se suma al hecho de que la zona de Biarritz es una de las cunas surferas del sur de Europa.

Si eres de los que sí podrían pagar una de las casas que hemos dicho que no te podrías comprar en Hendaya, visita el Hotel du Palais

Nada más llegar a la localidad, es recomendable, de nuevo, acercarnos a su paseo marítimo, donde nos encontramos con la Grand Plage, el Palacio Biarritz y los alrededores del casino. Desde ahí, podremos ir paseando a otros lugares de interés, como la Roca de la Virgen, a la que se accede a través de una pasarela de hierro, o la rue Port Vieux, una de las zonas con más ambiente y mejor gastronomía.

Si eres de los que sí podrían pagar una de las casas que hemos dicho que no te podrías comprar en Hendaya, quizá deberías hacer una visita en Biarritz al famoso Hotel du Palais, que, además de lujoso, es un palacio del siglo XIX con mucha historia ubicado entre las dos playas principales de la ciudad.

Bayona

placeholder Claustro de la catedral de Bayona. (iStock)
Claustro de la catedral de Bayona. (iStock)

Terminamos nuestra ruta desplazándonos otros nueve kilómetros al norte y alejándonos levemente de la costa, pero no del agua. Entre la confluencia del río Nive con el Adour, se encuentra el casco histórico de la ciudad de Bayona.

Si llegas con hambre, lo primero debería ser pasarte por el mercado de Les Halles, lleno de productos locales bastante apetitosos. Si tu plan es de bocadillo o te lo has gastado todo en una terraza cerca del casino en Biarritz, puedes ir directamente a la catedral de Santa María, al Jardín Botánico y a los alrededores de la rue Argenterie y la rue d´Espagne.

La desembocadura del río Bidasoa conforma una de las fronteras más especiales de nuestro país. Un lugar de visita imprescindible en el que, nada más llegar a la zona, puedes imaginar y comprender la importancia estratégica que el lugar ha tenido a lo largo de los siglos, y de la que todavía quedan vestigios.

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