El Tinder que hará parejas más felices y duraderas
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¿Adiós a los divorcios?

El Tinder que hará parejas más felices y duraderas

Un gran número de parejas acaban en desastre o no son felices. Un nuevo modelo computacional podría solucionarlo y predecir cómo evolucionarán tus futuras relaciones

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Brangelina no usaron el algoritmo

Un grupo de científicos cree estar sobre la pista para dar con la clave de las relaciones (casi) perfectas y duraderas. Investigadores de la Universidad de California Santa Bárbara han desarrollando un nuevo modelo computacional que, en un futuro no tan lejano, podría hacer que el Tinder termine de ser una ruleta rusa y se convierta en una herramienta útil para hacernos la vida mucho más tranquila.

Según Dan Conroy-Beam —profesor asistente del Departmento de Psicología y Ciencias del Cerebro, UC Santa Barbara— la manera en la que los humanos elegimos pareja todavía es uno de los grandes misterios de la ciencia. Existen muchas teorías que intentan describir por qué nos sentimos atraídos unos a otros, por qué seleccionamos una pareja y cómo navegamos en una relación.

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Algunos científicos argumentan que hay factores de atracción física y psicológica. Otros afirman que las parejas se crean en base a una serie de expectativas previas, una especie de listón mínimo —el que alguna vez te habrás dejado en casa cuando has salido a perrear. Los hay también que dicen que, como en los bailes de salón del siglo XVIII, algunos se juntan a la espera de encontrar algo mejor y cambiar de pareja, como quien pasa del iPhone 8 al iPhone 12.

Conroy-Beam afirma que todos estos modelos fallan porque es un proceso mucho más complejo en los que muchos parámetros interactúan con efectos impredecibles. Y, si tienes suerte, quizás aguantes el par de décadas de la media. Si tienes muchísima suerte y una infinita paciencia, toda la vida. Pero en un gran número de casos, las perdices se terminan en algún momento y no hay nada más que rascar.

Un algoritmo para deshojar la margarita

Para intentar dar con la clave, el equipo de Conroy-Beam tiró de lo que tiran muchos científicos hoy en día: el algoritmo. Crearon un modelo computacional que contemplaba varias teorías, desde clásicas como el Gale-Shapley Algorithm, que intenta explicar la optimización de parejas estables, a una nueva creada por Conroy-Beam llamada Resource Allocation Model (RAM o modelo de asignación de recursos).

placeholder José Luís y Amparo, sin Tinder (fotograma de El Divorcio que Viene, de Pedro Masó)
José Luís y Amparo, sin Tinder (fotograma de El Divorcio que Viene, de Pedro Masó)

Esta última dice que elegimos pareja evaluando constantemente los recursos que vamos a necesitar para conseguirla y mantenerla. Recursos como el tiempo, el dinero, la energía física y las emociones que vamos a invertir en la otra persona. Según él, es un algoritmo muy flexible que no es binario y que asume que las circunstancias de una pareja cambian con el tiempo.

Para ver cuál algoritmo funciona mejor, Conroy-Beam diseñó un experimento en el que recogió multitud de datos de cientos de parejas. Con esos datos creó avatares virtuales para cada individuo y los puso en un mundo simulado. Sabiendo el estado real de esas personas, el equipo de científicos ejecutó su simulación con los diferentes algoritmos para ver cómo se emparejaban por su cuenta los avatares y así comprobar si los resultados coincidían con la vida real.

Conroy-Beam descubrió que el algoritmo más preciso fue el RAM, con una tasa de acierto del 45%. El número está muy lejos de lo que se necesita realmente para predecir el futuro de una pareja con total certidumbre, pero los otros modelos fueron solo algo más precisos que el emparejamiento aleatorio.

placeholder La rara avis de la pareja feliz de por vida (y encima en Hollywood): Joanne Woodward y Paul Newman.
La rara avis de la pareja feliz de por vida (y encima en Hollywood): Joanne Woodward y Paul Newman.

Según Conroy-Beam, todavía estamos al principio de la simulación pero los resultados son impresionantes para un primer intento. De hecho, según su estudio, ese 45% de éxito coincidió en gran medida con las parejas reales que afirmaban tener una buena relación y estar más satisfechos con su pareja.

El equipo afirma que esperan incrementar la precisión de la simulación de parejas a medida que incrementen el número de datos de cada individuo y la complejidad de los avatares, que ahora mismo "son bocetos primitivos". Su siguiente objetivo será ampliar la simulación para ver si pueden predecir la duración de las parejas con exactitud.

Si tienen éxito, es lógico imaginar que luego vendrán las aplicaciones prácticas en forma de app similar a Tinder.

¿Fin del divorcio o el matrimonio?

Pero quizás nada de esto importe. Una gran mayoría de antropólogos afirman que el problema de la pareja está en la idea de que debemos estar para toda la vida con una pareja para ser felices. Aseguran que el ser humano no es monógamo por naturaleza, como sí lo son otras especies. De hecho, solo el 9% de los mamíferos tienen pareja de por vida. En los primates, solo el 29% son monógamos.

Sabemos que antes del establecimiento de las sociedades sedentarias, el ser humano era polígamo. La monogamía surge en gran parte como necesidad y convención derivada del sedentarismo. Hasta el Instituto de Estudios de la Familia americano, una organización conservadora, reconoce que "el ser humano no tiende a la monogamia" y que lo más a lo que podemos aspirar es ser "monógamos en serie". Antes de la colonización occidental, y sin contar las relaciones del mismo sexo, los datos apuntan a que el 83% de las sociedades indígenas era poligínico (un hombre, varias mujeres), el 16% monógamo y el 1% poliandroso (una mujer, varios hombres).

Todo esto parece también corroborado por todos los indicadores estadísticos actuales. La vida en pareja "de por vida" ha caído de forma estrepitosa (sin contar con las infidelidades en supuestamente felices parejas de por vida, claro) después de la introducción y puesta en práctica progresiva de los derechos de la mujer; principalmente su educación e independencia económica.

placeholder Elizabeth Taylor tampoco tenía Tinder 2.0.
Elizabeth Taylor tampoco tenía Tinder 2.0.

Aquí en España, según Eurostat, casi seis de diez matrimonios acabaron en divorcio o separación legal en 2017. Las cifras totales de divorcios han ido disminuyendo levemente año tras año. En 2019, se produjeron un total de 91.645, un descenso del 2,8% motivado por varios factores, como la imposibilidad de divorcio por motivos económicos y la disminución del número de matrimonios (estamos ahora a la cola de Europa). También sabemos que la mayoría de separaciones no suele suceder en los dos primeros años. El Instituto Nacional de Estadística, sin embargo, apunta a que solo uno de cada tres matrimonios divorciados en 2019 se separaron después de 20 años.

Es difícil predecir hacia dónde nos dirigimos. Pero no es difícil imaginar que, igual que hubo un cambio hacia las relaciones monógamas motivado en gran medida por el cambio a la sociedad sedentaria, podemos estar asistiendo a otra transición en el sentido contrario. Lo que sí parece imposible es que podamos seguir negando nuestra verdadera naturaleza biológica otros 10.000 años más.

Sea como sea, no estaría nada mal que el Tinder del futuro diera un índice de posibilidad de éxito a la hora de elegir pareja. Por lo menos para conseguir que los enamorados tuvieran mayores posibilidades de éxito, paz y lujuria durante el mayor tiempo posible. Sobre todo para evitar disgustos y gastos vitales innecesarios. A mí, que me he divorciado más veces que la Elizabeth Taylor, me habría ido al pelo.

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