Novaceno: la crónica del futuro de la humanidad
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Novaceno: la crónica del futuro de la humanidad

Bienvenido al nuevo proyecto editorial de El Confidencial sobre el futuro, una crónica de los avances tecnológicos y científicos que cambiarán a la humanidad para siempre

En su libro 'The Pale Blue Dot', Carl Sagan cita un pasaje de 'Moby Dick', la novela de Herman Melville: "Estoy atormentado por una comezón perpetua por cosas remotas. Amo navegar por mares prohibidos y desembarcar en costas bárbaras." Hemos creado Novaceno como una nave que te llevará a esas costas y mostrará esas cosas que definirán nuestro futuro: las nuevas tecnologías y descubrimientos científicos que tienen el potencial de cambiar nuestra civilización, a veces sutilmente, otras de forma profunda e irreversible.

Novaceno es un término acuñado por James Lovelock en su nuevo libro, 'Novacene'. El científico y futurista es conocido por la teoría de Gaia, una de las deidades griegas que personifica nuestro mundo. Según Lovelock, vivimos en un superorganismo autorregulado en el que plantas y animales somos células que interactuamos con nuestro entorno inorgánico para perpetuar las condiciones de vida del planeta Tierra.

Hasta hace muy poco, el ser humano solo era un animal más, una parte insignificante de una máquina planetaria. Pero, según Lovelock y otros científicos, esto ya no es así desde que comenzó el antropoceno, la era geológica no oficial en la que nos encontramos actualmente. En el antropoceno, la actividad humana es responsable de la transformación del planeta a gran escala y a todos los niveles, desde el clima y los ecosistemas a la misma geografía. Por primera vez en nuestra breve historia, somos capaces de afectar el funcionamiento de Gaia. Y, según todos los indicadores, la estamos llevando al límite de su capacidad.

placeholder Visualización de las comunicaciones globales en el antropoceno (Globaia.org)
Visualización de las comunicaciones globales en el antropoceno (Globaia.org)

La nueva teoría de Lovelock es que el antropoceno será, afortunadamente, un periodo muy corto gracias al propio ser humano y el impulso exponencial de la tecnología que ha culminado con el nacimiento de la inteligencia artificial. Eventualmente, la IA tomará conciencia de su propia existencia convirtiéndose en la especie dominante en el planeta. Y, en ese proceso, nos salvaremos de nosotros mismos.

Lovelock no piensa que las inteligencias sintéticas nos destruirán como un virus indeseable. No habrá Terminators ni Skynets malignos. Según él, hombre y máquina coexistirán y colaborarán para asegurar su propia supervivencia y la del planeta. Esos nuevos seres, que también se integrarán con los humanos gracias a múltiples interfaces bioelectrónicos, serán la clave en la supervivencia de la humanidad en una nueva era que él denomina el Novaceno.

Desde el punto de vista darwiniano —o de autores de ciencia ficción como Isaac Asimov o la escala de las civilizaciones de Kardashev— esta visión tiene sentido: al final, el 'Homo sapiens' es solo un paso hacia una forma de vida superior y mucho más eficiente que la nuestra. El 'Homo silicium',' se podría llamar. Una forma de vida que puede controlar realmente su propio destino, tanto en la Tierra como en otros planetas y sistemas estelares.

Todavía estamos lejos de esta singularidad tecnológica, aunque no tan lejos como la mayoría piensa. Y, aunque será radical y revolucionario, no será más traumático que otros cambios radicales, como la revolución industrial. No traerá el fin de la humanidad aunque sí su transformación.

Sagan —otro de nuestros filósofos de cabecera— argumenta en 'Pale Blue Dot' que la humanidad no es el centro del universo. Ni de la galaxia. Ni siquiera del sistema solar o de la misma Tierra. La civilización humana solo ha existido durante poco más de 10.000 años, una fracción de un latido del corazón de un planeta que tiene 4.543 millones de años. Y, suspendidos en una mota en el espacio, dice el astrónomo, nos hemos pasado ese tiempo diminuto matándonos entre nosotros para dominar una fracción de algo que es absolutamente insignificante.

Insignificante, dice Sagan, pero a la vez único y precioso. Aunque estamos casi seguros de que hay millones de mundos con vida solo en nuestra galaxia, por ahora solo conocemos el nuestro. Algunos de esos mundos probablemente tendrán seres inteligentes. Y otros también civilizaciones avanzadas. O infantiles, como la nuestra. Pero, por ahora, no lo sabemos con certeza. Por ahora, solo sabemos que no hay nadie más. Solo en el universo, saturado en este breve hoy por la mezquindad de los que reniegan de la ciencia y abrazan el oscurantismo y la conspiración, el ser humano solo puede agarrarse a los sueños del progreso científico y tecnológico de algunos miembros de nuestra especie. La historia de la humanidad ha demostrado que esos sueños han sido siempre la clave para nuestra supervivencia y prosperidad en contra de las predicciones apocalípticas maltusianas. Parece lógico pensar que, una vez más, seguiremos andando por ese mismo camino.

Como Lovelock y Sagan, aquí somos optimistas. Tenemos la esperanza de que esos sueños ganen la batalla a la oscuridad y nos lleven en un viaje más allá de la autodestrucción —a una era de renacimiento, paz y prosperidad planetaria.

Novaceno será la crónica de ese viaje.

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