Vacunar a nuestros niños o al resto del mundo: el dilema del final de la pandemia
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¿Qué hay de los países en desarrollo?

Vacunar a nuestros niños o al resto del mundo: el dilema del final de la pandemia

Hay muchas dudas sobre la necesidad de inmunizar a los niños, cuyas dosis aún no están disponibles. Algunos expertos consideran más urgente destinar esos recursos a otros países para evitar el surgimiento de variantes

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Foto: EFE.

El proceso de vacunación del covid avanza a pasos agigantados hacia las edades más jóvenes. A día de hoy, podría vacunarse cualquier persona mayor de 12 años, ya que el pasado 28 de mayo la Agencia Europea de Medicamentos (EMA, por sus siglas en inglés) le dio luz verde a la vacuna de Pfizer-BioNTech para los adolescentes. Los ensayos clínicos van mostrando que inmunizar a este colectivo es, en general, seguro y efectivo; y en EEUU lo llevan haciendo desde hace varias semanas. Todo parece indicar que más pronto que tarde llegará su turno.

Sin embargo, en el caso de los niños los ensayos clínicos van algo más retrasados. De hecho, la propia Pfizer anunció el pasado miércoles que iba a comenzar un estudio con 4.500 menores de 12 años en España, EEUU, Finlandia y Polonia. Los resultados podrían llegar en septiembre, aunque solo para el tramo de edad de entre 5 y 11 años. Los ensayos diferencian un segundo grupo de 2 a 5 años y, finalmente, un tercero de entre 6 meses y 2 años. Si todo marcha bien, las últimas autorizaciones podrían llegar en noviembre.

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Llegados a este punto y teniendo en cuenta que al ritmo actual la inmensa mayoría de los adultos estarán vacunados en Europa antes de que finalice el verano, los expertos se preguntan si realmente será necesario inmunizar a los más pequeños. La duda surge porque la incidencia de la enfermedad en edades infantiles es casi nula y porque, en todo caso, la inmunidad de grupo podría hacer que el SARS-CoV-2 dejase de circular mucho antes de que les toque su turno.

Además, entra en juego otro factor. Puestos a establecer prioridades a partir de ahora, ¿no sería mejor destinar las vacunas y los recursos sobrantes a otros países? No se trata de un planteamiento altruista, sino de asegurar que la pandemia queda realmente atrás cuanto antes. Las vacunas siguen demostrando que protegen frente a todas las mutaciones conocidas. Sin ir más lejos, 'Nature' publicó el pasado jueves un estudio que revela la eficacia de Pfizer ante las variantes de la India. Sin embargo, mantener el virus en circulación es comprar papeletas para que surjan complicaciones.

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Foto: EFE.

“Es bueno hacer la investigación y completarla para tener las vacunas listas por si acaso fueran necesarias. Creo que no lo van a ser, pero estamos obligados a tener un arma por si la pandemia da un giro inesperado e hicieran falta”, comenta Ángel Hernández Merino, miembro del Comité Asesor de Vacunas de la Asociación Española de Pediatría (AEP). No obstante, “espero que las vacunas de niños pequeños las guardemos en las cámaras frigoríficas, y nada más”.

¿Hace falta vacunar a los niños?

Quique Bassat, pediatra y epidemiólogo del Instituto de Salud Global de Barcelona (ISGlobal) también tiene dudas sobre la necesidad de inmunizar a los niños. “La respuesta rápida es que no lo sabemos”, confiesa, aunque todos los indicios apuntan a que “probablemente, la vacunación de los niños sea poco importante”. Por una parte, “los niños más pequeños transmiten poco y mal”, según se desprende de la mayoría de los estudios. “Vacunarlos o no, seguramente, va a tener muy poco impacto en la transmisión general, porque sus infecciones provocan pocos casos secundarios. Hemos mantenido las escuelas abiertas y esto no ha provocado grandes cambios en la incidencia”, destaca el experto.

Por otra parte, los niños no desarrollan enfermedad grave. La excepción es el síndrome inflamatorio multisistémico pediátrico, que aparece en algunos niños con covid y que se caracteriza por síntomas muy diversos, entre los que destaca la inflamación generalizada de órganos. De todos modos, se trata de casos muy excepcionales. Si el resto de la sociedad está vacunada, la probabilidad de que surja algún caso grave en niños sería casi nula. “En eso consiste la inmunidad de grupo, al tener gente vacunada dificultas la circulación del microorganismo y no llega a los no vacunados”, recuerda el presidente de la Asociación Española de Vacunología, (AEV), Amós García Rojas. “La mejor manera de proteger a un niño es que todos los adultos que viven con él estén vacunados”, añade.

placeholder El consejero de Sanidad de la CAM durante su visita a al Centro Logista Pharma. (EFE)
El consejero de Sanidad de la CAM durante su visita a al Centro Logista Pharma. (EFE)

A pesar de todo, “si tuviéramos vacunas para todos, sí, habría que vacunar a los niños. Acabaríamos antes y lograríamos el objetivo de interrumpir la transmisión antes”, opina Bassat. Es cierto que a medida que disminuye la edad del receptor de las vacunas el balance entre riesgo y beneficio está menos claro “porque siempre lo medimos por las posibilidades de fallecer”, casi nulas en el caso de los niños. Sin embargo, tener el covid tiene otras consecuencias negativas. Por ejemplo, se calcula que un 10% de los pacientes pueden sufrir covid persistente. Por lo tanto, el experto del ISGlobal cree que también hay que considerar esta cuestión.

La necesaria inmunización global

Sin embargo, “en esta crisis sanitaria hay que pensar en global”, matiza, y ello implica buscar la opción menos mala. “Como pediatra, debo fomentar la vacunación y la protección de los niños, aunque sabemos que son poco vulnerables, pero me preocupa mucho más que haya países donde el virus circula a sus anchas y apenas tienen unas decenas de miles de vacunas” afirma Bassat. “La realidad es que necesitamos alrededor de 11.000 millones de vacunas en todo el mundo”, explica, teniendo en cuenta que la mayoría requieren una doble dosis, “y Europa acumula cinco dosis por habitante”.

El presidente de la AEV coincide plenamente. “Si dejamos espacios geográficos sin vacunar, el virus seguirá teniendo presencia y dará lugar a nuevos casos. Cuantas más personas se infecten, más posibilidades de aparición de nuevas variantes. Con lo cual, el problema nos podría acabar afectando a nosotros”, destaca García Rojas. Por lo tanto, priorizar la vacunación en otros países supone, en su opinión, “contribuir a darle un golpe definitivo a la pandemia” mucho más que centrarse en completar la inmunidad en todos los tramos de edad en Europa.

¿No podrían ser compatibles las dos cosas? “Ahora mismo no hay vacunas disponibles a nivel mundial para eso y resulta poco gratificante pensar que en EEUU estén vacunando los adolescentes y en Guinea no estén vacunando a nadie, los países ricos acaparan el 70% de las dosis”, comenta García Rojas. “Es cierto que nosotros debemos llegar a una cobertura poblacional que rompa la transmisión del virus en nuestro medio, pero una vez que se consiga, hay que plantearse si realmente es necesario vacunar a sectores de la población en los cuales la enfermedad tiene muy poco impacto desde el punto de vista clínico”, añade.

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Foto: Reuters.

En cambio, Hernández Merino cree que vacunar a los jóvenes y los adolescentes no impide desviar una parte de las vacunas y de los fondos destinados a la pandemia a los países que no cuentan con estos recursos: “No tiene por qué ser una cosa u otra, pueden ser las dos a la vez. Desde luego, hay que empezar a enviar los excedentes, pero creo que aún sería más importante transferir tecnología para la producción de vacunas 'in situ' en países de África, por ejemplo”.

Por qué sí habrá que vacunar a los adolescentes

Los expertos sí coinciden en marcar una diferencia clara entre menores y mayores de 12 años. Mientras que en el caso de los niños no encuentran razones claras para recomendar la vacunación, para los adolescentes sí sería aconsejable. Principalmente, porque forman parte del grupo que más se está contagiando en estos momentos, que para las estadísticas agrupa de forma genérica a todos los jóvenes entre 15 y 29 años. “Las tendencias en adolescentes se parecen mucho a las de adultos jóvenes que tienen más años. Se comportan de un modo muy parecido y existen las razones para vacunarles”, señala el experto de la AEP. Básicamente, “son un grupo de población que tiene mucha interacción social y una menor adherencia a las medidas de protección, así que con mucha probabilidad va a mantener circulando el virus; hay que abordar su inmunización”, explica.

No obstante, preocupa un efecto adverso observado en los adolescentes: algunos casos de miocarditis, particularmente en EEUU. Se trata de una inflamación del músculo cardiaco que potencialmente puede ser grave, aunque todos los casos notificados hasta el momento han sido de carácter leve y los jóvenes afectados se han recuperado. Los resultados de los ensayos clínicos de las vacunas de ARN mensajero en adolescentes han sido muy positivos desde el punto de vista de la efectividad y de la seguridad, pero al igual que con los trombos de las vacunas de adenovirus, los casos raros solo comienzan a aparecer realmente con su aplicación masiva.

¿Estas complicaciones pueden aparecer en los niños? Existe una diferencia que puede ser decisiva: los adolescentes se están vacunando con la misma dosis que los adultos, 30 microgramos de la vacuna de Pfizer. Sin embargo, en los ensayos que se realizan con menores de 12 años les inyectan una cantidad menor: 10 microgramos para el tramo de edad de 5 a 11 años y solo 3 microgramos para los menores de 5. “Por las características de las vacunas y por lo que vemos en otros tramos de edad no hay dudas de que también serán seguras y eficaces”, afirma García Rojas.

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