LA IMPORTANCIA DEL ANHELO

Así reacciona el cerebro tras reunirse con alguien amado tras mucho tiempo

Con el fin de mantener las relaciones a lo largo del tiempo, tiene que haber cierta motivación para estar con esa persona cuando estás lejos de ella

Foto: El anhelo entre topillos de la pradera. Foto: Zoe Donaldson
El anhelo entre topillos de la pradera. Foto: Zoe Donaldson

A la hora de tener una pareja y que ésta se convierta en duradera el anhelo de reunirte con ella se convierte en algo muy importante, igual o más que cómo reaccionamos cuando estamos juntos. Esta es una de las conclusiones principales (y más curiosas) de una investigación realizada por científicos estadounidenses.

Quizás llevas, a causa del confinamiento obligatorio por la crisis sanitaria del coronavirus, bastante tiempo sin estar con tu pareja. Sí, existen videollamadas y conversaciones telefónicas, pero si todo va bien en la relación debe existir un anhelo por ver a tu amado/a. "Con el fin de mantener las relaciones a lo largo del tiempo, tiene que haber cierta motivación para estar con esa persona cuando estás lejos de ella", señala a Neuroscience News la autora principal Zoe Donaldson, profesora asistente de Neurociencia Conductual en la Universidad de Colorado Boulder (Estados Unidos). "El nuestro es el primer estudio que señala la base neuronal potencial para esa motivación para reunirse".

El estudio centra sus investigaciones en un tipo de roedor, los topillos de la pradera, que al igual que los humanos tienden a aparearse durante toda la vida, por lo que estudiar la actividad cerebral de estos animales puede ser muy útil para analizar la monogamia y el instinto de formar vínculos duraderos. Según los investigadores, los hallazgos podrían ser utilizados para desarrollar terapias para las personas con autismo, depresión severa y otros trastornos que hacen que tales conexiones emocionales sean difíciles de lograr. Además, señalan que esta investigación da una idea de por qué el distanciamiento social es tan difícil. "Estamos programados para buscar relaciones cercanas como fuente de consuelo y eso a menudo viene a través de actos físicos de contacto", explica Donaldson.

Experimento con roedores

Para el estudio, el equipo de Donaldson utilizó cámaras diminutas y una tecnología de vanguardia llamada imagen in vivo-calcio para espiar el cerebro de topillos de la pradera en tres puntos de tiempo: cuando estaban reunidos con otro topillo; tres días después de que se habían apareado; y 20 días después de que hubiese estado juntos. Los investigadores también observaron a los animales interactuando con los topillos que no eran sus compañeros.

"Tenemos una señal neuronal que nos dice que estar con nuestros seres queridos nos hará sentir mejor, mientras que las restricciones prácticas hacen que esta necesidad no se cumpla"

La investigación previa sobre imágenes cerebrales en humanos había mostrado una alteración de la actividad cerebral en una región llamada núcleo accumbens, el mismo centro de recompensa que se ilumina durante el consumo de heroína o cocaína, cuando los sujetos investigados cogían la mano de una pareja romántica frente a un extraño. Así que, al principio, el equipo de Donaldson asumió que la actividad cerebral de los topillos sería diferente cuando estaban acurrucados con su pareja que cuando estaban con un topillo que no lo era. "Sorprendentemente, eso no es lo que encontramos", reconoce Donaldson. Extraño o amante, los cerebros de los topìllos se veían básicamente igual cuando estaban juntos.

No obstante, cuando los topillos estaban lejos de su pareja y corrían para encontrarse con ella (como la clásica escena de reunión romántica en el aeropuerto) las células en el núcleo accumbens se encendieron de manera constante. Cuanto más tiempo habían permanecido juntos los animales, más se acercaba su vínculo y más grande era el grupo brillante de células. Igualmente, un grupo completamente diferente de células se iluminó cuando los topìllos se acercaban a un extraño.

Más investigación

Donaldson sospecha que sustancias químicas del cerebro como la oxitocina, la dopamina y la vasopresina, que desempeñan un papel en el fomento de la confianza y la cercanía en animales y humanos, están involucrados en el proceso, aunque se desconoce con seguridad lo que hace ese grupo de células. Tampoco está claro si el "código neuronal" específico asociado con el deseo de reunirse en topillos inspira la misma emoción en las personas.

"Estos sentimientos negativos que muchos de nosotros estamos experimentando en este momento pueden ser el resultado de un desajuste: tenemos una señal neuronal que nos dice que estar con nuestros seres queridos nos hará sentir mejor, mientras que las restricciones prácticas hacen que esta necesidad no se cumpla", explica Donaldson. "Es el equivalente emocional a no comer cuando tenemos hambre, excepto que ahora en lugar de saltarnos una comida, estamos sufriendo hambre lentamente".

Ciencia

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