LO QUE OPINAN LOS ESCÉPTICOS

El 97% de los científicos está con Greta Thunberg. Hablamos con el 3% restante

Aunque los estudios son rotundos al respecto, muchos miles de españoles desconfían de la ciencia climática 'mainstream', a la que tildan de apocalíptica. Y entre ellos hay varios científicos

Foto: Hay gente que no es precisamente fan de Greta Thunberg. (Montaje: Enrique Villarino)
Hay gente que no es precisamente fan de Greta Thunberg. (Montaje: Enrique Villarino)

Cuando las Cortes Valencianas trataron de emitir esta semana una declaración institucional en apoyo a la Huelga Mundial del Clima convocada el pasado 27 de septiembre, se encontraron con la rotunda negativa de Vox, que declinó firmar el texto aduciendo que niegan la existencia del cambio climático. No era la primera vez. En agosto, el Senado trató de hacer una declaración en apoyo a Canarias tras los incendios, pero Francisco José Alcaraz, su único representante en la Cámara Alta, frustró el intento por los mismos motivos. Rocío Monasterio, siendo candidata a la Comunidad de Madrid, lo tildó de "argumentario falso, el del camelo climático".

Entre los científicos o el mundo académico este tipo de posturas resultan extremas y hasta vergonzantes. Pero los representantes de Vox no predican en el desierto, sino a un nicho muy concreto de votantes que además parece estar en auge.

En noviembre de 2018 el CIS preguntó a los españoles en su barómetro: "¿Creen que actualmente hay un cambio climático?" Un 83% de los casi 3.000 encuestados contestó que sí y un 10% que no. Es decir, para (potencialmente) cientos de miles de ciudadanos de este país, el cambio climático ni siquiera existe.

No se debe a una falta de información al respecto sino todo lo contrario. El aluvión de informes, datos, cifras, documentales, artículos, estimaciones, proyecciones o modelos solo sirve para que cada cual seleccione los que más apoyan su relato particular, su 'cherry-picking'. El caso de Vox o de ese 10% muestra que el problema de fondo no es tanto de ignorancia como de polarización. El cambio climático se ha convertido en una guerra cultural más, un campo de batalla argumental donde un bando es tildado de negacionista y el otro de apocalíptico.

Sí, no es cierto que el Ártico se haya quedado libre de hielo en verano como pronosticó Al Gore que ocurriría en pocos años, pero sí es verdad que hace cinco años que el Ártico contiene menos de un millón de kilómetros cuadrados de hielo, que es lo que los científicos definen como condiciones 'casi libres de hielo'. Tampoco es verdad que toda la Antártida esté perdiendo hielo, de hecho su parte oriental lo está ganando (debido a cambios en la circulación de corrientes frías) pero de forma neta, el continente austral pierde mucho más hielo del que gana.

Manifestantes en las protestas por el cambio climático en Santiago de Chile (Reuters)
Manifestantes en las protestas por el cambio climático en Santiago de Chile (Reuters)

En resumen, el problema de fondo está razonablemente documentado y es más un problema de a qué lado prefiere mirar cada cual, obviando el resto. Pero entonces, ¿qué pasa con la ciencia?

El consenso resulta polémico

Se suele hablar generalmente de un consenso entre los científicos climáticos, pero hasta esa noción es discutida con el siguiente argumento: ¿qué importa que la mayoría de científicos estén de acuerdo en 'algo' si ese 'algo' no es cierto?

La cifra del 97% procede de un meta-análisis publicado en 'Environmental Research Letters' (John Cook, 2013) que analizó más de 12.000 artículos científicos sobre cambio climático revisados por pares y publicados entre 1991 y 2011. Ese era el porcentaje de autores que apoyaba la existencia de un calentamiento global antropogénico, es decir, producido por el ser humano.

Por supuesto, dentro de ese 97% existe la discrepancia y hay aún muchos interrogantes abiertos, sobre la influencia del sol o las nubes en la temperatura de la superficie, sobre si los océanos están acumulando más o menos dióxido de carbono, sobre qué poder estadístico tienen los núcleos de hielo antártico, sobre si un isótopo es más fiable que otro o sobre si los modelos matemáticos que pronostican la temperatura global en 2100 son lo suficientemente precisos.

Pero la comunidad científica está de acuerdo en estos tres pilares sobre los que se asienta la disciplina:

  1. Se está produciendo un cambio climático desde finales del XIX hasta la actualidad.
  2. Está principalmente provocado por la acción del ser humano, de ahí la denominación 'cambio climático antropogénico'.
  3. Está teniendo y tendrá graves consecuencias para la vida en el planeta.

¿Qué sucede con el otro 3% de científicos?

Por supuesto, hay quien discrepa. Quienes discuten el punto 1 son los llamados 'negacionistas'. Es una corriente llamativa pero irrelevante, incluso entre quienes discrepan de la ciencia climática 'mainstream'.

El resto son generalmente considerados 'escépticos' pero hay muchos grados. Hay quienes dudan de que la contribución humana sea relevante y otros que aceptan sin dudar los puntos 1 y 2 pero ponen en tela de juicio el número 3, argumentando que no disponemos aún de pruebas suficientes como para predecir el comportamiento de algo tan complejo como el clima terrestre dentro de varias décadas o siglos.

Hemos hablado con tres científicos españoles 'discrepantes' para conocer dónde están estos puntos de fricción entre la ciencia climática oficialista y el escepticismo de cada uno de ellos. Juan José Ramírez Mittelbrunn, profesor de física teórica en la Universidad Complutense, Javier González Corripio, doctor en glaciología por la Universidad de Edimburgo y experto en modelos de predicción meteorológica y, por último, Miguel Iglesias, físico, meteorólogo y cercano a concluir un doctorado en Paleoclima por la Universidad de Oviedo.

Los cuestionarios han sido editados levemente (ortotipografía y estilo) pero sin alterar ninguna de las respuestas ni el espíritu en que fueron escritas.

Científicos y escépticos #1

Juan José Ramírez Mittelbrunn aclara, en primer lugar que no es "especialista en meteorología ni en climatología, sino en física teórica", materia que imparte en la Universidad Complutense de Madrid desde hace años. Este profesor universitario, pese a tener a su disposición los mismos datos, estudios e informes del IPCC que cualquiera de nosotros tenemos, tiene una visión más escéptica del cambio climático, cuya existencia en ningún momento niega.

PREGUNTA. ¿Existe actualmente un proceso de cambio climático?

RESPUESTA. Me parece una obviedad que existe cambio climático. Siempre ha existido y siempre existirá. El clima en la Tierra siempre ha cambiado y seguirá cambiando, con y sin intervención humana, si bien parece extraordinariamente difícil predecir cómo. A modo de ejemplo, en las últimas tres décadas se ha predicho al menos cinco veces y con fechas concretas por parte del 'lobby del cambio climático' que el oceáno Glacial Ártico sería navegable. Han vencido todas las fechas previstas para ello y el hielo sigue ahí. En realidad todas las predicciones hechas por el 'lobby' climático, con el IPCC a la cabeza, han fallado hasta la fecha. Cualquier otra teoría pretendidamente científica con semejante grado de desaciertos habría sido desechada y sus proponentes habrían perdido todo el crédito.

De proceder obedece, a mi modo de ver, a un objetivo político que pretende acabar con la prosperidad y la libertad de las clases medias.

P. Está principalmente provocado por la actividad humana.

R. Cabe hacerse al menos dos preguntas. Uno, cómo influye la actividad humana en el clima, y si esta influencia empuja el clima hacia un estado más o menos conveniente para el bienestar de los seres humanos; y dos, cuál es la importancia relativa frente a otros factores, como por ejemplo: la actividad solar, la actividad volcánica, los rayos cósmicos, la evolución de la órbita terrestre, ciclos de Milankovitch asociados a los períodos glaciales, etc.

Con respecto a la segunda pregunta creo que no hay ningún interés —léase apoyo y financiación— para investigar dicha importancia relativa. La medida de dicha importancia relativa se limita a calcular la cantidad de CO2 emitido por la actividad humana y su posible efecto como gas de efecto invernadero sin tener en cuenta los otros factores.

Una mayor concentración de CO2 conduce a un planeta más verde

Una mayor concentración de CO2 conduce a un planeta más verde. Cierto es que el CO2 —solo una parte del cuál es de origen antropogénico— contribuye al aumento de la temperatura, ¿pero qué es peor, el aumento o la disminución de la temperatura? Una mayor temperatura tiene efectos positivos: acelera el ciclo hidrológico, es decir, pone mas agua dulce a disposición de los seres humanos. El frío favorece la sequía. Un escenario de subida de nivel del mar sería bastante mas manejable que una glaciación. Pretender que el clima no va a cambiar y que el mar va a estar siempre a la misma altura es simplemente ridículo, intervengamos o no intervengamos los humanos. Si la especie humana ha tenido éxito ha sido por su capacidad de adaptación a las condiciones existentes. Por ejemplo, si de verdad los políticos que hablan de la subida del nivel del mar creyeran en ello, harían leyes prohibiendo construir por debajo de una determinada cota y se elaborarían planes para reedificar ciudades en cotas mas altas. Ante una subida del nivel de mar, o una bajada en caso de una glaciación, es absurdo, por imposible, enfocar el problema intentando detenerla. Lo razonable es adaptarse y hay tecnología de sobra para ello.

P. ¿Está teniendo o tendrá consecuencias graves para la vida en el planeta?

R. Cabe cuestionar su mera formulación. ¿Qué significa "la vida en el planeta"? Una posible interpretación de estas palabras es el mantenimiento o la evolución de la biosfera hacia un estado conveniente para los seres humanos. Esta sería una interpretación antropocéntrica e ilustrada, que yo comparto, y que considera al 'Homo sapiens' como la cima de la evolución y que como especie competitiva tiende a procurase el mayor bienestar. Pero esta postura filosófica no es compartida por los ecologistas, en especial por la corriente que se conoce como 'Deep Ecology', cuya tesis central es que el ser humano es un cáncer de la biosfera y que habría que reducir el número de seres humanos al menos en un factor cien. ¿Por dónde empezamos? Esta corriente de pensamiento ha permeado a la sociedad y el tema del cambio climático antropogénico forma parte de ella.

Por situar lo anterior en una marco político-filosófico mas amplio y volviendo al tema del bienestar de los seres humanos, este nunca ha sido tan grande como ahora. La combinación de necesidades básicas resueltas, unido a la declinante influencia de las religiones clásicas (con la excepción del islam) produce seres humanos tremendamente libres; pero sospecho que hay fuerzas muy poderosas (Naciones Unidas, diversos 'think tanks' globales o los movimientos neocomunistas) que han olfateado el "peligro". ¿Cómo vamos a gobernar a estos? Y creo que han llegado, en la línea de Voltaire, cuando decía: "Dios guarda nuestras viñas", a la idea de que es necesario infundir una nueva religión global que permita controlar las mentes y, por tanto, a las personas. Que haga de nuevo a los hombres sentirse "culpables y pecadores". Esta nueva religión pretende alienar a los seres humanos para restarles capacidad de respuesta. Si observamos el producto filosófico-político que emana de las citadas fuentes, tiene todas las características de una religión. Existe un dios todopoderoso y providente: el Estado. Existe un infierno: el cambio climático y los desastres naturales causados por nuestros pecados. Hay profetas y sacerdotes: Al Gore, George Soros, etc. el papel de "Roma" lo juegan las Naciones Unidas: "Roma locuta, causa finita". Hay textos —y vídeos— sagrados: los textos que perpetra el IPCC. "Santa Greta", la verdad revelada a los niños: un clásico.

En fin, si la clase media no espabila, a nuestros hijos y nietos les espera un camino de servidumbre y de oscurantismo medieval. La mejor prueba de que el "cambio climático" (las comillas son para distinguirlo del clima naturalmente cambiante) no es ciencia, es que es 'incuestionable'.

Científicos y escépticos #2

Javier González Corripio es director de meteoexploration, una empresa de servicios de predicción meteorológica orientado especialmente a entornos de montaña. Además de instalar estaciones meteorológicas en cordilleras de todo el mundo, de los Alpes a los Andes, Corripio es también autor de varios artículos científicos, en particular sobre glaciología o hidrología. Al principio, este investigador aceptaba la posición oficial sobre el clima. "Tengo publicaciones que parten de esos supuestos", explica a El Confidencial, "he publicado a favor de la conservación de la montaña y contra el expolio urbanístico de la misma, a raíz de esto me invitaron a conferencias públicas sobre el tema, por lo que creí conveniente prepararme para preguntas 'contrarias', y al investigar sus argumentos me di cuenta de que eran más razonables y por tanto cambié mi posición inicial".

Otra de las razones que le hizo cambiar de idea fue "la violencia y el acoso con que se trataban a posturas discrepantes, mi primera percepción de esto fue en el blog del director del NASA Goddard Institute for Space Studies, algo más propio de un culto que de la actividad científica".

P. ¿Existe actualmente un proceso de cambio climático?

R. Sí existe el cambio climático, actualmente y en toda la historia del planeta, aunque es sorprendentemente estable, de lo contrario no sería posible una civilización como la nuestra. A esta estabilidad contribuye algo muy común en la naturaleza, que es la retroalimentación negativa, es decir, procesos que tienden a compensarse y así evitan fluctuaciones extremas. Por ejemplo y de forma muy simplificada, un aumento de la temperatura conlleva mayor evaporación y formación de nubes que compensan el calentamiento inicial. Estas retroalimentaciones no se conocen bien y su interacción es bastante compleja. El cambio climático no es nuevo, hay oscilaciones muy extremas, como las glaciaciones, y otras más suaves que han hecho oscilar la temperatura global. Por ejemplo, el glaciar de Mendenhall, en Juneau, Alaska, retrocede de una forma evidente, y bajo el hielo han aparecido troncos rotos de lo que fue un bosque hace un millar de años. Igual pasa en Patagonia, el glaciar Jorge Montt, que estudiamos junto con colegas chilenos, ha retrocedido kilómetros en los últimos años y donde antes había hielo ahora aparecen troncos de árboles bastante grandes y que son evidencia de un periodo incluso más cálido que el actual hace algunos siglos. Todavía no sabemos con certeza qué causó esas oscilaciones.

La activista sueca Greta Thunberg. (EFE)
La activista sueca Greta Thunberg. (EFE)

P. ¿Está principalmente provocado por la actividad humana?

R. La actividad humana influye en el clima, especialmente a escala local y regional. Las ciudades crean islas de calor urbano, los cambios de uso del suelo (reforestación, regadíos, etcétera) influyen en la precipitación y la temperatura que nos afectan más directamente. Los gases de efecto invernadero también influyen, pero es difícil decir cuánto. Cuando hablamos de CO2 hablamos de apenas un 0,04% de la composición de la atmósfera, y de este 0,04% los humanos emiten el 4%, un poco más que las termitas. Son cantidades muy pequeñas, que no inocuas, y por lo tanto medir su impacto es difícil. El clima no es un laboratorio aislado y controlado, sino un sistema complejo en el que intervienen muchas variables que todavía no podemos ni medir ni simular con la precisión necesaria.

P. ¿Está teniendo o tendrá consecuencias graves para la vida en el planeta?

R. Los efectos hasta la fecha han sido positivos, el mundo se ha reverdecido gracias al CO2 (según la NASA) y la disponibilidad de energía abundante ha hecho que los bosques aumenten en los países más ricos. También ha facilitado que la humanidad viva en el mejor período de toda su historia, para todo el mundo. Callender, el padre del efecto invernadero, ya predijo que los efectos serían beneficiosos hace ochenta años, y así lo confirman algunos modelos económicos. Tampoco han aumentado los eventos meteorológicos extremos (lo dice el IPCC) ni el número de víctimas por huracanes o inundaciones. Ahora bien, el futuro es otra cosa, y parece aterrador, al menos según las "proyecciones" de los modelos climáticos. Se llaman "proyecciones" y no pronósticos, que es una forma sutil de cubrirse las espaldas si fallan. Hay más de una treintena de estos modelos. Discrepan entre ellos más de 3°C en el presente, pero nos indican cómo va a subir la temperatura con precisión. Son incapaces de simular la precipitación correcta actual, pero nos dicen que habrá más sequías e inundaciones, discrepan sobre el contenido de calor de los océanos en miles de trillones de julios, pero nos dicen cuál será la subida exacta el nivel del mar.

P. ¿Cuál cree que es el mito sobre cambio climático que más se difunde pese a no haber sido fehacientemente demostrado?

R. El límite de 1.5°C. Es increíblemente arrogante pretender poner límite a la variabilidad climática con una décima de grado de precisión y pretender que tenemos la tecnología y el conocimiento para hacerle frente. Algo que empezó como un invento totalmente especulativo (reconocido por sus autores) se ha convertido en realidad a base de repetirlo. Los escenarios catastróficos que se asocian a ese límite también son puramente especulativos.

P. ¿Ha encontrado problemas a la hora de publicar o lograr financiación, o ha escuchado que alguien, por tener una línea de pensamiento 'escéptica' los haya tenido?

R. He recibido reseñas negativas por no prestar suficiente atención al cambio climático que han conducido al rechazo de proyectos. Mi solicitud a un trabajo de profesor en la universidad (fuera de España) encontró trabas administrativas inesperadas tras comentarios críticos al IPCC, luego se admitió que eran trabas incorrectas, pero ya era tarde. Algunos en privado se sorprendieron de que mandara la solicitud si esa era mi actitud con el IPCC.

Hay editores de revistas prestigiosas que han tenido que dimitir por publicar artículos contrarios al "mainstream". Entre los 'e-mails' filtrados de la Universidad de East Anglia (Climate Gate) hay numerosos casos de perversión del proceso de revisión por pares y acoso a voces contrarias. Es conocido el caso de Garth Paltridge, Chief Research Scientist, CSIRO Division of Atmosphere Research, a quien amenazaron con dejarlo sin financiación si expresaba su escepticismo, etcétera.

P. Se habla a menudo también de ciertos vínculos ideológicos entre quienes no creen en la ciencia climática 'mainstream' y el liberalismo anglosajón, tipo Cato Institute. ¿Tiene sentido esto en su experiencia? ¿Se podría resumir todo en que mucha gente ve el cambio climático como una amenaza para expoliar su bolsillo?

R. Hay escépticos de todas las tendencias e ideologías, vincularlo a un grupo carece de sentido. Como investigador hubiera sido mucho más lucrativo explotar el interés por el cambio climático catastrófico y explotarlo, hay muchísima más financiación disponible, mientras que no hay ningún apoyo para investigar en contra: el dinero de las petroleras para los negacionistas también es un mito. Hay mucho dinero invertido en el cambio climático, la UE dedica en este presupuesto 320.000 millones de euros a "objetivos climáticos". Las transacciones anuales en el mercado del CO2 (EU Emissions Trading System o EU ETS) superan los 49.000 millones de euros, el mercado global es del orden de 144.000 millones. El gran capital está con el cambio climático, no con los escépticos.

P. El debate ahora mismo está muy polarizado entre los que dicen "sois negacionistas" y los que responden "sois apocalípticos", ¿cree que hay alguna forma de reconducirlo a una discusión racional? ¿Cómo?

R. Ciertamente, y eso muestra que en muchos aspectos se ha abandonado el debate científico y se ha trasladado al campo de lo emocional y lo moral.

En muchos aspectos se ha abandonado el debate científico y se ha trasladado al campo de lo emocional y lo moral

Primero, tendríamos que abandonar conceptos anticientíficos como el consenso. Nadie votó la teoría de la relatividad o de la gravitación, la tectónica de placas tenía a todo el consenso en contra. La ciencia no funciona así, y deberíamos recuperar el método científico. La hipótesis del cambio climático antropogénico es una propuesta perfectamente válida, y como con cualquier hipótesis deberíamos esforzarnos en probar que es incorrecta. Si se resiste a serlo eso aumenta la confianza en ella. Actualmente, hacemos lo contrario, buscarle mil excusas y acallar cualquier crítica. Igual con los modelos climáticos, estos modelos son un esfuerzo elogiable y en mi opinión son más útiles precisamente cuando fallan, porque nos indican qué es lo que todavía no entendemos bien. Deberíamos aceptar esos fallos y trabajar en entender mejor los procesos. En lugar de esto, parece que se han convertido en oráculos y es una herejía criticarlos.

Científicos y escépticos #3

Miguel Iglesias midió la temperatura mínima más baja jamás registrada en España (-32,7ºC en la vega de Liordes, Picos de Europa) en febrero de 2016. La AEMET discrepó al no disponer de ninguna estación en la zona, decían que la más cercana a Liordes registró -15ºC e Iglesias les respondió con un pormenorizado informe publicado en cuatro partes, datos de los sensores, análisis y una extensa bibliografía. La anécdota refleja que este físico no es de los que se arrugan ante la autoridad, ya sea meteorológica o climática.

P. ¿Existe actualmente un proceso de cambio climático?

R. Es una obviedad. Es como plantearse hoy en día si existe o no la evolución de las especies. Podrás encontrar a personas que todavía creen en la generación espontánea, pero ya se podrá imaginar de qué pie puede cojear ese sector de personas. El cambio climático va intrínseco a la definición de clima. Y desde que existe la atmósfera junto con la hidrosfera, litosfera, biosfera y criosfera, el clima ha sufrido variaciones más o menos abruptas. Actualmente, nos encontramos en un periodo interglaciar. El Holoceno. Y como periodo interglaciar que es, se caracteriza precisamente por una variabilidad climática suavizada en comparación con el estado climático base más común en la historia de el planeta, que son los periodos glaciares. Los cambios climáticos más abruptos existentes en la historia del planeta se producen en el momento en el que pasamos de una fase glaciar a una interglaciar. En nuestro caso hace unos 12.500 años aproximadamente con el Younger Dryas. Estamos hablando de subidas y bajadas de temperatura a escala planetaria de más de 5ºC en apenas unos cientos de años. Y también existen otros cambios climáticos abruptos, característicos de épocas glaciares, que pueden incluso superar estos gradientes de temperatura tanto en positivo como en negativo, y que son los eventos Heinrich y los eventos Dansgaard-Oechger.

P. ¿Está principalmente provocado por la actividad humana?

R. La variabilidad climática que existe hoy en día, o por usar el mismo térmico, el cambio climático, se podría dividir en dos sectores diferentes: la variabilidad climática natural y la variabilidad climática antropogénica.

Según los estudios de atribución de los últimos informes del IPCC, la variabilidad climática que estamos observando desde los últimos 50 años es mayoritariamente debida a factores antropogénicos. Estos estudios de atribución se realizan utilizando modelos matemáticos de extrema complejidad, que lo que hacen es intentar interconectar y caracterizar todos los componentes del clima de nuestro planeta, y a partir de ahí intentar reproducir lo más fehacientemente posible la realidad que se observa. Aquí es donde se establecen las principales diferencias entre la corriente científica mayoritaria a día de hoy en relación al estudio del clima, y la corriente minoritaria conocida como los escépticos.

Esperar que las proyecciones climáticas que se hacen hoy a 100 años acierten es cuanto menos utópico

Los escépticos consideran que nuestros conocimientos sobre la variabilidad natural del clima, y las interconexiones que existen entre los diferentes sistemas que lo componen, no alcanzan el nivel suficiente como para que se pueda estar seguro de que los resultados que obtenemos en dichos modelos se ajusten a la realidad como debería, y por tanto estar seguros de que sus resultados se ajustan a la realidad. Además de ello, consideran que el hecho de que en estos modelos se realicen aproximaciones matemáticas importantes para poder resolver los diferentes procesos físicos que tienen lugar, teniendo en cuenta la potencia computacional con la que contamos hoy en día, hacen que su posición ante los resultados obtenidos sea de, como mínimo, precaución. Esa es mi posición al respecto.

Los resultados obtenidos son correctos: ni están manipulados, ni son acientíficos, ni ninguna de las barbaridades que se suelen leer por las redes. Los informes del IPCC son correctos, pero dentro de las limitaciones existentes desde un punto de vista de la ciencia tal y como la conocemos en la actualidad. A lo que voy es que la ciencia en general está en continuo desarrollo, lo que hoy es A, mañana puede ser B. Y como podrá suponer, la ciencia que existe hoy, no va a ser la ciencia de dentro de 100 años. Por lo que esperar que las proyecciones climáticas que se hacen hoy a 100 años, acierten, es cuanto menos utópico. Para bien o para mal, ojo. Con esto no quiero decir que las temperaturas no vayan a subir tanto. Simplemente que no lo sabemos, y que un estudio pase el filtro de la revisión por pares no quiere decir que esté correcto. Mismamente esta semana se ha retirado un 'paper' en la revista 'Nature', que había sido revisado y que preveía un calentamiento más acelerado de los océanos de lo esperado, por estar mal. No es lo usual, pero puede pasar.

P. ¿Está teniendo o tendrá consecuencias graves para la vida en el planeta?

R. Quizás con la anterior reflexión pueda responder ya solo a este punto. En la actualidad no está teniendo consecuencias graves. Los fenómenos extremos que sufrimos están dentro de los rangos característicos de la variabilidad natural del clima. La diferencia es que ahora cada persona tiene un 'smartphone' para dejar constancia de todos ellos, antes no. No existe ningún estudio en la actualidad, que con el corto espacio de tiempo que llevamos con influencia antropogénica en el clima (unos 40 años aproximadamente) demuestre una atribución directa de los fenómenos extremos actuales con el cambio climático de origen antropogénico. Como tampoco existen los que no.

No lo sabemos, aún no contamos con los conocimientos suficientes como para poder determinarlo. ¿Tendrá consecuencias? Tampoco lo sabemos. Los más de 15.000 estudios que conforman el IPCC en su último informe nos dicen que con una alta probabilidad, de más del 90% incluso, el calentamiento que estamos sufriendo en la actualidad es de origen antropogénico y que su influencia es de más del 70%. ¿Están esos estudios mal? No, ni mucho menos, son correctos y se ajustan a la ciencia climática tal y como está a día de hoy. Pero lo que nos dice esto es que si tomamos los 15.000 trabajos que componen este informe, el 90% de estos trabajos da como resultado que el calentamiento es antropogénico, influyendo en más de un 70% en esa subida de las temperaturas. No que, REALMENTE, la subida de la temperatura es debida a la quema de combustibles fósiles.

No es que los modelos climáticos estén mal, simplemente son limitados, y expresan una versión simplificada del clima

Existe un sentimiento algo peligroso, sobre todo en aquellos investigadores que trabajan con modelos, que tiende a considerar como verdad absoluta todos aquellos resultados que nos proporciona un modelo. Y nada más lejos de la realidad. No es que sus modelos estén mal, simplemente son limitados, y expresan una versión simplificada del clima, de tal manera que los resultados hay que tomarlos con la debida precaución.

Para que lo entienda le puedo poner un ejemplo con el modelo atómico. Inicialmente el primer modelo que se usó en física alrededor de 1803 era el de Dalton. En aquella época, todas las publicaciones desarrollaban sus estudios suponiendo como correcto dicho modelo, y se fue evolucionando científicamente con el paso del tiempo. Fruto de esa evolución, surgió en 1904 el de Thomson, que venía a decir que el planteamiento de Dalton no era correcto y que había que hacer serios cambios a su modelo. Se hicieron, y se siguió evolucionando. Gracias a ello en 1913 aproximadamente surge el modelo atómico de Rutherford-Bohr, que cambiaba nuevamente todo lo conocido hasta el momento y reescribía el concepto de átomo que hasta el momento se tenía. Y de repente en 1926, aparece el señor Schrödinger y tira por tierra todo lo sabido hasta el momento y teoriza el modelo atómico cuántico no relativista, que posteriormente hacia 1950 derivó en el relativista con la teoría cuántica de campos. Sustituya ahora el modelo atómico por los modelos climáticos. ¿Es que en 1903 el modelo atómico de Thomsom y las publicaciones de aquel momento estaban mal? Pues no, simplemente se adecuaban a lo que en ese momento la ciencia había descubierto. ¿Es que en 2001 los modelos del primer informe del IPCC que no acertaron con las previsiones para los años en los que nos encontramos ahora están mal? No, simplemente se ajustaban a los conocimientos de aquel momento. ¿Es que están los modelos climáticos actuales y sus proyecciones mal? No. ¿Se cree usted las proyecciones a 100 años expuestas por el IPCC hoy? Pues no, porque lo lógico es que de aquí a 100 años, aparezca una "teoría cuántica" climática que deje la ciencia que practicamos hoy en día obsoleta.

Aunque sí que en esferas más altas ha habido incluso ceses de trabajos en universidades. El caso más sonado es el de Judith Curry, pero hay bastantes casos más.

P. Se habla a menudo también de ciertos vínculos ideológicos entre quienes no creen en la ciencia climática 'mainstream' y el liberalismo anglosajón, tipo Cato Institute. ¿Tiene sentido esto en su experiencia? ¿Se podría resumir todo en que mucha gente ve el cambio climático es una amenaza para expoliar su bolsillo?

R. Para mí no, pero soy una persona bastante apolítica en el sentido ideológico. Sí que es cierto que se observan diferentes 'lobbies' detrás de ambas corrientes que intentan tomar el mensaje para lo que a cada uno les conviene. Pero son fácilmente detectables y no creo que afecten de ninguna manera a la parte científica del tema.

P. El debate ahora mismo está muy polarizado entre los que dicen "sois negacionistas" y los que responden "sois apocalípticos", ¿crees que hay alguna forma de reconducirlo a una discusión racional? ¿Cómo?

Si, otra cosa es que se quiera. Para mi la solución del problema estaría en transmitir cada vez que se emite un informe de cualquier índole, las limitaciones que tiene. Y en base a esas limitaciones, actuar en consecuencia. Y no utilizar el miedo, el fundamentalismo ecológico, y barrabasadas apocalípticas tipo, 'en 11 años no hay vuelta atrás'.

Del negacionismo al escepticismo

A raíz de la cumbre de Naciones Unidas de estos últimos días, capitalizada por la intervención de la joven activista sueca Greta Thunberg, aquellos contrarios a sus postulados —que son los de la ciencia oficial sólo que amplificados por un maremágnum de emociones y llamadas a la acción— publicaron un manifiesto, firmado por "400 científicos climáticos independientes y profesionales de 15 países" y titulado "No hay emergencia climática".

Entre sus principales impulsores se encontraba Václav Klaus, antiguo presidente de la República Checa y viejo conocido del debate sobre el cambio climático. Hace algo más de diez años, concretamente el 22 de octubre de 2008, Klaus pasó por Madrid para presentar su libro 'Planeta azul (no verde)', editado en castellano por la Fundación FAES. Klaus, economista de formación, calificaba entonces el cambio climático como falso y peligroso para la libertad, negado la validez científica del IPCC y poniendo incluso en duda la relación entre los gases de efecto invernadero y el calentamiento, algo predicho en 1896 por el sueco Svante Arrhenius, Premio Nobel de Química en 1903, y refutado sucesivamente.

Es decir, Klaus no era un escéptico sino un negacionista de manual. Le acompañaba en el estrado José María Aznar, prologuista del volumen que aquel día definió su posición al respecto, declarando no ser "lo que algunos llaman negacionista del cambio climático. No sé si hay un cambio climático en el que es —o no— determinante la acción del hombre", prosiguió el expresidente español, "no lo sé porque no soy un científico experto en estos temas".

José María Aznar. (EFE)
José María Aznar. (EFE)

Aznar, que en 1998 estampó su firma en la adhesión española a Kyoto, estaba diez años más tarde en otra onda. Abandonada la presidencia, su mirada estaba puesta en abrazar un liberalismo muy estadounidense. Entre el público asistente aquel día estaban también Elvira Rodríguez, que fue ministra de Medio Ambiente cuatro años antes, o Miguel Arias Cañete, que fue ministro de Medio Ambiente cuatro años después, ya con Rajoy.

Hace once años los tres estaban en el mismo lugar. Pero a día de hoy, Arias Cañete, que nunca secundó esta corriente escéptica dentro del PP, es Comisario Europeo de Acción Climática y Energía. Klaus, como vemos, ha seguido defendiendo las mismas ideas que entonces, incluso ante la asamblea de Naciones Unidas en Nueva York. La trayectoria de Aznar es, sin embargo, la más interesante y paradigmática de lo que ha sucedido en estos últimos años con el escepticismo climático.

Como Monasterio y Alcaraz descubrirán en algún momento, para un político es muy difícil sostener durante mucho tiempo una teoría que se opone frontalmente a la frialdad de los datos de miles de científicos de todo el mundo. Aznar, en estos últimos años, supo dar a su argumentario sobre la materia una sutil vuelta de tuerca.

Un Aznar más concienciado

En octubre de 2010, el expresidente español, ya totalmente inmerso en esa nueva dinámica anglófila, libertaria y vigoréxica, volvió a poner la cuestión climática encima de la mesa. Esta vez, para anunciar que había sido nombrado presidente del consejo asesor del Global Adaptation Institute (GAIN), un 'think tank' destinado a ayudar a los países en desarrollo a hacer frente a las consecuencias del cambio climático.

El IPCC estipula en su Informe de Evaluación que para combatir el cambio climático hacen falta dos tipos de medidas: de mitigación, para reducir las emisiones de efecto invernadero, y de adaptación, para preparar a los países en desarrollo para afrontar los impactos adversos provocados por el cambio climático.

Un bosque ardiendo en Sumatra. (Reuters)
Un bosque ardiendo en Sumatra. (Reuters)

Muchos vieron aquí, en la adaptación, una puerta de entrada a un mundo donde antes se les negaba el acceso. Negar el cambio climático no llevaba a ningún sitio. La clave era aceptarlo, pero al mismo tiempo, no combatirlo. Alejar el debate del terreno científico, donde no podían ganar, y acercarlo al de las relaciones públicas. Centrarse en las consecuencias del cambio climático y no en sus causas.

El principal patrocinador del Global Adaptation Institute, según figuraba en su propia página web, es una empresa llamada NGP Energy Capital Management, una empresa tejana dedicada a buscar inversores para extraer recursos naturales como gas o petróleo que hizo donaciones de hasta 10 millones de dólares. En 2013, el GAIN recibió además una donación de dos millones de dólares de la Natural Gas Partners Foundation.

Nada de esto afecta a la ciencia, pero apuntala la idea de que el debate sobre el cambio climático ha trascendido a otros ámbitos

Según publicó 'The Guardian' hace unos años, el caso del GAIN no es aislado sino que se sumaba a una red de 'think tanks' o instituciones que en su momento fueron subvencionadas por fundaciones cercanas al negocio petrolífero como la Donors Trust o la Koch Brothers Foundation. Muchas de estas instituciones tenían un carácter fuertemente libertario, como el Heartland Institute de Chicago o el Cato Institute de Washington, donde Patrick J. Michaels, otro de los firmantes del reciente manifiesto "No hay emergencia climática" ejercía como director del Centro para el Estudio de la Ciencia. Desde hace unos meses forma parte del Competitive Enterprise Institute, otro 'lobby' libertario.

El escepticismo moderno

Como bien apuntan los científicos entrevistados para este artículo, nada de esto afecta a la ciencia, pero apuntala la idea de que el debate sobre el cambio climático ha trascendido hace tiempo a otros ámbitos de la sociedad y la economía.

El escéptico contemporáneo no niega la evidencia de los datos sino que es, ante todo, racional. Nadie representa mejor esta tendencia que Bjørn Lomborg, un brillante profesor danés de ciencia política y autor en 2001 de 'El ambientalista escéptico', un 'best seller' que fue elevado a los altares por los críticos antes de ser denostado por los científicos, que atacaron a Lomborg por un uso de algunos datos intencionadamente fraudulento que le valió una amonestación del Comité Danés para la Deshonestidad Científica. Nada de esto le restó proyección. Desde entonces, Lomborg ha publicado más libros sobre cambio climático, sigue impartiendo charlas y escribiendo en los principales periódicos del mundo.

¿El Acuerdo del Clima de París? Para Lomborg, un “despilfarro ineficiente“. (EFE)
¿El Acuerdo del Clima de París? Para Lomborg, un “despilfarro ineficiente“. (EFE)

La tesis de Lomborg, como la del Aznar tardío, es que el cambio climático está sucediendo, pero que las proyecciones de desgracia que los científicos trazan hacia el futuro son "irrealísticamente pesimistas" y que "la típica cura de recortes radicales de combustibles fósiles es mucho peor que la enfermedad original y, además, su impacto total no planteará un problema devastador para nuestro futuro". Su conclusión es, grosso modo, que invertir en frenar el cambio climático es una pérdida de tiempo, ya que sería más efectivo invertir en I+D para abaratar las renovables o en asuntos más urgentes como la pobreza. Es decir, en adaptación.

He ahí la sutil vuelta de tuerca, pasar del escepticismo climático al escepticismo sobre las políticas climáticas. Paradójicamente, la posición de los escépticos más lúcidos y de los oficialistas más críticos parece estar aproximándose con el paso de los años. Pero las probabilidades de aceptar este hecho y trabajar juntos por encontrar un discurso común, con soluciones y sin estridencias por un lado o por el otro son aproximadamente las mismas de que el cambio climático antropogénico no haya dado lugar a que los últimos cinco años hayan sido los cinco más calurosos desde 1880.

Una entre un millón, literalmente.

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