LA OTRA CARA DEL FENÓMENO GRETA THUNBERG

Las otras Gretas no son rubias ni europeas: "¿Un velero? Aquí no tenemos ni internet"

¿Por qué el mundo solo escucha el grito de auxilio de una chica rubia, europea y con recursos?, se preguntan en las zonas indígenas que llevan décadas luchando por el planeta

Foto: Laura Zúñiga, hija de la líder ecologista asesinada, Berta Cáceres, en un acto para exigir justicia en Honduras. (Reuters)
Laura Zúñiga, hija de la líder ecologista asesinada, Berta Cáceres, en un acto para exigir justicia en Honduras. (Reuters)

Greta Thunberg es una inspiración para millones de jóvenes en todo el mundo. Su discurso contundente, directo al mentón de las élites políticas y económicas, ha prendido por fin las conciencias de Occidente sobre la necesidad urgente de revertir el cambio climático y dejar de saquear los recursos naturales. La 'generación Greta', llaman a esa hornada de adolescentes comprometidos con salvar el planeta. Sin embargo, esta batalla encomiable tiene un reverso menos inspirador: la reacción que ha generado en las comunidades del Sur, en los pueblos indígenas del Amazonas, de Indonesia o de Centroamérica a quienes Greta pretende salvar. ¿Por qué el mundo solo se ha dignado a escuchar el grito de auxilio de una chica rubia, europea y con recursos?, se preguntan.

En febrero de 2010, la mexicana Alberta 'Bety' Cariño expresó en un encuentro en Dublín su dolor y preocupación por el saqueo del planeta por parte de las empresas multinacionales y la corrupción cómplice de la clase política. Fue su última comparecencia pública. Dos meses más tarde, en abril, fue asesinada por un grupo paramilitar cuando se disponía a entregar víveres a una comunidad indígena sitiada en el estado mexicano de Oaxaca. En la emboscada también falleció el activista finlandés Jyri Jaakkola.

"Mujeres que vamos liderando nuestros pueblos contra los saqueos de nuestra madre tierra, en beneficio de las grandes corporaciones transnacionales y el capital financiero. (…) Hoy, los jóvenes, los pueblos originarios y las mujeres estamos a la cabeza de esta catástrofe. Los acuerdos comerciales, en complicidad con malos gobiernos, han hecho hoy que nuestros campos sean el escenario de ruina y desastre", dijo Cariño en esa conferencia, desapercibida entonces, que ha quedado ya como parte de su legado. Fue una de las pocas veces que un foro europeo le prestaba su altavoz a una mujer que llevaba años siendo un referente moral del ecologismo y la justicia social en América Latina.

Casi una década después de la muerte de su hermana, Carmen Cariño celebra que los jóvenes del primer mundo se preocupen por ellos, aunque no se siente identificada con este movimiento. De hecho, sigue con cierta distancia esta explosión verde. "Hay una perspectiva racista en el fondo de todo esto. Parece que hay unas voces que son dignas de ser escuchadas y otras que no lo son. El discurso de Greta es el que han defendido los pueblos de América Latina durante décadas, y por hacer eso mismo matan a nuestros jóvenes y nuestros compañeros. No hay semana que no asesinen a un compañero en Colombia, en México, Honduras o Guatemala por levantar la voz en defensa de este planeta. Por eso Greta me genera tanta duda. Celebro que millones de jóvenes la sigan, pero no sé por qué el sistema protege a esta niña mientras a los jóvenes de aquí ese mismo sistema los mata por decir las mismas cosas".

No sé por qué el sistema protege a Greta mientras a los jóvenes de aquí los mata por decir las mismas cosas

Cariño, socióloga e investigadora, se suma al acalorado debate que ha generado la gran cantidad de recursos de que dispone Thunberg, solo que ella lo hace con conocimiento de causa. "¿Cómo se generan las condiciones para que se mueva de un país a otro en tan poco tiempo, para que le pongan un velero? Nunca un barco nos llevó ni nos trajo de un lado al otro del océano. Aquí no tenemos ni un micrófono que nos haga la cobertura, no tenemos ni acceso a internet. Y de repente esta niña aparece en todas las redes sociales con grandes producciones de vídeo. Lo que a nosotros nos lleva meses para que alcance a 1.000 o a 2.000 personas ella lo consigue en horas. Todo eso me desconcierta".

Un hombre indígena protesta frente a agentes policiales en Honduras. (Reuters)
Un hombre indígena protesta frente a agentes policiales en Honduras. (Reuters)

Y prosigue: "Hemos alertado de la situación del planeta desde hace décadas, pero nuestra voz no ha sido escuchada, no hay eco, no hay impacto en el Norte. Es importante que el discurso llegue ahora al Norte, pero que no coopten nuestra lucha, porque para nosotros hacer activismo es meternos en la boca del lobo, levantar la voz en defensa de la madre tierra es enfrentarnos a empresas que tienen sus casas matrices en Europa y Estados Unidos. Si quieren dar un paso al frente, esos jóvenes deben sentarse ante esas sedes, ante Iberdrola, ante Fenosa, ante las mineras canadienses, se puede hacer mucho desde el Norte.

Por desgracia aquí en México nuestros jóvenes ni siquiera tienen la opción de decir un día 'no voy a la escuela para manifestarme por el planeta', porque directamente no pueden ir a la escuela, tienen que salir a trabajar sin posibilidad de tener una educación ni una vida digna. Por eso, la invito a ella y a este movimiento europeo a observar cómo han hecho los pueblos indígenas que viven en el pulmón del planeta y apliquen ellos esa lucha desde dentro del sistema, porque ellos tienen la posibilidad de hacerlo, a ellos nadie los va a matar. Esa es la pequeña gran diferencia. La vida de esta chica no está en riesgo, y esa es una gran ventaja que debe aprovechar. En este lado del mundo, salir a marchar es poner en riesgo a las personas, a las familias y a las comunidades. Y sin embargo seguimos defendiendo el planeta".

Mujeres sostiene una pancarta con la imagen de la líder ecologista Berta Cáceres, asesinada en 2016. (Reuters)
Mujeres sostiene una pancarta con la imagen de la líder ecologista Berta Cáceres, asesinada en 2016. (Reuters)

Asesinatos impunes

Seis años después del asesinato de Bety Cariño, cuyo crimen ni siquiera ha gozado de un proceso judicial en México, el movimiento ecologista volvió a ser golpeado. Berta Cáceres, líder indígena, feminista y activista del medio ambiente hondureña, fue asesinada por sicarios contratados por una empresa debido a su firme oposición a la privatización de la tierra en las comunidades indígenas. Ocurrió en marzo de 2016. Su asesinato también sigue impune.

Desde el Consejo Cívico de Organizaciones Populares e Indígenas de Honduras (COPINH), entidad que Cáceres cofundó, apenas han recibido ecos de las marchas por el clima de estos miles de adolescentes europeos. El nombre de Greta Thunberg suena muy lejano. José Troches es el actual coordinador del COPINH y prosigue la lucha por la defensa de la naturaleza emprendida por Cáceres. Troches opina igual que Cariño: "Qué bien que en Europa la gente tome conciencia, aunque sea tarde, pero qué injusto que no sea uno de los nuestros quien logra sacudir esas conciencias", subraya.

Troches tampoco obvia el "carácter racista" de que una joven sueca haya acaparado todos los altavoces mundiales en cuestión de unos pocos meses y se le permita dar conferencias ante los grandes líderes mundiales. Pero, a pesar de todo, al activista hondureño le preocupan más las luchas en las que anda metido por defender a su comunidad. Greta, el sonado enfrentamiento con Donald Trump y los viernes por el clima le suenan a algo muy exótico.

"Que se sigan movilizando, nos sentimos contentos de que esto ocurra", afirma Troches. "Toda ayuda es bienvenida para que el mundo sepa el abuso que cometen las multinacionales en este lugar del planeta. Que sigan nuestros pasos, que aprendan lo que puedan de nuestra gente que se la juega plantándose frente a las instituciones del gobierno, frente a las empresas, para detener sus proyectos".

Para Blanca Ruibal, coordinadora de Amigos de la Tierra, una oenegé que posee fuertes vínculos con las organizaciones ecologistas de Centroamérica, "hay que entender este movimiento liderado por Greta como el fruto de todas esas luchas en los países del Sur. No debemos verlo como una confrontación de momentos históricos ni de relevancias. Las personas que han luchado antes, y las que han perdido la vida, merecen tanto reconocimiento como Greta, pero no debemos verlo en términos de deuda u oposición entre Norte y Sur. Por desgracia para ellos movilizarse no es salir a la calle como aquí, sino jugarse la vida. Pero cada uno lucha y se reivindica en su contexto, todo es loable y aporta a la causa".

"Greta es el fruto de todas esas luchas en los países del Sur. No debemos verlo como una confrontación", considera Amigos de la Tierra

Ruibal no ve sospechoso el potente altavoz que ha logrado esta adolescente sueca en tiempo récord. "Es un reflejo de la sociedad. A nivel geopolítico, Europa y Estados Unidos marcan la agenda, la agenda de la ONU la siguen marcando los países occidentales. Pero no es algo que haya irrumpido de golpe, para mí es fruto de un movimiento que comenzó en la cumbre del clima de Copenhague [año 2009], desde entonces se gestaba algo grande que ha explotado ahora, como en su momento explotó el 15-M o el 8-M".

Aún es pronto para concluir si el fenómeno Greta Thunberg será un producto para consumo exclusivamente occidental o permeará en los movimientos ecologistas de las regiones más amenazadas del planeta. De momento, dista un abismo entre ambos.

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