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Que no ocurra lo de WhatsApp: la realidad detrás del asalto de Telefónica al metaverso
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EL ÚLTIMO VIAJE DE LA OPERADORA

Que no ocurra lo de WhatsApp: la realidad detrás del asalto de Telefónica al metaverso

La compañía no quiere dejar pasar la que muchos vaticinan como la gran próxima ola tecnológica. Para ello, ha sentado las bases de una ambiciosa estrategia para una industria en la que todo está por hacer

Foto: Foto: Reuters/Albert Gea.
Foto: Reuters/Albert Gea.
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2010. Las operadoras eran los reyes del mambo en España. El negocio de las llamadas y de los mensajes era una máquina de generar dinero bien engrasada. No había tarifas planas y lo del internet en un 'smartphone' no tenía absolutamente nada que ver con lo que es ahora. Aquello no tardó en hacerse tremendamente popular. Para 2012, la penetración de los datos móviles alcanzaba al 76% de la población, frente al 41% del curso anterior. ¿Qué podía salir mal? No todo, pero sí mucho. Aquello supuso una puerta de entrada para aplicaciones como WhatsApp que empezaron a reemplazar los mensajes de texto, una importante fuente de ingresos, y a cambiar los hábitos de consumo de las llamadas. Les pillaron con el pie cambiado. Como les pillaron Spotify, Amazon o Netlfix. Mientras tanto, las autoridades, europeas principalmente, propiciaron un escenario de ultracompetitividad en el que fomentaron que creciesen los operadores como setas, lo que provocó una salvaje guerra de precios que les dejó con una mano atada a la espalda para competir en la nueva industria digital que se había cocinado.

Foto: Vista del stand de SK Telecom durante la jornada inaugural. Foto: Efe.

Ni Telefónica, ni Orange, ni Vodafone ni ninguna de las grandes operadoras están a gusto con ese papel que les ha deparado el paso del tiempo. No quieren limitarse a ser un bien como lo son el agua o la electricidad y que su papel pase por hacer la fontanería de las redes de telecomunicaciones, un negocio con menos margen pero que implica mucho compromiso y gasto en mantenimiento, como quedó demostradísimo durante la pandemia. Ahora se les abre otro camino que todos señalan pero que nadie sabe adónde conduce exactamente: el metaverso, señalado por muchos como la próxima gran ola digital. Algo que es lo que va a provocar que las empresas de telecomunicaciones tengan que dejar de ser una mera empresa de servicios para convertirse en una empresa de tecnología.

¿Qué es el metaverso? Quizá ni Meta lo sepa

Los que han podido recorrer los pasillos del Mobile World Congress y han podido probar las diferentes experiencias 'metavérsicas' se habrán dado cuenta de que poco o nada tienen que ver entre ellas. Son versos sueltos, islotes inconexos incapaces de formar un archipiélago visible que ayude a entender de qué se trata, qué tiene de nuevo que no se haya visto ya. Lo que se ha visto, realmente no es nuevo. O bien son experiencias en realidad virtual interactivas, algo de realidad aumentada o bien son recreaciones en 3D que recuerdan inevitablemente al fallido 'Second Life'. Hemos tenido desde el estand virtualizado de Telefónica hasta el Louvre digitalizado o la posibilidad de ver Notre-Dame con unas gafas de VR.

En lo técnico, se demuestra que prácticamente no hay nada, por ahora, diferente a lo que vimos en la anterior ola de realidad virtual a mediados de la pasada década, que no solo movilizó a empresas especializadas, sino que hizo que Samsung o Google también presentaran sus propuestas, ambas enviadas al cajón de gatillazos en un tiempo relativamente corto.

De aquella gran ola únicamente ha quedado una pequeña comunidad de Oculus, una bolsa de jugadores de Sony que cuentan con un accesorio para la PlayStation (que ahora se reeditará para la 5) así como HTC Vive. También está en duda que esa sea la puerta de entrada al metaverso. Otras compañias, como Niantic (creadora de 'Pokémon Go'), han mostrado conceptos que apuestan por que la tecnología que mueva principalmente esta tecnología sea la realidad aumentada. Nadie tiene la respuesta. Habrá que ver cómo van evolucionando las propuestas y, sobre todo, la adaptación de cada una de ellas. A día de hoy, muchas de las cosas que se etiquetan así son accesibles desde la pantalla del móvil y del ordenador, sin necesidad de ningún aparato externo.

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Foto: EFE/Quique García.

Los juegos han sido, son y serán probablemente el caso de éxito al que se agarran los defensores del metaverso para asegurar que es posible crear este tipo de entornos y que sean explotados masivamente. El caso más emblemático es el de 'Fornite'. Empezó como un juego de 'battle royale' y ahora incluso ha organizado conciertos a los que se han conectado los jugadores.

Roblox es otro buen ejemplo. Incluso, aunque haya distancia, se puede clasificar hasta a 'Animal Crossing' como uno de estos espacios, en el sentido de que se puede interactuar con un avatar con otros jugadores de la franquicia de Nintendo. Microsoft, cuando se dejó 78.000 millones en Activision Blizzard, justificó, en parte, esta operación en estar mejor preparado para lo que traiga el metaverso, aunque el estudio apenas tenga nada ni siquiera que se le asemeje.

Foto: Foto: Dado Ruvic (Reuters)

Recolectar ideas

Pero ¿cómo convertir algo tan vertical como la industria de los videojuegos en algo de uso más general? Propuestas, pocas, pero las hay. El 'omniverso' de Nvidia, en el que se propone un ahorro millonario tirando de gemelos digitales de fábricas e instalaciones industriales, puede ser una de ellas. Hay firmas que se han lanzado a hacer eventos en supuestos 'metaversos' como 'Minecraft' o 'Descentraland'. La experiencia es curiosa, pero no tiene nada que enriquezca la experiencia de un evento vía videollamada o similar.

Facebook, ahora conocido como Meta, ha propuesto un punto de encuentro llamado New Horizons, que básicamente propone algo similar a Roblox. Que los usuarios puedan construir sus mundos virtuales o unirse a uno de ellos para interactuar. El problema no es la baja aceptación —a pesar de la crisis de reputación de la compañía, ya ha conseguido 300.000 usuarios (a pesar de estar limitado a unos pocos dispositivos)—, sino que no han mostrado aún una aplicación realmente diferencial que atraiga usuarios y empresas más allá de los ya convencidos.

En Telefónica parecen conscientes de esto. Parecen conscientes de que todo, o casi todo, está por hacer. Y en el MWC hicieron un anuncio interesante: el programa Open2metaverse, que lo que pretende es localizar 'startups' relacionadas con la materia. Para ello utilizarán Wayra, ese 'tentáculo' para cazar 'startups' que tiene la multinacional española, que casualmente ahora cumple 10 años desde su fundación.

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Foto: EFE/Alejandro García.

Un tiempo en el que ha tejido una interesante red que le permite otear el ecosistema emprendedor en media Europa y parte de Latinoamérica, gracias a los siete 'hubs' que tiene en total entre estas dos regiones. Además de utilizar esta infraestructura, también utilizarán dos brazos inversores: Wayra X, pensado para acelerar negocios con inyecciones de hasta 250.000; así como Telefónica Ventures. Todo para intentar tomar posiciones teniendo bajo su paragüas empresas emergentes que estén desarrollando soluciones en lo que se refiere a entornos y plataformas virtuales, herramientas de identidad, nuevas soluciones de conectividad, nuevos dispositivos, medios de pago, 'marketplaces' e incluso NFT. Es decir, ni un flanco sin cubrir.

Internamente, también están dando pasos. Uno de los debates, de los muchos, que acompañan al metaverso es cómo serán las finanzas en ese nuevo mundo. La pregunta es si seguiremos actuando y operando con dinero fiduciario o por contra serán las criptomonedas las que sostendrán el ecosistema. Chema Alonso, CDO de Telefónica, admitió que la compañía está estudiando crear su propia divisa digital, siempre que la regulación sea adecuada y propicia para ello.

En este viaje, Telefónica ha decidido escoger un compañero llamativo. Probablemente, uno de los mejores para aventurarse en un terreno poco conocido como el metaverso: Meta. La compañía ha anunciado una alianza con la matriz de Facebook para impulsar las posibilidades y los negocios. En este sentido, la operadora ha creado una nueva unidad de negocio que estará liderada por Yaiza Rubio, una destacada experta en ciberseguridad.

Foto: Ilustración: Irene de Pablo (@trementine)

¿Quién paga la fiesta?

La multinacional de Menlo Park es probablemente, seguida por Microsoft, el 'partner' ideal para ello. ¿Por qué? Porque a día de hoy no hay empresa que esté inviertiendo más en acelerar esta transformación que la de Zuckerberg, que tiene la imperiosa necesidad de transformarse y que ha apostado decididamente por ello. Eso da acceso a una enorme barbaridad de recursos, conocimiento, así como la posibilidad de escalar las soluciones, desarrollos o los hallazgos que hagan la operadora o las 'startups' que trabajen con ella. Meta y Telefónica levantarán un 'hub' en Madrid, donde las empresas que accedan a ello podrán beneficiarse de un laboratorio 5G, con un banco de pruebas, con equipos de red y la infraestructura que aportarán ambas compañías.

Eso trae a colación otro de los grandes asuntos que se han hablado, y mucho, en el último congreso mundial de la telefonía móvil. ¿Quién corre con el gasto del despliegue de las nuevas redes? Los operadores reclaman que los nuevos actores digitales, como la propia Facebook, Netflix, Amazon o Google, corran de alguna manera con parte de la factura.

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Foto: EFE/Quique García.

El asunto no es menor, ya que el 5G y el futuro 6G son claves para el despliegue del metaverso, pero también otros fenómenos y promesas como la conducción autónoma o la industria 4.0. A día de hoy, la práctica totalidad de los usuarios disfruta de un 5G 'light', construido sobre las actuales redes de comunicación, que impide disfrutar de todos sus beneficios. Los pilotos que se realizan con el 5G auténtico presentan un problema: suelen ser 'redes' diseñadas 'ad hoc', para sacar adelante ese proyecto, y eso dificulta su escalabilidad.

La cuestión es que ningún operador, salvo la propia Telefónica, parece contar con la capacidad, en términos de ingresos y recursos, de acometer este despliegue. Es por eso que llevan tiempo sonando, y mucho, los rumores de una gran fusión en el sector en España. Algo que podría propiciar competencia en este sentido al existir dos actores capaces de levantar estas infraestructuras. Esta situación podría servir para acelerar este trabajo y no quedarse al rebufo de EEUU o China, por citar algunas.

Solucionar esto parece primordial para que la apuesta de la teleco patria llegue a buen puerto. Luego habrá que responder el papel que jugaría Teléfonica en este sentido. ¿Cómo va a vender los metaversos? ¿Se va a ocupar de la conectividad pero también del diseño, del almacenamiento, de la seguridad...? ¿Va a apostar por un ecosistema cerrado o su apuesta será la de un entorno interoperable? Son muchas dudas que se irán respondiendo en un viaje largo que Telefónica, al contrario que con WhatsApp, parece haber empezado a tiempo.

2010. Las operadoras eran los reyes del mambo en España. El negocio de las llamadas y de los mensajes era una máquina de generar dinero bien engrasada. No había tarifas planas y lo del internet en un 'smartphone' no tenía absolutamente nada que ver con lo que es ahora. Aquello no tardó en hacerse tremendamente popular. Para 2012, la penetración de los datos móviles alcanzaba al 76% de la población, frente al 41% del curso anterior. ¿Qué podía salir mal? No todo, pero sí mucho. Aquello supuso una puerta de entrada para aplicaciones como WhatsApp que empezaron a reemplazar los mensajes de texto, una importante fuente de ingresos, y a cambiar los hábitos de consumo de las llamadas. Les pillaron con el pie cambiado. Como les pillaron Spotify, Amazon o Netlfix. Mientras tanto, las autoridades, europeas principalmente, propiciaron un escenario de ultracompetitividad en el que fomentaron que creciesen los operadores como setas, lo que provocó una salvaje guerra de precios que les dejó con una mano atada a la espalda para competir en la nueva industria digital que se había cocinado.

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