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Visa y Mastercard son las únicas que han metido mano al porno y eso debería preocuparte
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Visa y Mastercard son las únicas que han metido mano al porno y eso debería preocuparte

La inacción de los reguladores en ciertos ámbitos ha dejado empresas privadas como las únicas capaces de poner orden en ciertos sectores de internet con decisiones que no dejan de ser subjetivas

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Foto: Unsplash.

A mediados del último verano, el fundador de Onlyfans hizo temblar los cimientos de su propia compañía. La plataforma, que permite crear canales de suscripción donde monetizar contenidos como vídeos y fotos, estaba en un momento dulce, en un particular agosto que había empezado cuando se empezaron a decretar los confinamientos. Sus ingresos habían crecido un 553% en los meses de plomo de la pandemia y sus usuarios se habían multiplicado por seis, pasando de 20 millones a principios de 2020 hasta los 120 millones. El principal motor de la empresa, y por tanto de este crecimiento, es el porno, por las mayores facilidades de publicación frente a otros sitios y aplicaciones. Por eso, el 'shock' fue mayúsculo para propios y extraños cuando se anunció que este contenido quedaría vetado en otoño.

Foto: Imagen: El Confidencial.
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La decisión fue finalmente revertida, pero dejó al descubierto una incómoda verdad. El CEO, Tim Stokely, señaló el acoso de bancos como JP Morgan, BNY Mellon o Metro Bank, que decidieron cancelar las cuentas de OnlyFans por temor a una crisis reputacional. Las miradas se dirigieron a Visa y Mastercard. No habían sido mencionadas expresamente, pero en anteriores ocasiones ya habían mostrado su capacidad para doblegar, incluso, la potente industria del porno 'online'.

Estas empresas, tan comunes en nuestro día a día y en el de miles de millones, han conseguido convertirse en lo que en inglés se denomina 'gatekeepers'. En una traducción gruesa, podríamos referirnos a ellas como guardianas o porteras. Empresas cuya posición de mercado o cuyos desarrollos tecnológicos se convierten en un bastón de mando oficioso que les permite llegar más lejos que incluso adonde pueden llegar los reguladores de los distintos países. Este adjetivo se ha utilizado para describir supuestos 'tics' monopolísticos de Apple o Amazon en su relación con desarrolladores o proveedores, respectivamente. Pero realmente va más allá de los Gafam y sus extendidos de actuación.

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Foto: Unsplash.

El caso Pornhub como ejemplo

El caso Pornhub es probablemente el mejor para entender cómo estas dos firmas pueden aplicar ese silencioso poder. El pasado mes de diciembre, el 'New York Times' publicó un texto en el que denunciaba que en la enorme biblioteca del sitio web se podían encontrar vídeos de violencia explícita, vídeos de violaciones, contenido misógino y xenófobo, vídeos donde aparecen menores de edad y así un largo y reprobable etcétera.

Al lado de esta larga lista, los registros que infringen la propiedad intelectual, algo que también sucedía, suponen un problema menor. La cuestión es que la plataforma monetizaba todo eso, mientras limpiaba su imagen pública ofreciendo planes prémium gratis en los países donde se habían decretado encierros por el covid-19 o realizando jugosas donaciones a diferentes organizaciones.

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Foto: Reuters.

Antes de la crisis que desató la publicación del rotativo estadounidense, se calculaba que los ingresos podían ser de hasta 3.000 millones de dólares al día por impresiones publicitarias. A eso hay que sumar otro tanto de los usuarios de pago. La base del problema, aunque la forma sea de muy distinta naturaleza, es la misma que tiene YouTube con los discursos de odio o los mensajes negacionistas.

Esta y otras denuncias empezaron a suponer una importante losa en los rectores de Pornhub. MindGeek es la empresa que está detrás de este y de otros tantos portales de contenido para adultos en la red. Para calmar los ánimos, empezaron a imponer una especie de barrera protectora. Exigían verificarse a aquellos perfiles que querían cargar un nuevo contenido. También deshabilitaron la opción de bajar los diferentes archivos, para evitar que se pudiese duplicar fácilmente un contenido ilícito. El problema es que el archivo que se había construido hasta entonces permanecía intacto. No se tomaron medidas para limpiar la biblioteca hasta que Visa y Mastercard anunciaron que sus sistemas de pago no darían soporte a MindGeek.

Foto: Una de las fotografías de DioxCorp, uno de los artistas que se han volcado en OnlyFans en el último año. (DioxCorp)

Fue en ese momento cuando la dirección de la compañía puso patas arriba Pornhub y protagonizó la gran limpia, retirando miles de archivos de la web. ¿Podían haber resistido el pulso? Difícilmente. Fuera de China, Visa maneja el 60% del mercado de pago. Mastercard, el 30%. Es decir, podrían seguir atrayendo usuarios, pero iban a tener serias dificultades para convertirlos en ingresos y beneficios si no acometían grandes cambios.

Este no ha sido un pulso único. Desde el pasado mes, los sitios web de contenido porno tendrán que tener un consolidado sistema de verificación, así como mecanismos de comprobación de contenido y de reclamaciones efectivos. Si no, no podrán utilizar Mastercard, tal y como aprobó recientemente la compañía. Visa ha tomado una posición similar. American Express, el tercero en discordia y con un nicho mucho más pequeño, también ha aplicado en los últimos años una política para restringir el uso de su plataforma en sitios de este tipo, aunque recientemente las autoridades estadounidenses le han pedido que endurezca sus condiciones y estreche aún más el círculo.

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Foto: Reuters.

"Este debate, en el fondo, es una muestra de un asunto mucho más global: la moderación de contenidos en internet", afirma Cristóbal Álvarez, especialista en 'marketing' digital y profesor de la escuela ESIC. En el caso del porno, Álvarez indica que es algo que genera consenso en las autoridades, pero también puntualiza que en otros campos puede generar fricciones. Un buen ejemplo es lo que ocurrió a mediados de la década pasada. Varios estados de EEUU legalizaron el consumo de marihuana en ciertos supuestos. Sin embargo, estas compañías bloquearon durante mucho tiempo páginas web que distribuían este producto porque no encajaban con sus normas, a pesar de ser legal en determinados territorios. Desde hace unos años, en las cumbres de accionistas que Mastercard suele verse alguna que otra propuesta para denegar sus servicios a organizaciones de extrema derecha. La idea ha sido rechazada en más de una ocasión, ya que plantea múltiples interrogantes, como cuál es el límite para enmarcar a un grupo en este espectro ideológico.

"Es algo que se preguntan muchos: ¿dejamos este poder a entidades privadas, lo dejamos al libre albedrío o recae en los Estados?", continúa. "Aunque en algunos lugares como China o Francia, donde se habla de soberanía digital, se han tomado algunas medidas, no hay una regulación clara y por tanto el papel acaba recayendo en las tecnológicas", añade este experto. No en cualquier tecnológica, sino en las que tienen que filtrar o distribuir el contenido. "Apple también 'banea' aplicaciones de porno en la App Store. Es otro buen ejemplo". En este sentido, cabe mencionar que desde 2019 un grupo de entidades europeas, en colaboración con los gobiernos, busca crear una alternativa local. El problema es que el proyecto parece estar tan en pañales como el proyecto para articular un operador de 'cloud computing' europeo bajo el sello Gaia-X.

Las dudas de los 'gatekeepers'

"Este es un debate que nunca se va a acabar. 'Gatekeepers' hay muchos y lo vamos a seguir viendo", explica César Córcoles, profesor de Estudios de Informática, Multimedia y Telecomunicación de la UOC.

"El propio fabricante de tu móvil decide qué puedes instalar y qué no. En Android es más fácil saltárselo y en Apple, más difícil", dice a modo de ejemplo. Explica que hay muchas casuísticas. "En el caso de las aplicaciones, siempre puedes recurrir a una 'webapp'. Pero te puedes encontrar con que el proveedor del 'hosting' diga que no te quiere en sus servidores, como ocurrió con Parler y AWS en enero, y te tienes que buscar otro proveedor. El problema es que en los pagos móviles no tienes tantas opciones", añade. Córcoles subraya que estas decisiones, por muy de acuerdo que se esté con ellas, presentan serias dudas legales o al menos éticas. "El mejor ejemplo está en el asalto al Capitolio, cuando Twitter o Facebook decidieron 'banear' a Trump. Según la posición desde donde lo mires, estarás de acuerdo o no. Pero no se puede obviar que es una decisión subjetiva de una empresa privada, pudiendo percibirse como censura".

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Parler. (Reuters)

"Visa y Mastercard se han convertido en inevitables por un conjunto de factores e intereses", opina Cristóbal Álvarez. El primero, la importancia que prácticamente tiene para cualquier plataforma de internet, desde Amazon hasta Spotify, Netflix u OnlyFans, el "flujo continuo de pagos". "Ellos han perfeccionado mucho sus sistemas y cumplen con la necesidad de que sea un proceso seguro pero ágil". Recuerda que tanto Visa como Mastercard gastan miles de millones cada año en 'lobby' y en ofrecer "condiciones ventajosas" a sus clientes, pero también han vivido un constante proceso de "recolocación" tecnológica que les ha permitido mantenerse al frente de la industria, conformando un duopolio 'de facto'. "Es cierto que están apareciendo neobancos, NFT, criptomonedas... Sistemas que pueden cambiar el mercado de pagos, aunque estos actores están posicionados en un muy buen lugar para afrontar estos cambios".

Hay muchos ejemplos de cómo han ido evolucionando las tarjetas de crédito. Cuando empezó a popularizarse el pago sin contacto gracias al NFC de los móviles, ellos corrieron a crear tarjetas que permiten el contacto con el datáfono con un simple toque. En algunos mercados, como en EEUU, cuando se empezó a popularizar la biometría también por influencia de los 'smartphones', ellos incluso sacaron modelos que incluían un lector de huellas en el rectángulo de plástico. Sin embargo, la clave ha estado en abrir sus API (interfaces de programación de aplicaciones) a todos los nuevos actores que han aparecido. Google Pay, Apple Pay, PayPal o CoinBase funcionan con una de estas dos compañías o con ambas. Su implementación es tan sencilla y su presencia en el mercado tan extendida que apostar por una solución de terceros parece poco menos que una maniobra arriesgada.

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