Los portaaviones resucitan con fuerza: por qué todos quieren tener uno
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Los portaaviones resucitan con fuerza: por qué todos quieren tener uno

Los gigantes de los mares no pasan de moda. Pese a los análisis que hablan de su difícil actuación en los conflictos actuales, lo cierto es que el interés por ellos no baja

Foto: El portaaviones USS Ronald Reagan y el destructor USS Milius. (EFE)
El portaaviones USS Ronald Reagan y el destructor USS Milius. (EFE)
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Si hay un tipo de buque que levanta pasiones, son los portaaviones. Su tamaño, sus aparatos y, en definitiva su 'glamour', todo bien alimentado por la industria cinematográfica, contribuye a ello. Sin embargo, últimamente han estado muy cuestionados y ante la aparición de nuevas y (sobre el papel) mortíferas armas, muchos los consideran un concepto obsoleto cuya utilidad es poco más que servir de costosísimos y enormes blancos. Lejos de eso, la realidad es que siguen siendo un objeto de deseo por cualquier marina de guerra y por ello salta una duda: ¿por qué todos quieren tener portaaviones?

En las últimas semanas se han publicado diferentes informaciones relacionadas con portaaviones, todas ellas indicando que distintos países que no los tenían tienen planes muy serios para fabricar o hacerse con algún modelo y otros que los tenían 'a medias' van a empezar a operarlos de verdad. Sobre el primer grupo la novedad surgida estos días es el anuncio de Corea del Sur de la firma de un acuerdo industrial para fabricar su nuevo portaaviones y del segundo, algo importante que afecta a Japón y a sus buques clase 'Izumo'.

Foto: Un F-35B despegando desde el LHA USS America (Foto: US NAVY)

Corea entra con fuerza

Corea del Sur hace años que desea entrar en ese selecto club de países con portaaviones, pero hasta ahora se trataba tan solo de una idea soportada con imágenes artísticas y alguna maqueta. Sin embargo, la noticia es que la semana pasada se firmó un memorando de acuerdo entre Hyundai Heavy Industries, constructora naval coreana, y la británica Babcock International para la fabricación de un nuevo portaaviones. Una noticia importantísima, pues supone el espaldarazo a un proyecto que va en serio.

Corea hizo unos primeros tímidos intentos con sus buques LHD, pero a lo que aspiran ahora es a un portaaviones 'de verdad', implicando a la industria naval nacional. El proyecto se denomina CVX, aunque con anterioridad fue denominado como LPX-II, reflejo de que en sus orígenes el proyecto partía de la idea de un LHD más grande.

Foto: El portaaviones del Pentágono no tiene nada que ver con el SHIELD (Marvel)

Sin embargo, la idea de su nuevo buque evolucionó hasta ser algo muy distinto del concepto LHD, que recordemos son buques pensados para operaciones anfibias y que disponen de dique inundable en su interior. Así el nuevo concepto del CVX es un verdadero portaaviones, sin dique inundable, del tipo STOVL (Short Take-Off and Vertical Landing) y que por tanto necesita el F-35B. Sería un buque de gran tamaño, con más de 40.000 toneladas de desplazamiento, una eslora de 260 m y una manga de 46. Unas dimensiones similares a las del actual portaaviones nuclear francés Charles de Gaulle y que 'empequeñecen' a otros buques, como el LHD Juan Carlos I español.

El diseño es claramente británico, no en vano la firma con Babcock es toda una declaración de intenciones, con una cubierta de vuelo con rampa ski-jump y lo que es más llamativo, dos islas separadas, un diseño similar al de los portaaviones británicos clase Queen Elizabeth, por lo que ya se comenta que es una versión 'en miniatura'. Su ala embarcada estaría formada por helicópteros, como los MH-60 o similares, drones y unos 20 F-35B. Su construcción podría iniciarse en tan solo unos años, pero no estaría en servicio hasta el 2035.

Foto: Primer encuentro navegando del HMS Queen Elizabeth (primer plano) y del HMS Prince of Wales (fondo). (Royal Navy)

Mientras, la marina coreana seguirá utilizando sus LHD de la clase "Dokdo" (LPX), unos buques de tamaño medio, con 20.000 toneladas de desplazamiento, orientados a operaciones anfibias y con dique inundable, pero sobre los que se llegó a especular con la posibilidad de que pudieran operar con un pequeño número de F-35B. Estos buques, de diseño y construcción autóctona, al parecer están dando buen resultado y fueron la base sobre la que se sustentó la idea original del portaaviones LPX-II.

Esta clase de buques está formada en la actualidad por dos unidades. Son muy versátiles y están bien armados con defensas antimisil ya que cuentan con un montaje de misiles RIM-116 RAM (Rolling Airframe Missile) y dos montajes de defensa de punto CIWS Goalkeeper de 30 mm, además de defensas de guerra electrónica, perturbadores o "jammers" y lanzadores de "chaff" y bengalas. A bordo puede llevar más de 700 efectivos de infantería de marina, 10 carros de combate, vehículos, etc. Su componente aéreo, dependiendo de la misión, se basa en helicópteros, pudiendo llevar hasta 15 aparatos.

Japón y su 'guerra semántica'

Desde el final de la Segunda Guerra Mundial, Japón y los portaaviones tienen un problema. Considerados como una 'arma de ataque', el uso de los portaaviones chocaba de frente con una constitución que expresamente prohíbe al país nipón el empleo de armas ofensivas. En un pueblo donde guardar las formas es algo intrínseco a su propia cultura, no se podía admitir que unas fuerzas armadas denominadas como de "autodefensa", dispusieran de tales medios.

Pero ocurre que la realidad y la propia evolución de los acontecimientos, se acaba imponiendo. Esto propició que Japón, al igual que cualquier otra marina de guerra similar, construyera buques de cubierta corrida (cubierta de vuelo de punta a punta del barco). Nacía así la clase Hyūga, dos navíos de 19.000 toneladas y casi 200 m de eslora, que fueron clasificados con cierto eufemismo como "destructores portahelicópteros" porque el término real, que hubiera sido el de portaaviones ligeros antisubmarinos, no se podía utilizar.

placeholder Navío Hyūga. (Wikicommons)
Navío Hyūga. (Wikicommons)

Pero en realidad, dadas sus dimensiones y características, son más un portaaviones que cualquier otra cosa, pues disponen de ascensores y hangar mientras que carecen de dique inundable (por lo que no son un LHD) y siempre se especuló que acabarían llevando a bordo aviones F-35B. El Hyūga y su gemelo el Ise (nombres que llevaron dos acorazados durante la Segunda Guerra Mundial) han resultado unos buques magníficos, muy bien armados y muy capaces para la lucha antisubmarina. En definitiva, han resultado dignos herederos del viejo concepto del portaaviones de escolta, evolucionado hacia el SCS (Sea Control Ship) de la Guerra Fría, e idea de la que nació nuestro portaaviones Príncipe de Asturias, ya solo en el recuerdo.

Si ya todo el mundo hablaba de estos navíos como los 'portaaviones ligeros' japoneses, y por si quedaba alguna duda, se lanzaron a construir un diseño ampliado y mejorado de los Hyūga, la nueva clase Izumo. Con 27.000 toneladas de desplazamiento y casi 250 m de eslora, los "Izumo" son dos verdaderos portaaviones que Japón, con ese 'problema semántico', se sigue empeñando en clasificar como "destructores multipropósito". Pero ya no pueden esconder unas claras intenciones de convertirse en lo que en realidad son.

Foto: El USS Zumwalt en pruebas. (US Navy)

Por si quedaba algún atisbo de duda una curiosidad. Pese al 'problema semántico', los japoneses no han tenido reparos en nombrar a la mayoría de sus buques modernos con aquellos que llevaron los barcos de la Marina Imperial durante la Segunda Guerra Mundial. El Izumo, como excepción, fue un crucero acorazado de principios del siglo XX (de la época de la Guerra ruso japonesa) pero su gemelo, el Kaga, lleva el nombre del que fuese uno de sus más emblemáticos portaaviones, protagonista en el ataque a Pearl Harbour y que resultó hundido en la batalla de Midway. El actual Kaga es el primer buque japonés moderno en llevar el nombre de un portaaviones.

Los Izumo se diseñaron desde el primer momento para ser capaces de utilizar aviones F-35B, aunque de momento solo han embarcado helicópteros pero, y aquí está la noticia, de manera inminente aviones F-35B norteamericanos del USMC empezarán a operar en estos buques. Para ello ambos navíos han sufrido las modificaciones necesarias que, en resumen, se refieren a la preparación de la cubierta de vuelo para soportar las altas temperaturas del motor del F-35, nuevas marcas de pintura en cubierta para los aviones y otras modificaciones en el hangar para el apoyo con tomas de energía eléctrica, así como los locales especiales para el tratamiento de la información. Las mismas modificaciones que requeriría nuestro LHD Juan Carlos I.

Con esto los Izumo abren el camino a operar con F-35B propios, llevando un grupo aéreo de unos 16 o 18 aviones en cada buque. Lo que no se sabe es si, por fin, recibirán la verdadera denominación acorde a lo que son.

Todos quieren su portaaviones

Pese a esas 'armas definitivas' listas para acabar de un plumazo con los portaaviones, como los misiles hipersónicos o los torpedos de supercavitación, todos los países (que pueden) quieren su portaaviones. Además de los casos de Corea del Sur y Japón, ya vimos que Francia mantiene el suyo y va a construir otro más grande. El Reino Unido tiene sus dos grandes buques, Italia está construyendo un gran LHD nuevo y mantendrá al menos dos buques con capacidad para aviones. La india dispondrá de tres grandes portaaviones y China ya opera con dos y está construyendo el tercero, éste del tamaño de los grandes navíos norteamericanos. Rusia, por último, se resiste a salir del club, lucha por volver a tener operativo operativo el Kuznetsov y no deja de plantear proyectos de futuros portaaviones.

La explicación de por qué esto ocurre es bastante sencilla y no es otra que son estos buques lo único que garantiza disponer de aviación de apoyo, defensa o ataque lejos de las fronteras propias, a la vez que incluso en tareas de defensa territorial, suponen una amenaza que ningún oponente puede desdeñar. Son, en definitiva, un claro ejemplo de lo que supone un medio de disuasión.

Foto: Un F-35B despegando desde el LHA USS America (Foto: US NAVY)

España, un poco como Turquía, está ahora mismo en una encrucijada respecto a mantener una aviación naval que sigue siendo muy necesaria. Pero con una diferencia fundamental. Los turcos tenían claro que querían el F-35 y nadie dudaba de que estos aviones acabarían volando desde la cubierta de su TCG Anadolu, buque como sabemos gemelo del Juan Carlos I. Pero se quedaron sin el avión norteamericano a raíz de aquel asunto de los misiles rusos S-400.

Para España tan solo es cuestión de voluntad política, tomarse en serio los asuntos de la defensa y asignar los recursos necesarios. No parece tener mucho sentido renunciar a una capacidad que, como vemos, todo el mundo quiere tener y mantener. Muchos países, como Italia, nos han mirado con envidia en el pasado, cuando nuestra capacidad aeronaval estaba más avanzada. No es admisible de ninguna manera dar ese paso atrás.

Si hay un tipo de buque que levanta pasiones, son los portaaviones. Su tamaño, sus aparatos y, en definitiva su 'glamour', todo bien alimentado por la industria cinematográfica, contribuye a ello. Sin embargo, últimamente han estado muy cuestionados y ante la aparición de nuevas y (sobre el papel) mortíferas armas, muchos los consideran un concepto obsoleto cuya utilidad es poco más que servir de costosísimos y enormes blancos. Lejos de eso, la realidad es que siguen siendo un objeto de deseo por cualquier marina de guerra y por ello salta una duda: ¿por qué todos quieren tener portaaviones?

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