Una 'ciudad' nuclear: Francia arranca la construcción de su nuevo superportaaviones
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Tendrá capacidad para 2.000 personas

Una 'ciudad' nuclear: Francia arranca la construcción de su nuevo superportaaviones

Francia acaba de dar luz verde a la fabricación del portaaviones más caro y potente de su historia. De momento se llamará PANG (Porte-Avions de Nouvelle Génération) y solo sus datos ya impresionan

placeholder Foto: El Charles de Gaulle en 2010 (Marine Nationale)
El Charles de Gaulle en 2010 (Marine Nationale)

Francia es uno de esos países que tienen muy clara su política de defensa. Con sus luces y sus sombras, la realidad es que no suelen dar bandazos. Se podría afirmar incluso que son predecibles. Tal es el caso de su política de proyección exterior, cuyo máximo exponente es su portaaviones, nuclear y con catapultas. Para mantener esta capacidad van dando los saltos adecuados y, así, tras el anuncio a finales del año pasado de la incorporación de un nuevo portaaviones, se acaba de firmar el anteproyecto y evaluación de riesgos para su construcción, dando luz verde a su desarrollo. Ha nacido el PANG (Porte-Avions de Nouvelle Génération).

Es de sobra conocido el interés francés en mantener una buena capacidad de proyección naval basada en portaaviones. Desde la Segunda Guerra Mundial siempre han desarrollado unidades de este tipo y siempre del tipo CATOBAR (Catapult Assisted Take-Off But Arrested Recovery) o de lanzamiento con catapulta y recuperación por cables, los que se suele denominar como ‘convencionales’. Esto último a pesar del auge de los portaaviones STOVL (Short Take-Off and Vertical Landing), es decir, aquellos que carecen de catapultas y cables y necesitan aviones de aterrizaje vertical, como el AV8 Harrier y el F-35B.

Foto: Soldados con algunos vehículos blindados. (Foto: MOD)

Países como Italia, Gran Bretaña o España, se decantaron por el tipo STOVL. Otros como Rusia, India y China optaron por una solución intermedia del tipo STOBAR (Short Take-Off But Arrested Recovery) que utiliza aviones de despegue convencional recuperándolos con cables de frenado, pero sin utilizar catapultas en los lanzamientos. Tan solo Estados Unidos y Francia son usuarios hoy en día de portaaviones del tipo CATOBAR.

Los pros y contras de cada tipo son evidentes. El CATOBAR es el mejor, pues permite utilizar aviones convencionales al cien por cien de sus capacidades, es decir, como si se utilizaran desde bases terrestres. Pero se necesitan buques muy grandes y son muy caros. El STOVL es mucho más económico, pues permite un buque de menor tamaño y prescinde de los complejos y voluminosos sistemas de lanzamiento y recuperación. Entre medias está el STOBAR, que también precisa de buques de gran tamaño y utiliza aviones convencionales, aunque su carga militar viene limitada por la corta carrera de despegue.

placeholder El Charles de Gaulle pasando junto al portaaviones USS Abraham Lincoln (US Navy)
El Charles de Gaulle pasando junto al portaaviones USS Abraham Lincoln (US Navy)

En la elección de un modelo u otro no solo hay condicionantes económicos, también de capacidad tecnológica y operativa. La primera limitación viene por la complejidad de fabricación y operación de las catapultas, hasta ahora de vapor. Los norteamericanos usan el sistema CATOBAR en sus grandes portaaviones de 100.000 toneladas, pero también utilizan el sistema STOVL en sus buques LHD. Rusia, con nula tradición y escasa experiencia aeronaval, prefirió prescindir de las complejas catapultas, camino seguido por la India, que se basa en los mismos diseños y por China. Sin embargo, lo previsible es que el gigante asiático, tras haber adquirido experiencia con sus primeros modelos STOBAR (de unas 87.000 toneladas), acabe construyendo un navío con catapultas.

El camino francés: del Clemenceau al PA-2

Los comienzos franceses con portaaviones se iniciaron tras la Segunda Guerra Mundial, primero con navíos ligeros de origen norteamericano y británico y desde 1946 con el portaaviones británico HMS Colossus, rebautizado como Arromanches (R95). En 1955 se comienza la construcción de dos unidades autóctonas. La primera de ellas, el Clemenceau (R98), entró en servicio en 1961 y fue seguido de su gemelo, el Foch (R99), en 1963. Fueron buques de bajo tonelaje (32.000 toneladas), dotados con catapultas de vapor y con aceptables capacidades. Tuvieron una larga vida operativa y el Foch se vendió a Brasil (hoy ya fuera de servicio) mientras que el Clemenceau se desguazó en 2009.

En 1980 se lanzó un proyecto de construcción de dos portaaviones nucleares. Resultó demasiado ambicioso y acabó con años de retraso y con la construcción de solo uno, el Charles de Gaulle (R91), de 42.000 toneladas y dotado con dos catapultas C-13-3. El buque tuvo muchísimos problemas de todo tipo, desde las hélices (una de ellas se desprendió en navegación), que tuvieron que ser reemplazadas, problemas con el aislamiento de la planta nuclear y hasta la cubierta de vuelo, que se diseñó demasiado corta para operar con los aviones E-2C y hubo de ser alargada a posteriori. Sin embargo y pese a todo, fue el primer portaaviones nuclear no norteamericano y el orgullo de la marina gala.

placeholder El portaaviones Foch en 1983.
El portaaviones Foch en 1983.

Francia siempre deseó operar con dos portaaviones. Eso permitía mantener su política de proyección exterior al asegurar siempre un portaaviones en activo. Por ello se quiso dotar a la marina con otro portaaviones, pero en lugar de una segunda unidad gemela del Charles de Gaulle (puede que por sus muchos problemas) se decidió en 2003 aprovechar al plan británico de fabricar dos portaaviones y hacer un proyecto común de tres unidades, el PA-2 francés y los que a la postre serían la clase “Queen Elizabeth”.

Los desencuentros llegaron de inmediato. La Royal Navy pensaba en el F-35B, su proyecto era STOVL y no tenía claro que fuese nuclear, mientras que Francia quería catapultas y planta nuclear, lo que llevó a dos diseños con muchas diferencias. Se hubiera llamado Richelieu (nombre que estaba previsto originalmente para el Charles de Gaulle), pero la falta de entendimiento y los problemas financieros hicieron que el presidente Sarkozy suspendiera el proyecto en 2008 para cancelarse de manera definitiva en 2012.

PANG: Nueva generación

Una cosa son los deseos y otra las realidades. La Marine Nationale ha estado estos años con un único portaaviones, lo que significa limitar su capacidad de actuación lejana cuando el portaaviones pasa sus períodos de revisión en dique, que en el caso del Charles de Gaulle no han sido pocos ni breves (entre 12 y 18 meses). Por eso, una vez abandonado el PA-2, se empezó a plantear el Proyecto del PANG (Porte-Avions de Nouvelle Génération) que fue anunciado en 2018 por la Ministra de Defensa, Florence Parly. Tras un período de estudio, el presidente Macron anunció en diciembre de 2020 la construcción del nuevo portaaviones y el pasado mes de marzo se firmó el anteproyecto y la evaluación de riesgos, lo que significa el punto de inicio del programa.

Las empresas encargadas de la construcción son Naval Group y Chantiers de l'Atlantique, que el 10 de marzo crearon una empresa conjunta participada al 65% por la primera y el resto por la segunda. Esta empresa conjunta será la que interaccione con TechnicAtom, el tercero en discordia, para todo lo relacionado con la planta nuclear. El PANG nace no como refuerzo del portaaviones actual, sino buscando su reemplazo pues su fecha prevista de entrada en servicio (si no hay retrasos) sería el 2038, cuando el Charles de Gaulle ya esté en sus últimos días con cerca de 40 años de servicio.

placeholder Infografía del malogrado PA-2 (DCN-Thales)
Infografía del malogrado PA-2 (DCN-Thales)

El nuevo portaaviones tendría un diseño muy similar al de los portaaviones norteamericanos, con la isla muy retrasada, justo lo contrario que el actual R91, cuya isla adelantada es uno de sus rasgos más característicos. Será de grandes dimensiones, también de ‘tamaño americano’ con 305 metros de eslora y 40 de manga y su desplazamiento estará en el entorno de las 75.000 toneladas. Tendrá capacidad para una tripulación de 2.000 personas, de los que la mitad serían dotación del buque y el resto grupo aeronaval y Estado Mayor. Una pequeña 'ciudad' nuclear.

Características de primer nivel

Aunque de desplazamiento menor que los navíos americanos, no hay duda de que se ha pensado a lo grande. Su planta motriz consistirá en dos nuevos reactores nucleares K-22, una versión más potente que los K-15 que utiliza el Charles de Gaulle y que pueden dar en conjunto hasta 300 MW. Los K-22 del PANG proporcionarían 220 MW cada uno, lo que supone 440 MW en total. Por comparación, la potencia de la planta nuclear del USS Gerald R. Ford con dos reactores A1B es de 700 MW.

Toda esta energía se destina por un lado a la propia propulsión del buque, que dará unos 27 nudos, pero cada vez más hacia la enorme cantidad de sistemas electrónicos a bordo y sobre todo a las catapultas. El PANG utilizará el nuevo sistema de catapultas electromagnéticas EMALS de General Atomics, de origen norteamericano (como siempre han hecho los franceses), que se sabe están dando problemas pero que se espera estén plenamente resueltos en breve. El buque francés, no obstante, tendrá tres catapultas de 100 metros de recorrido, una más y mejores que las C13-3 del Charles de Gaulle, de 75 m de recorrido e inferiores capacidades de lanzamiento.

El hecho de elegir las catapultas electromagnéticas obedece no solo a la innovación, sino al hecho de que los norteamericanos dejarán de fabricar las catapultas de vapor que quedan en franca desventaja frente a las EMALS. Las catapultas de vapor consumen mucha agua destilada lo que obliga a su vez a disponer de enormes plantas desaladoras, equipos que son muy pesados y voluminosos. Hay además otra razón y es el peso de los aviones. El Rafale M, avión naval actual, alcanza las 25 toneladas a plena carga, pero del futuro FCAS se espera que llegue a las 30 y para ello se necesitaría una catapulta más potente. Las EMALS, además de un ajuste exacto para el peso de cada lanzamiento, admiten hasta 32 toneladas.

placeholder Imagen artística del futuro PANG (Naval Group)
Imagen artística del futuro PANG (Naval Group)

En cuanto al resto del diseño, dispondrá de dos ascensores laterales con capacidad para 40 toneladas (tres en los portaaviones clase “Gerald R. Ford”). Aún es demasiado pronto para hablar de otros detalles como los sistemas electrónicos o el armamento defensivo, pero está previsto que utilice un radar SeaFire de THALES, sistemas de defensa con misiles ASTER y cañones CIWS. Su ala embarcada estará compuesta primero por aviones Rafale y luego por FCAS, más aviones de alerta temprana, UCAV (drones) y helicópteros. En total cerca de 40 aeronaves. El capítulo económico no va a ser menor. El Charles de Gaulle costó unos 3.000 millones de euros (hay quien dice que fue más) y para el PANG se estima un coste de unos 5.000 millones.

Si todo sale bien será un buque tecnológicamente avanzado, potente y capaz con los nuevos aviones FCAS navales, también caro, pero Francia tiene a este respecto varias cosas envidiables. Por un lado, un sentido arraigado de la importancia de la defensa. Además, sus gobiernos sean del color que sean, no suelen dar bandazos y mantienen una continuidad en su política exterior y de defensa. Por último, que no es menor, planes de financiación plurianuales que garantizan un flujo constante de fondos para sus inversiones y que los independizan de los cambios políticos. No estaría de más tomar nota de algo de esto.

Francia es uno de esos países que tienen muy clara su política de defensa. Con sus luces y sus sombras, la realidad es que no suelen dar bandazos. Se podría afirmar incluso que son predecibles. Tal es el caso de su política de proyección exterior, cuyo máximo exponente es su portaaviones, nuclear y con catapultas. Para mantener esta capacidad van dando los saltos adecuados y, así, tras el anuncio a finales del año pasado de la incorporación de un nuevo portaaviones, se acaba de firmar el anteproyecto y evaluación de riesgos para su construcción, dando luz verde a su desarrollo. Ha nacido el PANG (Porte-Avions de Nouvelle Génération).

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