Xiaomi: Xiaomi, Oppo o Haier: los españoles que triunfan a lomos del dragón chino. Noticias de Tecnología
REPRESENTANTES PATRIOS EN GRANDES TECNOLÓGICAS

Xiaomi, Oppo o Haier: los españoles que triunfan a lomos del dragón chino

Hablamos con los representantes patrios que han hecho carrera en algunas de las tecnológicas más importantes del país asiático, que ahora triunfan en todo el mundo

Foto: David Sanmartín, empleado en OnePlus (Zigor Aldama)
David Sanmartín, empleado en OnePlus (Zigor Aldama)

¿Qué hacen un valenciano, un catalán, un navarro, y un vasco en China? Podría ser el comienzo de un chiste, pero la respuesta tiene poco de broma. Porque hace referencia a cuatro de los pocos españoles que han logrado abrirse camino en las empresas tecnológicas del país que va a dominar el mundo.

A pesar de que cada uno aterrizó en el gigante asiático por motivos diferentes, todos ellos comparten varias características: son jóvenes y dinámicos, trabajan muchas horas, cobran bien, y han descubierto en China un buen antídoto para la crisis económica que barre España.

Pello Zúñiga (Bilbao, 1981) fue el primero en llegar. Tocó tierra en Pekín en septiembre de 2009 con la idea de estudiar chino y adentrarse en el país que lidera el sector del comercio electrónico. “Al cabo de un año me quedé sin dinero y acudí a una feria de empleo para extranjeros, donde me contrató el canal en español de CCTV -la televisión estatal-”, recuerda. Cuatro años en uno de los principales aparatos de la propaganda comunista le permitieron conocer China desde otra perspectiva. Y decidió que se quería quedar en el país para hacer carrera.

Pello Zuñiga, ante uno de los paneles de mando de Alibaba. (Zigor Aldama)
Pello Zuñiga, ante uno de los paneles de mando de Alibaba. (Zigor Aldama)

El punto de inflexión de Zúñiga llegó cuando actualizó sus conocimientos de marketing ‘online’ y redes sociales con otro máster. “Al acabarlo, un cazatalentos de Alibaba se puso en contacto conmigo por LinkedIn y comencé el proceso para entrar en la empresa”. Después de varias entrevistas, pasó a engrosar la lista de 30.000 nombres que tiene en nómina el mayor conglomerado de comercio electrónico del mundo. Y ahora es el responsable de Márquetin de Aliexpress -la rama internacional del grupo- para España. Vive a caballo entre Hangzhou —donde ha pasado cuatro años— y Madrid, y es incapaz de ocultar su satisfacción con el trabajo.

Alibaba ha revolucionado por completo la forma de vender, de comprar, y de pagar en China. Es más, ha desarrollado el modelo por el que se rige Internet en el país y se ha convertido en el reflejo de lo que es ‘el sueño chino’. Y ha conseguido todo eso en solo 15 años. Participar en esta revolución es extraordinario”, cuenta con evidente entusiasmo.

La vida dentro de un gigante

Pero no le falta razón: Alibaba nació en 1999 con un capital de solo 60.000 dólares en el apartamento de Jack Ma, un visionario profesor de inglés que supo ver el futuro de la Red, y ahora es ya un imperio cuyo valor en el mercado solo es superado en el sector tecnológico por Apple, Google, y Microsoft.

Pero la ambición acarrea presión. El ritmo de trabajo es frenético, y apenas hay tiempo para relajarse en el gimnasio de la empresa. Como mucho hay tiempo para echar una partida al billar. “En Alibaba se busca la pasión por el trabajo. Quizá por eso somos equipos de gente muy joven, con muchas ganas de poner en marcha nuestros proyectos. Hay una gran colaboración entre los diferentes departamentos, y la puesta en común de ideas es propia de cualquier multinacional puntera. Se escucha a los empleados”, afirma Zúñiga.

Pello Zuñiga, en el comedor de Alibaba. (Z. Aldama)
Pello Zuñiga, en el comedor de Alibaba. (Z. Aldama)

Y parece verdad que se les mima. El impresionante complejo arquitectónico de la sede central, en el que trabajan 4.400 personas, tiene poco que ver con el imaginario colectivo occidental de China: hay cafetería Starbucks, un restaurante en el que se sirven diferentes tipos de comida a precios subvencionados, supermercado, farmacia y centro de primeros auxilios, librería en la que no faltan los volúmenes publicados por Jack Ma, e incluso un establecimiento de masajes. “Creo que nuestras condiciones laborales son bastante mejores que las de casa”, dispara el vasco.

Esas últimas palabras de Zuñiga tienen eco entre los otros tres entrevistados para este reportaje. De hecho, todos ellos comenzaron su relación con el gigante asiático en 2011, cuando la crisis económica que ha devaluado notablemente a los trabajadores españoles hacía más estragos.

Todos llegaron a partir de 2011, buscando alternativas a los estragos de la crisis en España

Sin embargo, solo Antonio José Gil Prieto (Valencia, 1987) tenía un gran interés previo por el país. “Mi novia en España era china, siempre me había atraído su cultura, y me siento muy identificado con los valores del país”, explica. Eso le llevó a viajar durante los veranos de tres años la tierra de Mao. “En mente tenía quedarme a trabajar, así que comencé a enviar currículos y a hacer entrevistas por Skype”.

La suerte le sonrió en 2014, cuando el fabricante de móviles OPPO lo contrató para abrir mercado en Europa y Latinoamérica. “Fue un pequeño contratiempo porque mi pareja es de Tianjin —ciudad del noreste del país— y buscábamos trabajo en Pekín —que está a menos de una hora en tren—. Pero todo lo que me ofrecían allí era medio ilegal, sin visado y con malas condiciones. Así que no me lo pensé mucho, aunque suponía ir a vivir a Shenzhen —en la punta sureste de China—, una ciudad que ni conocía ni me interesaba especialmente”.

De Haier a Xiaomi

Eduardo Garín, con la mascota de Xiaomi. (Cedida)
Eduardo Garín, con la mascota de Xiaomi. (Cedida)

Al mismo tiempo, Eduardo Garín (Iruña-Pamplona, 1984) acabó el MBA que lo había llevado a China dos años antes y se puso a buscar trabajo. “En 2011, con la crisis, comencé a estudiar chino y logré una de las becas de La Caixa. Tenía muy claro que quería hacer un máster en Asia y al final elegí la China-Europe International Business School (CEIBS)”, cuenta este ingeniero.

El fabricante de electrodomésticos Haier fue el primero que lo contrató para trabajar en el departamento de I+D que tiene en la ciudad costera de Qingdao. “Me dedicaba a buscar tecnología extranjera para los productos de Haier. Allí tuve ocasión de hacer lo que me había propuesto en un principio: ayudar a empresas españolas a abrirse camino en China”.

Pero, una vez más, el hecho de que su pareja —también china— estuviese en Shanghái propició que Garín comenzase a buscar trabajo fuera de Qingdao. “A través de un amigo logré que Xiaomi me hiciese una entrevista de trabajo, y al final me gané el puesto. Reconozco que yo era ya un ‘fanboy’ de la marca y me hizo muchísima ilusión”. Al final, ambos se mudaron a la capital china, donde han tenido un hijo que también abraza los conejos de peluche de la mascota de Xiaomi.

FILE PHOTO: A Xiaomi logo is pictured in Mexico City, Mexico, May 9, 2017. REUTERS Edgard Garrido File Photo
FILE PHOTO: A Xiaomi logo is pictured in Mexico City, Mexico, May 9, 2017. REUTERS Edgard Garrido File Photo

Un flechazo con OnePlus

En 2011, David Sanmartín (Barcelona, 1990) no tenía especial interés por China. Pero, mientras cursaba tercero de Biomedicina, se le presentó la oportunidad de hacer prácticas de verano en una empresa china de comercio electrónico en Shenzhen. “Pensé, ¿por qué no? Al final, era lo que realmente me gustaba”. Se lanzó a la aventura y recuerda que el contraste fue brutal.

“Hacía muchísimo calor, nadie hablaba inglés, y todos los empleados menos una mujer y yo eran chinos”. A pesar de eso la experiencia no fue mala y le ofrecieron un contrato a tiempo completo. “Decidí cogerme un peculiar año sabático trabajando”. El sueldo no era nada del otro mundo, pero había otros incentivos: allí conoció a la que hoy es su mujer.

David Sanmartín sintió un flechazo por OnePlus. (Cedida)
David Sanmartín sintió un flechazo por OnePlus. (Cedida)

“Un año después pensé que era hora de mejorar mis condiciones y lo planteé en la empresa”, rememora Sanmartín. Fue entonces cuando chocó con la barrera del idioma. “Me dijeron que, si quería ser alguien en la compañía, tenía que hablar chino. Así que decidí cambiar”. El catalán se mudó a Pekín para trabajar en Light in the Box, donde disfrutó de un equipo más multicultural. Y luego terminó montando con un socio la tienda de Xiaomi en España.

“Había seguido con mucho interés la trayectoria de la marca y creí que había oportunidad de negocio revendiendo sus móviles en España. No ganábamos mucho, pero fue bien y nos dio cierta fama”. Fue el primer encuentro de Sanmartín con el sector de los ‘smartphones’ chinos. Pero el definitivo iba a ser el segundo. “Me llamó Carl Pei cuando todavía trabajaba en OPPO para comentarme el proyecto de OnePlus. Yo no le dije ni que sí, ni que no. Pero cuando vi el OnePlus One me convenció”.

En febrero se cumplirán cuatro años desde que OnePlus lo contrató. Ahora, después de haber vivido varios años en Shenzhen, dirige el equipo de Marketing para Europa desde la oficina de Londres, donde la marca ya emplea a casi 40 personas. “Uno de los aspectos positivos —y diferenciadores— de la empresa es que funciona como una meritocracia en la que no importan tanto las relaciones personales”, afirma.

'Guanxi', el 'enchufismo' de toda la vida

Gil Prieto, que dejó OPPO tras el cierre del departamento de Internacional y ahora es director de Marketing Digital en el gigante estatal TCL (Cedida)
Gil Prieto, que dejó OPPO tras el cierre del departamento de Internacional y ahora es director de Marketing Digital en el gigante estatal TCL (Cedida)

No es asunto baladí. Porque el ‘guanxi’, como en China se conoce al clásico ‘enchufe’, es una de los elementos que más influyen en el mercado de trabajo. Incluso más que en España. “Se acoge muy bien a los extranjeros en las empresas chinas. Los compañeros chinos son muy amables e incluso profesan cierta admiración por quienes vienen de fuera. Pero existe un techo de cristal que nos impide llegar a puestos directivos.

En parte, eso se debe a la desconfianza que existe hacia nosotros, pero también a las dificultades que tenemos para crear las relaciones personales del ‘guanxi’”, analiza Gil Prieto, que dejó OPPO tras el cierre del departamento de Internacional y ahora es director de Marketing Digital en el gigante estatal TCL, que ha adquirido Alcatel y Blackberry. “Es muy posible que el puesto al que accedemos en un principio sea en el que nos quedemos. La única forma de avanzar, si acaso, es saltar a otra compañía”, concluye.

“Yo tengo que reconocer que he logrado mis trabajos en Haier y Xiaomi por contactos, que son extremadamente importantes”, añade Garín, que ahora se dedica a la adaptación y homologación de los productos de la segunda para su lanzamiento en mercados internacionales. “El ‘guanxi’ no deja de ser una fórmula para establecer una relación de confianza, y es algo que se nota tanto en el ámbito laboral como en el resto de las facetas de la vida en China”, señala Zúñiga.

La barrera del idioma

El chino, la barrera que llevó a Sanmartín a cambiar de empresa, también es un obstáculo que afecta a las propias compañías chinas. “Es un problema porque, cuando el idioma se exige como condición para ser contratado, se reduce mucho el número de candidatos. Y, aunque es cierto que cada vez hay más extranjeros que hablan el idioma, como lleva tanto tiempo aprenderlo es muy difícil encontrar a alguien que lo hable y que tenga a la vez experiencia en el sector”, apunta Garín. “A nosotros no nos deberían contratar para hablar chino, sino para aportar ideas y una visión diferente a la empresa”, sentencia.

David Sanmartín, junto a otros compañeros de OnePlus. (Cedida)
David Sanmartín, junto a otros compañeros de OnePlus. (Cedida)

A pesar de que cada uno tiene su propia experiencia, los cuatro concuerdan en un punto: en las empresas chinas se trabaja como chinos. En el sentido que se le otorga en Occidente a esa expresión. “Trabajar duro es algo que nos cuesta a los europeos. A veces hay que hacerlo fines de semana o a horas extrañas. No es algo que se exija, pero es algo que se espera. Al final acabas dando prioridad a la empresa sobre tu vida privada”, reconoce Sanmartín.

“La productividad se mide como en España, por el número de horas que pasas en el curro”, añade Gil Prieto. “Solo tengo seis días de vacaciones pagados al año”, ríe Garín. “Se trabaja como en una ‘start-up’ y, como la mayoría de los empleados son jóvenes y fans de Xiaomi, se trabaja mucho”.

Incentivos en China

Pero los cuatro también reconocen que el esfuerzo se recompensa. Aunque no dan a conocer sus salarios, todos están satisfechos con la retribución. Además, salvo en el caso de TCL —que es de titularidad pública—, en el resto de empresas hay un complemento salarial o bono que se paga en acciones o en opciones de compra de acciones. Teniendo en cuenta que son empresas en claro crecimiento, se trata de un gran atractivo añadido.

“Se trata de lograr que, sin ser una cooperativa, los empleados se sientan propietarios de la empresa. Así, en BBK el conglomerado que incluye OnePlus, OPPO y Vivo, cada año se libera un número determinado de acciones para que se repartan entre los trabajadores. De esta forma, el peso de los inversores iniciales va disminuyendo, y creo que en OPPO la mayoría de las acciones ya están en manos de los trabajadores”, apunta Sanmartín.

La organización interna es caótica. Pero, al final, da buenos resultados

No obstante, la diferencia entre el sector privado y el público es enorme en China. Lo sabe bien Gil Prieto. “La filosofía de OPPO y TCL es muy diferente. En las empresas estatales está todo mucho más burocratizado. Les falta el dinamismo de las nuevas tecnológicas y tienen una estructura gigantesca. Pero los ejecutivos son muy conscientes de los retos a los que se enfrentan y tienen en marcha planes para aligerar la estructura y evitar que se queden anquilosadas. De lo contrario, se hundirán”.

Vista aerea de Shenzen, la capital tecnológica de China.
Vista aerea de Shenzen, la capital tecnológica de China.

Otro de los asuntos que más sorprende a los que trabajan en las empresas chinas es, en palabras de Garín, “el descontrol controlado” de su gestión. De hecho, cuando trabajaba en Haier, el navarro pensó “que si fuese un alemán no aguantaría ni una semana”. Gil Prieto es de la misma opinión. “La organización interna es caótica. Por ejemplo, no hay una sistematización clara en el desarrollo de productos. Pero lo curioso es que luego ese desorden da buenos resultados”, puntualiza.

La cara 'B' del 'made in China'

Claro que este biólogo valenciano también conoce de primera mano las empresas chinas más opacas. De hecho, entre OPPO y TCL estuvo empleado en un pequeño fabricante de móviles que vende sobre todo a través de canales de importación paralela y cuyo nombre prefiere no mencionar. “No duré ni dos semanas”, recuerda.

Allí se enfrentó a la cara más oscura de las manufacturas chinas. “Muchas de esas marcas que venden a muy bajo precio mienten en las especificaciones de los componentes que utilizan, evitan las devoluciones o las reparaciones en garantía, y son, en definitiva, el cortijo privado de gente joven con dinero y sin experiencia”, dispara Gil Prieto. “La mayoría de esos móviles están hechos para durar dos o tres meses. Pero, ahora, la irrupción de marcas como Xiaomi las va a barrer del mapa”, augura.

Un lugar donde hacer carrera

Pello volverá a España en enero. (Z. Aldama)
Pello volverá a España en enero. (Z. Aldama)

A pesar de los sinsabores, los cuatro españoles de este reportaje aseguran que China es un lugar magnífico para hacer carrera, ahorrar algo de dinero, y aprender del mercado tecnológico más pujante del planeta. Pero advierten de que no es el país adecuado para venir ‘de paracaidista’ en busca de trabajo, y solo Gil Prieto tiene intención de quedarse y envejecer en el gigante asiático.

“Provengo de una familia humilde, y quiero que si tengo un hijo crezca en los valores que se inculcan aquí. Tal y como se trata en España a la gente, no vuelvo allí ni loco. Como mucho, de vacaciones. China te da estabilidad y oportunidades con las que en casa ni siquiera habría soñado”, sentencia. “La mayoría de mis amigos que tienen una buena formación están en el paro”, apostilla.

China te da estabilidad y oportunidades con las que en casa ni siquiera habría soñado

Sanmartín, sin embargo, sí que tiene el regreso a España como objetivo a medio plazo. “No sé qué haré en el futuro, pero me gustaría establecerme por mi cuenta. La experiencia china ha sido muy interesante, pero Europa ofrece comodidades que China no tiene”, explica.

Zúñiga se establecerá en enero en Madrid, aunque seguirá fiel a la empresa que dirige Jack Ma. Y Garín todavía se ve un tiempo más en Pekín, donde evita los círculos de extranjeros y ya vive como un chino más: “A largo plazo, me gustaría volver a Europa, o incluso probar en Sudamérica. Pero si algo he aprendido aquí es a no confiar demasiado en los planes. ¡Quién me iba a decir que estaría en China tanto tiempo!”.

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