EL INSTITUTO SE CONVIERTE EN SU 'PROVEEDOR OFICIAL'

El Vaticano, con Francisco: adiós Goethe, hola Cervantes

El Instituto ha firmado un acuerdo con el Vaticano que lo convierte en proveedor 'oficial' de español" para los más de 4.500 funcionarios de la Santa Sede

Foto: El Papa Francisco, en marzo de 2013. (Efe)
El Papa Francisco, en marzo de 2013. (Efe)

Entre abril de 2005 y febrero de 2013, mientras Joseph Aloisius Ratzinger fue el sucesor de Pedro, sumo pontífice, vicario de Cristo, santo padre, cabeza visible de la Iglesia Católica y jefe del Estado Vaticano, el Instituto Goethe aumentó sus actividades docentes en las universidades pontificias de Roma. En marzo, sin embargo, Benedicto XVI se convertía en Papa emérito, y la fumata blanca anunciaba como Papa a un hombre alejado de él (visiblemente) en sus formas, (aparentemente) en sus ideas y (obviamente) en su idioma, Jorge Mario Bergoglio. Francisco ha sido pionero en algunas cosas, incluida la de ser el primer Papa en siglos (hay quien dice que de la historia, pero ese es otro debate) en utilizar la lengua de Cervantes. Fue entonces, también en marzo de 2013, cuando el instituto que lleva el nombre del literato español decidió aprovechar el 'efecto Francisco' y dar un paso más allá del que en su día dio el Goethe: no ya aumentar su presencia en las universidades eclesiásticas, sino convertirse en el "proveedor de español" del Vaticano.

Tras más de un año de reuniones, el pasado miércoles su director, Víctor García de la Concha, y el secretario general de la Gobernación vaticana, Fernando Vérgez (también español, por cierto), firmaban el pacto, pionero también en el Vaticano, aunque no en el Cervantes, que mantiene uno equiparable con la Oficina Europea de Selección de Personal (EPSO) para la evaluación de los funcionarios de la UE.

"Se trata de un acuerdo estratégico que permite hacer la formación en español para un Estado, llevado a cabo por el Cervantes, pero de la mano de todos los países de Latinoamérica", explica el director del Instituto en Roma, Sergio Rodríguez López-Ros. El Cervantes se convierte así en el organismo responsable de la enseñanza del idioma a los funcionarios vaticanos que lo soliciten (hay 4.759), lo que comprende, entre otros aspectos, organizar y ofrecer cursos en el propio Vaticano y celebrar los exámenes necesarios para que obtengan el Diploma de Español como Lengua Extranjera (DELE). 

Fernando Vérgez, secretario de la Gobernación vaticana, firma el acuerdo. (Foto: Instituto Cervantes)
Fernando Vérgez, secretario de la Gobernación vaticana, firma el acuerdo. (Foto: Instituto Cervantes)

La idea surgió tras aquel 13 de marzo de 2013 que deparó la sorpresa del primer Papa latinoamericano, por algunos signos: "Por los comentarios que nos llegaban, la constatación de que las embajadas de los países de América del Sur estaban percibiendo una mayor afluencia de visitantes, por conversaciones informales con personas ligadas al Vaticano... Y por la propia lógica: consideramos que con la elección de Francisco se desplazaba el eje geopolítico de atención hacia Latinoamérica", recuerda Sergio Rodríguez López-Ros. Algo que, según relata, también detectó el Vaticano: "Por un lado, se ha disparado el número de hispanohablantes que llegan a Roma [el 42% de los 1.229 millones de católicos proceden de Hispanoamérica], y el Estado tiene sus museos, gendarmes, servicios sanitarios... que deben atender a ese público. Por otro, también había muchos funcionarios que querían conocer, escuchar y leer al Papa en su lengua". 

"Es un acuerdo importante en términos económicos, con unos costes del profesorado que hay que atender. El Vaticano obtiene un descuento similar al de otras instituciones, que nunca llega al 50% ni mucho menos", recalca el director de la sede de Roma, que, preguntado al respecto, asegura que las autoridades vaticanas "no son negociadores difíciles, sino de una diplomacia muy fina, de matices, y muy realista".

La idea es que algunos cursos comiencen ya este próximo julio, y siguen las conversaciones para ampliar el acuerdo a las universidades y colegios pontificios de Roma (20.000 alumnos) e incluso a los colegios católicos italianos. Por ahora, habrá que esperar a que se organicen los primeros cursos para valorar el éxito del acuerdo, también para la contabilidad de una sede del Cervantes, la de Roma, cuyo cuerpo docente está formado "en un 50% de mexicanos, chilenos, colombianos...". ¿Argentinos? "También, aunque lo que es cierto es que nadie ha pedido formación con acento argentino", ríe Rodríguez López-Ros.

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